¿Cuándo llegará el amor? ¿Por qué tarda tanto en llegar? ¿Acaso no merezco ser amada? ¿Acaso no soy lo suficientemente buena?

Para tener un buen amor, uno fiel y verdadero, no hay que desesperarse y volverse impacientes. Espera con tranquilidad y fe, el día llegará.

Mientras tanto, no es tiempo perdido: es tiempo en el que aprendemos, maduramos y crecemos para convertirnos en las valiosas mujeres que puedan tener la pareja correcta.

¿Cuándo llegará el amor?

Hay situaciones que escapan de nuestras manos, relaciones que empiezan y terminan con mucha facilidad. Hombres que no nos aman, hombres a los que no amamos. Siempre buscando nuestra felicidad a DÚO.

Todas queremos compañía.

Desde pequeñas nos imaginamos protagonistas del cuento de princesas que nuestros padres nos leían cada noche. Un poco más tarde, fantaseamos con el amor que vemos en la pantalla del cine o en la televisión. Y es aquí en la vida real, donde comienzan nuestras frustraciones. Nos daña y duele no toparnos con ese ser a quien amar, no encontrar a ese hombre que nos corresponderá en nuestros sentimientos, esa alma gemela o complemento que esperamos.

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Así, recorremos un camino de hombres que no se transforman en el príncipe que nos diga “hasta que la muerte nos separe”. Y empezamos a desconfiar que exista el amor, ese que una vez vimos tan claro en nuestra mente.

“¿Por qué no me llega el amor?”

Por la desesperación y desconfianza de que el amor nos llegue, acabamos recurriendo a estrategias de separación, de soledad, a la evasión de nuestros innegables deseos de compañía. Buscamos en cada rostro con la esperanza en firme y de tantos fallidos candidatos; nos cansamos, nos alejamos, nos deprimimos y listo. Muere al amor. Entra la desesperanza, la soledad como mejor arma para enfrentar nuestro rumbo. Aisladas del amor.

Es difícil aceptar que esta actitud no nos conduce a nada. Lo sabemos en el fondo de nuestra alma, pero nos cuesta entender porqué esa visión de amor que tuvimos no la tenemos presente día a día, compartiendo momentos de alegría, tristezas y conversaciones con la persona amada. Cuesta enfrentar el porqué no se están juntando nuestras realidades formando un universo de amor y comprensión en un espacio intimo.

Si

* Pero la realidad es que simplemente, esa persona que no toca aún nuestra puerta, no lo hace porque no estamos preparadas para recibirlo.

Cada ser que conocemos, nos lleva a un mundo distinto, nos enseña cosas grandiosas del universo, cosas hermosas del amor. Nos deja enseñanzas, aunque hayan dolido al entregárnoslas, aunque hayan partido después de regalarlas.

“La experiencia me enseña…
y me prepara para ti, mi futuro amor.”


Todo esto nos prepara cada día un poco más para ese ser que descubrirá nuestra alma, para ese ser con quien podremos ser nosotras mismas. Nos dispone para ese ser con quien no existirán máscaras y que logremos así, que él, tanto como tú, desee complementar su vida con cada trozo de la tuya. Con cada error del pasado, con cada éxito, con cada momento del presente que transcurrirá día a día, crecerá en amor y moldeará un futuro juntos. Convirtiéndose uno, en nuestro futuro.

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Tal como somos, con defectos y virtudes, esa persona especial estará en nuestra vida, pero sólo llegará en el momento preciso. Un ser maravilloso de ojos resplandecientes como su alma, con quien cada engranaje de nuestro mundo solape a perfección en la vida de él. Con quien los defectos se transformen en detalles creativos del ser, con quien deseemos ser mejor personas, crecer, evolucionar, simplemente para poder tocar un mejor mundo junto a él. Y, claro está, esta transferencia de energía y felicidad, sea mutua.

¿Cuándo llegará? Es una pregunta que constante nos hacemos. Pero también es simple de responder: Sólo cuando Dios considere que estamos preparadas para valorar el obsequio que nos entregará. Cuando dispongamos de mente y cuerpo para disfrutar a plenitud el maravilloso acto de amar, cuando los rencores formen parte de un pasado lejano, cuando tengas en tu ser tanta paz y amor, que puedas manejar la trasformación que llegará a tu vida.

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Mientras, sólo hace falta tener la fe de que ese encuentro llegará. Y no aislarte a esa posibilidad, porque es absolutamente real, conseguir esa persona con quien puedes volar al descubrir que la felicidad que posee tu ser interno, al compartirla, al obsequiarla, trae aún más felicidad. La paciencia y el amor, solo son virtudes que se desarrollan, al usarlas.

Espera con cautela, espera con devoción, sana tu alma y tu cuerpo en unísonos. Pero un día, no muy lejano en tiempo y vida, encontrarás que ese ser que imaginaste siempre, tendrá aún más cualidades, mas enseñanzas y más amor que dar, que todo el que tu idea mental programó para ti.

© Autor: Dulce