las 10 historias mas insolitas arriba de una zanella

NOTA: EN EL FINAL DEL POST HAY UN MENSAJE PARA VOS

La marca Zanella realizo en el 2008 un concurso por sus 60 años. fueron elegidas las mejores historias de la gente con sus motos zanella.
Acá les dejo las 10 mejores historias:

Décimo Puesto

Carlos Martien Suarez, de Mar del Plata

Mi viejo "Carlos Suarez" recorrio mucha ruta en los años 60 y 70, con su inseparable zanella 125. Su primer viaje fue desde mardel plata a Cordoba, que esperó el a cumplir los 18 para que en ese mismo día poder sacar el carnet y salir con su compinche de pesca "el flaco Abel", desde ese momento viajaba siempre que podia, así recorrio también toda la patagonia en muchas ocaciones empezando así con su otra pasión, la pesca de la trucha. Cargaba todo su equipaje y salía, en esa epoca eran todas las rutas de tierra, demoraba hasta 6 dias en llegar recién a bariloche y desde ahi empezaba su recorrido por todos los lagos, incluso para su viaje de bodas eligio también su zanella 125 para recorrer junto a mi vieja "Marta" los caminos de la vida. Mi vieja era más fanatica que él, se encargaba de alistar la moto, en la que llevaban desde la carpa hasta hollas y alimentos en lata, porque en esos años no existian los servicompras por la ruta ni nada parecido, acá les mando algunas de las fotos que el tanto quiere. Un abrazo muy grande por los 60 años de Zanella y por haber dejado que mi viejo vieviera algo que para el fue inolvidable, como viajar y conocer casi todo el país con su querida 125.


Noveno Puesto:

daniel squizzato, de Mendoza

Esto fue alla por el '61 , tenia yo 2 años cuando mama me sirvio el te caliente en la mesa, el cual yo atine a agarrar volcandome el mismo sobre mi cara y cuerpo. En la desesperación y los gritos de mi mamá, mi viejo me tomó en sus brazos y sin pensarlo le pateó la ZANELLA CECATTO (que era el unico vehiculo en casa por ese entonces) y me llevó al medico a Lujan de cuyo viviamos en una zona rural no habia telefonos,ni muchos medios de comunicación para los primeros auxilios. Hoy a los 49 años todavia conservo una cicatriz en el pecho de aquella quemadura pero por suerte no quedaron rastros en la cara y manos. Por eso les digo que aquella moto Zanella fue muy importante. Y como les dije antes llevo en el pecho no solo la cicatriz sino tambien la Zanella.


Octavo Puesto:

Favio Lacognata, de Zárate

Bueno..... mi primer encuentro con una Zanella fué a los 7 años, fué un due verde modelo 90" (en el que aprendí a manejar moto ese mismo año) el cual había comprado mi papá 0km., luego fué un pocket modelo 92" tambien 0km. y despues ya me llegó el turno a mí... en el año 99" con 16 años mi viejo me compra una Zanella fire 97" pero no era lo q más quería yo, ya q había estado buscando mucho tiempo un Zanella V3 y no lo había podido conseguir, pero igualmente armé el fire como me gustaba y lo potencié. Después de unos cuantos años de esfuerzo y ya con 24 años logro poner mi propio taller de motos, y no va que de casualidad un día paso por una gomería de la zona y veo un Zanella V3 (el q tanto había buscado!!!) era color celeste y estaba 100% original aunque deteriorada por el tiempo (fué amor a primera vista ya q aparte el celeste es mi color favorito), y bueno fuí a hablar con el dueño de la gomería el cual se la había comprado a la suegra en $800 quien la tenía tirada en un lavadero y era la primer dueña y le pregunté: la vendés a la V3????? me dijo: nooo.....! la voy a acomodar un poco, ahh, bueno le dije... cualquier cosa avisame...., y fueron varias semanas de ir a hincharle para que me la venda, hasta que un día me dice: cuanto me ofrecés y después de pensarlo un poco le digo: $1200......(aunque hubiese pagado hasta $2000 q eran todos mis ahorros) bueno....te la vendo me dijo..., ay!!!! dios!!!!! parecía q me había ganado la lotería, (mi cara era una juguetería!!!) y bueno en el mismo momento vine a mi casa a buscar la plata y ya hicimos los papeles y me la traje andando, pero no terminaba ahí, a la semana ya la había desarmado integra y a los 3 meses luego de horas, días y noches trabajando en "ella" quedó tal cual se vé en la foto, no tiene ni la arandela mas infima, ni el tornillo mas pequeño q no sea original de fábrica de "ella", es más las calcos de los amortiguadores las conseguí llamando a FAR rafaela (proveedora de amortiguadores para zanella) ellos me las mandaron a Zárate por correo y sin ningun costo, y bueno así termina mi historia... me reencontre con mi viejo y tan anhelado amor!! y está como yo quiero tal cual salió de origen, ya puedo dormir tranquilo.



