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12 errores en la discusión de pareja.

La rutina, contra lo que se piensa, no es el mayor enemigo del matrimonio. Lo es, aunque sólo se sospeche, una mala calidad de comunicación, que no equivale a la pérdida de toda privacidad personal o a una mal entendida franqueza.

12 errores en la discusión de pareja.

Una mala educación consiste, sobretodo, en el feo vicio de ignorar al cónyuge en cualquiera de los campos de su actividad humana. Este hábito pernicioso creará mecanismos de cierre en el ofendido que herirán al ofensor, generando nuevos círculos viciosos alimentados por el rencor y mayor distancia entre ambos.

A modo de ejemplos de áreas conflictivas, señalaremos doce errores de notable frecuencia en una discusión matrimonial.

1) Descalificar

Cuando se discute, al menos uno de los cónyuges se siente herido y presa de la ira. Con deseos de saciar su cólera, desea herir al otro haciéndole sufrir un poco al menos, así como él sufre. Se grita, se ofende, se descalifica, se burla, se remueven heridas. El centro de la disputa queda focalizado en atacar y ganarle al otro. No se busca primariamente encontrar una solución.

Este mecanismo excluye, por lo tanto, cualquier opción cordial de escuchar al otro. Quien se hiere busca venganza… y el círculo vicioso se crea. Los oídos se van cerrando y se siente que cualquier grado de concesión es una forma de ser derrotado. Y en una guerra nadie quiere perder.

Un buen mecanismo de defensa de la pareja consiste, por tanto, en evitar descalificar al otro. Mientras menos lleguemos a herir al otro, mayor disposición obtendremos para solucionar lo que nos duele. Si el otro no se siente en posición de batalla, no tendrá problemas en ceder o en mostrarnos su punto de vista y aclararnos, por ejemplo, un error que nosotros mismos podríamos haber cometido.

2) Sólo el problema

El rencor y el dolor son malos consejeros. En el momento de una discusión lo frecuente es que sólo venga el recuerdo de qué es lo que odiamos en el otro, su pasado ofensivo y sus costumbres irritantes. Por lo tanto, el detonante que hizo estallar en ese momento pareciera ser en sí mismo el punto a debatir. Sería ridículo negar que objetivamente ha ocurrido un “algo” que detonó esa bomba. Y pelearse durante horas por la interpretación de ese “algo” no ayudará a nada más que a acumular nuevas heridas y formas de agresión, física o psicológica.

Sin embargo, lo usual es que sea el problema el protagonista de la discusión. Modificar este robo de protagonismo puede contribuir a solucionar la riña.

Por ejemplo, desplazar la atención, presentando el problema como si fuera real y buscando salidas o soluciones al mismo. No importa si es real o no: quien cedió sabe que en algún momento se aclarará todo y se suprimirán algunas medidas. Pero al menos no se continuó con el desangramiento afectivo.

Otro mecanismo conveniente es intentar enumerar las complicaciones o dificultades que se encontrarán en la salida de un problema y valerse de las soluciones propuestas como espacios apropiados para trabajar en equipo. La cercanía puede ser un primer paso para sanar las heridas.

Una solución, sólo por responder a un planteamiento particular, no implica que realmente sea la respuesta a un conflicto real. La salida que se encuentre debe ser justa para ambos, no sólo para el que grita más fuerte o hiere con más fuerza. El error de ceder tempranamente es que, para ganar confianza como pareja los acuerdos mutuos deben cumplirse con un cierre, y no sólo limitarse a aumentar un historial de frustración que fácilmente se convierte en arsenal para cualquiera de los dos agresores.

3) Ni el momento ni el lugar

Sin pedir un control que no fue extraño hasta la generación de nuestros abuelos, es importante recomendar a la pareja que procuren discutir bajo condiciones adecuadas. Una regañina a la salida del trabajo, frente a los compañeros laborales o frente a la familia o amigos puede llegar a ser más dañino por el lugar y momento que por el tema de discusión en sí mismo.

