Este post fue creado para contar historias graciosas, de lo más locas, o para refleccionar. Los cuentos que van a leer a continuacion son reales, o por lo menos la mayoría, de todas formas siempre dejan algo que aprender o en que pensar.


HISTORIA DE UNA PARTIDA DE TRUCO

Comenzaron las clases en el colegio normal, yo y mis compañeros del 5º C tomamos la costumbre de jugar al truco, todos los recreos, horas libres, incluso las mismas horas de clase, todo el tiempo. Al transcurso de algunos meses, ya éramos un grupo de unas seis o siete personas que jugábamos, nos convertimos en expertos en la materia, ya conocíamos todas nuestras jugarretas y estrategias. No quiero aburrirlos, así que mejor voy a los hechos...
Cierta mañana de cierto día, nos acomodamos cual siempre, tres contra tres (no voy a dar nombres para evitar conflictos), la cuestión es que estábamos jugando la primera mano, yo tenía unos jugosos 33 puntos entre los dedos, pero no me tocaba cantar el envido, le hago señas a mi compañero para que cante, incluso le dije por lo bajo - "canta", el me miro un segundo y sin vacilar jugo callado su carta!!! Me comí los 33 puntos en un pancho con salsa tártara...
Bueno... después de una severa discusión con mi compañero seguimos jugando. Quien imaginaría mi buena suerte que nuevamente tuve los 33 puntos en la mano. Nuevamente se dio la coincidencia de que tenía que cantar el envido mi anteriormente errado compañero, esta vez me asegure de decirle -"canta", el mundo prácticamente se detuvo para escucharlo al decir sus palabras mágicas, yo ganar con mis 33 puntos en mano y ponerle fin al partido, cuando de repente... -"truco" canta el muy inepto, siendo peor que mi otro compañero tenía nada más y nada menos que otros 33 puntos en su mano, lo que nos llevo a comernos 66 puntos en un choripan sin mayonesa.
Esta situación me hiso estallar en una explosión de insultos, golpes y locura en contra de mi compañero que parecía no importarle haber arruinado una de las mejores manos que hayan estado entre nuestros dedos...
Desde ese día no volvimos a compartir una baraja de cartas, y al fin mi compañero recibió un diploma de amargo en el truco.
Esta es una historia real, ustedes dirán, no es para tanto, debes en cuando uno puede sacar 33 puntos en una mano, pero yo lo escribo para que sepan lo feo que es que le fastidien un juego tan competitivo como es el truco a alguien como yo, que sabe jugar, hace años que lo hago, y que tan fácil todo mi esfuerzo se va al caño por una persona torpe. Trasladen esta situación desde una simple mano de truco a la realidad de todos los días...
Saquen sus conclusiones.



CUENTO DE UN BAR

Esta no sé si es una historia real, me la conto alguien muy cercano a mí, según él le sucedió a un amigo una noche como cualquier otra en un restaurant de su barrio, donde tuvo lugar una disputa entre él y el mozo.
Resulta que Ricardo, un hombre ya mayor, casado con hijos, solía salir con su grupo de amigos todos los viernes. Iban siempre a comer a una especie de resto-bar "familiar" que está en nuestro barrio, no hace falta agregar que las condiciones de higiene de este comedor no son las más delicadas, sin mencionar el estado del baño de hombres, que siempre se encuentra con el piso mojado vaya uno a saber de qué?, las manchas de humedad recorriendo todas las paredes del lugar, un olor penetrante, etc...
La cuestión es que cierto viernes, Ricardo y sus amigos arribaron al comedor como todas las semanas, se sentaron en la mesa y picaron algo de fiambre antes del plato principal. Ricardo había pedido como de costumbre un abundante plato de ravioles con tuco. Pero ese viernes, noto algo fuera de lugar, el mozo que llevaba las comidas de mesa en mesa, a la vez que sostenía los platos metía su dedo pulgar dentro de la comida, lo que le pareció de muy mal gusto. Cuando le trajo su plato de ravioles, Ricardo le hace notar al mozo su falta:

Ricardo - Disculpe señor, pero me parece que esta fuera de lugar lo que está haciendo, está metiendo su dedo gordo en mi comida y como estuve observando también en la de los demás.

Mozo - No señor, usted no entiende, es que ayer me pico una abeja en ese dedo y lo que yo hago es mantener la yaga calentita pa' que no se me irrite...

Ante la respuesta del mozo, Ricardo se puso como loco, ya se quería ir a las manos, pero solo atino a decirle:

Ricardo - ¿Por qué no se mete el dedo en el orto?

Y el mozo le afirmo:

Mozo - Es lo que hago entre plato y plato...

Imagínense como pudo terminar esta historia... de qué otra forma sino enrollados en un mantel revolcándose a palos en el piso, destruyeron dos mesas, una ventana, gran cantidad de botellas, entre otras cosas.

Es una historia interesante, no sé si real, pero lo que sí es seguro es que Ricardo no volverá a pedir ravioles con tuco...



HISTORIAS DE BAÑO I: "Una fiesta alocada"

Esta es una historia real, le pasó a un amigo mío, me pidió que no dijera su nombre, así que solo lo voy a mencionar como “X”.