Séptimo Puesto:
orge D. Rocha, de Río de los Sauces – Calamuchita - Córdoba

Soy propietario de esta Zanella 175 (La ponderosa) Tenía tan solo 3 años cuando la trajeron a casa. Pasaron muchos años hasta que en mi cumple Nº 8 rompimos un cartón corrugado atado con un hilo peludo. ¡Ah sorpresa! ¡Una moto colorada! A mis padres le quedó justo para decir que era mi regalo, pero la iba a poder usar cuando terminara 7º.Y así fue en el verano del 80 la saqueé a la calle por primera vez. Después de una semana de cansancio y llorar de bronca por tanto empujarla porque no arrancaba, leyendo el manual, le encontramos la llave de contacto abajo del foco. A los 16 años me fui a trabajar a la sierra a 30 Km. del pueblo donde vivía. Me venía a la confitería (no se llamaba boliche ni pub en ese tiempo) viernes, sábado y domingo por la noche y a la madrugada me volvía. Conocí a la que es hoy mi esposa así que más viajaba. También pude llegar a la fiestita del 1º añito de Jorge, mi hijo mayor que hoy tiene 16. Me ha sido muy útil, hasta me ha servido de auxilio. Tengo otra historia: No me acuerdo el año, pero si que era un 11 de noviembre; venía de Río IV en el colectivo y se veía muy oscurecido para la sierra. Todavía estaba en la ruta 36 cuando de repente… nieve! Llegué al pueblo y mis padres me tenían las cosas preparadas para que viajara a ver los animales. El Jeep no arrancó por el frío, así que a abrigarse, botas de goma y a la moto; total iba más rápido. Mala suerte! A los 20 km se terminó el camino y empezaron las trepadas por los cerros. En la primera, subí con lo justo y en las otras no tiraba nada, la empujaba unos 15 mts. Y me volvía a buscar el pesado bolso. Cuando llego hasta la moto nuevamente, la pateo y la arranco. ¡Qué alegría! Hice 100 o 200 mts más de nuevo se para. Así fue en cada parte más brava (cuesta arriba) y la tenía que empujar. Después de tanto patearla, cansado, decidí abandonarla a la orilla del camino; en ese tiempo no pasaba solo, pasaba algún vecino. Se me hizo de noche, me faltaban 4 o 5 Km. para mi casa; esa fue la primera y la única vez que me dejó a pie. Al otro día estaba cubierta de nieve. La cebé y a la 3º patada arrancó pero me hizo el mismo chiste que el día anterior. Como ya estaba más calmado, pensé y llegué a la conclusión que era la nafta. Le saqué la manguera y salió combustible. Después , abrí la descarga del carburador pero salió poquito. Saqué otro tornillo y hallé en el filtro, herrumbre del tanque. Por el apuro de llegar; nunca me fije que tan poca cosa me hubiera hecho renegar tanto. Ahora está guardada con algunos achaques pero original como se ve.



