Coso 51: Felpudo Callejero de Tapitas de Gaseosa

Enciclopedia del Coso argentino [ Segunda edición ]

Antaño los mozos solían deshacerse de las tapitas de botella de tipo "corona" sencillamente tirándolas en la calle frente al bar. Las tapitas eran a continuación aplastadas por los vehículos que pasaban hasta quedar impresas en el asfalto. Con el tiempo, la acumulación de chapitas aplastadas semejaba una suerte de extraño felpudo de bienvenida a la vereda del propio bar. La recesión y las promociones de las gaseosas han elevado el valor comercial de las tapitas de botellas, haciendo entrar al "felpudo" en la categoría de los cosos en vías de extinción.


Coso 52: Apéndice de Tapas de Botella de Plástico

cosas

Nos dice el señor "Gus": "Pariente del 'Precinto de lata de gaseosa' y el 'Alambre protector de champagne', cumple la función de mantener la inviolabilidad del envase manteniendo la tapa en su lugar, aunque en este nuevo milenio es dado pensar que puede haber un método mejor. Este engendro sin nombre que deja de prestar funciones una vez abierta la botella viene en dos versiones que provocan obsesiones similares: en una, queda roto pero firmemente sujeto a la tapa, dificultando la tarea de enroscar ésta nuevamente, y moviéndonos a arrancarla sin más; en la otra versión queda intacta en el cuello de la botella en forma inocente pero invitándonos a lastimarnos los dedos tratando de quitarla de allí (cosa difícil). El éxito de esta tarea nos deja una hermosa arandela de plástico con pinches totalmente inútil." Tansmitimos a la Cámara Argentina del Envase la preocupación del señor "Gus".


Coso 53: El "Turbolino"

humor

“En las entradas de muchas playas de estacionamiento o establecimientos denominados ‘Lavaautos’, exhiben un homínido que podemos llamar ‘El sin huesos’. El mismo, hecho totalmente de un plástico de un sólo color chillón, y generalmente con una sonrisa torpemente dibujada en su rostro, ‘flamea’ angustiosamente (para él y para los circunstanciales transeúntes) gracias a algún tipo de mecanismo oculto en su base, que lo infla y lo sacude epilépticamente, cual Robert de Niro en Despertares, pero más. Nunca he tenido la oportunidad de ver a dicho personaje cuando cierra el local que lo contrata, por lo que supongo (es una teoría nomás), que, llegado el momento, algún empleado lo libera de sus ataduras terrenales, y se eleva hacia el cielo, para retornar a sus tareas cotidianas al otro amanecer. ¿Será un ángel sin espalda ni articulaciones? Chi lo sa.” (Subana Banana)
“Cuarta generación del Homúnculo de Caños de Escape (coso #10) que, adaptado a la versatilidad de los negocios callejeros, intenta llamar la atención visual de los transeúntes para que entren al citado negocio. Formado por una gran bolsa de consorcio y un turbo ventilador vertical ingenierlmente calculado para que la fuerza del viento sea suficiente para que se infle y llene la bolsa pero insuficiente para que se mantenga erguida, sube y baja cumpliendo su objetivo y asustando a los mas pequeños.” (Ricardo Ork)
“El ‘Humanoide Vibrante’ es como un globo gigante pero con forma humanoide, con brazos, cabecita y un cuerpo sin piernas, que al ser puesto sobre un generador de aire, se balancea cual presa de un ataque epiléptico.” (Silvina Lewin)
Luego de echar a patadas al homúnculo de caños de escape, al ser humano que atrae autos moviendo una bandera (y a su reemplazante, el maniquí con brazo mecánico y careta de Cavallo), las gomerías, casas de caños de escape, talleres mecánicos y otros negocios del rubro automotriz han dado a luz una nueva criatura encargada de captar potenciales clientes: A veces bajo el aspecto de un payaso o de una caricatura indefinida, gracias a la magia del aire en movimiento este simpático muñeco saluda al automovilista desde lejos, transformando la fría e inhóspita calzada metropolitana en una pueril feria de atracciones, arrancando una sonrisa involuntaria al adusto chofer medio. Actualmente se encuentra en extinción (de hecho, la ilustración que acompaña este texto está realizada de memoria), probablemente víctima de la devaluación, lo que lo emparentaría con los viajes a Miami y los delikatessen importados en la góndola del supermercado.


Coso 54: Visera de Automóvil

argentino

El señor Guillermo Estella realiza la siguiente pregunta retórica: "¿Se acuerdan de las viseras de los Siam DiTellas o los Falcon Peugeots 404 y en otras marcas menos tacheras? Para mi, el único uso que tenían era la de generar un impedimento aerodinámico ( No es que los modelos mencionados fueran aerodinámicos) y tenían una barra en el medio y como bisagras a los lados, mi pregunta era ¿Se plegaban esas cosas?. Pero hay algo que no se les puede negar, eran bien porteñas las viseras esas." Y se podría agregar que poseer una visera le daba un toque de humanización a la Máquina. De cualquier modo es reconfortante que el amante de los fierros, tan propenso a los extremos, no haya continuado este intento de facialización del automóvil, ya que hoy tendríamos Renaults Clíos con anteojos oscuros, Fords Sierras con barbita candado o Twingos (el “Auto Mujer”) con aretes.