De ser posible, ha de buscarse un espacio de armónica intimidad lo más a la mano posible. Un lugar que propicie la libre expresión de lo que se siente y la búsqueda de soluciones y arreglos que lo superen.

Recordar, también, la pena que siente quien se deja desbordar por la ira cuando recuerda el papelón que hizo vivir a ambos cónyuges o el daño ante seres queridos es un buen aliciente para evitar caer en esta tentación.

Una sugerencia interesante es acercarse a un lugar abierto, con entorno natural, o bien un espacio de íntima calidez que derrita el hielo que se instaló entre ambos.

4) El egotismo a descubierto

Un tema recurrente en entrevistas con parejas en la falta de atención que sienten los cónyuges. Lo curioso es que no pocas veces suele ser la primera vez que lo oyen de labios del otro. Y es que al discutir con frecuencia nos encerramos en nosotros mismo, en nuestros demonios y pasiones. Y nos cegamos y aturdimos respecto al otro. Ni le oímos, ni vemos más que para medir el efecto de nuestro odio desbordante y la rabia que nos da su torpe reacción.

A cambio, sostener una discusión donde nos regalamos por entero al otro, en un acto de donación conyugal digna del amante más perfecto, puede ser el comienzo de un gran cambio en las cosas. Si bien acariciar al otro no es lo más indicado de entrada, sí lo es cuando la intimidad y cercanía nos expresan mejor al concluir y proponer salidas conjuntas. Mirar a los ojos. Escuchar sin interrumpir, respirar con calma son señales muy bien recibidas por el otro, que apartan del todo el clima de “guerra matrimonial” tan tristemente frecuente. Pusimos fuera toda muestra de crítica o ánimo de herir.

Comos señaláramos arriba, se trata de un momento adecuado y de un lugar conveniente. Por lo tanto, no es lo más recomendable estar dedicados a otra actividad mientras se discute, ni ocupados con otros temas en mente. Quien discute quiere decir algo. Y quien responde quiere ser oído. ¿No es fácilmente predecible el feliz resultado de darnos por enteros en ese momento de intimidad conyugal?

5) Dar un primer profundo zarpazo


¿Qué se espera de la evolución de una discusión cuando el primer acto es apuñalar donde más duela?

La secuencia de momentos es fácilmente ilustrable. Del dolor abierto vendrá una respuesta cruenta y de esta, la contrarespuesta. Las mentes cegadas por el rencor y el cuidado de no perder encaminarán a una destructiva secuencia de puñaladas y acuchillamientos emocionales. De allí no saldrá nada bueno. Apenas otra cicatriz en el historial de dolores de la relación.

Sin embargo, ¿qué ocurriría si por variar, si por intentar una forma distinta de comenzar a plantear un problema o tema de discusión, se comenzara con un elogio del otro? Imaginemos la situación. En lugar de abrir los labios para lanzar un zarpazo, elogiamos algo del otro, comentamos un aspecto que nos gusta. ¿Eso abre o cierra a nuestra pareja? Y luego, con cuidado de no concentrarse mas que en buscar una solución, y compartida, vamos exponiendo los hechos sin intentar herir. ¿Quién negará la buena disposición que encontraremos, el ánimo de ceder o de opinar que generamos?

6) Ambiguos y mudos

No pocas veces, por evitar empeorar más la situación, caemos en el corrosivo campo de los “no concretos”. Señalamos que odiamos cosas, pero no las especificamos. No decimos ni qué es lo que no nos gusta ni porqué no nos gusta. No alcanza con enumerar el listado de cosas que odiamos del otro, con tanta precisión que ni un bisturí de disección alcanzaría.

