Imágenes divertidas en colectivos

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10 cosas que odio de viajar en micro


1. Las películas que eligen los choferes
Hay que estar muy drogado para pensar que un chofer de micro puede elegir una película para sus pasajeros. Estoy podrida de ver a Van Damme doblado al castellano o a Vin Diesel apixelado rescatando a una retrasada mental con la cara de Barbie. Y lo peor es que no me animo a pedir que la apaguen. No por pudor, sino porque muchas veces lo cambian por algo peor. Los choferes son muy afectos a la música melódica y tienen enganchados de videoclips de Marco Antonio Solís y Jorge Rojas todo aceitado y con brushing ululando melodías inmundas que dicen mucho “calor”, “piel” y “seno”.

2. Los alfajores, el jugo, el café
No concibo inmundicia más venenosa que el alfajor Nevares. O sí, el “Mar de Oro”: un acordeón de galletas duras y amarillentas cubiertas con vela Ranchero que ahora tiene el mal gusto de venir también triple. Los científicos que buscan la razón de la muerte súbita en bebés deberían dejarse de joder con estudios superficiales y empezar directamente por ahí. Dejen de ver si las madres fuman, se drogan o beben alcohol durante el embarazo. Mejor averigüen si no se comieron un alfajor Mar de Oro en un viaje a Mar del Plata después del segundo mes.

3. Los tarados que hacen de policía a bordo
Siempre hay algún idiota que no entiende la dinámica del micro y se enoja porque reclinás el asiento, porque abrís la ventanilla, porque prendés el aire, porque lees con tu lucecita prendida, porque te levantás para hacer pis. Les cuesta entender que si el servicio existe, es porque está bien usarlo. ¿Para qué iría uno en un coche cama si no puede tirar el asiento para atrás?

4. Los nenes maleducados
Ya sé. Es un clisé. Pero es la verdad. Hay niños encantadores y niños maleducados. Niños graciosos y niños tontos. Niños rozagantes, bonitos, divertidos y niños grises y fuleros.
Si un nene es maleducado e insoportable tiene el deber moral de ser lindo. Un nene feo no puede darse el lujo de molestar. Así tu hijo es feo, o largo y flaco, o tiene más de seis años (a los seis años los varoncitos son medio bobos) tenelo atado con el cinturón de seguridad. No dejes que vaya a molestar al resto de los pasajeros con sus preguntas. No nos causa gracia que nos den un baybiscuit erosionado y empapado de saliva, ni que nos pregunte estupideces sin gracia con la nariz llena de mocos. Vos lo ves lindo. Pero sos vos. No es él. Él sigue igual de feo.

5. Las viejas que revuelven sus bolsos.
En todos los viajes hay una vieja muy organizadita y limpita que llevó doscientas cincuenta cosas en bolsitas de residuos adentro de un equipaje de mano: sandwichitos, revistas, medias, sweaters, manzanas, jugo, anteojos, guantes, servilletas y todos los elementos para preparar un mate. Cada vez que apagan la luz, la vieja necesita imperiosamente revolver sus bagayos inmundos haciendo un ruidito a bolsita que, como una cosquilla molesta, no te deja pegar un ojo. Miles de veces fantasee con agarrarle el bolso y tirarlo por la ventana. Todavía no lo hago. Pero estén alerta. Aunque si sigo aguantando es probable que junto a ese bolso roñoso, también tire a la vieja.

6. La gente que ronca.
Así como la gente con piojos u hongos no puede entrar a la pileta, los que roncan no debería poder viajar ni en micro ni en avión. Es una locura que nadie pueda dormir porque otro pasajero tiene fosas nasales peludas o se comió una carretilla de milanesas y no puede respirar bien. Para mí, el chofer tiene el deber de tirarlo al costado de la ruta al primer ronquido, como se echa a los ruidosos del cine o a los borrachos de los bares. La gente que ronca no puede viajar mezclada con gente. Que se trepen a un camión de ganado o se cuelen en un container.

7. El pesado que quiere una excepción.
Le dicen cinco minutos para bajar, se toma diez y retrasa a todo el mundo. Si el micro va a Retiro, pide por favor que lo dejen bajarse en Liniers. Si las valijas van abajo, el se carga un baúl con toda la ropa de invierno arriba, incomodando a todos los pasajeros. Si hace frío, pide que suban el aire acondicionado y cuando le ofrecen vino, coca cola, seven up, agua mineral o jugo de naranja el desgraciado pide guaraná, yogur bebible o grapa como si supiera qué cosas no hay. Es un molesto y debería ser abandonado en la última parada de un pueblo en Santiago del Estero.

8. Los vendedores ambulantes que se asoman como critters por la puerta del micro en las paradas.
Desde hace un tiempo ya no dejan que los vendedores suban al micro a ofrecer sus chirimbolos. Y como no los dejan subir, lejos de ir a buscar otros lugares, desarrollaron un método siniestro para seguir con su rotoso negocio de comestibles adulterados por el calor. De repente, en la mitad de la noche, en el silencio y la penumbra, meten sus demoníacas cabezas por la puerta y pegan un alarido feroz EMPAAAAAAAAAANDAAAAAA QUESODECABBBBBBBBRAQUESO DEVAAAAAAAAACAQUESIIIIIIIIIIIIIIIIIIIILLO y otras cosas que nadie quiere. Siempre me despierto aterrada y los veo con sus globos oculares brillando como bichos en la oscuridad y tengo la fantasía de que unas criaturas horribles se están metiendo por la ventana. Me van a agarrar muy dormida, les voy a meter una patada voladora y vamos a terminar en la comisaría del pueblo con todas las empanadas de membrillo destrozadas y los quesos sudando cuajo en el calabozo.

9. Los mendigos millonarios
Siempre hay un pasajero con delirios de millonario que todavía está traumado por su último viaje en avión. No contento con decir cuarenta veces “que el avión es otra cosa” y mostrar en su oficina las fotos del viaje que hizo a Cancún en el 92, ahora molesta a otros pasajeros con sus tilinguerías. Repite que él pago trescientos pesos cada veinte kilómetros mientras se roba las mantas, se enoja porque el chofer tarda mucho, pide que cambien la música, que le traigan champagne, que le den un asiento que se recline más, que le den un whisky con hielo, cubiertos de metal y quién sabe cuántas cosas más. Porque él no pagó el “micro más caro para esto” y cuando dice “más caro” siente que está diciendo “Sultán de Brunei”, “Trump towers”, “Revista Forbes”.

10. La gente con ganas de charlar

¿Qué clase de amiguiento peligroso busca conversación con un desconocido? Por el único motivo que yo podría llegar a hablar con otro pasajero es porque el micro acaba de volcar. Si no hay fuego y explosiones no tenemos de qué hablar. Quienes lo hacen me parecen lisa y llanamente unos enfermos.

Fuentes de Información

Tags: viajar | imagenes. | micro

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7 comentarios

@Crhis2278 Hace más de 5 años
@jpa1970 Hace más de 5 años
Que bueno, me gusto !!! te doy un 1 punto porque es todo mi Capital a esta hora !!!
@eldariouss Hace más de 5 años
De verdad no habias visto estas imagenes antes ????
@CientificoOlvidado Hace más de 5 años
eldariouss dijo:De verdad no habias visto estas imagenes antes ????


Crhis2278 dijo:
@senomar1234 Hace más de 5 años
muy buenas guri
@varelaaguanta Hace más de 5 años
moy bueno!
@fenixdark_74 Hace más de 4 años
muy buenooo !!