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excelentes relatos de LIA!!! [muy pero muy comicos]

A continuación les dejo una serie de relatos de

Andres "Lupine Wolf" Olivera, de la página

http://www.lainternetapesta.com.ar/ , se q cada

relato es un poco largo, pero leanlo q realmente son

excelentes y muy cómicos, les dejo mis favoritos!:






No vuelvo más a Ramos

No tuve opción. En retrospectiva la tenía, pero en el momento no se me ocurrió. Pasé a vaciar el contenido del morral sobre el capot del patrullero. A los pocos segundos el morral estaba vacío y a plena vista se repartían los siguientes objetos:
- Dos porciones de napolitana con jamón
- Un paquete de cigarrillos “Gitanes”
- Una cajita de fósforos
- Un finito a medio quemar
- Una brújula
- Una toalla sucia y ensangrentada

Eran las 5 de la mañana debajo de un puente que no conocía. Unos minutos antes, estaba volviendo a mi casa con la moto y siendo la única persona que transitaba por esa calle, naturalmente el cana de turno decidió pararme. Pasamos por la rutina de siempre involucrando permisos y licencias, hasta que la ensangrentada toalla que asomaba por mi morral llamó la atención del polizonte, quien se limpiaba la nariz con un pañuelo.

“Se que parece raro, pero todo esto tiene una explicación. Dejame que te cuente como fue esta noche”, pedí al oficial. El tipo se mantuvo callado y aprovechando la ausencia de una negativa, arranqué con el relato.

Salí de casa dispuesto a ir a ver a un amigo que tocaba en vivo esa noche. Tenía que llegar a un bar en Ramos Mejia. Ahora sé que yendo derecho por Rivadavia es imposible no llegar, pero en ese momento no tenía idea. Había visto un mapa de capital y sabía que tenía que ir siempre hacia el Oeste, por lo cual elegí ir derecho por ciertas calles que sonaban bien, y de vez en cuando verificaba con la brújula que mi orientación fuese la correcta. Se perfectamente bien que en los últimos 500 años han habido increíbles avances como la Filcar, pero la brújula pocas veces me falló.

Siempre hay una primera vez para todo. A la media hora de haber salido no tenía la menor idea de donde estaba o para donde tenía que ir. A mi izquierda mantenía una autopista y a la derecha pasaba casas humildes y oscuras. Como no me llaman idiota por nada, decidí meterme dentro de la “boca de lobo”. No es necesario a esta altura explicar como eso pudo haber tenido sentido en mi cabeza.

Cuadra a cuadra iba pasando casas con ojos sospechosos que se asomaban de las ventanas. De vez en cuando pasaba algún que otro negocio con carteles del tipo “Musa 10 pesos” o “Boteya de Pecsi 3$”. De repente, el único semáforo de todo el barrio se puso en rojo. Contrario a mis más básicos instintos de supervivencia, frené. Un Renault 12 salido de un cuento de H.P. Lovecraft paró a mi derecha. Cuatro individuos se sentaban dentro, mirándome fijo con una sonrisa lisérgica. Una ristra de ajo tenía más dientes que los cuatro juntos. El conductor sacó la cabeza por la ventana.

-“E amigo que moto eh”, observó.
-“¿No falta un verbo en esa oración?” pregunté con sinceridad.
-“No te hagás el piola Lorenzo Lástima” me contestó, con gran festejo de sus compañeros que repetían “Lorenzo Laaaastima juaaaaa”. El cuarto de ellos no reía.
-“De que mierda se rien caretas”, preguntó
El conductor y copiloto se dieron vuelta. “Renegado”, comenzó el primero, “era una serie protagonizada por Lorenzo Lamas. El era un buen policía, bueno en su trabajo.”
El segundo intercedió: “Pero un día cometió el pecado final y testificó contra otros policías que se tornaron malos. Lo mandaron a matar, causando en cambio la muerte de su prometida.”
El tercero agregó: “Acusado de asesinato, deambuló por las rutas. Un forajido buscando forajidos. Un caza-recompensas. Un Renegado.”

“Piola”, concluyó el cuarto.

“¿Por casualidad saben como llegar a San Martín al 1200?” pregunté.
El conductor sonrió. “Si… ¿escuchá bien eh?” Sus compañeros se reían con complicidad.

Siguiendo sus direcciones llegue perfecto. Estacioné en la puerta y me enfrenté a la fachada. Era una mezcolanza de estilos: un bar en una esquina con dos entradas, una a cada calle. En un sector adyacente pasaban música bailable, y otro sector al fondo tenía un escenario donde tocaban las bandas. Me encontré con mi amigo en la puerta y pronto desapareció en el interior del local, dispuesto a prepararse para tocar.

La muchedumbre era bastante homogénea. Por alguna razón, probablemente por convocatoria de alguna banda, el promedio de edad parecía ser 19 años, y todos ellos vestían de negro. No estoy seguro si estaba entre darkies, góticos, renacentistas o croatas, lo que sea que se maneje hoy en día, pero inmediatamente noté a uno de ellos con un rallador de queso en el antebrazo. Me refiero a una muñequera con tachas que le llegaba hasta el codo, pero no se me ocurre otro uso que bajar un provolone. Dudo que sea temporada de orcos en capital.

Entré al bar y me encontré con unos amigos. Estaban Amadeo y el Tiburcio Herrera. Nos sentamos a tomar unas birras mientras esperábamos que saliese mi amigo a tocar. Herrera sacó una naranja de un bolsillo y empezó a pelar. “¿Que hacés?” le pregunté. “Es por la dieta, tengo que comer algo cada 2 horas” contestó. Ni lento ni perezoso, decidí seguir mi propia dieta y me pedí media pizza de Napo con jamón.

Fue cuando seguimos con la mirada a la moza yéndose para el fondo que nos percatamos de la chica que estaba sentada en una mesa del camino. Debía tener 14 años, ya que parecía de 16, se vestía como de 18, y pretendía tener 20. Enormes gafas oscuras que pondrían celoso a Elton John cubrían sus ojos, aún siendo de noche y estando en un bar semi-iluminado. Vestía con una remera de esas que parece que tienen otra remera abajo, o quizás la tienen, pero desconozco ya que nunca desnudé a este tipo de minas. Unas calzas negras marcaban su adolescente posterior, y cerraba el paquete con unos zapatitos rojos a lo Mago de Oz de dudoso gusto.

Mi primera reacción fue de desprecio. Verla vestida como dos tercios de las mujeres presentes, inclusive con las gafas oscuras dentro de un lugar cerrado de noche y su pelo peinado en un flequillo que le quedaba mal, me catapultaron a considerarla una imbécil y así, sepulté todo posible deseo. Giré la cabeza para enfrentar a mis amigos y empezar a denigrar su falta de identidad, cuando noté que el Tiburcio estaba obnubilado. Su expresión era como si Dios hubiese bajado y dicho “Chicos, no les quiero mentir: ustedes descienden de la nutria. Piénsenlo 3 segundos.”. Una mezcla de incomprensión y fascinación disputaban sus expresiones faciales, en una lucha que nunca cedía por completo a alguno de los lados.

