Cómo sobrevivir a un jefe hijo de puta [para meditar y reir

Cómo sobrevivir a un jefe hijo de puta [para meditar y reir



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Las relaciones laborales son tortuosas. Sobre todo, la de jefe y empleado.
Pensemos en un catálogo de jerarcas –el nervioso, el desconfiado, el apuesto, el online, el scanner– que, seguramente, son capaces de complicarle la vida a cualquiera de sus subordinados. Una pregunta: ¿es conveniente tener sexo con el jefe?

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Lo primero que debemos hacer es comenzar preguntándonos ¿qué es un jefe? y luego sumar preguntas tales como ¿qué se busca en un jefe?, ¿cómo sería yo como jefe?, para finalmente llegar a a la gran pregunta: ¿Cómo se puede matar al jefe?. Entonces, comencemos. Según el diccionario de la Real Academia Española (www.rae.es): Jefe: superior o cabeza de una corporación, partido u oficio.

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Hagamos pues un primer análisis desglosando esta definición:

Superior: El ser superior se acerca mucho a “un Ser Superior, un Ser Supremo”. Entonces, si nos basamos en la definición, si el jefe es el superior, los demás serán sus inferiores, y como tales con su sola presencia ya le estarán generando un problema, pues siempre serán un estorbo para su camino y jamás estarán a su altura. Sumado a que cualquier acto que ponga a ambos frente a frente sólo será considerado como una pérdida de tiempo y energía que aquel jefe o ser superior debería destinar a sus grandes proyectos o proyectos de su clase, o sea: superiores.

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Cabeza de una corporación: En este punto consideramos realizar un análisis anatómico para su fácil comprensión. Si el jefe es la cabeza, sus empleados necesariamente serán el resto del cuerpo. Algunos conformarán los brazos ejecutores, otros las piernas que transportan los flujos de información, otros las espaldas que cargarán con las grandes presiones. Alguien será el estómago que deberá digerir los cambios de rumbo de la empresa, otro proveerá oxígeno para poder respirar, y así sucesivamente.

Sin embargo, para todo jefe la anatomía de la empresa consistirá de sólo dos órganos: el que él ocupa –la cabeza– y todos los demás serán el ano o recto, a la postre responsable de todas las deposiciones que se produzcan en el organismo que él encabeza.

En este punto debemos concluir que no todos podrán alguna vez ocupar un lugar de jefatura… al menos mientras ya haya un jefe en ese lugar. Esto es porque, por definición, un cuerpo admite una única cabeza, por lo que sólo se podrá llegar a ocupar ese lugar de dos posibles maneras: en otro cuerpo/corporación… o eliminando a la cabeza.

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Características más destacables de un jefe hijo de puta. Todos los jefes considerados por sus empleados como verdaderos hijos de puta parecen coincidir en una gran cantidad de características que los agrupan y los hacen inconfundibles.

Exploremos algunas de ellas:

• Confunden la acción de gerenciar con la de gobernar.

• Siempre se encuentran ocupados y carentes de tiempo… aun cuando leen su periódico.

• Se muestran con la cabeza en alto y seguros ante su personal, pero ante sus supervisores miran el suelo con nerviosismo.

• Son aduladores, serviles y exhibicionistas… con sus jefes.

• Para ellos siempre hay una crisis. Aun cuando hay una crisis.

• Siempre hay un culpable y nunca es él.

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Clases de jefes. Al igual que el resto de los seres humanos normales y mortales, cada jefe tiene sus propias características: los hay altos, bajos, gordos, flacos, peludos o pelados, etc. Sin embargo, podemos clasificarlos en diferentes subgrupos basándonos no en rasgos físicos, sino en su manera de ser con –o contra– el empleado. Por ejemplo:

Jefe online: Es aquel que programa reuniones fuera del horario laboral y luego las suspende a minutos de realizarse. Cuando finalmente logras que te reciba, luego del “buenas tardes” de rigor no hace otra cosa que mirar la pantalla de su computadora y responder e-mails mientras le hablas.

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Jefe scanner: Es aquel que, cuando te da la mano, en lugar de mirarte de abajo hacia arriba, te mira de arriba abajo haciéndote sentir aun más pequeño de lo que su trato insinuaba. A esto le agrega el extraño poder mediante el cual, tras “escanearte”, logra dejar su mirada congelada por cuatro segundos en aquello que intentabas disimular: tu pantalón descosido, la tela gastada de tu saco o sencillamente tus únicos y desvencijados zapatos. Bueno, ahí ya tienes dos problemas: por un lado tu jefe te hace sentir pequeño e insignificante y por el otro… debes comprar zapatos nuevos (o repararlos, pues él ya reparó en ellos).