Resulta que X es un chico de muchos amigos, acostumbrado a salir de juerga todos los fines de semana. Pero esta ocasión, la fiesta a la que lo invitaron desembocaría en una situación un tanto incomoda para X:

Se encontraban todos en la casa de una amiga, mucha comida, mucho que tomar, y X no se hiso ajeno a la entrega. Comió como si no hubiera un mañana, todo esto acompañado con mezclas de gaseosas y bebidas alcohólicas muy bacanas que a lo largo de la noche le provocaron un revoltijo estomacal severo.

Pasadas las 12 en punto, la situación se torno incontenible, y tuvo que pedirle encarecidamente a su amiga que le prestase el baño. Tras la respuesta afirmativa de la anfitriona, X rápido como el relámpago se interno en el baño.

Una vez que el motivo de su angustia fue expulsado con la fuerza de un toro, al señor inodoro le toco la tarea más difícil: llevárselo todo, tarea que le resulto imposible realizar. X jaló y jaló la cadena, pero el muerto… los muertos no se iban.

Ni hablar de cuando el nivel del agua comenzó a subir dentro del retrete, X entro en pánico, pensaba “que le voy a decir a esta chica ahora”. Entonces surgió como un león su lado más valiente, se arremango los brazos, y como macho metió la mano hasta el hombro dentro del inodoro. En un vaivén de sensaciones desagradables empezó a escarbar con la punta de los dedos tratando de sacar lo que estaba tapando el caño. ¡Éxito! al fin el agua cedió. Resulto ser una inmensa bola de pelos entremezclada con cosas que mejor ni mencionar.

Se enjuago bien, se limpio todo el brazo, y después de todas las penurias vividas, continuo con la fiesta como si nada hubiera pasado.
Esta es una historia real, le paso a un amigo mío…



HISTORIAS DE BAÑO II: "Que nunca falte el 5º elemento"

Esta es una historia real, le paso a un conocido.

Carlos es una persona normal, está casado, tiene hijos, un trabajador dedicado; pero cuando se va de caravana le suceden cosas como las que voy a contarles:
Carlos y sus amigos están preparando todo para irse de viaje, un fin de semana lejos del trabajo y la familia, se van a ver el rally.
Una vez instalados los muchachos, se encontraban en media montaña mirando la carrera, el tiempo estaba nublado y el paisaje no dejaba nada a la imaginación. Volvieron temprano al hotel, ya todos bañados salieron a comer algo.
Eran un poco más de las 12:30 cuando uno de los amigos propone una idea interesante – “vamos a un cabaret”, todos sin dudarlo se prendieron con la propuesta, excepto uno, así es, Carlos no estaba del todo convencido. La cuestión es que entre las insistencias de los muchachos y el escaso carácter de Carlos, terminaron por convencerlo.
Adentrados en la jungla de mujerzuelas, comenzaron a beber. Carlos, hacía algunos días que no se sentía del todo bien, sus constantes viajes obligados al baño se habían convertido en una molestia para él. Y esta noche no fue la excepción. Acompañado por unos tragos que bebió durante el día, el desarreglo estomacal se volvía cada vez más intenso e insoportable. Increíblemente, aun así después de dos horas de juerga, Carlos se resistía a sus imponentes ganas de ir al baño, hasta que no pudo más, la presión lo estaba volviendo orate.
Se ausento unos minutos para ir al baño, quien diría que serian unos de los minutos más largos de su vida.
Entro corriendo a la sagrada habitación, los pantalones prácticamente se le cayeron solos, noto que la tapa del inodoro estaba mal puesta, y antes de que pudiera reaccionar…
El chorro fugaz salió incontenible, sería muy asqueroso entrar en detalle, pero si puedo decir que hasta el foquito de la luz en el muy pequeño baño se ensució. El piso, las paredes, todo, absolutamente todo.
Carlos no sabía dónde meterse, en ese momento solo deseaba que se lo tragara la tierra. Pensó “tengo que limpiarlo”, para su mala suerte el papel higiénico solo alcanzo para limpiarse el. Y sinceramente no sabría decir si fue una idea brillante o de lo mas idiota… con billetes de dos pesos comenzó a limpiar, pero calló en cuenta de que se estaba quedando sin dinero. Nuevamente una idea llego a su cabeza… arranco los bolsillos de su camisa y pantalón y siguió trabajando.
Finalmente, lo último que hiso fue desenroscar el foco de la luz para que el próximo que viniera al baño no notara la cochinada que había hecho.
Carlos aprendió, y que a vos también te sirva de lección, que siempre, vallas donde vallas, estés donde estés, sea donde sea… lleves el sagrado PAPEL HIGIENICO.

Esta es una historia real, le paso a un conocido.


SI ALGUIEN TIENE UNA ANECDOTA INTERESANTE O ALGUNA HISTORIA QUE CONTAR, ME LA PUEDE MANDAR POR MAIL Y LA ESCRIBO, SI NO, ESPEREN QUE DE A POCO VOY A IR AGREGANDO OTRAS NUEVAS...