Alcohol, éxtasis líquido y sedantes, las drogas más comunes para manipular la voluntad

Mujer en la treintena que acude a un acto lúdico aparentemente seguro y acaba despertando aturdida, resacosa y con signos evidentes de haber sido agredida sexualmente. Este es el perfil de las vÍctimas de la denominada sumisión química, un acto delictivo que parece estar aumentando.

Muchas personas, especialmente mujeres, que estén leyendo estas páginas recordarán cómo sus padres les leían la cartilla antes de salir de marcha por las noches. Entre la retahíla de consejos había uno que sonaba especialmente a guasa: «ten cuidado de que nadie te eche nada raro en el vaso». En ese momento, la chica sermoneada solía mirar a sus progenitores como si éstos hubieran perdido el juicio y salía por la puerta pensando en que esas ideas descabelladas no le aguarían la fiesta.

Sin embargo, los hechos apuntan a que las madres, como casi siempre, tenían razón. Los datos sugieren que la administración de sustancias psicoactivas, drogas y medicamentos se ha empleado siempre para cometer delitos de diversa índole, especialmente sexual. No obstante, la proliferación de las llamadas drogas de club y las facilidades para adquirirlas por internet ha hecho saltar las alarmas de los profesionales sanitarios, que cada semana reciben un goteo de personas susceptibles de haber sido víctimas de la denominada sumisión química. Estos expertos aconsejan extremar las medidas de precaución en los lugares de ocio y acudir inmediatamente al médico en caso de sospechar que se ha podido sufrir un abuso de este tipo.

«Hasta hace relativamente poco, alguien que acudía al servicio de urgencias con una resaca horrible, que decía no acordarse de nada o de muy poco de la noche anterior, pero que tenía la sensación de que le habían agredido o de que había mantenido relaciones sexuales sin su consentimiento, provocaba una reacción de incredulidad. Sin embargo, estamos observando que normalmente no se trata de una invención. Sin ir más lejos, esta semana hemos atendido dos casos: un varón al que robaron y una chica a la que violaron; ambos habían sido drogados sin que se dieran cuenta».

Este es el relato de Guillermo Burillo, médico de urgencias, subdirector médico del Área de Urgencias del Hospital Universitario de Canarias y experto en toxicología de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), quien reconoce que la sumisión química —administración de sustancias psicoactivas con fines delictivos o criminales— no es una leyenda urbana y que «aunque no hay datos ni estadísticas oficiales al respecto, existe la sensación generalizada, entre los profesionales sanitarios, de que el fenómeno va en aumento».

Para calibrar el alcance de lo que por el momento es sólo una impresión, algunos especialistas ya se han puesto manos a la obra. Concretamente, el primer número de este mes de la revista Medicina Clínica recoge un estudio en el que se refiere que, si bien el fenómeno de manipular la voluntad de las personas mediante determinadas sustancias no es nuevo, en los últimos años ha cobrado mayor protagonismo por su asociación con agresiones sexuales fundamentalmente.

POCOS DATOS

A pesar de la ausencia de datos en España, existen estadísticas en otros países que obligan a las autoridades patrias a permanecer vigilantes. Así, una trabajo realizado en Canadá entre 1999 y 2003 cifró en un 15,4% el porcentaje de casos de abusos sexuales en los que estaba implicada la sumisión química.

Por su parte, un seguimiento llevado a cabo en Estados Unidos ha registrado 1.179 casos en los últimos dos años. Finalmente, nuestros vecinos galos y británicos están elaborando sendos protocolos de actuación debido, precisamente, a que el problema está cobrando una magnitud realmente significativa.

«Creemos que la sumisión química tiene ahora más relevancia porque las víctimas están mejor informadas y, aunque tarde, reclaman ayuda en mayor medida; también es cierto que los profesionales sanitarios cuentan con mejor formación en este tema y han dejado de catalogar como agresión común un abuso de estas características; finalmente, es muy factible que el número total de casos se haya multiplicado, aunque todavía no sepamos evaluar por cuánto exactamente», explicó a SALUD Angelines Cruz-Landeira, del Servicio de Toxicología Forense de la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela (La Coruña) y primera firmante del trabajo publicado en la revista española.