Coso 55: El "Miki Moko"

gracioso

"La Srta. "Vero" lo describe como "una sustancia gelatinosa verde que venía dentro de un vaso de plástico con tapa. Además de la sustancia en cuestión traía un globo ocular, para dar más impresión. Se lo promocionaba como moco de elefante, pero nunca supe si eso era cierto". Mientras que la Sra. Marcela Pinillos acota que su "verdadera gracia, sin embargo, era su naturaleza a la vez asquerosa y horripilante: asquerosa por
que rememoraba aquella sustancia de viscosidad, verdosidad y untuosidad variables, y tema frecuente de las canciones asquerositas que inventábamos durante la infancia. Horripilante por que también rememoraba La Cosa, ese malvado e informe extraterrestre de la película homónima de los años 50, que reptaba por ahí comiendo gente." (En realidad la Srta. Pinillos se refiere a la película "La Mancha Voraz". E.P.)
Es interesante pensar que el "Miki Moko" es a la infancia lo que el rock comercial a la adolescencia; tal como el rock, la mención de sustancias asquerosas es una de las formas de rebeldía con que cuentan los prepúberes; el "Miki Moko" no es más que la incorporación de esa arma por parte del Sistema, para volverla inofensiva. Hoy en día las asquerosidades son moneda corriente en los canales de cable infantil, lo que demuestra una vez más el excelente resultado de esta estrategia.


Coso 56: Banda Perforada de Margen de Factura Comercial

enciclopedia

La Srta. "Andrea" desea incluir en la Encicloppedia la "partecita del papel a ambos costados de las faxcturas que puede quitarse y tienen muuuuchos agujeritos como hechos por perforadoras unos atrás de otros. Esa parte de la factura, ¿sirve para algo en particular? ¿Cómo se llama? Creo que las impresoras los necesitan, pero no entiendo por qué a uno le entregan con esa parte las facturas o lo que sea. Cuando uno quiere archivar sus facturas en una carpeta o algo por el estilo, tiene que arrancar esa partecita y hacerle a la factura los tradicionales dos agujeritos de la perforadora común, sin mencionar que generalmente la línea de puntos por la que una debería poder arrancar fácilmente esa parte, no está lo suficientemente bien hecha, por lo que la factura queda totalmente desprolija." Bien, Srta. Andrea, tengo que decir así aprenderá a no archivar sus facturas; las facturas sólo sirven para ser pedidas como VENGANZA cuando el dependiente nos trató mal o no nos quiso hacer una rebaja. O para ser encontradas meses despúes, arrugadas y mohosas, en el bolsillo de una campera olvidada arrugada.


Coso 57: El "Orgasmatrón"

coso

EL coso de la temporada veranega del 2005. Y tal vez el coso más decepcionate de la historia. Promete demasiado, pero sin embargo lo más que produce es una serie de cosquilleos muy agradables en la cabeza. Lo que por otra parte es una suerte: experimenté con él en una feria callejera y si hubiera funcionado habría sido un verdadero papelón.


Coso 58: Pelusita Esférica de Pulóver de Lana

Enciclopedia del Coso argentino [ Segunda edición ]

El lector Carlos Marmolejo quiere agregar a esta enciclopedia "las pelusitas esféricas que se forman en los pulóveres y prendas de lana." Se forman por generación espontánea (como las bacterias) y suelen servir como indicador de la peor o mejor calidad de la prenda. Parientes de la "Bolsa con Globitos", provocan en algunos individuos una obsesión compulsiva por arrancarlos; dejando a veces la superficie de los pulóveres ajenos con el aspecto de una pierna de bisonte que se ha entregado a las hienas.


Coso 59: Dispositivo Sostenedor de Tarjeta Magnética de Seguridad

cosas

Un lector cuya identidad se me ha perdido propone este Coso del Nuevo Milenio; Consiste en un cartucho en forma de disco que cuenta con un prendedor metálico que podemos utilizar para engancharlo en nuestro bolsillo; del interior de este reservorio se desenrolla y enrolla automáticamente un finísimo hilo vinílico, que a su vez termina en un ganchito plástico de donde se engancha la tarjeta magnética que abre las puertas de nuestra oficina; Este sistema de enrollado / desenrollado permite que acerquemos la tarjeta al lector digital sin quitarla de su receptáculo (es decir, nosotros).
Siendo un producto que se ha generalizado en el nuevo milenio, resulta sin embargo imposible no pensar que se trata de un rezago de la Guerra Fría; su reminiscencia con el hilo estrangulador que extraen los espías rusos de sus relojes pulsera es incontestable.


Coso 60: El "Mojadedos"

humor

El Sr. Javier Rodríguez, weblogero, rinde homenaje a este "artilugio que se me antoja irrisorio y en vías de alcanzar la obsolescencia: el 'mojadedos'. Sip, esa gilada que usan los cajeros de banco (no se me ocurre otro oficio que requiera semejante recurso) para pasar los billetes de a uno y no darnos nunca un vuelto de más." En realidad este artículo se ha visto principalmente en oficinas de correo postal o establecimientos burocráticos; su propósito más extendido es mojar estampillas.
La ciencia de la ortopedia alcanza su punto más bajo con este sucedáneo repugnante y rudimentario de la lengua humana.


Coso 61: Tiza Azul para Taco de Pool

argentino

"Todos los que alguna vez en nuestra vida jugamos al pool, sentimos esa necesidad de sacarle punta al palo, poniéndole tiza azul, aunque después cuando golpeemos la bola blanca la mandemos a la buchaca de una. Nos da sensación de que estamos jugando bien, y son bienvenidos los momentos de reflexión, frunciendo el ceño, sacando la lengua, al momento que restregamos ese minúsculo terrón de azucar pitufo sobre el palo. ¿Alguien alguna vez se preguntó cuánto sale una tiza de pool? ¿Cuál es el packaging? ¿Dónde se compran? ¿Quién las produce?" (Ariel Mesch)


Coso 62: Regatón Desfondado

gracioso

El lector Carlos Marmolejo rinde homenaje a "las inútiles arandelas de plástico que quedan en las patas de las sillas de metal, como recuerdos de lo que antes eran regatones a los cuales se les gastó la parte de abajo". Así como los seres humanos emitimos patéticas señales de nuestra degradada situación económica, como los anteojos arreglados con cinta adhesiva o las camisas descoloridas, nuestros objetos también cargan con accesorios que revelan su caída social. El regatón desfondado es el zapato agujereado de nuestro mobiliario personal.