-“Men” le dije. “¿Que pasa? Tenés una cara como si Dios hubiese confesado que descendemos de la nutria”.
-“¿Vos viste lo que es esa minita?” me preguntó Herrera, llevándose un gajo a la boca.
-“Si, un envase falto de cualquier rastro de personalidad propia” contesté.
-“Pero con unos pechos que merecen un premio de la facultad de diseño” agregó Amadeo, acertadamente.

Los tres asentimos con la cabeza, incluso Amadeo mismo.

-“Igual no es para tanto” continué.
Tiburcio me tomó de la muñeca. “Man”, empezó, “sabés lo que deben ser esos piecitos?”
-“No, la verdad que no”
-“Por la piel, la forma general… yo los veo man. Y son deliciosos”.

En efecto, el Tiburcio Herrera tiene un fetiche importante con los pies. Desde que lo conozco que tiene esta particularidad, la que muchas veces resulta divertida, y otras veces perturbadora. No es que el tipo va por la calle reptando y lamiendo calzado, pero es cierto que toda mujer que estuvo con el siempre termina “perdiendo” un soquete en la casa. Estos soquetes terminan en un sector secreto de su placard, donde cuelga uno al lado del otro con gran esmero, y agrega una foto la dueña arriba. Lo llama “Mi Navidad Privada”.

Un par de porciones de pizza y bastante birra después, guardé las dos porciones restantes en mi morral, cubiertas por servilletas. Me levanté y me dirigí hacia el fondo, donde esperaba ver tocar a mi amigo. La muchedumbre era como la que me encontré en la puerta, el color predominante era el negro y era inminente el ataque de moros porque todos tenían algún tipo de tacha en el cuerpo. Me pregunté que iban a hacer si los moros venían con armas de largo alcance, pero no quise tentar al destino.

Al terminar el recital no tenía más nada que hacer, pero decidí quedarme un rato. Pasé al salón donde algunos se animaban a bailar, y me puse a charlar con algunas chicas, acercándome a ellas con la brújula en la mano e indicándoles que apunta a lo que más deseo. Gracias Hollywood.
Más allá de tán efectiva entrada, siempre que llegaba al punto de “¿Que hacés de tu vida?” y respondía “Nada, trabajo en una empresa de recursos humanos”, las charlas se iban perdiendo en una seguidilla de “Ah” y “Mira vos”. Fue a la media hora de idas y vueltas cuando la noche tomó una curva cerrada y mordió la banquina.

“¿Y que hacés de tu vida?” me preguntaba una chica mientras revolvía su daikiri.
“Soy una celebridad under de Internet de la movida del humor absurdo de base”

En vez de leer su reacción, me distraje con lo que ocurría a un par de metros. El Tiburcio Herrera le estaba hablando al oído a la pendeja, la cual mostraba un salpicón de horror y disgusto.

“Me tengo que ir” le dije a la chica mientras le daba una tarjeta con mi número de telefono. “Mandá un mensaje de texto con la palabra GOMA y tu nombre a este número, y se arma”. Me acerqué a Herrera y ante el horror combinado de la pendeja y mío, lo escuché decirle:

“¿Sabés el caldito que me hago con esos zapatitos, no?”

Lo tomé del brazo y lo llevé a un costado.

-“¿Que hacés animal?”
-“Me vuelve loco esta pendeja”
-“Escuchame una cosa, Pedicura del Amor, te recuerdo DE NUEVO que tus fantasías no son fácilmente aceptadas en nuestras normas de levante occidental”
-“¿Sabés como se pone ésta si le muerdo los deditos?”

Algo que siempre me pone nervioso del Tiburcio es su manía de usar diminutivos. Cuando somos chicos aprendemos que todo lo dicho así queda más inocente y puro, pero desde que escuchamos “lechita” por primera vez, pasa todo lo contrario.
Mientras pensaba en que responderle, volví la mirada hacia la chica y noté con terror que Amadeo se acercaba a ella con un vaso en la mano y una sonrisa de acero en la cara.

-“Salud” le dije al policía, quien acababa de estornudar por segunda vez en la noche.
-“Que problema hay con Amadeo?” preguntó, sentado en el capot del patrullero, atentamente escuchando mi relato.
-“Es peor que Tiburcio” contesté solemnemente.

No mentía. Amadeo tiene dos particularidades que por separado son simpáticas, pero juntas son parte del libro de Revelaciones. Por un lado, fue criado por los abuelos, los cuales no estaban jugando su mejor partido y tenían una dudosa visión de la realidad. Varias enfermedades infantiles que lo encerraban en la casa por meses lo mantuvieron postrado, aunque le dieron mucho que leer. El problema es que los nonos no tenían la más variada colección, por lo cual es un experto en física, pero no tiene idea de costumbres, culturas, y hasta objetos cotidianos. Sumémosle que pasó toda su vida en un pueblito cerrado y sin tele, y no es raro que cuando vino a casa y vió mi bidet me dijo “¿Por qué tenés un hidromasaje para bebes?”

Por otro lado, Amadeo es amoral. No es malo, pero tiene la inocencia de un niño en el cuerpo de un tipo de 1,86. Algunos ejemplos de lo que esto causa:

“¿Está bueno laburar de estatua viviente? ¿No te cansás de estar todo el día parado?” – preguntado al pasar a un albino en el bondi.
“Pará. ¿Tenés todas las vacunas?” – A una mina en el telo después de sacarle la ropa.
“¡Boludo mirá todos esos gemelos! Que parto habrá sido ese, ¡son como diextillizos!” – Al ver pasar una excursión de nenes con Síndrome de Down.

Volví a acercarme a la piba, pero Amadeo ya había empezado a hablar. Herrera tampoco se lo quería perder, y de repente me encontré con mis amigos a mi derecha, enfrentando a la nena como si fuese la piba más linda del lugar y la tuviésemos que chamuyar de a tres. Bueno, pensé, le vamos a dar una subida de autoestima, al menos.

“Vos viste como estás vestida?” arrancó Amadeo. Antes de que pudiera interceder, continuó. “Ese flequillo ridículo que tienen todas, la remerita doble, las rayas, la verdad que te queda para el orto. ¿Que estás pensando cuando te vestís así? En serio, quiero que me expliques. ¿No te sentís una pelotuda cuando ves a todas tus amigas vestidas igual?” La pendeja abrió la boca pero no contestó. Una lágrima apareció por detrás de las gafas y se dejó caer por su mejilla. En un solo movimiento descubrió sus ojos y allí notamos su mirada perdida que no dejaba espacio a la duda.

“Ah… sos ciega” balbucee nervioso.
“Uy la puta que lo parió” atinó el Tiburcio.
“Como… ¿¿los ciegos pueden llorar??” escupió Amadeo.
Herrera y yo giramos lentamente nuestras cabezas hacia nuestro amigo, ambos con la mandíbula a la altura de la tercer costilla. La pendeja ya no podía escuchar más y se quebró en llanto. Amadeo nos miró sorprendido y comentó: “Que, ¿ahora me van a decir que los mudos pueden chiflar también?”

