La fábula de los tres cerditos

La fábula de los tres cerditos (invierno - primavera 2000 remix)

Había una vez tres cerditos, que eran hermanos, y se llamaban: Ricardo, Adrián y Gerardo. Pero estos no eran tres cerditos cualesquiera, el menor de los hermanitos, Adrián, conocido como "el facha" era borracho, falopero y desayunaba con anfetaminas. El más grande, Gerardo, conocido como "el ruso" era judío, fascista y usurero. Y también estaba Ricardo, conocido como "Ricky" que era puto y comunista.
Estos tres cerditos vivían tranquilos y medianamente felices en un pequeño pero cómodo chiquero repleto de barro y mierda, junto con su madre y su padre. Una vida cuasifeliz. Hasta que un día, sus padres, imprevistamente para ellos, pasaron a mejor vida: fueron hechos jamón. El horror llenó los ojos de estos tres pobres cerditos, y a partir de ahí el dolor les hacía derramar alguna lágrima cada vez que veían un jamón. Estos indefensos animalitos quedaron solos y tristes a merced de la vida, a la cual ya no le guardaban ninguna simpatía. Hasta que un día decidieron huir del chiquero, presagiando que su suerte no iba a diferir mucho de la de sus padres.
Y esa misma noche, bajo una sorprendente claridad, producto de la luna llena, huyeron, como lo habían planeado, hacia el bosque. Y mientras huían soñaban con su libertad, algo demasiado complejo para ellos, no sabían de que se trataba por que jamás habían oído hablar de libertad, sólo conocían el chiquero, repleto de barro y bosta, allí eran felices con sus padres, pero sin estos todo se veía muy diferente. No les hizo falta pensar demasiado, su instinto los impulsaba hacia el bosque, quizás era el llamado de sus antepasados ya muertos, aquellos jabalíes salvajes que vivían felices y libres en tiempos remotos.
Se internaron en el bosque, pobres cerdos domesticados, lo recorrían con suma dificultad ya que sus pequeños cuerpecitos no estaban acostumbrados a transitar terrenos de ese tipo, huyeron durante largo rato hasta que llegaron a un claro, en medio del bosque, donde se tiraron a dormir, exhaustos, bañados por la suave y pálida luz de la luna.
Despertaron al día siguiente, muy temprano, al igual que el resto de los animales del bosque. A ninguno de estos animales parecían molestarle los tres cerditos, los cuales se asombraron por la belleza del paisaje, la paz y la armonía que allí reinaban. El suelo era verde, un hermoso pasto lo cubría todo, también había grandes árboles repletos de frutos y flores de todos los tipos y colores, todo esto cruzado en medio por un arroyo de agua limpia y cristalina, la orilla era bastante alta, salvo en un lugar en el que descendía como una rampa, donde todos los animales iban a beber o a bañarse. El paisaje llenó sus ojos y entonces decidieron (si es que se le puede llamar así a la reacción natural de su instinto) quedarse a vivir allí. Ahí podían hacer todo lo que deseaban, todo lo que su instinto les reclamaba, y eso estaba bien.
Así comenzaron, tímidamente, a relacionarse, a su manera, con el resto de los animales. No tuvieron demasiados problemas para adaptarse a su nuevo hogar; Ricky, puto y comunista, intercambiaba favores sexuales por comida o alojamiento, al Facha no le importaba nada, comía lo que encontraba tirado por ahí y dormía en cualquier lado, lo único que hacía todas las mañanas era ir hasta donde estaban las flores de floripondio y aspiraba su polen, así se quedaba todo el día alucinando, tirado en cualquier lado. Dormía a la intemperie, inclusive en noches de tormentas furiosas, ya que estaba tan duro que no sentía nada, también comía cualquier cosa, ya que estando tan duro los sabores no existían para él. Y Gerardo, el Ruso era un caso aparte, judío, fascista y usurero, no tuvo ningún problema en adaptarse al nuevo lugar, los que si tuvieron problemas para adaptarse a él fueron el resto de los animales del bosque.