Coso 63: Contenedor de Llaves para Tirar por el Balcón

enciclopedia

El Sr. Nicolas Merkin aporta este "contenedor para llaves que serán tiradas por el balcón para que un amigo pueda entrar a nuestra casa sin tener que bajar. Consta de una caja gomosa (con un peso ligero como para caer, pero no tan rapido como para que nuestro amigo consiga atajarlo sin fracturarse un dedo) y de un tamaño considerable para facilitar la contención del objeto- digamos 20 cm de ancho por 15 de alto por 15 de profundidad."
Un amigo había diseñado hace años el contenedor ilustrado, consistente en una esponja de baño cortada por la mitad y con un profundo tajo en el centro, en donde se introducirían las llaves. Su parecido con algún artículo de pornoshop era sólo casual.


Coso 64: El Garfio

coso

Oculto en su mundo de plomería y agua turbia, este dispositivo – extremo superior de la bocha del sanitario - se engancha a una palanquita ubicada tras la estructura que sostiene el botón del baño; pero cuando esta tapa debe ser removida – por equis motivo - no nos queda más que contemplarlo en su siniestra majestad, y tirar de él para deshacernos de nuestras vergüenzas. Y luego, a menos que uno haya hecho el industrial o sea un obseso por el bricolage o le sobre el tiempo para perder visitando la casa de repuestos sanitarios - en lugar de dedicarse a reflexionar sobre los males del mundo como cualquier hombre de bien – permanece para siempre.
Y así, desde su infernal retablo en donde se distinguen humedades y brazos de cobre, nos saluda cada vez que vamos a hacer uso de él, con su contrahecha sonrisa hacia abajo, exclamando: “¡Hola, universitario! ¡Una vez más nos vemos las caras! Supongo que eras feliz cuando estaba sumido en la oscuridad, pero eso no volverá a ocurrir, ¿verdad? ¡Permaneceré aquí, recordándote tu condición de bolsa de miasmas ambulante hasta el día de tu no tan lejano Fin! Y aunque intentes volver a ocultarme, ya has visto mi Rostro; y en él has visto reflejada la materia vil de la que estás hecho”.
El Garfio, hermano de sangre de las lamparitas quemadas sin cambiar y los picaportes sin atornillar, hijos todos de esa pareja de hermanas lesbianas e incestuosas, Desidia y Decadencia, preside la puerta de entrada al mundo de las cloacas; al mundo que queremos olvidar con nuestras diversiones y maquinitas. Y si nos descuidamos – o si a uno de esos directores de películas de terror japonesas se le ocurre hacer una película llamada “El Garfio” -, llegará el día en que nos enganchará de los pellejos y nos arrastrará – material o metafóricamente hablando - al fondo mismo de las viscosidades.


Coso 65: "Carlitos"

Enciclopedia del Coso argentino [ Segunda edición ]

El señor Carlos J. Pérez propone para la inclusión en la enciclopedia a “Carlitos”: “El engendro en cuestión fue muy popular en las estaciones de subterráneo, en especial, de la Línea C. Lo vendía un frágil en apariencia pero perverso personaje que jugaba con las leyes de la física de manera inverosímil. (...) Al ser manipulado, el coso en cuestión parecía moverse y bailar sin precisar de otra intervención humana más que los comandos orales del perverso vendedor, lo que, sumado a su minúsculo tamaño y la imposibilidad tántrica de contener dispositivos electrónicos en su interior, hacía de este Coso una suerte de elemento cuasi satánico.”
Quien les habla también cayó en las garras de “Carlitos”. El vendedor lo promocionaba como “un truco muy simple”, y aclaraba que no se trataba de magia ni milagro alguno. Más tarde, al desplegarlo en casa, contemplábamos unos finísimos hilos brotando de sus costillas y unas instrucciones incomprensibles impresas en un papel no mayor que un boleto de colectivo, lo que volvía su puesta en marcha absolutamente imposible. Mi sospecha es que el hombre se trataba de un estafador, y que en realidad “Carlitos” sí se movía a través de un hechizo, que el vendedor ocultaba al gran público.
“Carlitos” y su nigromante han desaparecido. Sospechamos que el homúnculo logró quebrar en algún momento el conjuro que lo mantenía esclavizado y eliminó a su captor, para luego huir a un país sin humedad ni bestias roedoras de papel.


Coso 66: Funda de Paraguas Chino

cosas

Un lector cuyo nombre se me ha extraviado ha sugerido la inclusión de este coso, que viene incluido en aquellos paraguas que compramos de emergencia en nuestro todo por dos pesos amigo. Es el guardián de los guardianas, el protector de nuestro protector, pero sólo cumple con esa función en una circunstancia: cuando está a la venta. Luego, es quitado y deshechado, aunque permanece dando vueltas en nuestro hogar durante semanas. La sola idea de volver a colocarlo - con las obscenas reminiscencias que incluiría este acto - es descartada tan inmediatamente como él mismo; especialmente teniendo en cuenta que el objeto que debía proteger se ha autodestruido durante su segundo día de uso.