“Un hijo de puta tu amigo” dijo el policía, mientras se prendía uno de mis puchos. “Vos no lo viste en el bautismo de mi sobrina”, aseguré. “Pero permitime que continúe”
La situación se había vuelto muy incomoda, como subirte a un ascensor donde tu vecino manco te pregunta “¿Que piso?” y apunta los números con el muñón. Un orangután en ropas de hombre notó la escena y se acercó con los puños cerrados. Era el momento de utilizar mi don de la elocuencia y salvar el día.

“Chau chicos” dije dándome vuelta y caminando a toda velocidad.

Sali del lugar y voltee para ver que pasaba. El tipo que vi acercarse estaba agachado hablando con la chica, que no paraba de sollozar. No se veía a mis amigos por ningún lado. Como tengo los huevos bien puestos, decidí alejarme del lugar por un buen rato.

Fue a la cuadra cuando me di cuenta de un error fatal. Por más que tenía mi morral encima, había dejado el casco de la moto en la mesa. Estuvimos sentados en esa mesa toda la noche, cualquiera podía darse cuenta que la moto que estaba estacionada en la puerta del bar debía ser de alguno de nosotros. Volví sobre mis pasos y efectivamente, el orangután se encontraba al lado de mi nave.

“¿Te olvidabas algo?” me preguntó con el casco en la mano.
“No seas así, yo no le dije nada a la piba, no le hagas nada a la moto” imploré.
“Ya se, me contó lo que dijeron tus amigos. Traemelos.” dijo mientras daba golpecitos con el casco a la luz de posición.
“No, yo en esta no me meto, si los querés cagar a trompadas buscalos vos, no tengo por que…”
*CRASH*, gritó el plástico de color que protegía las luces traseras.
“…ahora cagaste.”

Me le tire encima al morocho y le propine sendos puñetazos. El cobarde cayó al piso y en un fugaz movimiento, sacó un arma que tenía oculta y disparó tres veces. Cada bala se sentía como un atizador al rojo vivo penetrando mi carne. Suspiros de vida se vertían por los agujeros en mi piel. Mis manos florecían en un tono carmesí mientras con mi último aliento miré a los ojos a mi contrincante y le dije “Te perdono”, antes de besar la sucia vereda a falta de un par de labios que me despidan de este mundo.

Un silencio incómodo se apoderó de la noche. Policía y yo nos miramos a los ojos sin saber que decir. Finalmente el cana tiró el cigarrillo, lo apagó con el pie y rompió el hielo.

-“¿Vos sos pelotudo?”
-“Bueno, no me llaman idiota por nada”, fundamenté. “Permitime retomar la historia”

Le dije al matón: “No, yo en esta no me meto, si los querés cagar a trompadas buscalos vos, no tengo por que…”
*CRASH*, gritó el plástico de color que protegía las luces traseras.
“…ya te los traigo.”

Me sentía un patito de feria yendo y viniendo. Me alejé rápido maldiciendo mi impotencia y doblé en la esquina, buscando a alguno de los dos tarados que estaban poniendo en peligro a mi ticket de retorno. No esperaba encontrarme tán rápido con Amadeo, que fumaba un cigarrillo como si nada hubiese pasado cerca de la entrada lateral del lugar.

-“¿Donde está Herrera?” pregunté.
-“Ni idea, pensé que salió con vos” me contestó.
-“Bueh, escuchame” le dije. “El grandote quiere que volvamos”
-“¿Para que?”
-“Para jugar un 2-2. Que se yo, querrá que te disculpes”
-“¿Otra vez me tengo que disculpar por nada?”
-“¿Como otra vez? Gritar DONDE ESTÁ TU DIOS AHORA en el bautismo cuando se les resbaló la nena no es...”

Un ruido nos distrajo. Nos volteamos para ver su origen y vimos un Rottweiler, pero con una curiosidad: Tenía un casco puesto. Con cuernos a sus costados.

-“Amadeo” dije. “¿Vos estás viendo un perro vikingo?”
-“Eso es un poste de luz man.”
Mi corazón pegó un salto por un segundo. “Al lado del poste, pelotudo”
-“Ah si, es un perro vikingo. Que raro uno de esos en Ramos”

No llegué a preguntar cuanto sabía de canes del Valhalla, ya que el animal nos mostró los dientes y comenzó a burbujear como la gota de Magistral en un lava autos. Pensé en correr pero cuatro patas corren más que dos así que en cambio metí mi mano en el morral para sacrificar las porciones de Napo.

“¡La Napo no!” vociferó el cana. Lo miré sorprendido. Las porciones todavía descansaban sobre el capot del patrullero. “Perdón, seguí” me dijo, con una mirada confusa.

El perro no me dio tiempo. Con mi mano dentro del morral, se me abalanzó con las fauces abiertas. Instintivamente saqué lo primero que tenía a mano del morral: la toalla. Para entender por que llevo una toalla siempre conmigo, lean “The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy” de Douglas Adams.

-“¿Lean? ¿A quien le hablás?” preguntó el oficial
-“Nada, es una costumbre vieja hablar así. Pero lee ese libro que está bueno”
-“Bueno ¿sacaste la toalla y?”

Cubrí la cabeza del perro con la toalla, ahogando sus esfuerzos por magullarme. El animal se puso loco, mordiendo y tironeando de la toalla, al punto de hacer sangrar sus encías. Amadeo, en un acto de valentía, tomó al can por las patas traseras y lo arrojó con imprudente fuerza. La sorpresa del perro fue tal que soltó la toalla y salió despedido hacia un cantero de la casa de al lado. Dado que la puerta lateral del bar era lo más cercano a un refugio, nos abalanzamos dentro.

Cerramos la puerta a nuestras espaldas y antes de que pudiese ver si del otro lado del vidrio se avecinaba una furia canina, observé que la cieguita estaba parada en la barra, tomando un trago, con un tipo en la clásica pose de chamuyo (una mano sobre la barra, la otra mano gesticulando). Me acerqué descreído.

-“No, ni idea” le dijo la chica a su interlocutor.
-“Hoy en día los hacen de otra forma, pero el buen vino se hace con chicas que pisan las uvas. Un día si querés te venís a casa y te muestro, yo hago vinos artesanales” contestó el Tiburcio Herrera, que hablaba con una voz ronca que no parecía la suya. Lo tomé del brazo y lo llevé a un costado.

-“No podés ser tán caradura” empecé. “¿Desde cuando hacés vino artesanal?”
-“Tengo una bañadera y una verdulería a una cuadra” fundamentó. “Además estoy usando otra voz”.
-“Ja, ¿te pensás que no se dio cuenta que sos vos por el olor?” tiró Amadeo.
-“No es un perro, pelotudo” contestó Herrera.
-“Hablando de perros” aproveché, “en la salida lateral hay un perro vikingo y en la principal hay una mole enojada. Se va a complicar volver a casa.”
-“¿Quien se quiere disculpar primero?” Preguntó el mono, que de repente teníamos en frente nuestro.
-“¿No estabas afuera vos?” pregunté.
-“Mi hermana me mandó un mensaje de texto” dijo el tipo sonriendo. En efecto, la chica tenía el celular en la mano. Tomada de la mano por su hermano, se unió a nuestra feliz ronda.