Un modelo constructivo es abandonar el campo de lo no concreto y pasar a ser específicos. Si callar lo que nos molesta empeora las cosas en lugar de mejorarlas, lanzar problemas sin aclarar su naturaleza es igualmente mortal. Si queremos señalar algo que no anda bien, indiquemos qué es lo que no va bien, porqué no va bien, cómo nos gustaría que fuese, etc. De esta manera quitamos angustia al otro, pues le mostramos sin dudas el centro de la cuestión, le ilustramos en cómo lo va haciendo mal y cómo nos gustaría.

A continuación se puede conversar en la búsqueda de salidas o intercambio de opiniones sobre el tema. Y si aplicamos los consejos que vamos exponiendo en estas líneas, confíe el lector en que se llegará a buenos acuerdos.

7) “Yo te acuso”

Muchos matrimonios, al discutir, dan la impresión de maestros regañando a sus alumnos o de fiscales en la Corte acusando a reos de los peores crímenes. Lejos de cooperar con un buen desarrollo de la discusión, la actitud agresiva e intimidante cierra al acusado a cooperar con el problema. Por el contrario, le coloca en la posición de quien se defiende de no importa qué postura que ahora deberá sostener como suya.

Depurar nuestras palabras de juicios de valor y acusaciones, del tono reprendedor y de cuchilladas psicológicas abrirá a nuestra pareja a nuestro problema y a encontrarle solución.

8) Disparar y huir

¿Qué cosa es más frecuente que convertir una discusión - que no se quiere larga y enfadosa - en algo semejante a un pelotón de fusilamiento donde descargamos toda nuestra ira y frustración para luego huir, cerrando toda puerta nuestra espalda?

Si aplicamos las recomendaciones enunciadas, lograremos evitar los errores y conducir el encuentro en una búsqueda de soluciones. Sin embargo, forma parte del proceso de pareja, darnos espacios a aclaraciones, a asegurarnos que nos hicimos comprender y confirmar que comprendimos bien al otro, tal y como nosotros mismos quisimos ser entendidos en nuestro punto de vista. El clima que queda flotando en el ambiente tras haber mutuamente entendido que el otro nos interpretó adecuadamente y que trabajaremos en el conflicto es un poderoso atractivo para reencender la relación de pareja.

9) Todo a un mismo tiempo

No importa cuan largo sea el prontuario de crímenes de nuestra pareja, listado que mantenemos con una precisión que el mismo Satanás envidiaría de la cuenta que lleva por nuestros malos actos.

Si lo que honestamente deseamos es solucionar un problema y no solamente descargar nuestro odio contra el otro, entonces aprenderemos a concentrarnos en un punto por vez. Es irreal e inmaduro esperar cambiar toda una personalidad y toda una vida con el desarrollo de una sola discusión.

Con calma, amor, paciencia y buena voluntad lograremos más metas de las que esperaríamos desde nuestra oscura aprensión. Y, de paso, nuestra pareja verá en nosotros mismos algunos cambios que anhelaba, si acaso nosotros mismos pusimos buena voluntad.

10) Agresiones

Si realmente deseamos conversar, el tono de voz alto e hiriente, casi a gritos, enerva y pone a la defensiva al cónyuge, quien probablemente reaccionará con gestos de réplica agresiva o descalificador hartazgo.

Como contraparte igualmente perniciosa se encuentra la costumbre de algunas personas por encerrarse en el mutismo o poner caras de rabia mal contenida aunque no digan nada al respecto.

Mantengamos un aspecto sereno, abierto al otro, con un tono y nivel de voz agradable, midiendo mucho las palabras y lo que decimos. Es un esfuerzo enorme, es verdad, pero sería muy vergonzoso reconocer que lo que en verdad queremos no es solucionar un problema sino maltratar al otro sin remordimientos.

Invitemos a nuestra pareja a escucharnos, abriéndole las puertas para expresarse con la misma cordialidad, donde la agresividad quede desterrada. Quienes aplicaron estas medidas dan cuenta de los resultados asombrosos a poco de valerse de ellas.