Coso 67: Expendedor de servilletas

humor

El lector Kapper propone incluir "esos dispositivos porta servilletas de papel. Es una especie de cajita con un resorte y una tapita donde se colocan las servilletas. Las servilletas se extraen presionando y haciendo bajar el resorte. También posee unas 'pestañas' en los 4 costados que reduce el tamaño de la 'boca' del aparato y que hace que las servilletas queden dentro de la cajita. Las mas antiguas venían de metal lisas, pero también las había de plástico y con publicidades."
El Sr. Kapper agrega (catalogando a esto de "problema" lo que lo diagnostica como neurótico - obsesivo) que "siempre que saco una servilleta (si con suerte sale una sola) las que quedan en el recipiente quedan medio salidas y queda feo a la vista, por lo que inmediatamente hay que volver a presionar el coso para que las servilletas bajen y soltar despacito para que quedanagarradas de los CUATRO costados."
Por mi parte agrego que este coso también podría llamarse "Cama Elástica en Miniatura para el Solaz de Pequeños Papelitos Arrugados".


Coso 68: "Cucharita" de Café de Máquina Expendedora

argentino

El Sr. Federico desea rendir tributo a “esa porquería de plástico que te tira la máquina de café adentro del café de la oficina para que tengas que meter tus dedos para sacarlo y encastrarte (creo que ahí está el efecto de revolvida), para después intentar en vano agitar el líquido con su escasa superficie agitadoril.” Este uno de esos cosos que deben su denominación a
una supuesta función a cumplir en un mundo de fantasía donde los líquidos obedecen a nuestra voluntad más que a su entidad en sí.
Así, este palito en forma de remo de insignificantes paletas es llamado “cucharita” porque se supone que con él podremos revolver nuestro café, no porque realmente sea o se parezca en lo más mínimo a una “cucharita”. Podría tener la forma de un caracol marino, un yo-yo o mi profesora de geografía de tercer año, pero seguiríamos llamándolo “cucharita”, simplemente porque nos viene con el café. Es un ejemplo extremo del automatismo y la obediencia a los Mandatos Divinos (adjudicándole entidad Divina a la máquina de café, que yo no me atrevería a refutar) en los que todos caemos de vez en cuando.


Coso 69: El "Choricito"

gracioso

El lector Fernando Angiolini denuncia que "cuando se compra una ristra de chorizos para la parrilla, se puede observar la existencia de un pequeñisimo choricito localizado entre dos chorizos, el cual esta anudado por ambas puntas. Lejos de tratarse de una aberración de la naturaleza (o de una mezquindad del maestro choricero) cumple una importante función a la hora de las brasas: ocurre que cuando la ristra es muy grande o se quiere ensartar en un pinche , esta debe ser cortada a intervalos regulares para poder acomodarla. Y allí mucha gente corta la ristra a un lado o al otro del choricito en cuestión, cometiendo un grave error: esto provoca que se destruya el nudito de piolin que mantiene armado al chorizo mayor. Esto provoca que cuando el fuego comienza a actuar, el chorizo mayor comience a perder material, quedando como eviscerado sobre la parrilla y por ende inutilizado. Lo que hay que hacer es cortar el minichoricito exactamente por su ecuador, quedando un nudito de piolin a un lado y al otro, protegiendo la integridad física de los chorizos mayores adyacentes. Sirva esto de homenaje al pequeño y siempre despreciado 'choricito' que se inmola de esta forma para permitir que sus hermanos mayores lleguen a buen puerto dentro del choripán."


Coso 70: Plomada Cortinera

enciclopedia

El Sr. Santiago Videla rescata "el famoso pistirulo que cuelga en los hilos para correr las cortinas. El mismo suele ser alargado, de color cremita y con una carga de plomo en su interior. Si bien su origen es desconocido, su funciòn no era del todo clara ya que cuando uno corrìa esos hilos la cortina quedaba en el lugar y se armaba una galleta encima del barral digna de un pescador de la costanera (norte). Segun los dictados de la moda palermohollywoodense (¿está bien así? )este coso quedo demodée, pero en la casa de mi abuela era utilizado por mis sobrinitos con diferentes objetivos, a saber:

"1) Hacerlo girar con fuerza en el aire para lograr sonido símil 'Helicóptero Azul' (el de la serie, claro está)
"2) Como telaraña indestructible en sus luchas 'Spiderman versus Petiso Orejudo'.
"3) Para darnos flor de tundas en las piernas al grito de: 'salta o te va a doler.'"


Coso 71: Viruta de Goma de Borrar

coso

“Un elemento de vital importancia en el desarrollo de la psiquis humana desde la etapa infante hasta la madurez es la pelusita-virutita que se desprende de la goma de borrar al querer borrar una línea rebelde en un papel. Este ¿objeto? está siempre presente en cajones de escritorio, dentro de los teclados de las PC, en los rincones alfombrados de las oficinas y en los paquetes de galletitas abiertos por los escolares. Una pelusa-viruta de goma de borrar pone de manifiesto dos cosas que influyen en la formación de las personas:

“- Alguna vez trabajamos en algo.
- Somos falibles, nos hemos equivocado en ocasiones.

“Además, ejercita la motricidad fina cuando aprisionada entre dos dedos se amasa lentamente para formar una bola gomosa a imagen y semejanza de la goma que le dio origen.” (Aportado por el lector The Bug)


Coso 72: Surco Interlabial

Enciclopedia del Coso argentino [ Segunda edición ]

Por primera vez en la historia de esta Enciclopedia presentamos este "coso anatómico", conocido por la masa del público como "huequito" o "esta parte" (mientras se la frota con el dedo índice).