-“¿Como sabías que era yo? ¡Usé otra voz!” preguntó Herrera, quien ciertamente, en el pasado hizo laburos cortos doblando dibujos animados.
-“Apestás a naranja” contestó la chica. Miré a Amadeo, quien esperaba que dijese “¡Vieron! ¡Tenía razón!”. Pero Amadeo estaba callado, atónito. Era tal su sorpresa que nos quedamos callados, mirándolo. Finalmente explotó:
-“¿COMO CARAJO MANDA UN MENSAJE DE TEXTO UNA CIEGA? ¿ESTAMOS TODOS LOCOS?”

Alguien salió del local por la puerta lateral y el perro vikingo entró como poseído por mil demonios. Nos miró y cerrando los párpados como si hubiese adquirido un objetivo, clavó su mirada en mí. Ahí noté que tenía la toalla todavía en la mano. Desesperado, la arrojé a un costado, pegándole en la cara a la chica. La pobre tomó la toalla desconcertada en sus manos y la extendió de lleno en frente suyo.

Como un toro frente al manto rojo, el perro se disparó y con un salto se abalanzó sobre la chica. Cerré los ojos.

Lo primero que noté al abrirlos es que la chica estaba ilesa y desconcertada por el murmullo que brotaba a su alrededor. El perro se encontraba colgando de la muñeca de un pibe que no mostraba ninguna señal de dolor. El perro, en cambio, apretó más fuerte sus fauces y lanzó un alarido, cayendo al piso y huyendo por la puerta.

“El rallador de queso” pensé en voz alta. Tenía una utilidad después de todo.

“Un perro vikingo entra a un bar” es buen comienzo para un chiste, pero cuando ocurre en la vida real lo único que causa es confusión. El hermano de la chica estaba tán consternado que se olvidó de nosotros, y se quedó contándole a su hermana de la que había zafado. El muchacho que salvó la noche estaba con ellos, mirando a la chica con ojos de ensueño. Decidí que no quería saber más de esa noche y me despedí de mis amigos, guardando la toalla en mi morral.

En la puerta del boliche, mi casco reposaba sobre la moto. Al lado, el perro me miraba desconfiado, pero sin la ferocidad de antes. Se ve que había aprendido una lección. Metí la mano en el morral y busqué las porciones de Napo, no queriendo arriesgarme a nada más. Me costaba mucho despedirme de ellas pero finalmente las encontré, y cuando estaba por sacarlas, un auto se estacionó frente nuestro.

“¡Lorenzo! ¡Encontraste a mi perro!” gritó el conductor. El perro, al escuchar la voz de su amo, se paró y como un resorte saltó por la ventana del acompañante, en un maremoto de lenguetazos. Uno de los que estaba atrás sacó una toalla mugrosa y en breve se había desatado una lucha entre risas.

-“¿Que problema tiene tu perro con las toallas?” pregunté mientras me subía a la moto.
-“Lo volvemos loco, es una fiera el Erik” contestó el acompañante.
-“¿Erik?” consulté mientras prendía la moto.
El conductor me miró serio. “Erik El Vikingo es una película de 1989, quizás uno de los papeles menos recordados de Tim Robbins, que hizo las delicias…” No llegué a escuchar el resto, ya había arrancado y decidí alejarme de ese barrio lo más rápido posible.

“Que locura” concluyó el policía, doblando su pañuelo para guardarlo por quinta vez en su bolsillo. “¿Y ese finito como lo explicás?”
“Me lo fumé antes de salir para el bar”, confesé. “¿Me puedo ir ahora?”

El policía se tomó unos segundos antes de dar su veredicto. “Dejame la Napo y andate.”

Menos de un minuto más tarde, ya estaba volviendo para casa. La noche había sido una interminable seguidilla de hechos poco probables. ¿Cuales eran las chances de que todo se haya dado de esa manera? Calculo que las mismas de que el policía haya agarrado el único cigarrillo mezclado con faso de todo el paquete, o que justo haya sido alguien con un resfrío tal que no podía distinguir lo que estaba fumando.

Dicen que el corazón tiene razones que la mente no puede entender. Yo digo que un buen bajón es una dama cruel que no perdona y que pone todo lo demás en segundo plano. Esos pensamientos poblaron mi vuelta, mientras me perdía en las oscuras calles de capital, sin rumbo fijo, tras burlar a la ley como un forajido. Como un caza-recompensas. Como un Renegado.




Me declaro asexual

CHE MAN.... TANTO BARDO PORQUE FINIQUITO TU GATO????
DEJATE DE JODER.... HACE UNA BANDA Q NO ESCRIBIS ESCUDANDOTE EN ESE ANIMALITO QUE DEBE ESTAR MEJOR AHORA QUE CON VOS....

CUANDO FALLECIO MI SEÑORA (UN JUEVES) ESO NO GENERO EXCUSAS PARA QUE EL SABADO VAYA A JUGAR AL GOLF COMO SIEMPRE, NI PARA SUSPENDER EL TORNEO DE PLAY DE LOS DOMINGOS.....

MEDIA PILA MAN.....

CHARLIE

Ese mail cerró mi quincena con un moño. Y que quincena. Luxación de tobillo. Principio de hematoma en la pantorrilla izquierda. Frutillas varias en el costado derecho. Moretones y raspaduras en el brazo. Me duele el culo al sentarme, caminar, respirar o estar vivo. Ah, y tengo traumatismo de cráneo. Podemos decir sin embargo que el más herido sería el ego: en 15 días, no menos de 5 minas evitaron terminar en mi cama, dos de ellas no sin antes decirme “Jajaja, es posta lo tu página, ¡vos no la ponés más!”.

Bienvenidos a La Internet Apesta, donde cuanto más cambian las cosas, más se mantienen igual.

Antes de seguir, permítanme segregar a mi público: si tenés menos de 18 años andate por favor. No es por proteger al menor, es por protegerme a mi. No quiero leer más mails escritos por párvulos que asesinan mi idioma y están desesperados por firmas como si quisieran pasar una ley. Habiendo dicho eso y eliminando el 93% de mis lectores, continuo con mi relato.

No llevaba más de dos meses en mi nuevo laburo, cuando mi compañero El Atorrante Intelectual le decía a las chicas presentes: “Lupine es uno de los tipos más graciosos y más vírgenes que conocí en mi vida”. Y bueh, ¡si me presentan así como voy a coger! Pero tengo que ser justo: esta frase terminó cobrando una veracidad insospechada. A los casos me remito.

Caso Primero: Marcia
Nivel de somnolencia: Mezcladito de Valium.

Era miércoles a la madrugada cuando me encontraba bastante mamado en la puerta de un restaurante de puerto madero. Acababa de tener una cena con toda la empresa con motivo de la “entrega de premios”, ese tipo de ceremonias que sirve más que nada para ver a tus compañeras en vestidos largos y culpar al alcohol por cualquier cosa. Dado que teníamos que laburar al otro día, la joda había terminado pero no para todos: dos clientes extranjeros, que por alguna razón de lobby estaban invitados, no pensaban terminarla ahí y se querían mandar al casino flotante. Yo no tenía un peso pero me dije “hago buenas migas con los yanquis y se armo el smowing”.