11. Rencor

Suponiendo que la pareja realmente desee superar todo cuanto le separa, para reencantar la relación que un primer día les dio sentido a sus vidas y les condujo al altar a prometerse eterno amor, es aquello que recomendaré: abandonar los rencores. Dejar de lado esa incapacidad de no poder soportar haber sido molestado en algo.

No se trata sólo de practicar la virtud cristiana, que a semejanza del buen Dios perdona culpa y delito, derritiendo todo en Su Corazón Misericordioso. Si no hay misericordia en la pareja no habrá Misericordia sobre ellos ni para con ellos. El rencor corrompe el alma, como un gusano vil que pudre los mejores frutos del amor de pareja. Allí queda la infame criatura diabólica, destruyendo todo buen sabor y recuerdo feliz.

El rencor mancha todos los momentos y no da paz al rencoroso sino hasta cuando puede descargar venganza sobre el ofensor de su orgullo.

Muchas discusiones no se tratan más que de ajustes de cuentas entre vicios. Y es muy fácil que la hoguera de la discusión reviva y alimente a otras criaturas malignas.

Perdonar de corazón como nosotros queremos ser perdonados, y olvidar las ofensas con la generosidad con que querríamos ver olvidadas las nuestras, es el modelo más seguro y garantizado de traer paz al matrimonio.

12.- Retorno a la zona oscura

¿Qué pareja no es particularmente más vil e insidiosa que aquellas que recaen en una discusión que dieron por superada? ¿Qué cónyuge no se ve presa de la mayor de las iras cuando ve al otro incurrir en aquello, en precisamente aquello que se dio por entendido y corregido?

Cuando la pareja aprendió a cambiar sus modelos y formas de discutir, cuando comprendimos el fondo y la forma de una buena y sana discusión, queda recomendar dos grandes medidas preventivas:

La primera es conversar en otros momentos, distintos a los de la discusión, el modo de seguir aplicando algunas de las salidas que se encontraron a los problemas y las formas que a partir de ese momento se aplicarán. Es muy importante que fuera de todo aroma de guerra, se asienten los pasos a seguir y se recompensen los logros. Del mismo modo, es vital que no se prolongue la discusión en el tiempo a causa de haber quedado mal cerrada. Todo tiene reparación con buena voluntad sin necesidad de mantener los sentimientos corrosivos. La experiencia de las parejas que cambiaron de rutina avala la certeza de que con ganas y voluntad, se puede superar todo.

La segunda, es más efectiva y segura. La oración en la vida de pareja es tan importante como la convivencia familiar o la vida de alcoba. Con oración, fe y humildad, y el deseo ardiente de vivir como buenos hijos de Dios, con los auxilios y remedios de la Iglesia, podremos avanzar con paso seguro, libres incluso de la acción perniciosa del Enemigo del matrimonio y de toda felicidad humana.

http://www.buenvivir.org/matrimonio/errores.htm


Si no logras decidir si quieres continuar con tu pareja o decirle adiós, te damos unas pistas de los terapeutas de pareja para iluminarte el camino..

mujer

Tal vez por muchas razones has dudado continuar con tu relación de pareja, y te has preguntado si vale la pena luchar por mantenerla o si es mejor romperla de una buena vez. Actualmente ésta es una de las interrogantes más frecuentes entre las parejas, ¿seguimos o no seguimos?

Para esta duda que te angustia no hay respuestas rápidas ni sencillas, porque las emociones y sentimientos entre tú y tu pareja no están demasiado claras. Tú sabes que para tomar la decisión no sirve de nada ponerte a deshojar una margarita.

La convivencia puede ser un día el cielo y otro el infierno, un día un avance y otro un retroceso, y esto te confunde para tomar una decisión.

Peleas positivas

¿Sabías que las peleas indican salud en tu relación? Sí, las discusiones en la convivencia son una válvula de escape o una señal de que hay un problema serio que puede terminar con la relación.