Su nombre técnico, "surco interlabial", da cuenta de el por qué de la existencia de este enigmático hoyito bajo la nariz. Probablemente, si no existiera, no podríamos dar besitos, ni silbar, ni imitar a Guillermo Francella. Las personalidades extremas y perversas, como Adolf Hitler, Chaplin o J. Jonah Jameson, optan por cubrirlo de vello, como diciendo "yo no doy besos" o "sólo beso a menores de edad" o tal vez "no silbo". El "huequito", finalmente, es un "no coso"; no tiene, en realidad, entidad priopia, sino que sirve para darle elasticidad y soltura a otro órgano con más prestigio y fuente de inconmensurables placeres. Sin embargo, como un extra que no tiene el menor complejo de robar cámara, en lugar de ocultarse o permanecer en segunda línea, ha optado por estar ahí al frente de todo el mundo, saludando a cámara e imposible de soslayar: está, literalmente, debajo de nuestras narices.


Coso 73: Cubierta Interior de Tapita de Gaseosa

cosas

El Sr. Papu Cassagnet –si es que ese es su verdadero nombre –de Montreal, Canadá, propone para su inclusión en la Enciclopedia lo que él llama impíamente “la ‘hostia de goma’, esa especie de hostia infame, a veces blanca y a veces azul, que viene del lado de adentro de las chapitas o tapitas de gaseosa y que te rompés los dedos tratando de sacarla para descubrir la promoción que sea. Y que si se utiliza un cuchillo, terminás borroneando lo que está impreso en las tapitas.Generalmente, a esas hostias yo les saco el centro, dejando sólo el anillo exterior y…” El lector deja entrever a continuación una que otra aberración.

Antaño, el protector de tapita de gaseosa solía venir con ilustraciones a modo de figuritas para extraer y pegar. La infantilización de la sociedad actual quiere que el mismo objeto sea hoy dirigido a pavotes grandes bajo la promesa de premios en metálico o, en el caso de personas enfermizas –no quiero señalar con el dedo a nadie en especial - aberraciones innombrables.

En la ilustración puede verse el modelo con “anillo de goma exterior”, en retirada desde hace algunas décadas, y en este caso –lo reconozco –dibujado con las nalgas (tengo problemitas con el dibujo a mano de elipses).


Coso 74: La "Bola de Plasma"

humor

Antaño ornaba las vidrieras de los locales de rubro indefinido para jóvenes modernos, junto con lámparas de lava, arbustos de fibra óptica, dados de peluche, algún viejo muñeco de ventrílocuo y, en los más jugados, una pecera con un axolote. Hoy, el adminículo se adquiere en comercios del ramo “cosas inútiles” por miserables treinta pesos, para delicia de hijos únicos preadolescentes que están buscando ese je ne sais quoi tan especial para su dormitorio.

Movida por la ingobernable e indómita fuerza natural del arco voltaico, la bola sirve, según niños de cinco años de poderosa imaginación, para “cargarte de energía”. En lo personal considero que, si la tocás demasiado seguido, te morís.


Coso 75: Llavero Genérico de Baño de Estación de Servicio

argentino

Los encargados de regentear las estaciones de servicio de las autopistas sienten un fuerte apego hacia las llaves de sus baños, tal vez debido al hecho de ser un bien tan escaso en las despobladas extensiones argentinas. Para evitar que el descuido o la maldad de los viajantes transitorios haga desaparecer dichas llaves, éstas siempre son acompañadas por llaveros que toman la forma de distintos objetos, generalmente voluminosos o pesados y en consecuencia imposibles de ocultarse en un bolsillo. Frecuentemente se trata de toscos bloques de madera, pernos oxidados, y hasta se han atestiguado casos de inverosímiles pero contundentes volantes de automóvil. La insólita diversidad de estos "cosos genéricos" los hace merecedores de figurar en la Enciclopedia. ("Coso" sugerido por el Sr. Marcos Amadeo)


Coso 76: El "Buchón"

gracioso

Se trata de un dispositivo diabólicamente implantado en gran diversidad de productos (ropa) para evitar que te chafes algo. Dentro del “cyberforúnculo” que emerge de la superficie de lo que parece una inofensiva plaqueta de plástico, se encuentra un diabólico ingenio, máquina, cerebro electrónico o tal vez un disparador de invisibles lásers que acciona –al intentar “pasarlo” con aire ausente por la salida del local -una serie de alarmas y chillidos, tal como si se tratara de un niño alcahuete y obeso, de voz muy muy aguda y una cáscara de mocos endurecidos bajo la nariz. La única forma de inutilizar al “Buchón” es arrancarlo del artículo a adquirir, para lo cual se requiere un alicate o tal vez dinamita; el problema es que en el proceso pueden dañarse esos pantalones de corderoy de primera marca. Otras opciones pueden ser: estropearlo a martillazos, conseguir en algún lado la herramienta (¿”Sacabuche”?) que utilizan los empleados del local para quitarlo, o pasar bien bien rapidito, tomando ventaja de la lentiutud de reacción del guardia de seguridad. En ciertos casos, también se puede pagar.


Coso 77: "Baby Jane"

enciclopedia

“Ahora lo he visto todo”, dice el hombre en su paseo por la feria del Puerto de Frutos, luego de ver este inquietante artefacto. Tal como Bette Davis en la película “¿Qué pasó con Baby Jane?”, esta lámpara es vieja, fea, cursi y peligrosa, pero su origen es mucho más siniestro. Al parecer, un diseñador industrial escapado de un manicomio compró una lámpara de segunda mano para el departamento de una señora mayor, le abrió un agujero en el torso de un puñetazo, dejando sus bordes rotos y afilados al descubierto, le arrancó el corazón y luego (sin detenerse a pensar en la mortal combinación electricidad – agua) le injertó –con moco -una fuentecita feng shui, que logra todo menos proporcionarle equilibrio zen alguno; luego la ofreció a un millonario excéntrico, que se dedicó a producirla industrialmente.

