Machismo y sociedad

Aunque el feminismo ha tenido un positivo impacto en el mejoramiento de las relaciones tradicionales entre los géneros, para lograr una relación más fluida y más igualitaria, es preciso que toda la sociedad cambie de raíz su ideología y su actitud acerca de los roles que aprisionan por igual a hombres y mujeres en esta sociedad del conocimiento.
Yo le digo NO! al machismo ¿y vos?


Desafortunadamente, cuando la complejidad del machismo es investigada por especialistas en historia, psicología, antropología, sociología o etnología (ciencia social que estudia y compara los diferentes pueblos y culturas del mundo antiguo y actual), el predominio del androcentrismo suele dar lugar a conclusiones sesgadas.

Ubicado en su contexto macro (económico, político y social), el machismo se puede definir como un complejo (de superioridad) que implica rivalidad y dominio sobre lo presuntamente femenino. Descansa en un conjunto de creencias, conductas y costumbres en pro del imperio de los valores considerados masculinos, lo cual propicia una polarización de los géneros, en determinados círculos.

La postura machista supone además una diferencia psicológica radical entre hombres y mujeres. Desde este enfoque ellas y ellos deben permitirse ciertas emociones y otras no (¡los hombres no lloran! –se insiste por doquier--). En esta dinámica, el machismo empobrece a unos y otras por igual y se convierte en un juego interpersonal en el cual nadie gana y todos pierden.
respeto

Generalmente se expresa como una actitud espontánea y recurrente tanto de hombres como de mujeres que, sutilmente o no, con la mirada, los gestos o la falta de atención propician que los hijos, la pareja, los menos preparados, los de estratos sociales inferiores o los subordinados, se sientan disminuidos, retados o castigados con el látigo del machismo.
Manifestaciones del machismo

Calificados como problemas personales con parejas, colegas o jefes, a primera vista las evidencias empíricas del machismo se interpretan como quejas de las mujeres y agresiones de los hombres.

Todos los roles masculinos asociados con el machismo tienen su contraparte femenina. Mujer (psicológicamente) insegura frente a pareja dominante, esposa (económicamente) dependiente ante marido proveedor y cónyuge (socialmente) sumisa relacionada con un hombre autoritario, cuyas reglas no es capaz de “desafiar” para “no causar problemas”.
machismo

El machismo, sobre todo el invisible, no siempre implica la violencia de género, la cual puede ir desde las agresiones físicas o verbales a las mujeres, hasta la tortura, la lapidación y el asesinato.

Para la cultura machista, el trato condescendiente con la mujer no tiene que ver con la cortesía hacia su persona, sino con atenciones a su género (sexo débil, le dicen).

En pocas palabras: en una sociedad donde avasalla el machismo, casi todo el mundo lo ejerce y/o lo padece.
Machismo invisible

Predominante en países latinos, el machismo también existe en forma más virulenta –según los expertos– en amplias regiones de Asia y África y de modo menos evidente en las naciones del primer mundo.
mujer

El machismo seguirá siendo la forma dominante de relaciones (de intercambio mercantil, de poder político y de vínculos emocionales) mientras no construyamos otras maneras de interactuar divorciadas de la explotación económica, la opresión ideológica, la dominación política y el abuso emocional.

Aunque las características violentas y crueles del machismo vienen disminuyendo, su ideología y psicología siguen prevaleciendo. Sobre esta modalidad, tan perjudicial como la más conocida, Marina Castañeda (2002) en su ensayo “El Machismo invisible” explora los mecanismos inconscientes en hombres y mujeres que consideran haberse librado de él.
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