Sexto Puesto:
Marcelo Francisco Suárez, de Cdad Autónoma de Buenos Aires,

Yo nací en Diciembre de 1963 en Punta Alta, una ciudad en el sur de la Pcia de Bs As. Mi sueño era tener una moto. Una “Chacarera”, que era una Zanella 180. En Punta Alta, las que se veían, eran de color azul o amarillo. Comencé a pedir a mis padres (los enloquecía en realidad) que me compraran la Chacarera. La respuesta era, siempre, un NO rotundo. A los doce años iba a 6to grado de la Escuela Municipal de Punta Alta, frente a la Plaza principal. Empecé a trabajar como “diariero” con el Sr. Battistoni, a quien recuerdo con enorme cariño. El sabía que yo quería mi Chacarera y que necesitaba dinero. Me levantaba a las cinco de la mañana y con mi bicicleta Aurorita color amarillo iba hasta la estación de tren a buscar los diarios que después repartía. Battistoni me pagaba en forma diaria y yo guardaba el dinero en mi alcancía. Llegó el año 1977. Las Chacareras empezaron a desaparecer. Era la época de las Sapucai. Tener una Sapucai era un lujo para pocos. Circulaban haciendo ruido por la calle Yrigoyen, la principal de Punta Alta. Los “zorros grises” perseguían a las Sapucai montados en sus Gilera Macho. Las Sapucai contra las Macho. No había dudas. Las Sapucai eran inalcanzables. Yo las veía pasar mientras seguía repartiendo el diario, siempre ahorrando mi paga diaria. Mis viejos seguían diciendo NO a mis pedidos de financiación . En 1980, yo tenía 16 años. Casi milagrosamente conseguí convencer a mi abuelo materno que –al igual que mis padres- siempre se había negado a comprarme la moto. Y me dio la plata que me faltaba. Pero me aclaró que mi madre no se tenía que enterar nunca. Era un secreto entre los dos. Mi primera moto fue una Zanella Andina usada del año 79. La compré en el taller del pueblo. Color verde. Todavía recuerdo las manos heladas y los cosquilleos en el estómago cuando me subí por primera vez, en la vereda, frente al taller. Con ayuda del mecánico logré arrancar. Me fui a una calle cercana a las vías del tren a practicar. No se cuánto tiempo estuve. En esa época no tenía reloj . Volví a casa por la calle Yrigoyen. La recorrí de punta a punta. No importaba que yo no viviera por ese lado. Sólo me importaba que todos me vieran. Que tenía mi moto. Era una Andina! La guardé en el garaje. Mi madre me preguntó quién me la había prestado. Con orgullo le contesté que era mía. Que la había comprado con mi plata. Cuando llegó mi viejo yo estaba en el garaje, trapeando la moto. No preguntó nada. Me pegó una paliza de esas que hacen historia. Yo lloraba y trataba de esquivar sus manotazos. Es la única paliza que realmente recuerdo de mi viejo. Y eso que me dió unas cuantas. Esa noche no dormí. A la mañana siguiente le pedí a Battistoni que me la guardara. Me dijo que no podía hacer algo en contra de una decisión de mi padre. Me decepcionó. Con los años lo entendí. Acudí a mi mejor amigo, el Toca Fernández, quien aceptó guardarla en el galpón de su casa. Nunca dije dónde estaba la moto o que el abuelo me había dado plata para comprarla. Recién hace unos pocos años, mi papá se enteró de la colaboración de mi abuelo. Mi mamá ya murió y nunca se enteró. Hoy, a los casi 45 años y con 3 hijos entiendo mejor mi padre. Entiendo ese silencio que, sobre la moto, se hizo en mi casa. La Andina sigue conmigo. Hemos pasado épocas de vacas flacas, pero la Andina no se vende. Impecable como el primer día. Nunca me dejó a pie. Está 100% original, excepto las cubiertas, que las tuve que cambiar porque las originales se habían resecado y las juntas del carburador que cambio cuando le hago mantenimiento. El resto, original de fábrica. Hoy paseo con mi hija Macarena, de 12 años. Y con la Andina llamamos la atención. Los de 40 ó 50 años, la reconocen por el ruido del motor y no faltan los “piropos” rememorando sus épocas de gloria cuando nos ven pasar. Macarena la está aprendiendo a manejar y se considera heredera oficial y futura custodia de nuestra Zanella Andina. Mi hija mayor prefiere los autos y mi hijo de tres años todavía no opina. Espero que mi historia les agrade y que, gracias a ella, podamos cumplir el sueño que Macarena y yo tenemos pendiente. Hacer un viaje juntos. Cada uno en su Zanella.



Quinto Puesto:
David Dalmiro Montes, de Mar del Plata. Pcia. de Bs. As. (7600).