En el Planeta de los Artefactos de Iluminación, “Baby Jane” es la prima solterona y desquiciada de la lámpara de lava; ésta última llega a una de sus reuniones familiares, vestida en Kosiuko y comentando una película muy copada iraní que vio en el MALBA, creyendo que es la transgresora de la familia, cuando su pariente, pintarrajeada y vestida con una camisa de seda en animal print, cuenta como al pasar y sin alzar su cascada voz, que al fin le dio su merecido al linyera que afeaba su cuadra.

La reunión familiar se llena de escalofríos y Mamá Lámpara de Pie trata de cambiar de tema, mientras Lámpara de Lava asume que es apenas una pequeñoburguesa espectadora de I-sat y sufre una pequeña depresión. “Baby Jane” permanece en silencio, comiendo su pechuguita de pollo con la boca abierta.


Coso 78: La Caquita de Agujereadota

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El Sr. Un Servidor, si es que ese es su verdadero nombre, rinde homenaje a “unas cositas que ya nacen inútiles. Antes no existían, no se diferenciaban del contorno. Pero a partir de que la agujereadora se hizo verbo y el verbo se hizo metal y habitó entre nosotros. A dicha herramienta se le van juntando en su vejiga plástica una creciente cantidad de circulitos de papel -a bautizar como te guste- que cobran existencia en el preciso instante de su degollamiento, como cabezas acumuladas en el cesto de la gillotina ‘por un crimen que no cometieron’ ya que no eran cabeza de nada: simplemente, estaban en el lugar menos indicado.

“Almas generosas lo pueden convertir en papel picado para carnaval, mientras otras menos piadosas los tiran de sus balcones microcéntricos a fin de año, como cirujanos arrojando felices los apéndices que sustrajeron durante los últimos meses, desde la terraza de los hospitales...”

En realidad, la “caquita de agujereadota” (me tomé muy a pecho eso de “bautilzalo como te guste”) sólo sirve para caer sobre nuestros pantalones, como caspa de utilería, en un momento de distracción mientras jugábamos imprudentemente con la base de caucho, para luego ser dispersadas hacia el piso por medio de barridas manuales, al quejido fastidioso de “bueh, qué cosa”.


Coso 79: Conejito Pneumático

Enciclopedia del Coso argentino [ Segunda edición ]

En un momento bastante negro de mi vida, allá por mediados de los 80, intenté nublar mis emociones no con drogas, no con alcohol, no con prácticas sexuales alternativas, sino con la asistencia perfecta a cada película de terror, sangre y destripamiento que se estrenaba (cosa que en esa época, por esas cosas de las modas cinematográficas, era inmensamente frecuente, a razón de una o dos películas de zombies o asesinos seriales por semana).

Este recuerdo personal sirve para justificar mi conocimiento sobre una característica de los efectos especiales de esa época pre-animación digital: el uso de las vejigas o dispositivos hidráulicos para conseguir que el hombre lobo se transforme o el gremlin se derrita, una innovación de técnicos de la época como Rick Baker o Chris Walas.

Gracias a esta invención, no había monstruo o muerto viviente al que en algún momento no se le inflara alguna cosa: algo así como la globología aplicada al miedo. Y esto es lo paradójico del asunto: los monstruos más aterradores, las bestias inhumanas que nos marcaban el corazón de inquietud y por un rato nos impedían pensar en los horrores cercanos no estaban poseídos por el Mal; su interior no estaba repleto de sangre negra, entrañas podridas y llenas de perversidad cósmica. No, estaban llenos ni más ni menos que de AIRE!

En resumen, en homenaje a estos próceres del efecto especial, en Plaza Francia venden este conejito, conectado por una manguerita a un fuelle, que al ser apretado logra que el animal pegue un saltito.


Coso 80: Alfombrilla Protectora de Fondo De Mingitorio

cosas

La sugerida “forma de corazón” no tiene, claro, ninguna connotación romántica, y es producto de la forma del aparato al que el presente “coso” debe adaptarse. Más inquietante es determinar cuál es su uso; hay quien dice –por lo general como tema de conversación de dos interlocutores que miran hacia el frente, impertérritos –que su uso es evitar salpicaduras, y hay quien asevera que la Alfombrilla sirve para amortiguar el mal olor. En lo personal, creo que la función del aparato es hacerle ganar dinero al fabricante de Alfombrillas Protectoras de Fondo De Mingitorio, objetivo que está cumpliendo con todo éxito, ya que el artefacto está cada vez más presente –inexplicablemente, por cierto -en baños de bares, oficinas y otros escenarios públicos.

Nobleza obliga, señalemos que uno de los fabricantes ha tenido la brillante idea de diseñar una Alfombrilla que tiene estampada en su superficie, un blanco, con puntajes y todo (pueden ir a divertirse sanamente al baño de la pizzería “La Farola de Cabildo”). Esate es el único uso justificado que puedo reconocerle al accesorio.

Por fin, observemos que a veces también se monta sobre la alfombrilla, la tradicional pila de naftalina de colores; y entonces parece que el mingitorio no hubiera sido instalado por un profesional de la plomería, sino por un repostero.