Cómo sobrevivir a un jefe hijo de puta [para meditar y reir

Jefe a la defensiva: Si eres demasiado bueno en tu trabajo, un jefe inseguro podría llegar a verte como una amenaza, y usará todas las herramientas que estén a su alcance para que realices mal tu tarea. Un modo sencillo de salir de este dilema es esforzarte en no ser tan efectivo, lo cual te borrará de la lista de amenazas para su puesto. Una forma de darte cuenta de si eres una amenaza para tu jefe es observar si cuando está contigo evita el contacto visual, se mueve nerviosamente en su silla o te atiende de pie. Por el contrario, si reacomoda papeles, juega con su Palm o recibe llamados de su esposa, pues festeja: tu jefe te considera un perfecto inútil totalmente inepto para ocupar su cargo, y su puesto no corre peligro. Por ende, el tuyo tampoco.

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Jefe camaleón: Tu jefe puede adoptar diversas formas y actitudes que a priori contradicen la realidad de sus percepciones, pero que él utiliza para estudiar tu comportamiento y el que lo rodea. Ejemplo: si tu jefe te habla mal de la empresa, de tus compañeros o de alguna decisión que considera equivocada, trata de no seguirle la corriente. Si insiste en pedir tu opinión, hazte el desentendido y evita toda impresión que te deje como un posible traidor. Es muy probable que te esté evaluando –a ti y a tu lealtad– frente a tus compañeros de trabajo. Lo mejor en estos casos es limitarte a escuchar lo que tenga para decir, mostrarte sorprendido y deslizar frases tales como: “¿Le parece?”, “No sé… lo que usted diga… pero cuente conmigo”.

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Jefe nervioso: Es aquel que toma no menos de cuatro tazas de café diarias, come sobres de azúcar mientras piensa, no deja de jugar con su teléfono celular y todo lo dice por cuadruplicado: “Sí, sí, sí, sí”; “No, no, no, no”; “Cómo no, cómo no, cómo no, cómo no”; “Veámoslo ahora, veámoslo ahora, veámoslo ahora, veámoslo ahora”, y así sucesivamente. Un jefe de estas características es el primer generador de estrés en un ámbito laboral, y lo mejor es responderle siempre sin palabras y con gestos faciales afirmativos, de ser posible, por cuadruplicado. Un dato importante que puedes tener en cuenta y que puede jugar a tu favor es que esta clase de jefes dura poco en su cargo, así como también en el mundo de los seres vivos.

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Jefe desconfiado: El jefe sin confianza en los demás es de los peores jefes que puede tocarte, así que, si puedes, ¡aléjate de él! Nunca estará satisfecho por tu trabajo y además, cuando no le quede otra opción que reconocer lo bien que has trabajado, se esmerará en demostrarte cuánto te ha servido su propio aporte. Ama tener buenos equipos: el equipo de trabajo, el de squash y el de tiro al blanco. En los tres casos sirven para golpear al objeto que se encuentra frente a él.

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Jefe “sí… pero”: No hay que confiar en lo que tus oídos oyen. Si tu jefe comienza siempre sus discursos diarios con palabras elogiosas hacia tu trabajo, debes estar atento porque acto seguido vendrá la bajada de línea. Te encontrarás con frases del tipo: “Lo que se hace bien está bien, pero puede mejorarse”; “Esto está casi perfecto, pero… yo le hubiese agregado…”; “Me encanta, sí… pero no es para esta empresa”.

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Jefe amigable: ¡Cuidado! Una fachada amigable en un jefe puede encandilarte respecto de sus verdaderas intenciones. Un jefe que se hace el amigo, te cuenta sus problemas conyugales y te invita a un trago después del horario de trabajo es muy probable que luego se ofenda si no compartes con él a tus amigos, lo cual afectará el vínculo laboral. El problema es que es muy probable que tus amigos simpaticen con una persona que los invita con cervezas y luego los lleva a casa en su auto último modelo. Entonces, ¿qué hacer ante este dilema? ¿Cómo evitar que tus amigos se conviertan en los amigos de tu jefe? Pues lo mejor que puedes hacer es presentarle a aquellos amigos de segunda línea, a tus conocidos del bar, gente que no te afecte demasiado perder. Y si no, directamente preséntalo como un amigo a tus enemigos. En ambos casos, no notarán la diferencia.