HISTORIETA DE UN ROMANCE MECANICO Los prósperos finales de los ´50 con su escasez de autos, propiciaron el boom de las motos y motonetas. Fue en ese novedoso escenario que, en 1958, cubriendo el hueco de los 100cc, aquí, en Parma Hermanos, lanzaron la ZANELLA CECCATO 100, una moto “moto”, como me gustaban. LA ZANELLA: Salí del colegio y, con los chicos, me fui de cabeza. Borrego de 15 ya con veleidades de diseñador, ignoré a un cliente que empezó a bufar y, tras someter al empleado a un insólito cuestionario, espeté mi veredicto: “¡está piola!, fortachona, simple, sin firuletes de mina ¡Para hombres!.. Parece polentuda, pero…100cc ¡pura pinta!: deben prever más cilindrada, porque… este cilindro tan petiso deja entre la cabeza y el tanque este buraco horrible ¿no?, en cambio la competencia…¡La insignia alada está buena! pero…no va a durar, es una calcomanía, en la NSU: ¡es bronce!... macheteada del Hudson ¿eh? ¡ vea si no la última Mecánica Popular…! Los chicos me apoyaban. No me estranguló, pero…yo moría por una moto. No por un auto, era realista: en casa no llegaban ni a una Paperino de 45cc. MI PADRE: Dalmiro Lucio Montes era un prestigioso Idóneo en Farmacia, a quien la vida le fue postergando su sueño de independizarse. Ya casi viejo y endeudándose, se dio el gusto: en 1956 alquiló un local muy alejado e instaló su farmacia, con el lujo y la categoría que las “boticas” supieron lucir. Sorprendente transatlántico encallado en el barro de un, entonces, humilde pero pintoresco paraje de quintas, (¡Avenida Jara e Ituzaingó…!) del que yo, en feriados o vacaciones, era empleado y cadete. Eximio laboratorista, hábil comerciante y simpático, fue prosperando y llegó a ser el notable del barrio que, día a día y saludado por todos, llegaba y se iba en bicicleta. Cierta tarde, por ir a entregar un preparado de fórmula magistral a la agencia de lotería “El Tano”, frente a Parma, terminó viendo la moto con la que, yo ( distraídamente) ¡ lo agotaba!. “Zanella Ceccato…¡finlandesa!” . Unico e irónico comentario. Una mañana… o yo soñaba que tenía moto, o una contra mi ventana…regulaba, aceleraba, jodía…Llaves en la puerta a lo bruto…” ¡Eh, che…despertate!¡¡David!!” Abro un ojo…papá…¡ radiante, reía como de una travesura! Y ese ta, ta…¡salté! -“¡¡Metéle, vení!!” y salió con mamá Semi desnudo… atónito, desorbitado, me bailoteó todo…¡¡una Zanella flamante!! ¡¿soñaba?! Balbuceé: -“¿De quié…te la prestaron?” -“¡Noo! ¡ma qué prestada…! ¡¡me la compré recién!!” le limpió una manchita… -“ ¿…? ¿c-cómo?” -“Y, nene: ¡laburo, ahorro, sacrificio! y…¡¡Un vigésimo de La Nacional del Tano !! Navidad de 1958: Dalmiro había jubilado la bicicleta, terminado de pagar su farmacia y, ahora, apuntaba a comprar nuestra vieja casa. Inolvidable. UN CHICO, UNA MOTO: Me vestí para colarme, pero: “¡NO!: asentamiento” “¡¡UFAAA!!” . Padecida esa eternidad, un domingo me llevó a Laguna de los Padres. Aferrado y feliz, “volaba” cuando…¡me largó solo! Ahí aprendí a manejarla: tirones, patinazos, ahogadas y recalentamiento incluídos. El lunes: ¡a Parma! Aún percibo la bronca del empleado cuando me reconoció… ¡desagradecido…! Aunque chico para sacar el registro, pergueñé una estrategia para andarla: los sábados por la tarde, limpiar y lustrar la Zanella en el patio de la farmacia. Gran desparramo: