Num.1:La Circunsicion: Murió Jaimito y a punto de hacerle la autopsia los médicos se dan cuenta que tiene un tatuaje en el cual portaba su último deseo:
Al morir deseo que me hagan la circuncisión.

Siendo esto su ultimo deseo, proceden a practicarle la cirugía.

Al retirar la piel del miembro y terminar el último deseo de Jaimito, descubren otro tatuaje con otro mensaje que decía:

PARA QUE VEAN QUE AUN MUERTO ME LA SIGUEN PELANDO,

Atte. Jaimito.
Grandes Chistes de "Jaimito"
El trapo: Jaimito entra al cuarto de su mamá, la ve desnuda y le ve el vello pubico. Entonces pregunta:

- ¿Qué es eso, mamá?
- Es el trapo con el que limpio.

En esto a la mamá la operan y se lo rasuran entero. Jaimito, por casualidad vuelve a entrar a su habitación, la ve y le vuelve a preguntar:

- ¿Y tu trapo?
- Es que se me ha perdido.

A los pocos días, regresa Jaimito y le dice a su madre:

- ¡Mamá, mamá! ¡Ya he encontrado tu trapo!
- ¿Pero dónde, hijo?
- ¡La sirvienta lo usa todos los días para lavar la cara a papá!
Solo


Funcionarios de Correos
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Había un hombre que trabajaba en la oficina de correos, cuyo trabajo era procesar las cartas que traían la dirección ilegible.

Un día llegó a sus manos una carta que traía escritura temblorosa y que iba dirigida a Dios, pero no tenia dirección alguna. Como esa carta no iba a ir a ningún lado, decidió abrirla para ver de qué se trataba. La carta decía así:

Querido Dios: Soy una viuda de 84 años que vive de una pequeña pensión. Ayer alguien me robó el monedero, que tenía 600 euros. Era lo que me quedaba para el mes, y ahora voy a tener que esperar hasta el mes que viene. No sé qué hacer.

El próximo domingo es Navidad y había invitado a dos amigas mías a cenar, pero sin dinero, no tendré qué ofrecerles; no tengo ni comida para mí. No tengo familia y eres todo lo que tengo, mi única esperanza. ¿Me podrías ayudar? ¡Por favor!

Sinceramente, María.

Fue tal el impacto que la carta causó al empleado postal, que éste decidió mostrarla a sus compañeros de trabajo. Todos quedaron sorprendidos, y comenzaron a buscar en sus bolsos y carteras. Al final de la tarde habían hecho una colecta de 520 euros. Los guardaron en un sobre y lo mandaron a la dirección de María.

Esa tarde, todos los empleados que cooperaron sintieron un rico calorcito en el ambiente y una sensación de satisfacción que no experimentaban desde hacía mucho tiempo, sabiendo lo que habían hecho por María y sus amigas.

Llegó la Navidad y, como vino, se fue. Algunos días después de la Navidad, llegó a la oficina de correos otra carta de María. La reconocieron inmediatamente por la escritura y porque iba dirigida a Dios. La abrieron y todos, con curiosidad, leyeron lo que decía:

Querido Dios: Con lágrimas en mis ojos y con todo el agradecimiento de mi corazón te escribo estas líneas para decirte que mis amigas y yo hemos pasado una de las mejores Navidades de mi vida. Y todo por tu maravilloso regalo. Debes saber que siempre hemos sido fieles a tus mandamientos. Tal vez esa sea la razón de tu benevolencia con nosotras.

¡Gracias, Dios!

Por cierto, faltaban 80 euros. Seguramente se los quedaron esos hijoputas de Correos...