Las peleas son positivas cuando no llevan insultos, humillaciones ni violencia, cuando se busca una solución y un acuerdo. Es necesario discutir para que la relación funcione bien, y además la reconciliación trae un placer posterior.

¿Cómo discuten?


Sin embargo las discusiones son negativas si tú o él se critican, involucran a otras personas o se chantajean psicológicamente con el clásico si no haces esto, dejo de hacer aquello.

Además la discusión no tiene ningún sentido si exiges algo que el otro no está dispuesto a dar, si reaccionas diciendo no a todo, si cedes en cualquier cosa para no discutir, si quieres imponer algo o dominar a tu pareja.

Una señal de que algo va mal es cuando terminan con un silencio, actúan con indiferencia ante lo que el otro dijo o acaban con la paciencia de la pareja; esto indica que el conflicto puede llegar a terminar con la relación.

Posibilidades de salvarla

Para ayudarte a decidir si te conviene continuar con la relación o decir basta, respóndete a estas preguntas:


# ¿La relación significa lo mismo para los dos? Puede ser que uno busque estabilidad y comprensión, y el otro pasión y aventura.
# ¿Comparten los mismos intereses y objetivos en la vida?
# ¿Estás dispuesta a hacer todo lo posible para resolver los problemas que te han hecho pensar en separarte de él?
# ¿Crees que si le pones fin a tu relación, tendrás pocas posibilidades de establecer una nueva relación con otra persona?
# ¿El deterioro de tu relación se debe más a pequeños detalles en la convivencia que a razones de peso como la falta de amor o de pasión?
# Si sigues con tu pareja, ¿los beneficios que obtienes son mayores que las cosas negativas?

Si la mayoría de tus respuestas son afirmativas, tu relación tiene grandes posibilidades de salvarse y seguir una convivencia satisfactoria, una vez resueltas sus diferencias.

Seguir o no seguir

Según la psicóloga Irene Alonso, "para decidir qué hacer con una relación en crisis, hay que dejar de ver en el otro lo que queremos ver, y observar si su forma de vida nos hace felices, es decir, ver la realidad en lugar de las fantasías".

Una razón determinante para terminar es que tengan una gran diferencia o se opongan en los temas importantes para cada uno, como la religión, las opiniones políticas, los valores, las expectativas del futuro, los proyectos o cualquier otro aspecto de la vida.

Una de las cuestiones que provocan más rupturas son los noviazgos muy largos y conforme se prolongan, la relación es cada vez más difícil de sobrellevar. En este caso debes hablar claro con tu pareja y decirle lo que quieres, ya sea casarte, vivir juntos o terminar, y preguntarle si opina lo mismo.

En cualquier caso deben dialogar si buscan llegar a acuerdos satisfactorios para los dos. De lo contrario, siempre díganse sin hostilidad las razones de la ruptura.



http://www.esmas.com/mujer/sexoyamor/amor/388430.html

Muchas veces ni siquiera podemos precisar como empezó la discusión. Las cosas pueden estar tranquilas y por un malentendido, una tontería, o incluso sin ningún motivo nos vemos inmersos en una discusión. Terminarla sin más tampoco suele ser tarea fácil. ¿Qué debemos hacer?.

Hombre

Lo principal es darse cuenta que discutir de vez en cuando es algo habitual en una pareja, con lo que no debemos hacer saltar las alarmas a las primeras discusiones. Solamente debemos pensar que nuestra pareja atraviesa por un mal momento cuando estamos un época larga sin parar de discutir. Cuando prácticamente podemos decir que no hacemos otra cosa más que discutir. Mas allá de esto, entra dentro de la normalidad, la disparidad de opiniones sobre los asuntos cotidianos entre nosotros y nuestra pareja. Y es normal que de vez en cuando esta disparidad acabe en discusión.

Incluso podemos sacar enseñanza de algunas de ellas, para que hieran lo menos posible nuestra relación.

¿RESPONSABLES?

