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Techos Vivos

El concepto de Techo Vivo tiene ya mucha bibliografía para contribuir a su ejecución y difusión entre los constructores naturales y el público en general.
Con alegría se observa que legislaciones recientes lo recomiendan y regulan en lugares tan disímiles como Villa Merlo en San Luis y Buenos Aires, Capital Federal.
En uno se busca fomentar la coherencia con un ambiente que no debe ser contaminado con materiales que no son propios del lugar y de esta manera aportar a la ecología y, seamos sinceros, al turismo
En el caso de la CABA (Ciudad Autónoma de Buenos Aires), la necesidad es otra. Ya se ha hecho un daño casi irremediable. En una isla de cemento que se ha extendido por miles de hectáreas, la concentración calórica genera múltiples inconvenientes que tienen que ver con el uso de la energía, y además con la evacuación de las aguas de lluvia que al ser a veces muy intensas en cantidad de litros por unidad de tiempo y de superficie, el drenaje no alcanza, es insuficiente y genera graves dificultades desde las inundaciones que se producen.
La aplicación de los techos vivos a las terrazas de los edificios de la gran ciudad, proporciona una gran aislación térmica frente a las insolaciones veraniegas y acumulación de agua, para ralentizar el drenaje de la lluvia durante las tormentas importantes, que se vienen dando con inusual mayor frecuencia.
En los casos de los edificios capitalinos, la gestión de construcción de un techo vivo parece asignada a empresas que cumplan con distintos estándares. Esto para poder recibir los beneficios que se pueden lograr impositivamente.
Lo bueno de este sistema, como de todos los que tienen que ver con la construcción con materiales naturales, es que permite la autoconstrucción, es decir llevarlo adelante, o arriba en este caso, por la mano del dueño. El conocimiento que se requiere está ampliamente difundido y permite acceder al contacto con personas que lo han llevado a cabo y comparten gustosos sus saberes.
Para una casa de familia, un techo simple, de caída del orden del 5%, se puede ejecutar con materiales reciclados de obtención muy económica.
De acuerdo a lo que he podido experimentar, no como laboratorio, sino como obra encargada, puedo rescatar algunos tips que permiten lograr la efectividad del techo y su economía.

Soporte

Los tirantes que sostienen en techo pueden ser de madera de eucalipto en forma de postes naturales, del orden de los 12-15 cm de diámetro, que normalmente son de hasta 4 m de largo. La separación entre ellos en una distancia de hasta 3 m, no debería superar los 58 cm, en tanto que para una separación entre apoyos de soleras de 2 m, la separación de los tirantes puede ser de hasta 70 cm.
Las soleras se pueden lograr también con postes reciclados de eucalipto de las líneas telefónicas, soportadas con un vano de hasta 3 m. Los diámetros de estos postes son del orden de los 17 cm y más.
El anclaje de los postes tirantes se puede hacer con clavos realizados en hierro de construcción de 8 mm, a una de cuyas puntas se le practica un rebaje a modo de punta paris. Así, en el poste se realiza un orificio de 8 mm y se inserta en él el clavo que contará con una logitud de unos 25 cm. En este poste el clavo pasa rozando fuerte, pero al llegar a la solera se clava en ella hasta que sólo quedan afuera unos 4 cm. En ese momento se procede a doblar a golpes de masa el clavo para seguir golpeando y asegurar el contacto retenido entre los dos postes.
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Las soleras se ajustarán de igual forma, pero se reforzará el enlace con un suncho de planchuela de hierro de 1/8″ x 1″, que abracen la solera y se anclen al poste de soporte con una varilla roscada de 7/16″ bien sujeta con sus tuercas.
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Cubierta de madera del techo

