¿Quién no paso una noche entera porque tu hijo no te dejo pegar un ojo? Seguro que a todos los que son padres les ha pasado alguna vez... Lee esto..

¡Mi hijo no duerme!... y no me deja dormir

Mi hijo ni duerme ni deja dormir

Tu hijo se despierta continuamente por la noche, pero no tiene hambre, ni sed, ni está enfermo, entonces... ¿por qué no duerme? Es probable que todavía no haya aprendido a dormir bien. Piensa en las causas que han impedido que el niño adquiera el hábito del sueño y márcale una serie de pautas para ir a la cama. Así conseguirás que, ¡por fin!, duerma de un tirón.

El dormir ocupa una tercera parte de nuestras vidas. No existe ninguna otra actividad a la que le dediquemos más tiempo que al sueño, de ahí la importancia que tiene en nuestra vida.

Si nuestro hijo tiene entre 3 y 6 años y no duerme unas 10 horas seguidas, es posible que tenga algún trastorno del sueño. A estas alturas ya no sirve pensar que eso se debe a posibles cólicos, hambre, pañal sucio o dificultad en adaptarse a la nueva habitación que le hemos comprado; todas esas razones y argumentos que aducíamos los primeros meses de vida, ya hace tiempo que dejaron de ser válidos. Probablemente, lo que le ocurre a nuestro hijo es muy sencillo: aún no ha aprendido a dormir.

Teniendo en cuenta que dormir bien es algo que los niños aprenden de sus padres o de las personas que les cuidan, está en nuestras manos lograr que nuestro hijo adquiera un adecuado hábito de sueño. ¿Y cómo se adquiere tal hábito?, pues intentando cumplir con los principios que establece la llamada "higiene del sueño". La higiene del sueño constituye, por decirlo de alguna manera, la base del buen dormir, y resulta esencial tanto en niños como en adultos. Veamos cuáles son los pasos a seguir para lograrlo:

Niños

* Hacer que nuestro hijo utilice la cama sólo para dormir, no dejemos que juegue o vea la tele en ella.

* Levantarle todos los días a la misma hora, no importa cuánto haya dormido por la noche. Así conseguiremos que se habitúe a una pauta de sueño, y que éste sea más regenerador.

* La habitación en la que vaya a dormir debe estar lo más alejada posible de los ruidos, aunque nos parezca que no le afecten.

* Procurar que no se vaya a la cama con el estómago vacío o lleno, porque su sueño podría alterarse.

* Evitar que tome bebidas que contengan cafeína en horas próximas a las que se vaya a dormir (bebidas con cola, café, té…).

* No insistir en que se duerma si él no tiene realmente sueño. Lo mejor, en estos casos, es que se levante y que haga una actividad monótona hasta que la somnolencia le venza (no debemos obligarle a dormir porque puede producirle angustia, podría llegar a asociarla con el momento de irse a dormir, con lo cual más que solucionar el problema lo empeoraríamos).

* Procurar que haga ejercicio de forma regular ya que le ayudará a conciliar y mantener mejor el sueño.

Es aconsejable que los niños hasta los 3 años de edad se echen la siesta. La siesta es para el niño un elemento regenerador de energía, le ayuda a crecer y a ganar peso, por lo tanto, es un elemento imprescindible. Normalmente, por cuestiones sociales (por ejemplo, el horario de trabajo de los padres o de entrada al colegio), la siesta de nuestros hijos se suprime. Eliminar la siesta, a veces, puede resultar perjudicial ya que el niño llegará a la hora de irse a dormir excesivamente cansado y falto de sueño, lo cual influirá en la calidad del sueño nocturno del niño y no le proporcionará el descanso necesario.

En algunos casos, si nuestro hijo está excesivamente cansado o falto de sueño, es más fácil que caiga en sueños profundos y que éstos se vean alterados por algún tipo de trastorno del sueño como: terrores nocturnos, sonambulismo, pesadillas, bruxismo (rechinar de dientes), somniloquia (hablar dormido), movimientos de automecimiento, insomnio, enuresis nocturna (orinarse en la cama) y la apnea obstructiva (relación con los ronquidos). En realidad no son episodios graves, lo que debemos hacer es estar prevenido. De esta manera, tendremos la información necesaria para saber qué nos podemos encontrar y actuar con serenidad y en consecuencia en cada caso.

No todos los niños necesitan las mismas horas de sueño. Hemos de valorar si nuestro hijo duerme suficiente o no a partir de algunos indicadores como son: cansancio, dolores de cabeza, irritabilidad o agresividad, ganas de dormir en horas no establecidas, etc. En algunos casos nuestro hijo, a pesar de dormir pocas horas e incluso no necesitar la siesta, no estará falto de sueño ni sufrirá ninguna alteración; en otros, aunque nos parezca que nuestro hijo duerme lo suficiente quizá no lo hace de forma adecuada y no descansa como debería.


Ciara Molina García
Licenciada en Psicología


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