Algunos grupos de especialistas alegan que el exceso de testosterona interrumpe el riego sanguíneo, el cerebro se queda sin su combustible natural y las posibilidades del hombre se reducen a un mínimo. Es decir; queda "en piloto"Conocé cómo funciona el cerebro del hombre
Este exceso de testosterona se produce cuando el hombre se siente profundamente atraído por una mujer y el resto del mundo pasa a un segundo plano. Este fenómeno suele aparecer en la pre-adolescencia, para profundizarse en la adolescencia, mantener vigencia y disfrazarse en la plenitud, para finalmente convertirse casi en una enfermedad en la madurez y otra confusión en la vejez.


Cabe destacar que la mencionada atracción puede darse con cualquier mujer. Es decir; una mujer amada, conocida, odiada, desconocida, que está en la TV o simplemente ser imaginaria, de plástico o animada. En síntesis, el cerebro del hombre se encuentra casi toda su vida útil "en piloto"; con cortos segmentos de lucidez. Estos pequeños tramos suelen utilizarse para lograr éxito laboral, analizar eventos deportivos o políticos e inventar excusas. Este último punto es fundamental.


Históricamente, al hombre no le gusta discutir con su pareja en otro momento que no sea en estos segmentos de lucidez. Para lograrlo, recurre a excusas ya programadas como: "Estoy mirando el partido", "está por empezar el partido", "recién termina el partido", "tengo que ir a trabajar", "estoy trabajando", "recién llego de trabajar", "estoy comiendo", "estoy por comer" y ya se pueden imaginar el resto.


Finalmente, cuando decide que está en condiciones de discutir, es porque su cerebro le dio el OK y ya está listo para inventar las excusas más disparatadas y así refutar los más complejos argumentos femeninos. Si esas increíbles historias no son suficientes y su cerebro avisa que se retira de la conversación, el hombre suele apelar a frases programadas que lo ayuden a llevar a cabo lo que comúnmente se conoce como "hacerse el boludo": "Vos siempre le buscas la quinta pata al gato", "ya está, no voy a discutir todo el día", "está bien, tenés razón, pensá lo que quieras" o bien se ofende y se va a dormir.


Pero este fenómeno no sólo ocurre en la vida amorosa del hombre, sino también en la laboral. Para advertirlas de la mejor manera, en la sección "excusas" hay que observar con algo de atención al obrero a la hora de responderle a su jefe. En tanto, a la hora de "hacerse el boludo", más vale fijarse en el jefe: dos órdenes, una puteada y retirada (el orden de los primeros dos factores no altera el producto).


Aunque parezca poco, realizar tantas actividades con un cerebro "en piloto" y aprovecharlo cuando está activo, agota todos recursos. Por lo cual se entiende perfectamente cuando el hombre pierde los estribos a la hora de manejar o ver manejar a su pareja. Además se explica su actitud de desgano permanente y la indiscriminada y sistemática descarga de gases; así como también su autismo a la hora de comer o mirar TV y su incapacidad para retener una premisa, planchar una prenda o cambiar el rollo de papel higiénico.


A mitad de la nota, una infografía para ayudar a comprender aún más al cerebro del hombre.