herramientas, latas, trapos, cepillos, pinceles y baquetas. Kerosén, Brasso, ceras… Aleta por aleta de ese cilindro tan enano, rayo por rayo, llantas, cromados, pulido del cárter de aluminio… desarmado del silenciador…¡ “afinación” ! chiclers, platinos, bujía… Focos… ¡Joya! ¿Y la estrategia? Pues: probarla y… el secado. ¡Secado aerodinámico mediante vueltas a la manzana! Pero…no por allí: ¡había barro! Con el permiso de papá arrancado con forceps “por 15 minutos”, tortugueando fui ganando el asfalto, mientras por el espejito lo relojeaba: en la esquina, parado en jarra, de inmaculado guardapolvo, desconfiando, me junaba … Temiendo su paralizante chiflido ¡ni aceleré! ( ahora la pobre moto andaba como la mona…) . Pero fui progresando y también incursionando más lejos. Para tal plazo: velocidad…Objetivo: la costanera. ¿Casco? : para mi cabeza hueca…esa ridícula escupiderita de cuero acolchado…¡ Si ni los zorros…! Y una tarde invernal: ¡La costa! Desierta, incitante…Retorcí la empuñadura y ¡a fondo! Ese continuado acelerar contra un viento crecientemente denso, fue un shock de rugiente y omnipotente placer. Ahogarme tragando ese aire helado, el jopo tironeado, el asfalto vertiginoso, los ojos entrecerrados con frías lágrimas que fugaban horizontales a mis flameantes mejillas…horcajado bien atrás, la campera inflada, tendido con el pecho contra el tanque y las piernas aprisionando el metal… ¡yo era la moto! A cien y el corazón a mil, el mundo podía ser mío. Me sentí libre, potente. Lindo. Paré, respiré hondo y volví descargado, tranquilo. Distinto. Los cachetes me ardían; me temblaba el ombligo. El anochecer caía sofocando un cielo en llamas y la tenue luminosidad del pavimento de Ituzaingó, me guiaba hacia la negra masa de eucaliptos en la que brillaba la verde cruz de neón de Montes, mi querido boticario. Evité su sobradora mirada saludando a unos clientes. Todo mi reporte: “falla arriba”. Sonrío: he acelerado una Ninja... Pero como en toda primera vez, había vislumbrado otra dimensión. Ya con registro y años sin un mínimo accidente, conquisté la confianza de papá y…¡la Zanella!. Postergando un auto para saldar la casa, se había indemnizado con una comodísima supergermánica motoneta NSU FUNFSTRELLEN 175cc, con arranque eléctrico y un inusitado equipamiento. POR BOCON: Aquella moto fue la compañera justa para mi eclosión. Aunque correr jugado me excitaba, gozaba deambulando tranquilo, solitario, sin rumbo, escuchando el motor y…haciendo facha para otro tipo de conquistas, quizás, invitando una Bidú. Descubrí el explorar mi ciudad, fotografiar y ganar premios. Acantilados, alrededores desconocidos, el puerto, las canteras. Y, ante mi curiosa pero impotente contemplación de futuro arquitecto, las salvajes demoliciones de tantos fastuosos chalets para las miles de obras de aquella peste de los “horizontales” estropeando Mar del Plata. Y ¡llegó la universidad! Y me fui de boca de la manera más imbécil: teniendo que irme a La Plata, ya proyectaba mega periplos exploratorios…Nueva estrategia: inmolándome, le propuse a papá ahorrar viviendo en casa de mi tío en Lomas de Zamora y… trasladarme diariamente, ida y vuelta, ¡en la moto! El, convaleciendo de un gravísimo choque en la NSU, simplemente me instaló en La Plata, vendió la Zanella y terminó la historia.-



