Bueno antes q nada bienvenidos a mi post, en este post quiero reflejar un poco de la realidad cada vez hay mas chinos en la Argentina CADA 2 CUADRAS HAY UN CHINO EN CUALQUIER MOMENTO LOS SIMPATICOS ASIATICOS SE VAN A IR ADUEÑANDO DE NOESTRO PAIS . BUENO VAMOS A IR UN POCO A LOS FUNDAMENTOS XQ ESTO Q DIGO LO PUEDE DECIR CUALQUIERA .

invacion china, cada vez son mas

En el país viven 60.000 inmigrantes chinos. Tienen más de 5.000 supermercados y el 52 % de la gente hace sus compras allí. Venden barato y surgen dudas: ¿Pagan impuestos? ¿Desenchufan la heladera para ahorrar? ¿Existe la mafia china? Mitos y verdades de una comunidad que encierra encanto y misterio.
Si habrá tenido tiempo Chi Hwa Chu de fantasear a gusto en 55 días a bordo del barco que lo trajo de Shanghai
en los años 50. Los oficiales de la tripulación, en confianza, le juraban que la calle Florida estaba perfumada y él, que se la imaginaba en flor, apostaba a que no olía a nada. "Las mujeres que iban al Jockey Club, sobre Florida, bajaban de los carruajes y dejaban el aire perfumado por dos o tres segundos y claro, así sí", dice Chu, un hombre alto, sin canas a pesar de sus 71, que pagó caro aquel instante de perfume de mujer.

Cuando él vino desde la tierra donde hoy nacen 1.500 bebés por hora, los chinos en Argentina no llegaban a mil. "Era una buena época. Esto era un paraíso. Europa salía de la guerra y acá la gente andaba con reloj de oro por la calle. Los chinos de la isla de Taiwán vinieron antes pero la mayoría de los chinos continentales llegó en los 90 -dice Chu, un ingeniero que montó sin éxito una parrilla en Shanghai y hoy es presidente de la Asociación Comerciante Chino Argentina-. Ahora, los que llegan trabajan 15 horas por día, duermen en los locales y están como los gallegos que vinieron el siglo pasado." Según Chu, los compatriotas que dan el cambio de domicilio al Río de la Plata son campesinos que para poder hacer pie en este suelo traen, cada uno, entre 10 y 20 mil dólares, pocas veces propios, casi siempre prestados.

"A ellos les gusta compararse con los gallegos para caerles bien a los argentinos -dice un especialista en estudios chinos que prefiere mantener el anonimato-. Es cierto que vienen a montar el negocio propio, que trabajan muchas horas y viven en los puestos, pero desde el punto de vista de la integración, jamás lograrán lo que consiguieron los que venían de España."

Para Laura Bogado Bordazar, una de las coordinadoras del Centro de Estudios Chinos del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata, "la filosofía de vida de los chinos ha demostrado que desean tener el control de su propio destino y actuar como su propio jefe, lo que se traduce en la necesidad de de-sarrollar actividades de trabajadores independientes". Según su propio relevamiento, el 24 por ciento de los chinos tiene restaurante y el 19 por ciento puso un mercadito.

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La Asociación Comerciante Chino Argentina asegura que en el país hay unos 5.000 súper chinos que, según los distribuidores mayoristas, facturan 3.000 millones de pesos por año.


Cuentas claras

Ocho de cada diez personas tiene un autoservicio chino cerca de su casa y el 52 por ciento de la gente hace las compras allí, dice un estudio realizado para Viva por la consultora D´Alessio Irol.

"Hay reclamos de algunos comerciantes minoristas sobre los precios bajos que tienen los chinos -comentan en la Subsecretaría de Defensa del Consumidor del Ministerio de Economía y Producción-. La competencia plantea interrogantes sobre la procedencia de la mercadería, si los chinos pagan impuestos o si la embajada se los devuelve, si sus empleados ganan lo que corresponde."

El consejero político de la embajada de la República Popular aquí, Wang Jian, aclara que "el gobierno chino no financia a sus ciudadanos en el exterior. Los supermercados son inversiones privadas que, además, venden productos argentinos".

A su turno, el presidente de la Asociación Comerciante Chino Argentina responde: "Son todas mentiras. Ningún comerciante quiere perder y desde la asociación, que funciona desde el 92, tratamos de reunir a los más chicos para que compren al por mayor y puedan luchar contra los supermercados grandes.

"Pero por más hermanados que estén, ¿cómo hacen los súper chinos para tener, a veces, precios más convenientes que las mega cadenas? "Venden barato porque manejan márgenes chicos y trabajan en familia. El chino va a un mayorista, ve algo que está en oferta y llama a otros paisanos. En lugar de comprar una carreta de mercadería, se lleva diez -dicen los que saben cómo se compra y vende al por mayor-. Los supermercados de gran superficie tienen costos fijos muy altos y si no manejan márgenes de ganancia mayores, no pueden vender."