Caímos al Casino y como soy un pollerudo y no quería que me vengan al otro día con un “Como que te fuiste al casino y no me contaste nada?”, tuve que hacer el llamado de rigor. “Estoy en el casino, puto” le dije a Bicho. “Que hacés ahí?” preguntó él, que estaba de visita en Argentina esa semana. “Vine con unos yanquis locos a ver si les doro la píldora un rato y me dan plata. Le voy a tener que jugar al siete”, dije haciendo el chiste fácil. Tras una charla no más interesante que eso, corté y entré.

El lugar explotaba de gente, algo raro para un miércoles a la noche, pensaba yo, pero agradable de cualquier manera. Daba la impresión que era un sábado. Tenía 20 pesos y mucha sed, así que arranqué con unas cervecitas. Tenía 2 tubos de vino encima por lo que no tardé mucho en recuperar la carrera. Con los últimos 10 pesos pedí fichas, me acerqué a la ruleta, me acordé de jugarle al 7, le jugué a Negro, y salió el 7. Acababa de perder la oportunidad de ganar 360 mangos. Me dije “Bueh, igual no le iba a jugar. Es como decir que en esa mesa sale el 32”. Salió el 32. Listo. Me voy a mi casa.

Estaba saliendo del lugar cuando de repente vi a algunos compañeros. “Y bueh, me quedo un rato más” pensé. Me senté en la barra y de repente cayó ella. Esbelta, rubia, con un sensual vestido al cuerpo que dejaba al descubierto sus hombros y con una cálida sonrisa que traicionaba indicios de un pedito divino. Marcia, una compañera de laburo con la que nos llevamos bárbaro, pero tenía el defecto de estar de novia. Se acercó a mi y charlamos mientras la sostenía tiernamente para que no se abra la cabeza contra la barra. La piba se mecía como si estuviésemos en un barco, y lo curioso es que realmente lo estábamos, así que no la podía culpar. Tras más charla y tonterías dichas al oído, hubo roces y me cayó la ficha: “Men” me dije “Acá se arma goma eh”.

No me esperaba para nada que alguien que veo a menudo en el laburo de repente me estuviese casi coqueteando. Ojo, yo también tenía un pedo importante así que capaz estaba mandando cualquiera, pero para mí era todo muy real. Algo tenía que hacer. Fue. Le como la boca acá mismo.

Ahí noté que Marcia se había ido a la mierda hacía unos 10 o 15 minutos, mientras yo me seguía mamando en la barra. Al rato me la encontré de nuevo. Estaba por decirle una barbaridad y cayó el clásico amigo, esa raza de hijos de puta que cuidan a las amigas borrachas que no quieren ser cuidadas. Cuando ya me estaba por cansar, de repente me doy vuelta y me dicen “Lupi?”

Una amiga de una amiga que no veía hace meses me estaba mirando sorprendida con una sonrisa imposiblemente sincera. ¡Estaba realmente contenta de verme! O re mamada. Da igual. Tras un abrazo, me miró y me dijo “Estás re flaco!”. Es notable que pelotudo que puede llegar a ser uno. En ese momento recuerdo perfectamente bien pensar, consternado, “Uh, ahora que hago, me cojo a esta o me cojo a Marcia?”. Uno se encuentra con una conocida en un lugar público y lo primero que piensa es “Acá se arma goma eh”. Así suelen ser la mayoría de nuestros razonamientos al tomar. Tengo que tomar más.

La piba me hizo el favor de irse a los 10 minutos y hacer muy simple mi decisión. Me iba a tener que clavar a Marcia. La cuestión de si ella quería lo mismo o no, no era importante. Solo tenía que esperar el momento adecuado y no dejarme distraer por nada.

“Nos vamos al cabarulo con los yanquis, ellos pagan todo, apurate” detonó Toulouse, otro compañero con el que me crucé. Parado en el medio del casino, podía ver mis dos posibles futuros. A mi izquierda, una caravana seguía a los magnates nórdicos, con promesas de putas y alcohol. A mi derecha, una rubia divina que me tiraba onda y que había quedado en llevarme a casa, aunque había fuertes posibilidades de que me tirase la gran “No da, tengo novio”. Pensé en LIA. En serio, pensé en ustedes, la puta que los parió. Si me iba al cabarulo, seguro que iba a tener mucho para escribir. Al mismo tiempo, quería coquetear con la idea de ponerla. ¿Mi público, o mi satisfacción sexual?

Váyanse a la concha de su madre. Ni siquiera los conozco. Nos subimos al auto de Marcia. Éramos unos cuantos pero yo me bajaba último. Empezó manejando uno de los chicos, pero el plan era sólido: Iba a terminar llevándome ella y al llegar a casa se me iba a tirar encima, seguro. El único problema de mi plan es que dependía en un 100% de ella. Tengo esa falla al planear las cosas.

Hasta el día de hoy me pregunto dos cosas: Quien fue el ebrio imbecil que le pegó un coscorrón en la cabeza a Marcia en el camino, y que le habrá pasado a ella en la infancia para que tal evento la hiciese putear durante todo el viaje como si le hubiesen tocado el culo. Estaba completamente sacada con irracional enojo de borracha, amenazando con hacer bajar a todo el mundo y diciendo cosas que no escuché ni a la salida de un partido de Laferrere. El metamensaje era claro: No iba a coger ni en pedo.

Finalmente quedamos solos en el coche, pero el daño estaba hecho. La tipa estaba completamente fastidiada y solo mi habitual charme podía revertir la situación. Tenía que hacerla reír.

A las pocas cuadras estábamos a las risas. Llegamos a casa. La miré. La saludé. Me bajé. Abrí la puerta. Me paré en el pallier. Me golpeé la frente con la palma de la mano. Me fui a dormir.

Al otro día, en el laburo, le preguntaron a Marcia “Que tal ayer?”, a lo cual ella contestó “Nunca más me mamo así. Tenía tal pedo que cualquier boludo me decía 2 gansadas y me comía ahí mismo”

Lupine Wolf dice:
Me dejó en casa y me fui a dormir
Bicho dice:
Me das asco
Lupine Wolf dice:
Que querías que hiciera?
Bicho dice:
No la invitaste a tomar un café?
Lupine Wolf dice:
Para que?
Bicho dice:
PARA COGER HIJO DE PUTA. LA INVITAS PERO NO HAY CAFÉ EN TU CASA. LA ROPA YA TE LA SACASTE EN EL ASCENSOR.
Lupine Wolf dice:
No daba, teníamos que ir a laburar en unas horas.

Ahí es cuando me bloqueó. En ese instante, en una demostración de sinergia cósmica, en algún lado del mundo un hombre crea en su cabeza la tecnología para escupir a alguien a través de Internet.

Caso 2: Janis
Nivel de somnolencia: Paciente Catatónico con narcolepsia.