Cuarto Puesto:
Oscar Enrrique Sanchez, de La Plata

Corría el 1991 y no todo lo que sucedió por entonces fue espantoso fue espantoso , al menos para mi esposa Susana y quien relata esta historia Veníamos de los pagos de Castelli donde todo era un poco más tranquilo .Bastantante más tranquilo .Nunca fuimos lerdos para el trabajo por lo que al poquito tiempo ya teníamos nuestra tarea cada uno , solo que la mía requería demasiado traslado por esta matemática ciudad .Una pequeña charla y nos fuimos decididos a comprar la Zanella 48 cm .La Zanelita para los íntimos .El tramite fue sencillo, dado que ya veníamos juntando plata así es que fue un plata en mano Zanellita en pista y allí salimos los dos a bordo de “La Colorada” ya que en un alarde de imaginación así la bautizamos . Desde ese día nos hicimos entrañables amigos y La Colorada me llevaba de un lado a otro , los Domingos infaltable era una buena lavada y una mejor lustrada con resaltador negro para el asiento , los manillares y las cubiertas .Quedaba más linda que nueva y lista para el comienzo de semana .Aunque Susana y yo sabíamos que eso no era todo en la vida por lo que nada de ella nos era ajeno .Así fue que un día de Agosto confirmamos que Susana estaba embarazada .En esos días la felicidad no podía ser mayor Por lo tanto mi tarea más difícil era comunicárselo a La Colorada con la que mantenía entretenidos monólogos de ministerio a ministerio o algunos domingos cuando la lavaba dándole simplemente gracias , o contándole alguna pavada .En el 91 había tema .Como para hablar con mi motito. Pero esto era más difícil .Pónganse en mi lugar. El tema de los celos lo trate con el mayor tacto posible, la alegría que vestiría a ese hogar. Todo lo lindo que yo imaginaba y creo que La Colorada lo entendió Continuaron nuestras vidas deshojando la más hermosa espera que Dios nos ha creado y un día un dulce día nació Agustina, fue el 16de abril de 1992 .Sin embargo ese día no hubo alfombra roja para la entrada de Agus al mundo .Casi de inmediato nos informaron que nuestro ángel tenia una malformación congénita por lo cual deberíamos permanecer en terapia de la Clinica los primeros cuarenta días y luego dos semanas volver a internarse por otros cuarenta días .Considero una falta de respeto intentar transmitir con tinta y papel la angustia y el miedo de Susana y yo sufrimos durante esos cien días .Aunque puedo relatar algo que paso una de esas noches de abril .Un mes muy loco para nacer Era de vital importancia que Agus ingiriera cuatro mamaderas por dia de leche de su mamá quien debía permanecer en nuestra casa durante todo ese tiempo .Entonces era yo quien llevaba las memas por tres kilómetros de ida y vuelta daba la impresión de ser menos , otros tres de vuelta y por supuesto quien hacia el vital traslado era la Colorada Cierta noche de Abril a, eso de las nueve se desató una tormenta imposible de pintar ni por el loco que se pinto la oreja , las gotas de de lluvia eran lanzadas con furia desde el cielo hacia los tejados partiéndose en miles de pequeñas y brillantes formas de agua que formaban charcos y pequeñas lagunas en casi todas las esquinas .A las diez de la noche yo debía entregar las mamaderas que según los pediatras era la más importante del día así que le di una palmadita a La Colorada y partimos hacia la clínica .Fue como meternos en un lavadero automático .La primeras quince cuadras La Colorada iba firme como si el sol brillaba pero poco a poco los charcos se le fueron metiendo en sus entrañas de aluminio anodizado, a unas cuadras mas comenzó una seguidilla de explosiones y contra explosiones que me metieron mucho miedo , peor cuando con un silencio que cada vez se hacía más largo parecía anunciar un final lógico .Nunca me dijeron que fuese acuática Así es como comencé a hablarle pero esta vez a modo de clamor, de ardiente suplica no es por jugar que lo hago, aquí llevo la vida de Agustina, Vamos no aflojes! Todo esto llevaba como fondo el ruido de la explosiones y después de cada charco venia un silencio que yo irrumpía con un grito de plegaria ¡Vamos Colorada falta poco! Y otra vez venia las contra explotasiones y el andar titubeante de La Colorada Fue casi en la puerta de la Clínica. Cuando se detuvo totalmente. Ahora el silencio era cortado por las gotas de lluvia chocando furiosas contra el caño de escape. Pero había llegado. Los pediatras no podían creer que un loco saliera en moto con esa noche. Llevaron la mema a Agus quien parecía estar ajena a todo esto y por fin pude sonreír. Me despedí y fui a ver a La Colo que apoyada contra el kiosco de revistas descansaba. La sequé gota a gota, limpié su bujía, sequé los cables y le di arranque. En l a segunda patada arrancó y esta vez eligiendo el camino sin inundar llegamos a casa bajo la lluvia más torrencial que yo recuerde. Agustina hoy es una hermosa muchacha de dieciséis años, Susana es feliz y está más linda que entonces, yo aumenté unos kilitos y la Colorada….Bueno, ella está guardada donde yo guardo los recuerdos más queridos. En mi corazón.