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Jefe con IVA Discriminado: Estos jefes requieren que “el nuevo” de la empresa pase por una Inserción Viciada de Angustia (IVA), llegando incluso a sentirse un extranjero dentro del ámbito laboral. De este modo, tardan un tiempo en dirigirse directamente al recién llegado y utilizan a un tercero como intérprete en sus comunicaciones para con él, por ejemplo: “Dile a González que vaya a la puerta a recibir el almuerzo” sería una frase de lo más común si no fuese porque: a) González es personal especializado, no un cadete; b) González habla el mismo idioma que su jefe y c) ¡González se encuentra parado ahí mismo, a escasos centímetros del jefe y su intérprete! Este lapso (IVA) genera tal resentimiento entre los empleados que lo sufren que muchos de ellos hacen luego lo mismo con los nuevos que van llegando a la empresa, generando: a) una cadena difícil de cortar y b) varios futuros jefes hijos de puta en potencia.

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Jefe motivador: Cumple con el principio básico del progreso: la motivación. Lo discutible es el método utilizado, que consiste en amenazas, humillaciones en público y comentarios permanentes sobre despidos. No es decoroso pero garantiza resultados, pues el objetivo de toda empresa es motivar a sus empleados colocándoles una zanahoria delante. Sucede con este tipo de jefes que la zanahoria nos la ubica detrás, y con serio pronóstico de terminar dentro.

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Jefe nieto de una gran puta: Ojo, no es que siga una dinastía ni que exista una familia, casta de sangre azul o hija de puta pura. El jefe nieto de una gran puta es aquel que estuvo varios años bajo el mando de un jefe hijo de una gran puta, a partir de lo cual sólo se preocupó por ascender para dedicar su vida a vengarse en sus subalternos.

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Jefe apuesto del sexo opuesto: Esto ya crea un dilema: ¿debo elegir el sexo opuesto? ¿O elegir entre sexo o puesto? Aquí ascender, obtener resultados, tener inserción laboral, etc. tienen otras connotaciones, por lo que este ítem merece un capítulo aparte.

El sexo con el jefe. El sexo con el jefe/a genera no pocos conflictos en el ser humano en relación de dependencia, y esto es lógico: se origina en algo que de por sí es ya un conflicto interno para el empleado/a pues involucra el placer en el trabajo… lo cual es un contrasentido.

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Ahora bien…

¿Se puede mezclar el trabajo con el placer? Por supuesto que sí. Científicos como Masters & Johnson han publicado gran cantidad de volúmenes sobre sadomasoquismo.

El sadomasoquismo es entendido comúnmente como un impulso parcial, esencialmente de carácter sexual, pero es algo mucho más profundo y amplio. El masoquismo es un estado en el cual la persona experimenta placer sexual cuando es humillada o se le causa daño. El sadismo, por el contrario, involucra a personas que encuentran el placer cuando humillan o causan daño.

Esta perturbación sadomasoquista se da en todas las escalas sociales: es común en directivos, empresarios, ejecutivos, personas de mando, políticos, magistrados, banqueros, etc. (de ambos sexos), como una manera de descargar sus tensiones y su estrés.

Cuando un sádico y un masoquista se involucran sexualmente entre sí alcanzan la completud de la relación que en este caso –obviamente– llamamos relación sadomasoquista.

Por supuesto que, entre las infinitas posibilidades de alcanzar el placer sufriendo/haciendo sufrir, está la de tener sexo con el jefe. Pero, ¡cuidado! Una relación sexo-laboral puede alcanzar el nivel máximo de belicosidad latente que puede generarse entre un jefe/a y su empleado/a, y es de máxima peligrosidad. ¡Incluso algunos han llegado al colmo de casarse! Pensemos por un instante: si ya es complicado llevarse el trabajo al hogar, ¡imagine lo que es llevarse el hogar al trabajo! Veamos algunas frases de oficina que pueden llegar a oírse en medio de un acto sexual con un superior:

• “Muy bueno, lo quiero por triplicado.

• “Dejo todo esto en sus manos, lo quiero listo en diez
minutos.”

• “A mí también me gustaría un aumento, pero como
están dadas las cosas…”

• “Ahora no, se me cayó el sistema.”

• “Discúlpeme, hemos hecho hasta lo imposible pero no
hay posibilidad de un ascenso.”

• “Habría que comparar con otros miembros.”

• “No olvide que mañana tenemos una ponencia.”

• “Las ocho es el horario de apertura.”

• “No me parece que sea buena la posición que usted
está teniendo.”

• “A pesar de ser la jefa, elevo un pedido de paro y movilización.”

Ahora, imaginemos por un instante: a los problemas que suelen acarrearse por no tener una buena performance sexual con una pareja (mujer, hombre, da igual) agrégale pues los problemas que tienes con tu jefe/a por fallar en el trabajo.

¡Eso es sadomasoquismo!

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2 comentarios

@zitro_01 Hace más de 3 años
para mañana puntos colocame un mp
@FSM2212 Hace más de 3 años +1
hermosos