Feliz día suegra mía, te amo!


Hay quien dice que las suegras son peor que un dolor de muelas, aunque personalmente, he de confesar que yo he tenido mucha suerte con la mía. Y no lo digo por quedar bien, sino porque es cierto.
Debo ser una de las afortunados, pues por lo que parece las “pobrecillas” siguen sin gozar de buena prensa. De hecho, según los informativos de La Sexta, existe incluso una tipología elaborada para ellas:

1. La suegra mochila. Aquella que se apunta a todos los planes sin preguntar.
2. La suegra personal, que pretende cambiar sin consultarte tu ropa, tu peinado, tu estilo de vida.
3. La suegra chef, empeñada en compartir sus cualidades culinarias invadiendo nuestra cocina.
4. La suegra Terminator. No le gustas y no se corta ni un pelo en demostrártelo.
5. La suegra espejo. ¡Mucho ojo!, en 20 años tu cónyuge será idéntica a ella.
6. Suegra Tranquila. no se entromete.
7. Suegra Víbora. hace malos comentarios.
8. Suegra Querida. adopta a los novios, escucha sus problemas y los apoya.
9. Suegra Entrometida. Se mete en todo.
10. Suegra Doble Cara. falsa. Doble discurso.


Ya se ve que en esto de las suegras hay de todo como en botica: mejores o peores, jóvenes o menos jóvenes, serviciales o controladoras, de las que viven en casa o solo vienen a vernos cuando se las invita, comprensivas o rencorosas,…etc. etc. etc.
Es más, todos, y el que lo niegue miente como un bellaco, las utilizamos o hemos utilizado en muchas ocasiones -muchas de ellas de manera inconsciente-, como objeto de chistes más o menos graciosos.
Y hablando de chistes de suegras no puedo reprimirme a contarles algunos de ellos. Dicen así:
- Me fastidia que siempre estés hablando mal de las suegras cuando estamos con los amigos.
- ¿De qué te quejas? Al fin y al cabo, no hablo mal de la tuya, sólo de la mía.
O estos dos epitafios:
“Aquí descansa ella, y en casa descansamos todos”.

“Dios, recíbela con la misma alegría con que te la mando”.
Pero, volvamos al tema que nos ocupa: ¿Es inevitable el conflicto suegras vs. nueras/yernos? ¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra relación? ¿En qué tenemos que rectificar?
Como en todas las relaciones humanas, “ocurre un fenómeno singular. ¡Fallan las matemáticas!”, como señala Luz María de la Fuente, en su libro La nuera ideal. Y continua: “Al final, resulta que no sabes sumar agravios, restar ocasiones de manifestar el cariño, dividir el corazón -por más que queramos de distintas formas, tantas como personas se cruzan en nuestra vida, nuestro amor tiende a ser integro.
También se olvida, con frecuencia, la tabla de multiplicar que aumenta los problemas cotidianos, pequeñitos pero punzantes, que a todos nos puede plantear el egoísmo propio y ajeno”.
De hecho, es muy triste para cualquiera, ver como la mujer o el hombre que ha elegido para querer y respetar todos los días de tu vida se enzarza en malentendidos y rencillas con aquella que te ha querido sin esperar nada a cambio y te ha formado para que puedas ofrecer en tu nueva vida lo mejor que llevas dentro.
Dicen que uno “siempre acaba amando aquello por lo que se interesa, aquello por lo que se sacrifica”. Pues bien, sin pretender entrar en la casuística personal de cada uno, permitirme un consejo: No te preocupes tanto de cómo tu suegra te expresa el amor que te tiene, mejor ocúpate de ser la persona apropiada para recompensarle el regalo de tu cónyuge, con cariño, delicadeza, y comprensión.

Y para ello, según Luz María de la Fuente, es aconsejable que las nueras y yernos nos empeñemos en vivir estas nueve reglas de oro:
1.ACEPTAR la posible ayuda de tus padres políticos. Es decir, dejarse ayudar por ellos, pedirles que te echen una mano.
2.AYUDAR. Nadie se resiste al cariño de un hijo cuando te preguntan; ¿En que te puedo ayudar?”. No se trata por supuesto de un formulismo. Es más bien una actitud de servicio.
3.ACOMPAÑAR. No es lo mismo estar de cualquier manera por cumplir, pensando en otra cosa, deseando marcharnos, que estar verdaderamente centrando el afecto y la atención en aquellas personas (los suegros) que a su vez están con sus hijos en ese momento. Hacer compañía es una bonita manera de convivir y de alegrar la soledad de los padres.
4.RETROCEDER EN EL TIEMPO. Avanzar por el túnel del tiempo y situarse en la intimidad esa familia “desconocida” hace 25 o 30 años. Una madre y un padre cuidan de sus hijos. Entre los niños está su futuro marido/esposa. ¡Qué cantidad de amor, cuántos desvelos necesita para crecer y hacerse un hombre/una mujer! ¿Cómo es posible, te preguntas, que algún día ese cariño familiar que lo impregna todo, se apague por el soplo de la mala voluntad o de la indiferencia?
5.AVANZAR EN EL TIEMPO. Conviene también que el joven matrimonio haga una excursión a la inversa, y se imagine el futuro, cuando sus hijos hayan crecido y ellos se conviertan en padres políticos. “¡Cuánto nos gustaría que nuestros hijos y nueras fuesen buenos y se portaran bien con nosotros!”. En realidad, ésa va a ser, en el futuro, nuestra principal fuente de felicidad.
6.SOBREVOLAR. Los suegros tienen defectos, las nueras también. Puede que, en alguna ocasión, sin darse cuenta, nuestros padres políticos sigan una táctica, un tanto incordiante. Pero lo importante es no contender. No dar beligerancia a esas provocaciones que lo pueden echar todo a perder. En cualquier, desde arriba -sobrevolando por encima del egoísmo-, las cosas excesivamente terrenas (enfados, envidias, celos) se ven todo lo pequeñitas que son, especialmente comparadas con el inmenso horizonte de la generosidad y el amor.
7.HUMILDAD. Gracias a la humildad profundizamos en el conocimiento de nosotros mismos y aprendemos a valorar a los demás: al suegro y a la suegra, a las cuñadas-os, a los amigos y a la propia familia.
8.RESPETO. El respeto constituye la primera condición del amor. No se trata solo de ser educados, sino de mirarnos los unos a los otros con los ojos del corazón.
9.AUTOESTIMA. Cuando hay rectitud de intención y procuramos hacer las cosas bien, la opinión del prójimo respecto a nosotros constituye algo digno de tener en cuenta pero siempre dentro de su relativo valor. Ya lo dice el adagio:”No eres mejor porque te alaben ni más vil porque te vituperen”.
En fin, nadie duda de que el tema es un poco complicado, pero, no te olvides que “¡podemos, queremos y sabemos amar! Porque el Señor ha puesto en nuestro corazón la semilla del cariño humano y en nuestra alma la virtud teologal de la caridad”.