LuNaTiCaS 
Luna Molesta 

Temores, miedos, dudas, todo un imaginario cultural heredado hemos recibido las mujeres y aún hoy muchas se cuestionan qué hacer con su bendida cajita feliz... Perderla o no, prestarla o no, guardarla esperando al príncipe  azul...
Cuestionamientos, muchos de ellos sin respuestas...

Carne Trémula: Cosas de mujeres


Siendo una mujer de pasado los 28 hablaré de la virginidad desde la experiencia de mi edad, algo remota y prehistórica, en relación a las nuevas camadas de mujeres que ya casi no entienden de qué se trata ese temita de mantenerse virgen hasta el matrimonio o por lo menos hasta encontrar una persona adecuada con la que se pueda transitar la sexualidad de un modo saludable y amoroso.

Partiendo de la base que le hablo a mujeres como yo, creo que la virginidad fue el gran estigma con el que cargamos durante años, con el miedo y el terror de perder algo sagrado, pues eso nos inculcaron tías, abuelas, madres y sobre todo las monjas y curas, que no tuvieron pelos en la lengua al decirnos que el infierno era el camino si no manteníamos nuestra cajita feliz al resguardo de los hombres, que en el imaginario legado de boca en boca, eran una especie de aves rapaces que nos dejarían al desnudo y por supuesto solas, abandonadas y… sin cajita feliz.

Sin embargo más allá de todo lo leído, asumido, de los dichos, consejos y miedos heredados el peor problema que padecen muchas mujeres es no poder desarraigarse de su virginidad mental y por ende todos los fantasmas se agrandan, los hombres siempre son los malos que están acechando y el sexo es imposible de pensar como una acción fluida que la ejerce gran parte de la humanidad…

No importa cuándo se pierde la virginidad y en qué condiciones (casada, soltera, con amante, esposo, amigo, o el vecinito del lado), el tema está en que el tránsito o mejor dicho, para ser literal, la ruptura de la misma implique un momento de goce, disfrute, de conciencia, y no un trauma culposo que te lleve al psicólogo, el confesionario y a una tortura mental que no te deja vivir…

Soy de una generación que creció entre la libertad y los resabios de moral reproducida de memoria, cualquier hecho que saliera de la norma impuesta por todas las instituciones sociales implicaba un debate en nuestro interior, así de a poco y en silencio, como desnudándonos, aprendimos también a sacarnos tanta imposición que nos ataba, que no nos permitía ser, no sólo en lo sexual, sino como seres humanos.

Sin embargo y a pesar de que hemos transitado un largo camino, uno sigue observando como la virginidad es parte de un tabú, se sigue ocultando el tema, muchos prefieren no hablar de la misma, menos aún hablar del sexo.
Mientras los pensamientos atormentan en un debate de perder y no perder la bendita virginidad que no se la ve como la ruptura del himen, sino como el quiebre con ciertos valores y con un concepto de lo que está bien y mal que hemos legado a lo largo de siglos de historia…

Es bueno saber que hoy todo se vive con más naturalidad, sin embargo el tema de la virginidad late en muchas mentes, acosa a tantas otras y llena de dudas a muchas almas, tal vez el día que todo fluya y los tabúes sean derrotados por el acontecer normal de la vida, donde perder la virginidad llega tarde o temprano, solo o acompañado y hasta teniendo una relación sexual o no.