Ese jueves estuve toda la mañana haciendo de catalizador entre “Que caramelito te comiste anoche papá eh!” a “Como que no? Ah pero sos un pelotudo!”. No me creían que pudiese fallar así, pero al mismo tiempo, no saben con quien tratan. Yo estaba tranquilo sin embargo: el finde me esperaba algo como mínimo, diferente. Janis, una conocida por MSN a la cual nunca había visto más que en fotos y que vive en Mar del Plata, se venía de visita a Capital. Y una de las cosas que quería conocer, es al “famoso lupine de LIA”. Listo. Me dije “Acá se arma goma eh”

Arreglamos un programa que no podía fallar. Ella y una amiga iban a venir para casa a quemar. Solo tenía que conseguir un amigo y la sustancia a quemar. Si, estoy hablando del fasssso. Acabo de perder un porcentaje de mis lectores, y gané el triple. Esto es puro marketín man.

Ya que estoy hablando tan abiertamente, quiero aclarar una duda común: No, no escribo bajo la influencia. La serie de LIA la suelo animar borracho, pero eso es todo. Una vez me fumé un cabo cañaveral y traté de escribir algo. Al otro día tenía un Nuevo documento de Word en el escritorio, cuyo contenido era una sola línea: “ESTOY RELOCOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO”. Llenaba 3 páginas. Ahora rara vez me fumo un faisán, pero cuando lo hago suele ser memorable.

Aún así, no soy muy ducho en el ciclo comercial del faso, así que le dije a un amigo “Che, tengo que pegar para este sábado porque vienen unas pibas a casa y se tiene que armar goma”. Me refirió a un contacto, el cual me hizo su oferta. Al no tener idea, le pregunté “Es buena?”, pregunta tan pelotuda como “Que tal sale la entraña?” en una parrilla. El tipo me responde

- “Tiene una derecha importantísima, y le gusta jugar por toda el área”.

Le pregunté a mi amigo que carajo significa eso. Me contestó:

- “Ni idea. Yo cuando le pregunté la semana pasada por otra, me dijo que tenía un mediocampo muy sólido y que tiraba unos centros de la hostia”
- “Y que hiciste?”
- “Le compré 25 gramos”


Un animal del palo
Había conseguido la putza. Ese sábado a la tarde me di cuenta que no tenía sedas y pasé por un kiosco. Le dije al señor: -“Dame una coca de 2 litros, 3 paquetes grandes de chizitos, estos cabshas… 9 pesos en maní japonés… ah, y… papel de fumar”. Si, solo faltaba que le dijese “ah, y agregame un adoquín y 3 finitos”. No manejo el subterfugio.

Solo quedaba que alguien me haga la gamba. No me costó mucho convencer a mi amigo Severino y la noche arrancó con 4 desconocidos cuyo único vínculo era que una de las chicas conocía a uno de los pibes por una página boba. ¿Como podía ingeniármeles para arruinarlo?

Las horas pasaron. A eso de las 3 de la matina, la amiga de Janis, Vanina, se había quedado dormida en el sofá, Severino estaba tratando de entender el equipo de música y yo estaba muy acaramelado con mi amiga. Entiendan por acaramelado nada muy zarpado: le acariciaba la cara y los brazos con la punta de mis dedos, mientras la miraba con una sonrisa lujuriosa y prácticamente le hacía el amor con los ojos. Mis dedos, supersensitivos, recorrían cada centímetro con absoluta paciencia y sin apuro. No tenían problema en detenerse en cada YPF del camino a tomarse un cafecito y capaz pedirse un churro. Ah como, no hay churros? Así está el país. Bueno, dame dos de manteca. Y al mojar la medialuna en el capuchino de máquina, mis dedos disfrutaban el momento, total, la ruta está vacía, y mirá el sol que hace. Y si, este es un verdadero día peronista!

Mientras tanto, Janis se preguntaba por que me quedaba 10 minutos rozándole los brazos con la mirada perdida y balbuceando sobre El General. Ahí tomé las riendas del asunto y le tiré la boca. Ella cerró los ojos, entreabrió sus labios, y luego se tiró para atrás diciendo “no, no, no da, vos sabés que tengo novio”. Si habré escuchado esa frase. Lo jodido de esto, los que lo hayan vivido estarán de acuerdo, es que uno sabe inconscientemente que está en juego. La tipa no nos dice “Que hacés pelotudo, te confundiste, me voy a mi casa”. La tipa está ahí todavía. Vimos como cerró los ojitos. No jodamos, tiene ganas. Su idioma corporal dice “A este cañoncito le falta su relleno”. Sabemos, repito, que solo nuestra diplomacia va a lograr que la noche termine como uno quisiera. Entonces agarro y le digo: “Bueno, perdón”. Porque yo, chicos, soy un pelotudo.

Una hora y media más tarde, había pasado por besarle los brazos cual Pepe LePew, decirle mil barbaridades e incluso morderle el cuello y escucharla gemir. No estoy jodiendo. Y que me dice? “No lupine, en serio, no da, mi novio” PERO LA CONCHA DE TU MADRE. Trato de razonar. “Janis, a tu novio YA LO ESTÁS CAGANDO. Que diferencia hay entre lo que estoy haciendo y que me des un puto beso?” a lo cual ella contestaba “Te juro que para mi, tiene lógica”. Bueh, listo. Te vas a la puta que te parió. Ahora por trola mala, no te veo nunca más. Al rato se despertó Vanina (Severino se había ido antes, habiendo pensado que me estaba haciendo un favor) y ambas chicas se fueron. A los 5 minutos, con los sentidos todavía elevados y más caliente que tapa de olla, hice justicia por mano propia y me dormí como un bebé, no sin antes bajonearme una prepizza. Nunca más iba a caer en una estupidez así.

Vani dice:
dice janis q te quiere cojer ya
Lupine Wolf dice:
Se acordó tarde!
Vani dice:
noo se estuvo acordando tooodo el dia
Vani dice:
need sex! (jani)
Vani dice:
che postaaaaa medio como qqqqqq no se
Vani dice:
pq no quiero hacernada
Vani dice:
perooooooo no se
Vani dice:
te paso con Vani
Lupine Wolf dice:
Bueno...
Vani dice:
en serio, jani esta pensando en vos pendejo,
Lupine Wolf dice:
Soy mayor que ambas.
Vani dice:
pendejo pero con cariño nene
Vani dice:
se quedo mal, esta hace muchos días sin coger , ja
Lupine Wolf dice:
Yo no hice nada!
Vani dice:
esoo pasoooo NO HICISTE NADA
Vani dice:
yo que vos la violaba, y estaba tranca toda la tarde

¿Que, se piensan que tener a la amiga de la piba gastándome es suficiente? ¡Claramente no conocen mis límites!

Al otro día Janis se volvía tipo 4 de la matina a Mardel, así que le ofrecí volver a casa si no tenía nada que hacer. Me contestó que no daba seguir con “la tortura”, que solo vendría para boludear un rato y quemar la tuca que quedaba. Tampoco tenía un mango para venir, así que le dije que no sea pelotuda, que el remis se lo pagaba yo. 20 mangos. Si, ustedes ya saben a donde va todo esto porque conocen la página. En cuanto a mi, no dicen que la esperanza es lo último que se pierde al pedo.