Tercer Puesto:

Mario Arturo Barrientos, de Lanùs - Buenos Aires

“40 años con mi Zanella” Queridos amigos de Zanella, cuando mi hijo me comento del concurso no lo podía creer. Siempre tuve la idea de contar a ustedes mi historia con mi Zanella pero nunca me decidí, por eso si por algún motivo mi historia no entra en el concurso, no importa, quiero que por favor lean esta historia, un poco larga por cierto pero creo que mi máquina se lo merece. Todo comenzó en el año 1968, yo tenia 10 años, mi viejo después de mucho sacrificio pudo comprar a pagar una moto usada con muy pocos kilómetros, la misma se compró en una agencia de Lanús (tengo actualmente certificado de fabrica, firmado por un tal Zanella), la moto es una Zanella 125 “special 4” de cuatro velocidades con magneto y batería. Mi viejo la uso mucho tiempo para trabajar y para irnos a pescar muy seguido a General Belgrano (Río salado) 260 Km. ida y vuelta… pero por esas cosas del destino se quedo sin trabajo y se tuvo que volver al lugar donde nació, un pueblito muy chiquito de Santiago del Estero llamado Matara; allá fuimos con ella, una vez en el pueblo paramos en un rancho de barro y paja (foto), y con la moto íbamos a buscar la comida… escopeta al hombro, cazábamos peludos, mulitas, guazunchos, viscachas, etc…y cuando cobraba algunos pesos íbamos al pueblo de Añatuya distante 140 km ida y vuelta por camino de tierra, allí cargábamos nafta, comprábamos alpargatas en la tienda de los turcos Farjaa, y lo mas lindo de todo comíamos una pizza en la pizzería “Cañete” famosa en Añatuya, allí tomaba una Coca (…“fahh que buena que estaba”…). Volvimos a Buenos Aires, y por esas cosas malas de la vida mi viejo tiene un accidente manejando un camión, fue internado en el hospital Gandulfo de Lomas de Zamora, con la moto y con 16 años, yo iba a verlo todos los días… hasta que el peor día de mi vida fui al hospital a verlo, y sentado sobre la moto y abrazando el tanque llore desconsoladamente, el viejo me había dejado. Hice toda mi secundaria en el Nacional de Adrogue, iba todos los días de Lanús a Adrogué durante 5 años con un amigo, llamado Daniel Paludi (nunca mas lo vi), el único problema que tenia era empaste de bujías y les explico porque, en aquellos años el aceite venía en latas de un litro, en las estaciones de servicio las abrían con un abrelatas, los coches echaban el aceite y dejaban la lata a un costado del surtidor con un poco de aceite adentro, yo con un clavito que tenia preparado y el sacabujías hacia un agujerito bien al borde de la lata y echaba en el tanque el aceite que había quedado en el fondo, luego echaba nafta de acuerdo al bolsillo (imagínense el porcentaje de la mezcla). También mi maquina paso por varias rokerias, le pido perdón por las picaditas o tiradas contra las rivales del momento (Gileras), por esos años también conocí a Angela mi actual esposa, tuve a mis hijos que fueron creciendo y paseando en moto, pasaron los años y mi maquina sigue fiel a mi. Luego de conocer mi historia, mi hijo hoy de 22 años cuando tenia 16 me dijo: “Pá, creo q la Zanella se merece descansar”, la vestimos de gala (ver foto actual, 26/9/08) y la tengo guardada como un tesoro que no la cambio por todo el oro del mundo (por cierto lo digo de verdad). Soy fanático de Zanella, actualmente mi hijo guarda una Zanella V3 modelo `81 y una Zanella sapucai modelo `77, actualmente sigo andando en moto, la misma es una Zanella 180 “desafío” con ella me muevo por todos lados; bueno por ultimo y agradeciendo a mi moto todo lo que compartió en mi vida al lado mío (tengo 50 años) les digo que en cuarenta años que la conozco (1968-2008) muchas cosas me abandonaron pero ella sigue allí lista para trabajar o pasear , muchas gracias por todo. Pido a Dios que mis hijos y futuros nietos, la guarden como un tesoro invaluable. Gracias a la gente de Zanella por darme la oportunidad de contar mi historia que es mucho mas larga por cierto y con muchas mas anécdotas... me alegro que sigan llevando adelante esta industria que hace muchos años alguien con mucho esfuerzo, responsabilidad y visión de futuro supo crear. Un abrazo a todos, sigan así… Aguante ZANELLA!!! PD: Tengo las fotos en papel original de la época y el certificado de fabricación original de color verde, firmado por una persona de apellido Zanella.