La solución a veces más práctica puede ser aplicar una cubierta de madera de pino o saligna de 1″ de espesor, preferentemente machihembradas. Pero los costos pueden ser prohibitivos para el presupuesto del dueño de casa. Así es que se debe apelar a lo que se pueda para asegurar una cobertura resistente, dado que el techo puede llegar a pesar 150 kg/m2.
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Una alternativa puede ser la utilización de pallets reforzados, a los que se les puede sacar la parte inferior de traviesas y tacos, de modo que quede una sola planchada, la que se anclará mediante clavos espiralados de 3″ a los tirantes del techo. Si las medidas lo permiten y se genera poco desperdicio, se debe tratar de hacer coincidir los extremos de dos pallets apoyados uno al lado del otro sobre un cabio o tirante. El tirante intermedio entre los dos extremos apoyará sobre la parte central del pallet.
Techos verdesEn los pallets quedan espacios ente tabla y tabla, que pueden ser completados con tablas insertadas, cortadas a medida, y clavadas con clavos de 1 1/2″. Así el apoyo que se realice sobre estos pallets será completo, sin espacios que puedan afectar a los aislantes que se coloquen sobre ellos.
Sobre esta tanda de pallets o sobre la madera machihembrada, se colocará una capa de plástico, que no necesita estar en condiciones excelentes, y que cumplirá la función de barrera de vapor, es decir, las posibles humedades del aire que estará dentro de la casa serán bloquedas por esta barrera, sin afectar a los aislantes térmicos que se ponen arriba y de los que ya hablaremos.
En este caso se puede usar silobolsa reciclado, o coberturas de tela de carteles, u otros plásticos de envoltorios que aún en sectores, se pueden aplicar debidamente traslapados hasta cubrir toda la superficie del techo.
Para contener lo que se vaya a poner de relleno sobre el techo, se debe apelar a una cenefa que se hace de tablas de unos 20 a 25 cm de ancho y de una pulgada de espesor. Esto permite contener al plástico en posición de forma que genere una “maceta”. Las tablas pueden ser enterizas o varias puestas a la par y sujetas por travesaños que las mantengan juntas y firmes durante todo el tiempo de vida útil del techo.
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En algunas publicaciones he visto usar postes a modo de cenefa. Es una buena alternativa por lo vistoso y porque puede ser más económico si el poste es reciclado. Pero se deben extremar los cuidados para su correcto anclaje, dado que su peso mayor aumenta los riesgos.

Aislación térmica

En este caso las posibilidades son muy variadas. De optar por colocar un aislante térmico, se pueden usar diversos materiales, tales como capas de cartón corrugado de las cajas de alimentos y otros; o paja; o pencas de fardos de paja. Y ya en el terreno de materiales industrializados, se puede optar por poliestireno expandido, en planchas o en grupos de bolsas rellenas de trozos de poliestireno recuperado de los embalajes de electrodomésticos. También si da la oportunidad o el presupuesto se puede usar lana de vidrio.
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En nuestras latitudes y longitudes (sudeste de la provincia de Buenos Aires), no sufrimos inviernos que traigan temperaturas extremas que provoquen el congelamiento del suelo. Por ello hasta podríamos prescindir del uso del aislante, en tanto la capa de tierra que componga al techo tenga unos 15 cm de espesor.
Como sea no debemos olvidar de colocar una capa de cartón, doble si es posible, sobre la barrera de vapor, para evitar que las protuberancias o bordes de la madera, puedan herir los plásticos de aislación hídrica que irán encima.