Por un rato todo fue muy común. Nos sentamos en el sofá a hablar de música y nuestras cosas, pasando la tuca de lado a otro, haciendo comentarios escuetos y riéndonos de gansadas. Al rato ya me había desfigurado con esa sonrisa que tantas han descrito como “dejá de poner esa cara que me asustás”. Le tomaba la mano, le besaba los brazos, me acercaba a la cara, en fin, palpaba el camino, literalmente. Y nuevamente, no importa lo que hiciese, tras cada intento de besarle la boca venía algún comentario sobre como no daba. “Janis, tengo la cara enterrada en tu no-existente escote, ergo, estoy nadando en tetas. COMO ES ESTO –NO- CAGAR A TU NOVIO?” pregunté con absoluta sinceridad. “Tenés razón” dijo ella, y me alejó. Soy un maestro del negociar. Mientras tanto, el novio de la mina estaba abriendo un negocio de exportación de marfil.

Los cuernos suelen ser de marfil. ¿Ahora si? Bien.

Para el final de la noche la mina me había dicho la frase del principio del update y para las 2 de la mañana, de alguna manera, Janis ya se había subido a un tacho pre-pago por mi. No se bien como pasó, pero el saldo es que gasté 40 mangos para NO cogerme a una piba que estaba visiblemente excitada con la idea de darnos masa. ¡Solo acá!

Caso Tercero: Potpourri/Medley
Nivel de somnolencia: Crió génesis, despiértenme en el 2020 a ver que onda.


Se arma.
A esta altura no es raro que uno se pregunte: “¿Por que a mi?”. Ok, es cierto que en el pasado he serruchado más de un piso, pero en mi defensa, no conocía a esos novios, así que ¿por que habría de importarme? ¿Tendría que haberlo evitado para que en algún balance cósmico, no me pase a mí? Tarde muchachos, dice el dicho que de la muerte y los cuernos no se salva nadie, y el carnet de pelotudo yo lo saqué hace mucho tiempo. Y si esa ex era flor de puta, la que vino después me lo hizo plastificar. Es más, hace poco entró un pibe nuevo a mi laburo. Nuestro dialogo fue el siguiente:

Lupine: “Kc shaván. ¿Tu nombre?”
Luís: “Luís. ¿Vos?”
Lupine: “Lupine. ¿Sabés que me sonás conocido? ¿Te tengo visto de algún lado, puede ser?”
Luís: “Y... no se.”
Lupine: “¿Donde laburabas antes?”
Luís: “En un callcenter acá a dos cuadras”
Lupine: “Ah, ¡entonces SEGURO que te cogiste a mi ex!”

De más está decir que yo se como romper el hielo. En cuanto a mi pregunta parece que no fue el caso, pero queda ilustrado que se muy bien sobre engaños. A esta altura me sumergiría en la misoginia si no fuese por mi última ex. O es una santa, o al menos tuvo la dignidad y cortesía suficientes para que yo no me llegue a enterar de nada. Alzo mi copa a una gran mujer. Si, estoy tomando. ¿Como se piensan que voy 8 páginas?

Después de todo lo que había pasado, mi reserva de libido se agotaba con rapidez. ¿Para que seguir intentando? Sun Tzu, maestro oriental de la guerra, decía “Las oportunidades se multiplican a medida que son tomadas”. Bicho ya se había vuelto a Londres y por lo tanto tenía el finde libre. Y que finde se venía:

Viernes: Fiesta de despedida de Marcia (se iba de viaje y quizás nunca más la iba a ver) Sábado a la tarde: Tomar el te con una vieja amiga que cortó con el idiota del novio recientemente. Prometió “cocinar una torta e ir a tu casa a ver una peli”. Sábado a la noche: Recibir a mi amigo el Sabandija en casa. El Sabandija es alguien al cual una vez lo fuimos a buscar a la casa para ir a bailar y después de 15 minutos tocando bocina y el timbre, salió en calzones y declaró “Eeeeh, loco, estaba haciendo un ortega!”, mientras la novia saludaba por detrás. Bueno, el Sabandija Ortega iba a venir a casa con una amiga mutua, no sin antes avisarle “te vamos a enfiestar”. La tipa aceptó ir.

“Si este finde no cojo” pensé, “me declaro asexual”. Disculpen por cagarles el final con el título del update.

El viernes salí del laburo a las 20 horas y me fui al bar. A las 21 ya estaba mamado. A las 22 no entendía nada. A las 23 Marcia me dijo algo IMPORTANTÍSIMO sobre nosotros, y como estaba borracho, no tengo idea que me dijo, pero quedaba claro que no iba a pasar nada. Nunca estuve tan borracho como para no entender que me decían, pero sea lo que fuere, teníamos la ropa puesta así que declaré derrota y me fui a otro lado de la pista.

Todavía había una esperanza: En el baile había dos pibas igual de borrachas que yo, pero de treintaycortos. Lo bueno de ese rango de edad es que no tenés que soportar las pelotudeces de una pendeja de 20 en un boliche. Si una mina de 30 te quiere coger, te va a coger. Si no quiere, ni te la vas a comer, y te vas a enterar a los 10 minutos. Por supuesto que cada mujer es diferente e histéricas hay de todas las edades, pero en esta ocasión, tras una mirada cómplice a un amigo para que me haga la segunda, me dije “acá… ¡acá se arma goma eh!”

Me encantaría saber de que charlábamos. Algo me acuerdo sin embargo: Cuando el pelotudo de mi amigo le dijo a una “Ah, mira vos, ¡MI NOVIA también es de descendencia alemana!”. 30 segundos más tarde las chicas se fueron. Todavía no eran las 12 de la noche. “Pero escuchame una cosa hijo de puta”, le dije a mi amigo Gabriel para abrir el dialogo, “tu novia vive EN OTRO PAÍS, ¿para que carajo la mencionas, te das cuenta que se fueron por eso?”. “Que macana”, me contestó. Listo. Me dije “Voy a mear y cuando vuelvo rompo todo”

En efecto, fui a mear y a la vuelta estaba bajando la escalera y de repente me robaron los escalones. Me la puse contra la pared y/o el piso, la verdad que no se, pero había más de una superficie involucrada, y estaban todas enojadas conmigo. Un tipo se me quedó mirando un rato largo, sin ayudarme, como si estuviese viendo el video del 9/11 en cámara lenta. Agonizando, me paré, le dije a mi amigo que nos íbamos y salimos del bar.

Increíblemente no me rompí nada. Una vez afuera, tropecé con una baldosa floja y todo lo que no había sido golpeado antes recibió su ración de dolor. Me tomé un taxi y me fui a dormir a las 12:30 de la noche a las puteadas y con moretones.

El sábado me encontró todo el día esperando a una mina que jamás fue a mi casa. Una semana más tarde me contactó y me dijo que no vino porque “freakeo”. Le pedí que me explicase en términos humanos y no entendí mucho pero parece que hay médicos involucrados. Está demente. ¡Tiene todo el potencial de ser mi próxima novia! Pero a mi nadie me clava así que al demonio. Igual a la noche tenía fiesta.