«Afortunadamente, todavía no se trata de algo habitual, pero eso no quiere decir que no haya que estar alerta porque, sobre todo desde hace dos años, hemos tenido conocimiento de varios casos en este sentido», avisa Sagrario, coordinadora de la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Malos Tratos (ADAVAS) León.

¿Y quiénes son las personas que deberían tener especial cuidado?
Pues según el perfil que se ha podido extraer de los casos recogidos, la víctima suele ser una mujer joven —no necesariamente adolescente; sino más bien en torno a la treintena— que acude a un lugar de ocio que, aparentemente, no encierra ningún peligro (una fiesta, una discoteca, un pub, una reunión lúdica...) y acaba despertando en un lugar desconocido con signos evidentes de haber sido agredida sexualmente. No se trata de lesiones físicas porque no opone resistencia, pero sí indicios de haber mantenido relaciones no consentidas.

El agresor suele ser un varón conocido en mayor o menor medida por la víctima, que administra una sustancia de acción rápida, de corta duración, fácil de obtener y que causa síntomas inespecíficos que pueden confundirse con los de una intoxicación etílica (desinhibición, euforia, mareo, náuseas, sedación, falta de reflejos...).

Normalmente, el agresor mezcla esta sustancia, que por su falta de olor y sabor se camufla perfectamente, con una bebida y se ofrece voluntario para acompañar a la víctima a un lugar más despejado o de regreso a su casa.

«También hay que tener en cuenta los casos en los que la víctima ingiere la droga voluntariamente; engañada, porque le dicen que si la toma mantendrá unas relaciones sexuales mucho más satisfactorias. Eso no es cierto, la ingesta de estas sustancias no se hace para estar mejor en la cama; sino para llegar a ella», resume Eusebio Mejía, director técnico de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD).

En cualquiera de los casos, el resultado de esta sumisión química es el mantenimiento de unas prácticas sexuales de riesgo que pueden desencadenar todo un rosario de problemas sanitarios, como enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados, contracepción de urgencia y trauma psicológico.

«Las chicas que atendemos se suelen sentir impotentes e indefensas porque, en realidad, no saben a quién denunciar; ni siquiera están seguras de que haber mantenido relaciones íntimas en esas condiciones sea susceptible de ser catalogado como un delito», afirma Burillo.

No obstante, este experto anima a cualquier persona que sospeche que ha podido ser víctima de un abuso de este tipo a que acuda a los servicios médicos cuanto antes (urgencias, atención primaria, ginecología o planificación familiar).

«Muchas veces las sustancias empleadas son bastante difíciles de rastrear, pero al menos podemos determinar qué ha ocurrido y así actuar con respecto a gestaciones no deseadas o patologías de transmisión sexual, si las hubiera», apostilla el toxicólogo de la SEMES.

En este sentido, la doctora Cruz-Landeira y su equipo están ampliando el estudio que acaban de publicar gracias a un proyecto autonómico que, a su vez, tendrá repercusión nacional en función de los resultados que se logren.

Las líneas de actuación de los protocolos que, según los especialistas, habría que promover se basan en dar a conocer los casos mediante un registro puntual de los mismos.

Por otra parte, sería necesario formar al personal sanitario para que sea más sensible a este tema, aprenda a reconocer los signos de sospecha, haga una anamnesis (historia clínica) completa a pesar de las dificultades del momento (amnesia, angustia de la víctima...) y recoja las muestras (sangre, orina y, si es necesario, cabello) en las mejores condiciones posibles.

«Si la persona está desorientada, presenta lagunas de memoria y ha tardado incluso varios días en pedir ayuda, no se trata de una agresión sexual, digámoslo así, convencional», afirma la especialista.