Detalle más, detalle menos, fue esto lo que sucedió: el Ruso, mediante ramas caídas de arboles que recogió del piso y con una cuerda que encontró tirada comenzó a cercar una pequeña porción de bosque, dentro de ese cerco quedaron los árboles que daban frutas, las flores comestibles y la única parte del arroyo que tenía la orilla en forma de barranca, o sea, el único punto por el cual se podía acceder al agua. Los animales del bosque observaron al Ruso realizar esto con gran asombro, no entendían lo que ese cerdo estaba haciendo, y mucho menos cuales serían las consecuencias. Una vez que hubo terminado de cercar, un ciervo intentó cruzar el cerco para ir a beber del arroyo, entonces el Ruso le negó la entrada, diciendo:
- No, disculpe, Sr. Ciervo, pero no le he dado permiso para que ingrese a mi propiedad.
- ¿Propiedad? ¡Pero si el bosque no tiene dueño!
- ¡Por eso mismo!
- Por eso mismo... ¿qué?
- Déjeme explicarle, señor ciervo, como usted bien dijo, el bosque no tiene dueño, y como usted, tan inteligente que parece, debe saber: las cosas no son de "nadie" hasta que alguien las reclama o se las apropia.
- Si, eso es verdad, pero...
- Pero nada, amigo ciervo, yo me he apropiado de esta porción de bosque, me pertenece a partir de este momento. Y punto.
- Pero es que el agua, los frutos y todo lo que necesitamos está en la porción de bosque que usted recientemente ha adquirido.
- No se preocupe. Podemos hacer un trato.
- ¿Un trato? ¿Qué trato?
- Y, bueno, cada uno de ustedes me puede dar algo ha cambio de que yo los deje entrar aquí a comer, beber o bañarse. Sería un trato justo ¿o no?
Y así fue que el Ruso fue construyendo su casa, dejaba que los animales entren a su propiedad a cambio de ramas, o de que con esas ramas le vayan construyendo su casita. A los pocos meses el Ruso ya tenia listo su hogar hecho de troncos de arboles muy fuertes, muy cómodo y confortable. Entonces aquí, los "favores" que los animales debían hacerle al Ruso cambiaron, ya que este tenía su casita lista, por eso empezó a solicitar que se la limpiaran, que le cocinaran, en fin, que le mantuvieran todo en orden a cambio de poder ingresar a su propiedad para comer, beber o bañarse.
Todo marchaba bien y parecía funcionar a la perfección hasta que una mañana el terror llenó los ojos de todos los pobres animalitos del bosque. Al despertarse temprano, como todos los días, vieron un paisaje tan triste como horrendo, contra un árbol, despedazado y sin vida yacía unos de los ciervos más jóvenes de la manada.
Todos quedaron estupefactos, no creían lo que veían, ¿qué clase de criatura había sido capaz de matar y devorar casi completamente a ese ciervo? No había respuestas, todos estaban asustados, Ricky sobre todo.
Ese día el bosque perdió todo su encanto, el mundo se volvió grosero, el horror lo llenó todo, el silencio lo hizo más angustiante. Sabían bien que ninguno de ellos era capaz de realizar semejante acto.
Ese día fue largo y confuso. Y la noche eterna sin poder dormir. Pensando, conjeturando, suponiendo... hasta que un grito ahogado rompió la noche. Todos acudieron de inmediato al lugar desde el cual se había oído el grito. Vieron a un lobo feroz y a la barra brava de Gimnasia y Esgrima La Plata devorando sin piedad a un pobre alce, cuando el lobo y los barra bravas se percataron de la presencia de los animalitos indefensos del bosque comenzaron a perseguirlos en busca de otra presa, entonces el caos reinó en el bosque, todos huían en cualquier dirección.
En medio de las corridas una ardilla y un pato cayeron muertos debido a los terribles ataques del lobo y sus amigos.
El Facha corría desesperado de un lado para otro, sus pequeñas y gorditas patitas eran demasiado lentas, cayó al suelo en medio de un remolino de animales y ahí, uno de los barra bravas le clavó un puaso que por suerte no alcanzó a herirlo de muerte. Sangraba de un costado el pobre Facha, pero como estaba tan drogado no sentía el dolor, eso le ayudó a seguir, entonces lo vió a su hermano Ricky, corriendo para refugiarse en una cueva, él hizo lo mismo, corrió hacia la cueva, para salvarse.