Aislación hídrica

En esta parte también han de extremarse algunos cuidados. La Tarea de colocar los plásticos aislantes puede resultar muy dificultosa si es un día de poco viento, y podríamos decir que imposible si el viento es más fuerte que una brisa constante. La superficie del plástico que se debe colocar es grande siempre en relación a las posibilidades de manipulación cómoda por parte del constructor. Si son más de dos personas, quizás se facilite si la coordinación es buena, pero mejor es siempre con nada de viento.
El plástico que se use debe ser perfectamente sano y proveer de suficiente grosor como para evitar perforaciones y filtraciones a lo largo de la vida útil del techo.
Una medida mínima de espesor es del orden de los 200 micrones. Eso se debe garantizar en la capa más baja de los plásticos que se coloquen para contener a la tierra del techo. Si se usa silobolsa reciclado, se debe ser muy cuidadoso de que no presente orificios que permitan el paso del agua. En caso de dudas, mejor proveerse de por lo menos una capa de plástico nuevo de 200 micrones y luego cubrir ésta con sucesivas capas de silobolsa usado y con probables fisuras. Cuanto más capas podamos proveer, mejor será la protección mecánica a la capa final. Los bordes del plástico deben llegar a la cenefa del techo de modo que no sufra estiramientos posteriores que lo puedan romper después con la carga de tierra. Las raíces pueden afectar al plástico, pero si hay varias capas, eso puede evitar que la capa final se afecte y sólo se ocupe de no dejar pasar el agua.
La idea es conformar una gran maceta donde se contenga la tierra, sustrato de la vegetación que le da el nombre de vivo al techo, y el agua eventual en los días de lluvia. El exceso de agua se drenará por orificios en la parte más baja de la pendiente, por medio de adaptadores de tanque de 2″ de diámetro en polipropileno, o de drenajes practicados en el mismo plástico, al final del recorrido, donde se cuidará que las maderas no sean afectadas por el agua.
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En la línea más baja del techo se colocará una línea de piedra o cantos rodados, que permitan al agua que rebalsa del techo fluir rápidamente hacia la descarga, impidiendo que la tierra se escurra por el drenaje.
La retención de los plásticos contra el borde de la cenefa, se puede realizar mediante un perfil de chapa galvanizada con un borde de descarga o “gotera”. Esto se fija con tornillos adecuados y con sellador de siliconas en el punto de perforación.
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Para finalizar, el resto de plástico que sobra luego de la retención en el borde de la cenefa, se recorta con un cortador por el borde de la chapa contra la cenefa, logrando una terminación precisa y prolija.
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Relleno de tierra

Aquí se puede optar por diversas opciones también. Una de las recomendadas es colocar panes de césped que ya viene precortados con una cantidad de sustrato en la que fue creado. La que yo utilizo es colocar sobre el techo la tierra del lugar, sin ningún tratamiento previo. Generalmente en una obra de este tipo se realizan excavaciones para sacar tierra greda para las paredes y revoques, así como también la instalación de cámaras sépticas y filtros fitosanitarios. Esto genera un volumen importante de tierra negra con la vegetación del lugar, lo que logra que el techo sea un reflejo exacto del suelo del lugar. Si bien al principio tarda en brindar un aspecto verde, en pocas semanas luego de su montaje y un rastrillado leve, la vegetación contenida en los terrones crece y se empareja, brindando un pequeño sistema vivo sobre el techo de la casa que es digno de observar.
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Dado que el espesor de la capa de tierra es muy pequeño, del orden de los 12 a 15 cm, las plantas no tienen suficiente provisión de alimento para crecer en exceso, por lo que no debemos ocuparnos de cortar el pasto.
Un cliente periódicamente me reporta los avances de su pequeña huerta en el techo vivo que le construí sobre lo que es su garaje. Hasta esa ventaja adicional tiene.
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Funcionamiento y eficiencia

La particularidad de este tipo de cobertura (además de la aislación térmica que evita que los calores del verano se sientan con rigurosidad en el interior de la casa, y que el calor que genera nuestra calefacción se fugue por ahí mismo), es que cuando llueve, el agua drenada no cae hasta una media hora después de comenzada la lluvia, dependiendo de cuánto hacía que no llovía y de la intensidad del fenómeno. Eso permite que se almacene algo de agua en el techo y que los desagües sean más lentos y permitan drenar sin rebalsar.
Los costos de materiales y de construcción, pueden ser sensiblemente más económicos que los que tienen los techos convencionales, sin contar la dificultad de lograr eficiencia térmica con materiales comunes.
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En cuanto a la mano de obra, en caso de tener tiempo, se puede construir por medio de una sola persona, con las herramientas adecuadas. En caso de contar con más gente que sepa lo que se debe hacer, los tiempos de ejecución son muy rápidos.

Resúmen

En conclusión, el techo vivo es una muy buena posibilidad a considerar, de acuerdo con el ambiente que se tenga y con las características de la vivienda a cubrir. Puede ser uno de los más eficientes en todos los ítems, en tanto se cumpla con una serie de recaudos que no son difíciles de seguir.
Y la vida útil es muy larga y proveedora de satisfacciones desde lo estético y armónico con el medio en que se sitúa.

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Mayor información sobre este y otros temas relacionados con la Construcción Natural, se puede obtener en http://ecoquen.com.ar/

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