Mariano Dorrego, uno de los operadores de Superchinos.com, una página de Internet que vincula a los mercaditos con los mayoristas, coincide: "Los costos del chino son más bajos porque no tienen empleados caros, sólo tienen repositores. No hay puestos gerenciales como en las cadenas de supermercados. Ellos negocian y compran en forma personalizada y se ocupan de que los productos roten, que se vendan pronto. En los grandes comercios hay productos que ocupan lugar y no están dejando ganar plata -explica-. Además no compran por amiguismo. Van a la relación precio-producto. Un súper grande es mucho más burocrático. Y otra cosa: a veces consiguen mejores descuentos porque a los proveedores les pagan al contado o a corto plazo."


Buen negocio

En la Capital Federal, los mayoristas aseguran que los autoservicios chinos manejan el 60 por ciento del mercado. "Están radicándose hasta en Jujuy -comentan los mayoristas-. Antes les abrían un Coto cerca y querían vender el local. Hoy no le tienen miedo a nadie."

Conviven, sin embargo, con algunos fantasmas de mala praxis que amenazan su negocio: el 47 por ciento de la gente que no va al mercado chino de su barrio no hace las compras ahí porque no confía en la conservación de la cadena de frío de los productos. ¿Será una leyenda urbana o es cierto eso de que apagan las heladeras de noche para ahorrar electricidad? "Es una locura. Inventan para desacreditarnos", dice Chu, desde la Asociación de Comerciantes chinos.

"Donde yo estoy ahora las desenchufan una vez por semana porque dicen que se junta hielo", confiesa Daniel, repositor de un autoservicio de Belgrano en el que, de noche, tapan las heladeras con plásticos oscuros y las vidrieras que dan a la calle con lona.

"Antes estuve en otro que sí las apagaba todos los días", remata el chico que dice trabajar diez horas por día. Según él, sólo la mitad figuran en su recibo de sueldo.

"Los comerciantes chinos pagan impuestos, ningún gobierno nos ayuda con nada y para eso contamos con dos abogados que dan asesoramiento para estar con los papeles al día", dice Chu.


¿Apocalípticos o integrados?

El 42 por ciento de los argentinos piensa que los inmigrantes chinos y sus descendientes no se han integrado bien a la vida en la Argentina aunque cree que lo harán en algún momento, dice la encuesta para Viva de D´Alessio.

El consejero de la embajada Wang Jian reconoce que la integración social es lenta y dificultosa por las grandes diferencias culturales: "La comunidad china en la Argentina es joven y el tema social llevará tiempo, aunque sí podemos hablar de una integración económica que se da a través de los comercios chinos en el país."

"Se trata de una comunidad conservadora con intenciones de integración", es la teoría de Bogado Bordazar, que se especializó en la migración china en Argentina y Uruguay. El 67 por ciento de los chinos de acá no se casaría con argentinos, según las cifras que ella maneja.

"Aquí nos integramos mejor que en otros lugares de Europa -dice Liwei Fu, una traductora que promociona en el país el Falun Dafa, la disciplina china cuyos practicantes son torturados y perseguidos por el gobierno de la República Popular porque los considera una secta. Liwei dejó la patria comunista hace 57 años, en uno de los últimos barcos que salió de Beijing cuando el control sobre la emigración se volvía estricto. Para ella, "en la Argentina no hay racismo contra los asiáticos y nadie nos mira como a ciudadanos de segunda. Eso se ve en el Barrio Chino, que acá no es tan fuerte como en otras partes del mundo, donde los chinos tienen que vivir sí o sí todos juntos y en un mismo barrio".

La intención, sin embargo, de dar con algún chino dispuesto a develar mitos y verdades de una colectividad que reúne entre 40 y 60 mil paisanos de pocas palabras no aparenta ser la cruzada medieval en la que se va convirtiendo a medida que uno transita la calle Arribeños del Bajo Belgrano. Allí, los fines de semana, sobre un mantel de Pokemon, una china vende a 80 centavos alfajores rellenos de un dulce de porotos, oscuro y pastoso, que se llama aduki y hasta circula un taxi con un cartelito escrito en chino.

"La embajada no tiene un registro de la cantidad de inmigrantes chinos -dice el consejero Jian-. Se estima que hay 60 mil. Unos 10 mil serían taiwaneses."