Coso 81: Ajustador de Elàstico de Campera

humor

La lectora Sureña me cuenta que pensó en "un coso nuevo, ayer justo cuando me dió un cruel golpe en la cara. Se trata de ese coso sin nombre que viene a ser la terminación del elástico de las camperas, como para ajustar la capucha o parte inferior de la misma, que es como un óvalo con dos perforaciones u otro cosito más pequeño dentro que hace las veces de sostén del elástico propiamente dicho, el cual si uno gira fuertemente a modo de juego cuando se colocó la capucha de la campera, si se suelta hiere 'me golpeé con esto', y 'cómo se llama eso mami?', 'eeeeeeeeeeh, es el coso de la campera para ajustar...'"

El del dibujo es un modelo "aerodinámico" que se encuentra en algunas camperas, más exactamente en la única campera que conservaba su ajustador que encontré en mi casa, así que no admito reclamos. Va entonces el Ajustador de Elástico de Campera a la Enciclopedia, catalogado como "coso peligroso".


Coso 82: Mini-Bandejita Portapancho

argentino

Este objeto a medio camino entre la servilleta de papel y la bandejita de cartón de rotisería es testigo y acompañante del desplazamiento del viejo y tradicional pancho, de tamaño escueto y mostaza como única opción de condimento, a manos del actual superpancho con amplia variedad de condimentos (hasta los puestos más miserables incluyen queso fundido artificial) y coronado final de papitas fritas trituradas. Supongo que fue este último ingrediente el que obligó a la incorporación de la Mini-Bandejita, ya que sus aletas plegables intentan impedir la caída del llamado “oro crocante”.

Señal de que la bandejita está aquí para quedarse es la moldura en forma de concha marina con la que los modelos más modernos cuentan en la parte media de las aletas: sólo la permanencia en el tiempo de un accesorio antes inexistente puede obligarlo a sufrir la incorporación de elementos estéticos completamente inútiles (si bien las aletas de la Mini-Bandejita necesitan mayor altura en el centro, para contener con más eficacia las papas fritas que se acumulan en el centro del superpancho, sí es superflua la forma de concha marina. Por no decir obscena).


Coso 83: Bolsita de Lavadero de Autos para Palanca de Cambio

gracioso

Aquellos lavaderos de autos que eligen no apestar el interior de nuestro vehículo con esa especie de pastillita aromatizante colgada en el espejo retrovisor, optan por colgar una especie de bolsita –donde consta el nombre y los datos del negocio- de la palanca de cambio.

Maldita si necesitamos una bolsita en la palanca de cambio; para tirarle porquerías, ya tenemos el cenicero (o la ventana), y además le quitaría categoría al “coso”. La bolsita no es lo bastante grande para guardar objetos de utilidad (una agenda, una guia Lumi, o la barra traba-volante), y además, el lugar donde está colocada parece haber sido pensado para provocar un accidente de tránsito. Tampoco es apta para servir de reservorio de maníes y papas fritas para amenizar el viaje, ya que la “boca” de la bolsa se pliega sobre sí misma con demasiada facilidad.

Por lo tanto, la bolsita no se utiliza, pero tampoco se remueve ni se tira a la basura, debido a ese contraimpulso atávico que también nos impide deshacernos de los “souvenirs” que regalan en los bautismos. Sólo es reemplazada por una nueva, luego de retirar el auto del lavadero en su siguiente turno de limpieza.


Coso 84: Pirámide de Falsas Humitas en Chala

enciclopedia

Este aparatoso engaña-pichanga -pariente de la "Falsa pata de jamón crudo"- suele encontrarse a un costado del mostrador en en restaurantes de comida criolla o ferias autóctonas, para transportarnos mentalmente a la mitad de Iruya, Salta, o Santa María, Catamarca, donde no se pueden dar dos pasos sin tropezarse con una humita en chala. Lamentablemente, cuando se nos antoja esta especialidad, el dependiente niega tenerlo en existencia, ofreciéndonos a cambio una empanada o tal vez un choripán; algunos desavisados en ánimo polémico se lanzan a tomar una de las humitas en chala de la pirámide para enrostrárselo al falsario, y entonces comprueba con desazón que levanta la maqueta entera(las "humitas" se encuentran pegadas entre sí. El artefacto pesa unos cinco o seis kilos). Segundos más tarde, además recuerda que la humita en chala de verdad es de color verde amarillento, no ese esmalte anranjado con que la "Pirámide" está pintada.

La Pirámide de Falsas Humitas en Chala, por último, hace pensar en una impía parodia gastronómica de la "apacheta", montaña de piedras ritual con que nuestros compatriotas norteños homenajean a la Pacha Mama.


Coso 85: Odradek

coso

Leemos a Franz Kafka: "Uno siente la tentación de creer que esta criatura tuvo, tiempo atrás, una figura más razonable y que ahora está rota. Pero éste no parece ser el caso; al menos, no encuentro ningún indicio de ello; en ninguna parte se ven huellas de añadidos o de puntas de rotura que pudieran darnos una pista en ese sentido; aunque el conjunto es absurdo, parece completo en sí. Y no es posible dar más detalles, porque Odradek es muy movedizo y no se deja atrapar. Habita alternativamente bajo la techumbre, en escalera, en los pasillos y en el zaguán. A veces no se deja ver durante varios meses, como si se hubiese ido a otras casas, pero siempre vuelve a la nuestra (...)".

El verdadero Odradek no tiene el aspecto, como el de Kafka, de "un carrete de hilo en forma de estrella plana", ni se trata "de pedazos de hilo, de los tipos y colores más diversos, anudados o apelmazados entre sí". No; el Odradek de Kafka es una criatura de ficción; el concreto, en cambio, cumple originalmente la función de precinto de seguridad de las botellas de aceite. Pero luego se separa y nace, mediante el mecanismo reproductivo de la gemación (como la hidra); aunque su parto es un enchastre, como el de los organismos más desarrollados. Sólo que en lugar de sangre o yema de huevo, la sustancia enchastrante es aceite, que suele caer sobre la camisa nueva del improvisado obstetra.

