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la Petiperra

Nadie puede poner en duda la vocación de servicio de un Ovejero Alemán, la bondad y docilidad de un Border Collie o la desinteresada lealtad de un San Bernardo. No en vano estas fieras cuadrúpedas son reconocidas como el mejor amigo del hombre.

Sin embargo, también es justo admitir que los perros de menos de 5 kilos son histéricos y demandantes como ellos solos. A las pruebas me remito: si un Chihuahua, un Caniche o un Yorkshire Terrier no está en brazos, seguramente está arañándonos la botamanga o aturdiendo a todos con su estúpido ladrido.

Y las petiperras son iguales, pero apenas más sutiles. Identificable por su exhuberancia compactada y una altura a la cruz siempre inferior al metro sesenta, la petiperra está empecinada en hacer absolutamente todo lo que esté a su alcance para captar la atención de los hombres.

De más está decir que no todas las menuditas son petiperras, pero la existencia de esta tipología es -a esta altura- innegable, y mi hipótesis es que hay un condicionamiento genético que relaciona, de manera inversa, el tamaño de ambas especies con sus necesidades de atención.

En su trato con los hombres, la petiperra siempre es confianzuda, toquetona y franelera. Esta circunstancia, sumada a la tendencia de las petiperras a envasarse el culo al vacío con pantalones ultra adherentes a los que no podemos quitarles los ojos de encima, genera en sus congéneres la antipatía más sincera y visceral.

¿Qué mujer no odia en el fondo a las petiperras?

¡Y no es para menos! A pesar de sus contenidas dimensiones, la petiperra es una amenaza de considerable magnitud. Como el veneno, que sólo viene en frasco chico, o como la bomba atómica, que con apenas 1 gramo de uranio armó terrible quilombo.

Las detractoras de las petiperras van a decir que estas tienen el porte de un cordero asado. Es cierto. Pero también hay que reconocer que las petiperras fueron bendecidas con el don de la eterna juventud. Por razones que desconozco, estos seres minúsculos no envejecen hasta pasados los 40; muchas coleccionan peluches hasta la llegada de la menopausia; y otras tantas suelen impostar un hablar aniñado que nos hierve las hormonas, imitando inlcuso las expresiones y terminologías de “Patito Feo”, “Casi Ángeles” y otras tiras juveniles.


Mujeres que hay que Conocer Antes de Morir

Como corolario de su inmadurez, la petiperra sólo establece vínculos duraderos con vagos, alcohólicos o dementes bipolares que la maltratan física y psicológicamente. Estas relaciones, que le permiten prolongar su adolescencia indefinidamente, terminan siempre -denuncia policial mediante- con episodios de violencia doméstica, escraches en el ámbito laboral, amenazas de muerte o trabajos de magia negra.

Karina tenía 35, pero de alguna manera era la más joven de su grupo de amigas, que promediaba los 24. Con ella estuve tres semanas en las que envejecí como 10 años. No sé si la aburrí o si la salud no me dio para más pero fueron sólo tres semanas. Como esas bandas de un sólo hit que suenan en la radio y al principio te parten la cabeza, pero después te rompen un poco los pelotas. Por algo un single se convierte en hit. Tiene algo. Pero no es un long play.