Del lado de acá es imposible distinguir a un chino continental de un taiwanés, aunque se recomienda no jugar con fuego y arriesgar una procedencia. Sería peor confundirlos con los coreanos que, en su mayoría, se dedican al rubro textil. "En el país hay unos 25 mil coreanos que se asentaron en el Once y el Bajo Flores", explica Carolina Mera, autora de La inmigración coreana en Buenos Aires. Aunque desde la vereda se pueda pispear a las parejas que bailan de la mano en el salón de la Asociación Civil de Taiwaneses en la Argentina, las cuatro cuadras porteñas del Barrio Chino no son el mejor lugar para hacerse de amigos. Si no, ¿por qué mira con desconfianza esa señora a la que sólo le pregunto si viene desde lejos a comprar el pato laqueado que venden a 13,50 en el súper Asia Oriental Shopping? Según Tony, uno de sus dueños, hay chinos que vienen desde Rosario para hacer las compras del mes y más de un porteño que aprovecha la pescadería del fondo "porque el salmón rosado es fresco y barato".

Negocios
La señora a la que se le intenta sacar una palabra dice que no con la cabeza. ¿Será cierto que la mayoría de los chinos no entiende castellano? "Algunos no conocen bien la lengua y otros tienen miedo de hablar porque no tienen papeles", justifica Shyu Lin, dueña de BuddahBA, la esquina más fashion del Barrio Chino.

Según el relevamiento que Bogado Bordazar hizo para su tesis de maestría, el 95 por ciento habla chino en su casa y el 86 por ciento aprendió el idioma local en la Argentina. Como Viviana Kok, una profesora de la medicina tradicional china que da masajes sublimes por 30 pesos. Vino hace diez años pero pudo cursar tres de los ocho niveles de castellano del Centro de Idiomas de la UBA.


De eso no se habla

Nadie dice esta boca es mía pero la versión circula por el Bajo Belgrano: parece que la dueña de un negocio fue acuchillada cuando se negó a pagar a una organización que cobra a cambio de protección no solicitada. "Ese tipo de protección existe pero es informal -dice Wang Jian, desde la embajada-. Se habla de mafia china pero no quisiera definirlo así. Son grupos criminales que tienen una modalidad delictiva pero no una estructura de mafia.

Existe un prejuicio sobre esto. Si hay un saqueo cometido por unos argentinos armados se habla de banda criminal, pero si los delincuentes son chinos con cuchillos enseguida dicen ´mafia china´." En el Bajo Belgrano, de todos modos, ningún comerciante reconoce que paga para no ser molestado.

Hay cerca de veinte asociaciones formadas de acuerdo a las regiones de procedencia de China y Taiwán, a la actividad económica que desempeñan y a la religión que practican. El 48 por ciento de los chinos de ultramar que viven aquí es budista.

"El propósito de las asociaciones es unir a sus miembros y darles contención social", explica Jian. En Congreso, en un edificio que perteneció a la Fundación Eva Perón y que Chen Rui Ping compró a buen precio en tiempos del corralito, hoy funciona la Asociación de Residentes de Fuqing. Ping, su presidente, procura que los jóvenes la pasen bien ahí. En un salón del primer piso, los sábados, hasta la una de la mañana, una disco con karaoke ameniza la velada que, a simple vista, resulta ingenua. A medianoche, mientras las sillas alineadas contra la pared del salón se van vaciando y un joven de traje entona por micrófono los ideogramas que en la pantalla cambian de color, un grupo de varones juega al básquet en la canchita del fondo.

El 38 por ciento de los chinos de acá tiene entre 21 y 30 años. Son la primera generación que habla castellano sin acento y de corrido.

"Los chicos argentinos tienen más libertad que nosotros -dice Cecilia, una china de 16 años que los sábados, de 9 a 16.30, va a la escuela china del Instituto Cultural Sin Heng que funciona en el templo presbiteriano del Bajo Belgrano-. A mí todavía no me dejan ir a bailar." Sobre Arribeños, Julieta Liang, una mesera de 21, dice que no hay diferencias mientras sirve fideos de arroz saltados con vegetales: "Tengo amigos argentinos. Vine hace 9 años sin saber el idioma y lo primero que aprendí a decir fue baño. Pero cuando vi Buenos Aires no entendí nada y le pregunté a mi familia: ´¿Por qué vinimos a parar acá?´."

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EN MUCHOS CASOS NOS VAMOS HACIENDO AMIGOS Y ENCARIÑANDO CON LOS ``CHINOS´´, Y NOS VAMOS ACOSTUMBRANDO A PEDIDOS COM ``HIJO ME VAS AL CHINO´´ O SUS GRACIOSAS FRASES ``MONELA, MONELA´´ O `` NAME MONELA´´

PARTICULARMENTE TENGO UNA HISTORIA MUY GRACIOSA CON UN AMIGO. NOSOTROS JUGABAMOS AL METEGO, EN UN KIOSCO EN FRENTE DEL CHINO Y UNO DE ELLOS SE COLABA (Y NOSOTROS LO DEJABAMOS XQ NO IBAMOS A SER TAN FORROS ) Y DECIA ``NANE NANE´´ Y CUANDO LE METIAN GOL ``LA CONCHA E TU MALE´´´

BUENO ESTE FUE MI HUMILDE POST SI LES GUSTO COMENTEN XFA