Consumos eran los de antes: los cambios en los

productos

que nos hicieron más infelices



Pá... los nostálgicos, esos que se quedaron en el '45, a los que acúsan de detener el progreso, pero la verdad es que todo consumo pasado fue mejor!

Por supuesto que no va a faltar el tilingo que quiera sostener lo contrario, en nombre de la ciencia o por simple defensa ciega del imperio del plástico, pero vamos a los ejemplos, a ver quién se anima a rebatirnos.

Consumo era lo de antes pa!

El tamaño de golosinas y otras cosas valiosas. Las galletitas Melba, tres o cuatro décadas atrás, tenían un tamaño tal que si uno tomaba una de ellas, despegaba un par de tapas y quitaba la crema de relleno, podía usar los discos para jugar en la playa. Hoy se achicaron tanto, que con la próxima reducción que le hagan ya van a poder ser guardadas adentro de una birome.

Lo mismo cabe para, por ejemplo, los alfajores Tatín, que a uno le podían sacar el hambre por un buen rato, y hoy es común que queden perdidos en una caries más o menos descuidada. ¿Y qué decir del querido pan dulce? Antes cualquiera pesaba un kilo. Hoy los jibarizaron a tal punto que a las pasas de uva te las entregan aparte, porque no caben dentro de la masa. Eso sí, en todos los casos los productos son más caros.



el consumo de antes

El papel higiénico. En los buenos tiempos, un rollo te duraba como mínimo 25 a 30 cagadas. Hoy con ocho o nueve ya tenés el tubo de cartón bailando solo en el ejecito ése del baño.

Pero además, enmariconaron tanto el tipo de papel, que te venden unos hasta perfumados y con dibujos de perritos (que son blanquitos pero los convertís enseguida en labradores jio jio jio), y ya no se consiguen más aquellos que eran ásperos como una lija número 5 pero venían con pedacitos de papel de diario pegados. Quizás era por algún defecto de fabricación, pero era apasionante, mientras uno garcaba, encontrarse con minúsculos fragmentos de palabras, y tratar de imaginar de qué habría tratado la nota.


el consumo de antes II

Los ventiladores. Los hacían metálicos, y comprarlos era para nuestros viejos una operación tan estudiada como adquirir un auto. Sí, es verdad, tenían cero onda en el diseño, y tendían a ser más bien lúgubres, pero terminaban formando parte de la familia y vos te criabas con ellos.
Eran cómplices insobornables en las pajas del verano, y a veces testigos de tus primeras metidas de mano o empomaciones con alguna vecina. Terminabas queriéndolos como a entrañables mascotas.

Pero hoy, ¿qué mierda de relación podés establecer con un venti soretoso, todo de plástico, que dura un año y medio y después se autodestruye como la cinta de Misión Imposible? Además, ¿qué respeto te puede insprirar un artefacto que viene en una caja chiquita y que tenés que armar vos como si fuera alguna de esas porquerías que traía la revista Anteojito?


el consumo de antes III

Los sifones. Sólo una sociedad desquiciada como la nuestra puede aceptar que ahora la soda se tome en botellas PET o en sifones de plástico!

En las décadas de las tetas de carne, los sifones eran de vidrio, y algunos traían una especie de blindaje de metal que los hacía parecer gladiadores listos para matar y morir. Uno, ya para los cuatro o cinco años, estaba enterado de varios hechos de gente despedazada por explosiones de sifones. Entonces, llevarle uno al viejo para que rebaje el tinto, o usarlo uno mismo para hacer que el jugo concentrado de naranja pareciera una gaseosa, era una aventura que generaba más adrenalina que una película de Hitkotch.



ni ganas de poner tags...xD

Las revistas porno. ¿Quién no tenía un tío viviendo en la casa o un hermano mayor al que se le descubrían revistas porno guardadas bajo el colchón o en rincones de armarios? Verlas era descubrir que el mundo tenía más de tres dimensiones. A los doce o trece, el tema impactaba tanto que las cuatro o cinco fotos que uno atinaba a ver (antes de esconder todo de nuevo, por terror a ser descubierto) quedaban grabadas en la cabeza y eran proyectadas una y otra vez las 24 horas del día.
Hoy, con internet y series "para chicos" en las que la TV cuenta conflictos infantiles más complicados que los que tenía Rolando Rivas en los '70, los pibes de 10 años ya no se interesan en el tema. Directamente alquilan de manera clandestina departamentos en los que se clavan a las mujeres casadas que se levantan en los chats.




Consumo era lo de antes pa!

Los soportes musicales. Ya lo dijo el lector Cristian en un post. No es lo mismo, para nadddda, salir hoy de una "disquería" con un CD en la mano que lo que era antes salir con un flor de disco de vinilo bajo el brazo. Y eso sin contar con el hecho de que uno, al andar por ahí con el CD comprado, queda como un pelotudo por no habérselo bajado gratis de la web.

Pero además, el disco generaba todo un ritual y otro tipo de relación. Para empezar, el disco nuevo tenía un olor. A disco nuevo, justamente, y eso era impagable, como el brillo virgen del vinilo, que uno disfrutaba moviéndolo en diferentes ángulos bajo el velador.

Y después estaba el amor por ese disco, que se iba construyendo como el de una pareja. Al principio era pasión. El disco jamás iba a tener mejor sonido que en la primera pasada. La tercera no iba a ser tan buena como la segunda, y así seguía la cosa, como la vida misma. Pero así como la fidelidad se iba yendo a medida que la púa del tocadiscos (toda una metáfora del tiempo) hacía su laburo, las canciones adquirían otra dimensión, más querible.

Se aprendía, además, la tolerancia. No todos los temas del disco eran buenos, pero no había control remoto, ni tecla skipp, y la comodidad de escucharlo tirado en la cama tenía el precio de tener que escuchar todos los temas tal cual estaban ordenados. Entonces, con las canciones que uno al principio no tragaba, venía la otra enseñanza: es verdad que el amor puede llegar con el tiempo.



el consumo de antes

Las pelotas. Que te compraran una pelota era un momento glorioso. De más grande, sólo el placer de coger una mina nueva se le podía comparar. La pelota nueva, así fuera uno de esos infames huevos que fabricaba la marca Top-Gol, era una fiesta del alma. Te dormías pensándola, te despertabas con ganas de mirarla y tocarla de nuevo.

Hoy una pelota nueva, para cualquier chico, es una emoción tan neutra que no entendés qué mierda pasó en el mundo. Es más, ¿podés creer que tampoco se maravillan viendo cómo funciona el camión regador?

¿Qué otros consumos degradados y/o destruídos anotarías?



Fuente: http://www.angaunoticias.com.ar/variete/1030-consumosdeantes.html

Damiancv45