Animate a decirlo, suele ser la herramienta de la época para incentivar a los varones a que jueguen más. Las mujeres que dan cabida a sus impulsos inventan diferentes maneras de estimular al varón para que se permita provocarlas. En cambio, aquellas que suelen reconocerse como más reprimidas empiezan a encontrar estrategias para volverse desenfrenadas a la hora de tener sexo.

La desinhibición es el complejo más alarmante en cuestiones sexuales. Es la peor indicación para mejorar la calidad sexual. Estas represiones instaladas hace siglos dificultan la vida sexual y amorosa bloqueando la posibilidad de vivir placenteramente el sexo. Todo lo contrario, el mismo se vive con preocupación, temor y en forma limitante

La cuestión es averiguar en ambos géneros cuál es el gatillo que debe presionarse para la culminación final llamada éxtasis tan añorada por las que se tildan de anorgásmicas.

Ni los varones, ni las mujeres saben bien si se hace referencia al conocido punto g (símbolo de mayor placer sexual), al clítoris o a un sector desconocido de la genitalidad femenina. Y la incógnita genera mal sexo, insatisfacción, distanciamiento y disfunciones diversas en ambos géneros por la falta de información.

Ellas esperan que ellos tengan las herramientas adecuadas para aproximarlas al goce. Ellos quieren ser guiados en esta búsqueda constante de cómo llevar a la mujer al orgasmo, un misterio estereotipado en ambos sexos que no se abren a descubrir en general por temores inconcientes.

Prefieren seguir desconfiando de esas sensaciones que podrían experimentar al apretar el gatillo que abre la sexualidad al camino del placer seguro. Quizás, la idea de un goce máximo también provoque temor.

Aprieta el gatillo y hazme gozar

Una vez una paciente que padecía anorgasmia me expresaba su temor de conseguir un orgasmo. Tenía la fantasía de que sus sensaciones de cambios fisiológicos la acercarían a la muerte… Temía que frente a la respuesta orgánica y el precipitado latir de su corazón pudiese morir. Este temor es bastante común frente al desconocimiento de los cambios físicos que se producen en el organismo.

Para tener una buena respuesta sexual debemos desde el inicio entender como actúa funcionalmente el organismo. El deseo se despierta antes de comenzar la relación sexual y prepara al organismo a la respuesta que devendrá a partir de la estimulación. Aumenta la intensidad a medida de que los participantes se relajan en esta experiencia y se permiten desear y jugar todo lo que el deseo propone.

No todas las mujeres somos iguales. Tenemos ciertas características eróticas diferentes y de hecho muchas mencionan que pueden llegar al orgasmo con cierta modalidad sexual y no con otra. Algunas viven las fantasías como el camino propicio para aumentar su excitación, mientras ciertos varones sin embargo sienten que esas fantasías femeninas suelen ser amenazantes para su hombría y rechazan este aspecto lúdico del intercambio sexual (cuando las fantasías femeninas los excluyen, sienten una herida fatal ya que no se reconocen atractivos ni deseados y compiten con el fantasma de la fantasía).

Otro punto a tener en cuenta es que si no conocemos nuestro cuerpo no podemos avanzar sobre él, trabajarlo y sensibilizarlo por medio de la estimulación, y esto es fundamental para el éxito.

Las mujeres suelen desconocer su zona íntima, algunas sólo pueden ubicar los órganos por el nombre pero confunden la función o la ubicación. En la experiencia clínica, ha sucedido que piensen que el clítoris es el punto g, o que es el orificio de la uretra. Estas confusiones generan una sexualidad deficiente o disfuncional: la mujer no puede determinar con exactitud la zona de sensibilidad estimulatoria.

Algunas muestran cierto temor en el hecho de reconocer claramente la función de cada órgano y de mirarse para conocerse mejor, o entender que la masturbación es sumamente eficaz para el entrenamiento de mujeres orgásmicas.

Otras, más entrenadas sobre el tema, sugieren a la hora del sexo que el varón merodee por esa zona y que en la impresión del tacto les despierte sensaciones extremas de placer.

”Aprieta el gatillo y verás que puedo ser esa mujer fatal que buscas”. Estas palabras pueden ayudar a su pareja y darle la autorización a conectarse con la idea de hacerlas sentir durante el sexo, pero son pocas las que se abren a esta experiencia con seguridad en sí mismas y sin prejuicios al respecto.