Allí comienza su frugal vida. Kafka miente otra vez: no habita la techumbre ni la escalera, sino que pasa de la mesada de la cocina a la mesa, y luego a la mesada de nuevo, con preferencia por los arrabales del tacho de basura. Pero como el de Kafka, es vagamante amorfo, no podríamos jamás imaginar cuál es su propósito (a menos que conozcamos su origen) y vivimos topándonos con él; entonces, la emoción más cálida que sentimos es un ligero descontento, y la reflexión más frecuente es "creí que lo había tirado".

Sin embargo, Odradek sobrevive mucho más de lo razonable. Odradek no es reciclable como el cierre de bolsa de pan lactal, ni moldeable como el alambre protector de champagne, ni sirve para realizar artesanías caseras como el precinto de lata de gaseosa. Si nos atreviéramos al epíteto, diriamos que es basura, y sin embargo se resiste -pacíficamente, silenciosamente, inadvertidamente- a asumir su destino final.

En algún momento parece entender el mensaje y no lo vemos más, o tal vez llega un nuevo Odradek y su antecesor se fuga (aparentemente no tolera la competencia ni la hermandad); hasta entonces vive la existencia melancólica de un inadaptado social, soportando la indiferencia o el leve fastidio del mundo donde le ha tocado nacer, un mundo cruel, estéril y adorador de la eficiencia, esa cortesana mentirosa.


Coso 86: Lechuga Decorativa de Vitrina de Carnicería

Enciclopedia del Coso argentino [ Segunda edición ]

A veces ocurre que un objeto cualquiera es corrido de su función original y entonces pasa de ser un objeto común y corriente para tornar en “coso”.

Esto es lo que ocurre con la noble hoja de lechuga, que privada de su función original –la alimentación- es utilizada por cierta escuela herética de carniceros como parte de la decoración de la vitrina donde exhiben sus carnes (nos referimos a las que tienen a la venta), insertadas convenientemente entre pecetos y tapas de nalga, palomitas y tortuguitas, lenguas y milanesas de cuadrada. La de habitual monocromática vitrina cobra entonces el carácter de instalación artística. Las mentes más conspiranoicas sospechan que, tal vez, se busca que el verde, complementario del rojo, realce la intensidad de este color para exagerar un poco la frescura de las carnes exhibidas.

Lo que no calculan los carniceros, o tal vez lo calculan y no les importa, es que la función “decorativa” de las hojas de lechuga se ve devaluada por el aspecto marchito, mustio y “pasadito” que toman éstas a las pocas horas de ser sometidas al frío intenso de la vitrina-heladera, provocando cierto rechazo inconsciente en los eventuales clientes; que ante este espectáculo desechan de inmediato el menú de bife ancho con ensalada de lechuga, optando, por ejemplo, por un puchero de falda, corte más barato que redunda en una ganancia menor para el carnicero. De más está decir, además, que las lechugas utilizadas con este fin quedan completamente inutilizadas por el consumo, debido a su contaminación con la carne cruda, pero más aún por sus fachas agonizantes (otros carniceros, un poco más sagaces, decoran sus vitrinas con rodajas de limón, que resisten mejor el frío).

Dos palabras para los carniceros con pretensiones estéticas: Lechuga plástica. O, qué se yo, soldaditos de juguete o robots de hojalata.


Coso 87: El "Sombreritus"

cosas

El Sr. Unservidor desea incluir en la colección al “cucuruchito de sachet de leche” o “Sombreritus”. Lo define como “aquel cucuruchito aplastado que otrora hiciese ‘punta’ en el sachet de leche, y ahora es un par de triangulitos unidos por dos lados, ora en la mesada, ora en el piso cerca del tacho.”

El “Sombreritus”, que pareciera un bonetito de papel para cucarachitas, es pariente de otro coso de merecida fama, el “Odradek” por tres razones: hábitat (la mesada o el piso), capacidad de reciclaje (nula) y clasificación (cosos que también pueden considerarse “basura”). Sin embargo, a diferencia de “Odradek”, ese lobo solitario que no admite convivir con otros de su especie, el “Sombreritus” suele compartir su hábitat con dos o más “Sombreritus”, especialmente en hogares donde viven niños, ya que sus “cuerpo-madre” -los sachets de leche- son desvirgados a diario. La volatilidad del “Sombreritus” le permite posponer su viaje final al tacho de basura, muchas veces adhiriéndose a nuestros dedos sin que lo notemos y saltando audazmente a los alrededores.

Los descubrimos más tarde, medrando en la zona, en un rincón de la mesada o la cocina misma, y entonces nos dan pena y decidimos esperar a que el viento o alguna otra fuerza los termine de depositar en el piso, para que la Justiciera Siega del barrido los aniquile definitivamente.

Es así como a veces se acumulan dos o tres “Sombreritus” en la misma estancia, a veces en el mismo sector de la mesada, algo desorientados pero buscando darse ánimo. E imaginamos que estos seres pueriles, improductivos y de mirada extraviada organizan una pequeña fiesta o “Desfile de la Victoria”, para celebrar haber sobrevivido hasta esta reunión.

¡Rataplán, rataplán!, hacen entonces los “Sombreritus”. Como Padres, o tal vez Dioses, sonreímos ante su pantomima y les damos un día más.
Fuente.





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