El Facha entró en la cueva, no veía nada, estaba oscuro, se quedó quieto, olió a su hermano, se acercó a él y... de repente todo fue un infierno, los barra bravas entraron con antorchas, todo se iluminó rojo de fuego, varios animales ardieron, Ricky y el Facha lograron escapar milagrósamente, una vez afuera, bañados por la débil luz lunar, una idea se metió en sus cabecitas: ¡A la casa del Ruso! No lo pensaron un instante más, corrieron hacia allá, lo más rápido que pudieron. El Ruso observaba todo por la ventana, cuando vio a sus hermanos acercarce corrió para abrirles la puerta.
Una vez dentro los hermanos respiraron aliviados. Se sintieron a salvo.
Afuera los gritos eran desgarradores, pasaron algunos minutos hasta que un extraño silencio invadió todo. El Ruso, Ricky y el Facha se asomaron por una ventana, pero no vieron nada, todo parecía tranquilo, oscuro y tranquilo. Sintieron un profundo alivio. Todas las puertas estaban cerradas y las ventanas, por suerte, tenían rejas.
Cuando parecía que la calma había retornado, el caos peor dió comienzo: el lobo y los barra bravas comenzaron a arrojar piedras hacia la casa del Ruso. Una intensa pedrada que, naturalmente, sólo causó daños superficiales en la propiedad protectora.
El asedio con proyectiles no cesaba. Los vándalos parecían no cansarce, atacaban sin tregua.
En medio de esa lluvia de piedras el ruso sonrió, tenía un plan, se lo contó a sus hermanos, y decidieron ponerlo en práctica de inmediato.
Una bandera blanca se asomo por una de las ventanas de la casa, al instante el lobo dió la orden de alto el fuego. La pedrada cesó. El lobo se acercó a la puerta, el ruso salió dispuesto a discutir los términos de la rendición.
- Tengo una propuesta - dijo el ruso.
- Te escucho - contestó el lobo.
- Nosotros les ofrecemos algo a cambio de que no nos hagan daño y se vayan - el lobo no dijo nada, pero le respondió con una mirada intrigante.
Entonces el Ruso siguió:
- Nosotros te dejamos entran a nuestra casa, pero sólo a vos, y te preparamos una buena cena, algo mucho más sabroso que si te comieras a estos pobres cerditos. Podríamos prepararte, por ejemplo, un rico guiso hecho con las mejores partes de los animales que ustedes han matado y que están tirados en el bosque.
- Acepto - dijo el lobo sin dudarlo un instante. Entonces le dijo a los muchachos de la barra brava que podían retirarse.
Entró a la casa del Ruso donde los tres cerditos lo esperaban para recibirlo muy cortésmente. Lo invitaron a sentarse mientras le preparaban un guiso hecho con los restos de los animales muertos, luego le sirvieron un abundante plato de ese guiso, el lobo lo devoró con fruición, en un instante ya lo había terminado. Apenas dió el último sorbo, se desmayó. El guiso estaba narcotizado con el polen de una de las flores que el Facha aspiraba todas las mañanas. Una vez que los tres cerditos se aseguraron de que el lobo estaba completamente sumergido en un profundo letargo, lo ataron, lo violaron por todos lados, le llenaron el culo, la boca, las orejas y hasta la nariz, de leche, después lo lavaron bien y lo metieron en una olla, lo cocinaron vivo, a fuego lento.
Esa noche todo volvió a estar en paz, la suave luz de la luna acarició el bosque y los animalitos comieron felices la sopa más rica que jamás habían probado: Sopa de Lobo Feroz.

La fábula de los tres cerditos

Fuente: http://flores-negras.com.ar/

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3 comentarios - La fábula de los tres cerditos

@dispachers Hace más de 4 años
ponele mas imágenes que si no te lo van a denunciar de humor escrito
@adripolo Hace más de 4 años
@teorack Hace más de 4 años
prosa