Los varones escuchan de costado que el punto g suele ser el botón que lleva al máximo placer sexual femenino. En su búsqueda suelen hurgar sin mucho éxito ya que jamás han investigado su ubicación. Algunos por una suerte de gracia suelen reconocerlo y esto se vuelve un triunfo, pero lamento desilusionarlos y decirles que la localización del punto g por sí mismo no genera un orgasmo si la tarea no se experimenta de la manera adecuada.

Aumentar los estímulos participantes lleva a aumentar las posibilidades de éxito y los complementos apuran la respuesta sexual femenina. Las mujeres no somos robots a la espera de la opresión del botón que reactiva la respuesta sexual, necesitamos de juego previo focalizado en diferentes zonas de nuestro cuerpo, entendiendolo por completo como una gran zona erógena y trabajando como acompañamiento la fantasía y otros sentidos que acompañan la conducta sexual.


Los pensamientos poco optimistas o negativos llevarán al fracaso rotundo. Las inhibiciones son las causas más frecuentes de un mal desenlace amatorio, y el no decir lo que más gusta o lleva al disfrute es una forma de boicotear el encuentro. Animate a pedirle que apriete el gatillo y te haga gozar, que no tema estimularte, que juegue con todo tu cuerpo, los pezones son parte de este juego, y un sector rico en sensibilidad propiamente dicha.

Es interesante como la forma de hablar al compañero sexual estimulará la excitación de la pareja. Aprender formas de lenguaje pecaminoso, osado, atrevido, suele ser un desencadenante de excitación irresistible y una experiencia increíble.

Si no te deseas a ti misma, no podrás desencadenar el deseo en el otro. Con esta frase intento quitar aquella creencia absurda de muchas pacientes que se llenan de desvalorización de su cuerpo y que se esconden y ocultan sus partes íntimas por temor a disgustar. Las mujeres más seguras de sí mismas y con la autoestima sexual más alta suelen experimentar su cuerpo como sumamente excitante y así es percibido por el otro. Y en la medida que se lo creen y se viven deseadas, sexualizadas, seductoras, desencadenan el deseo en el varón, al facilitar el juego de seducción.

En cambio, aquellas con la autoestima sexual más deteriorada provocan el rechazo con el condicionamiento de vergüenza instalado: se desaniman frente al juego sexual y desaniman al compañero sexual, perturbando la intimidad.

El clítoris mismo esta envuelto por una capucha que si se logra retirar se observa a simple vista. Esta área, sumamente sensible a la estimulación, provoca las sensaciones sexuales más extraordinarias: encontrar la manera de estimularlo sin agredirlo suele ser un trabajo de ambos miembros cómplices en lo que respecta al resultado buscado.

Algunos hombres suelen conocer más que otros esos secretos femeninos, pero desconocen la forma de estimulación que accede al placer, o son muy bruscos o se agotan fácilmente renunciando antes del tiempo necesario para que la mujer descubra su sensación.

Por lo tanto, es la mujer la que debe orientar a su pareja según su experiencia percibida en el momento del masaje, a medida que va sintiendo el aumento de la intensidad de excitación, indicando una caricia prolongada o una fricción mas intensa. Debe regular el modo, la forma y el tiempo… Por eso decimos que la tarea amatoria es conjunta y que el fracaso se produce cuando ambos no se concentran en esa tarea.

Aprieta el gatillo es una forma de soltarse y dar vuelo a las fantasías que rondan por el inconciente de la pareja. Suele expresar cierta voracidad sexual. Una mujer desprejuiciada y activa que se entrega a la experiencia fantástica de la estimulación y que es facilitadora de la misma comienza el juego de la atracción y la seducción en la pareja en la búsqueda constante de ese gatillo que llevará al éxtasis absoluto.

Esta es la única alternativa a descubrir la multiorgasmia tan nombrada y desconocida. El sexo debe ser semejante a una ola creciente en referencia a intensidad. Comprometerse con la mejoría de su desarrollo en la pareja y el descubrimiento de otros niveles de intensidad erótica evitará aproximarse a la rutina que desemboca en crisis de parejas, separaciones, evitación sexual, disfunciones y, sobre todo, la pérdida del deseo sexual.



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