Segundo Puesto:
Eduardo Ramón Vazquez, de Caseros – Buenos Aires

Soy Eduardo Ramón Vázquez y mi historia comienza a los doce años... Por aquellos días yo ayudaba a un vecino a hacer repartos de pan, una tarde tuve que entregar dinero al dueño de un taller mecánico y fue ahí donde la conocí: una Bambina. La vi y me enamoré. Pregunté a este hombre donde la había conseguido, a lo que contestó que se la habían dado como parte de pago por un trabajo realizado. ¿Me la vende? – me animé. Vale caro pibe – contestó – ochocientos pesos. En aquel momento yo cobraba cien pesos por mes, pero las ganas de tener esa moto eran muy grandes y me la rebusqué haciendo mandados a los vecinos para así conseguir algunos pesitos más. Siempre que podía iba a ese taller a verla. Después de cierto tiempo, con mucho entusiasmo y esfuerzo, logré juntar el dinero y llegó el gran día en el que lleno de ilusión fui por “mi Bambina”, cuando entendía algo que no había tenido en cuenta: -sos menor, no te la puedo vender. Esa frase resonaba en mi mente, pero yo no me iba a dar por vencido. Finalmente a ese señor le gané por cansancio, pude convencer a mi cuñado de comprármela e incluso me la dejó por algunos pesitos menos. Me dijo: -pibe, yo te la voy a dar pero no te quiero ver más por acá, ¡me cansaste! Si venís te saco a patadas. A partir de ahí siempre tuve una Zanella Cecato Ciclo de Carrera Bambino Ponderosa. Es así que hace diez años compré una Zanella V3 a la que preparé y llamé “Carusita”. Algunos amigos me dicen que me compre una moto más grande pero yo soy fiel a mi ciclomotor Zanella. Con ella y la agrupación a la que pertenezco (Viajeros del Oeste) recorrimos miles de kilómetros juntos; estuvimos en San Pedro, Pergamino, Arrecife, Rojas, Saladillo, Chascomús, Zárate, Capitán Sarmiento, Chivilcoy, Mercedes Chacabuco, Bragado, Luján, Monte Grande y muchísimos lugares más. Vaya donde vaya, en todos los encuentros me reconocen y felicitan. Es una pasión que me ha dado muchas satisfacciones. A Zanella yo la llevo en el alma y en el corazón ¡Carajo!



Primer Puesto:
DEBORA MORILLO, de CORDOBA

Mi padre Pedro Morillo, ya fallecido, fue un gran campeón de motociclismo. Murió pobre y algunas veces recordado, pero su vida estuvo repleta de anécdotas maravillosas especialmente ante la oposición de mi abuelo paterno para que el corriera. En el año creo 1955 se disputaba un campeonato muy importante en el Parque Sarmiento y mi abuelo sospechando lo que algún vecino chismoso le contó sobre mi padre fue a la largada de la carrera para imperdirla, mi papá ante el escándalo y viendo que peligraba su salida le dijo a la policía que no conocía a ese señor que decía ser su padre y con el bastón lo quería golpear. La historia termina así: mi abuelo preso por agresión supuestamente a un extraño (que no lo era), mi padre corre y gana la carrera que si no me equivoco era un campeonato provincial y lo va a buscar a mi abuelo con la copa a la comisaría. Esto no le evitó la paliza que le propinó mi abuelo por mentirle y ya tenía más de 20 años. Esto pinta al amor que el tenía por las motos y a su pequeño taller en barrio General Bustos. Pinta también a un campeón como muchos otros que fueron olvidados y corrían por el honor más que por la plata. La foto que mando es del Desafío de los Valientes en el Aut Cabalen en 1975, donde el premio era una Zanella 180 y la moto que corría era una Zanella.

Fuentes de Información - las 10 historias mas insolitas arriba de una zanella

El contenido del post es de mi autoría, y/o, es un recopilación de distintas fuentes.

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2 comentarios - las 10 historias mas insolitas arriba de una zanella

@1OzzY Hace más de 2 años +3
Pero que emocionante!!!
@Tu_Peor_Fobia Hace más de 2 años +3
1OzzY dijo:Pero que emocionante!!!

las 10 historias mas insolitas arriba de una zanella