Ésta reconoce que los servicios de urgencias se enfrentan a un verdadero reto a la hora de rastrear las sustancias, no sólo porque el abanico es amplio y porque normalmente se presentan varias a la vez. Además, algunas son casi indetectables con los equipos de laboratorio habituales porque las dosis no tienen por qué ser elevadas. «Identificar todos los casos es difícil, pero la colaboración entre profesionales clínicos y toxicólogos allanaría mucho el camino», dice la doctora Cruz-Landeira.

Señales de alerta


Antes. Se comienza a sentir una borrachera desprorcionada en relación a la cantidad de alcohol que se ha ingerido; sensación de malestar que progresa rápidamente.

Durante. Suelen aparecer náuseas, desorientación, aturdimiento y desinhibición, así como pesadez, hormigueo o entumecimiento de brazos y piernas. Dificultades para moverse. Visión de túnel. Pérdida de consciencia y desmayo.

Después. Resaca exagerada. Dolor de cabeza y de estómago. No se recuerda nada de lo que ocurrió entre la segunda o tercera copa y el momento de despertar. Se intuye una agresión porque falta dinero, tarjetas de crédito, la ropa está desabrochada o descolocada y se despierta en un lugar desconocido.


Sustancias relativamente fáciles de conseguir

Cuando se habla de sumisión química se tiende a pensar en complicadas pócimas. Sin embargo, la realidad es más simple. El alcohol ocupa, con gran diferencia, el primer lugar de sustancias empleadas para estos fines. Desinhibe, causa euforia, favorece la impulsividad... así que es el protagonista del 75% de los casos severos de este tipo bien en solitario, bien en compañía de otras drogas (cannabis, éxtasis, ketamina, marihuana o cocaína, sobre todo).

El éxtasis líquido (GHB) sigue muy de cerca al alcohol. Se suele mezclar con él y estar presente cuando la víctima refiere no haber bebido apenas. También llamado droga de la violación, tiene un efecto corto y rápido. Desaparece rápidamente del organismo, lo que dificulta su detección.

Las benzodiacepinas, los sedantes más prescritos del mundo también copan un puesto destacado. El flunitrazepam (Rohypnol) se prohibió en Estados Unidos por la gran cantidad de casos en los que estaba implicado. Son más fáciles de rastrear y algunos fabricantes han cambiado sus características (forma, color, sabor...) para que no pasen inadvertidos si se mezclan con alcohol.


Consejos para no convertirse en una víctima

En grupo. Procura salir y permanecer acompañada la mayor parte del tiempo. Pide que vayan contigo de vuelta a casa, al coche o al medio de transporte en el que vayas a regresar.

Vigila tu vaso. Sostén tu bebida en las manos o, al menos, mantenla controlada visualmente todo el tiempo. Si tienes que ausentarte por un momento (ir al servicio, salir a llamar por teléfono...) pide a alguien de confianza que lo haga por ti o llévate la consumición.

Pide tú misma. Procura solicitar las bebidas al camarero en lugar de que alguien, especialmente si no le conoces demasiado bien, te las traiga. Mira cuando te sirven.

Ofrece tu ayuda. Si ves que alguna persona presenta síntomas de estar muy borracha o drogada no la dejes sola. Busca ayuda y acompáñale hasta que acudan a socorrerle.

Controla. No bebas demasiado, ni muy deprisa. Una o dos copas cada hora permiten mantener cierto nivel de alerta.

Juegos. Procura no beber de bidones, garrafas o cubos en los que no se sabe exactamente qué hay. Es conveniente no participar en juegos o competiciones con gente desconocida en los que se bebe como premio o castigo, especialmente si lo que hay que ingerir está preparado con antelación o si sale de un grifo o a granel.

Ante la duda... Si observas que lo que estás tomando tiene una apariencia extraña, sabe raro o tiene un olor diferente al habitual no continúes. Déjalo y espera un rato antes de pedir otra cosa.

Si ligas... Si surge un escarceo procura avisar a tu grupo de amigos de que te vas y diles con quién. Preséntaselo. Pide que te llamen transcurrido un tiempo o trata de saber cómo localizarlos si es necesario.

No, gracias. No aceptes consumiciones de desconocidos, sobre todo si se acercan con la bebida lista para tomar.

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