La responsabilidad de las discusiones no es fácil delimitarla. En nuestra relación de pareja entran en consideración lo que somos, como nos ven los demás y lo que es muy importante: nuestras propias expectativas que no tienen por qué ser iguales a las de nuestra pareja.

relacion

A menudo el inicio de la discusión, está en algo que esperábamos y que no se ha cumplido. La situación se complica cuando nuestras expectativas son opuestas a las de nuestra pareja.

Incluso algo que damos por sentado, como si el otro debiera saberlo, pero que nunca hemos dicho, puede crear el ambiente propicio para empezar a discutir. Esto es algo que tenemos que tener siempre presente. Puede ahorrarnos alguna discusión.

¿QUÉ EVITAR?

Si a pesar de todo, estás ya en plena discusión, evita alzar la voz, por que esto sólo empeorará la situación.

Evita igualmente cualquier recordatorio a discusiones pasadas , por que no vienen a cuento, y sólo conseguirá heriros.
No a los insultos, ni a las faltas de respeto, por que pueden ser difíciles de borrar.
Procura no introducir en el escenario a terceras personas .
Todo ello sustitúyelo por un intento por escuchar al otro, aunque sean reproches. Tu capacidad de empatía probablemente marcará la diferencia.

http://www.mujer.com/Sexo_Romance/discutir-pareja.asp

23 comentarios - 12 errores en la discusión de pareja.

Pompelina -4
cheee....todas hago cuando peleo con mi marido...que feo lo mio....
aguerita
q mal q estoy

se lo voi a mandar a mi novio muejeje
Bano02
Muy buen post, te felicitoo
hernan1988
excelente
ojala le sirva a muchas parejas
Cyrrious
me gustaria leerlo completo pero m aburrio, sera bueno si lo leo con mi novia, jajaja, mas 5pts, y a favortios, saludos...
irineo20
Cyrrious dijo:me gustaria leerlo completo pero m aburrio, sera bueno si lo leo con mi novia, jajaja, mas 5pts, y a favortios, saludos...

me aburri pero parece interesante mas 2
Pablo_TRASH
El rencor y el dolor son malos consejeros
Bocablo
Quiero una pareja para poder aplicarlo
culoaguero13
tipico taringuero
esoihit
MUY BUEN POST!!! NUNCA ESTÁ DEMAS SABER ESOS TIPS
djpacoh
Son muy malas la mujeres y muy brutos los hombre!!!
nerycerv
La verdad es un excelente Post, estoy pasando por un problema en mi matrimonio pero no creo que se puedan aplicar al 100% estos maravillosos consejos ya que mi esposo es alcohólico y las discuciones no se tornan sanas de ningún modo.
Sería bueno subir un Post donde nos diga que hacer en esos casos, como debemos actuar las mujeres ante la agresividad de su esposo alcohólico ó viceversa, también hay casos en los que la mujer es la que bebe.
Otro punto importante es, que hacer con los niños en ese momento, ellos presencían las mayoría de las discuciones y no es justo.
Debemos aprender a cerrar círculos.
Hasta donde debemos aguantar las esposas?? Siempre guardamos una esperanza de cambio en ellos, pero cuándo ó cuánto debemos soportar la situación??
Cuando ellos o ellas no aceptan su alcoholismo, cómo ayudarlos a enfrentar la enfermedad??
Será sano para los hijos terminar un matrimonio por el alcoholismo? Finalmente se les está quitando el derecho de estar con ambos padres.
Tengo tantas preguntas sin respuestas que hay ocaciones en las que me siento en medio de una encrucijada y no sé que hacer.
Ojalá a alguien le interese en darnos este tipo de información pues al no poder asistir a un grupo las desiciones que podríamos tomar se ven limitadas y escazas cuando estoy segura de que no es así. No creo que la vida siendo tan bella y maravillosa nos castigue de esa forma además de no darnos opciones para cambiar el rumbo. sé que existen pero, Dónde??