Nuestra amiga Vanesa cayó tipo 12. Ella se sirvió un vinito y yo me preparé un fernet. Nos pusimos a ver Duro de Matar 4 porque yo no tengo idea como precalentar a alguien así que ni trato. Sabandija cayó tipo 2 de la mañana y ya estaba puesto. Lo primero que hizo al entrar es mirarnos a los dos y decir “Acá se arma goma eh!”. Acto seguido, murmuró “Pero Vane, que linda que estaaaas” y le pegó un abrazo que hubiese hecho sonrojar a Bicho.

Pasaron las horas, los vasos se fueron vaciando y nos trasladamos al sofá. Allí, Vane se encontraba entre Sabandija y yo, visiblemente incómoda por las observaciones de “Vane, la ropa, la tenés puesta todavía”. Yo, no les voy a mentir, estaba un poco fastidiado. Hace mucho tiempo Bicho describió su intento de armar una partuza de a 3 y como se la cagué. Ahora estaba en una situación similar pero peor, porque ahora estaba conscientemente saboteando la orgía.

Permítanme explicarme: Una joda de a tres debería ser entre personas que están muy calientes y se tienen mucha confianza. Vane NUNCA tuvo la intención de enfiestarse, pensando siempre que se trataba de un chascarrillo entre amigos pajeros. Yo lo podía ver y lo supe desde el instante que entró a casa. Sabandija, por otro lado, estaba completamente seguro que el problema era yo. Era inútil, e incómodo, decir “Man, date cuenta que la mina no quiere”. Y lo peor es que ella estaba bastante mamada también, así que en vez de simplemente agarrar sus cosas e irse, se cagaba de risa y no se daba por aludida de que si la seguíamos frotando así, le iba a salir un genio por la oreja.

Hasta que se paró. Me dije “Listo, ahora capaz Saba se da cuenta que no va a pasar nada”. Traté de que nos pongamos a charlar de cualquier cosa. “Que onda la revolución industrial?” pregunté. Vanesa, quien se había ido a buscar algo a su cartera, volvió con un espejito. Lo abrió, tomó una cápsula del bolsillo y vertió su contenido sobre el espejo, mientras sacaba una tarjeta de crédito. Nos miramos con Sabandija. Yo estaba horrorizado. Él sonrió y fantasmagóricamente susurró “gomaaaaa…”.

Lo que al principio pensé que era merca, porque no tengo idea de estas cosas, parece que era algún otro tipo de anfetamina. Tampoco se que es eso, pero me quedé más tranquilo con la explicación de que era como 50% cafeina, 20% aspirina, 20% otra cosa y 10% aún otra, pero nada muy pesado. Llámenme exagerado, pero no tenía ganas de terminar la noche inyectándole adrenalina en el pecho a una piba para volverla a la vida. Si pasa en las películas debe ser re común eso.

Sabandija estaba encantado. Ahora la piba estaba pum para arriba, cagada de risa ante los ataques verbales de mi amigo, y hasta había accedido a sacarse el corpiño y ponerse boca abajo mientras él le propinaba unos masajes en la espalda porque “Te noto muy contracturada”. Yo me había movido a un metro y observaba la situación desde un sillón. Eventualmente iba a pasar una de dos: O Sabandija se iba a terminar propasando, o ella se iba a terminar calentando para mal. Quizás las dos al mismo tiempo. Y ahí fue cuando Sabandija le dijo “Miralo a este hijo de puta ahí en el sillón, hacele algo porque no lo calentamos más”. Vanesa se rió. Y me mostró las tetas.

Será que soy un tipo tradicional. Me calientan las cosas simples: pido una pizza, me la trae flor de minón, me dice “Disculpa, no tengo cambio, pero… tengo esto” y ahí nomás se saca el uniforme. En fin, todo lo que aprendí en las pornos de los ochentas. El cuadro que tenía en frente mío estaba muy lejos de tal cosa. Tener una piba drogada mostrándome las tetas con un neandertal encima que me dice “REACCIONÁ HIJO DE PUTA”, no está en el top ten de cosas que más me calientan. Maby Wells está en el puesto 6, a propósito.

El daño estaba hecho. De alguna manera el alcohol, el fastidio y la semana me habían transformado en un agujero negro de libido. Una aldea entera de conejos podía extinguirse al compartir el mismo cuarto conmigo. Fue así que al rato Vanesa se fue a mi cuarto a dormir, porque no entendía nada para esa altura, y yo me quedé en el sofá con el Sabandija Ortega, mientras el se fumaba un pucho y yo me terminaba el fernet. Le traté de explicar.

-“Man… Vanesa no quería coger.”
-“Tenés razón! Me olvidé que si hay alguien que sabe de minas sos vos”
-“Esta vez, creeme, tengo razón.”

Y la tenía. Vane se quedó a dormir en casa y al otro día, sobria, me dijo que no iba a pasar nada, que Sabandija estaba insoportable y que no sabía como decírselo. Bueno, podía haber intentado con “No”, pero no soy una mina así que no se. Personalmente, si fuese una mina, tendría tetas. Nada, eso.


Dale, soy pelotudo ahora.
Vane se fue a la tarde porque le expliqué que tenía cosas que hacer, pero ella ofreció quedarse. Le dije que no, no sabía a que hora iba a volver a casa y al otro día yo laburaba. Además, en un momento me acosté a reflexionar en la hamaca paraguaya que tengo colgada en el balcón. “Quizás es que estoy haciendo algo mal, o quizás es que simplemente tengo mala leche”. Contestándome, la reja donde estaba atada la hamaca se rompió, tirándome de coxis al suelo y no contento con haber caido de ojete al piso, la reja se mantuvo en pie por unos segundos y luego se estrelló sobre mi cabeza. Al momento de escribir esto, todavía tengo el corte, el dolor en el culo y los moretones del viernes.

Esa noche, después de pasar por la guardia, volví a casa y tenía al Ortega en MSN.

Saba – No es violación si antes gritas “Sorpresa!” dice:
y? cuantos le echaste?
Lupine Wolf dice:
A quien?
Saba – No es violación si antes gritas “Sorpresa!” dice:
A Vanesa pelotudo.
Lupine Wolf dice:
Ninguno, te dije que no quería saber nada la tipa
Saba – No es violación si antes gritas “Sorpresa!” dice:
No quería saber nada CONMIGO O CON LOS DOS. Te la dejé EN TETAS EN TU CAMA.
Lupine Wolf dice:
AHHHHH!!!


Algún día puede que recupere mi libido. Hasta entonces, si tenés ganas de que pase algo conmigo, lo máximo que te puedo ofrecer es traspaso de proteínas por osmosis, y solo si morfé bien. Conozco mis limitaciones.








Si les gusto o qieren q postee mas dejen

comentario!! pero igual les recomiendo q entren a

http://www.lainternetapesta.com.ar

q tienen ademas de estos relatos, una serie

excelente!!




salu2 alanr

6 comentarios - excelentes relatos de LIA!!! [muy pero muy comicos]

Geglar
segui posteando man...



eso es re cool
juliann_621
Lia es simplemente magnifico, me lei todos los post mas de tres veces cada uno.
leocasbas -1
no me gusta ni un poquito este chabon