DEFECACION
La defecación es el proceso biológico de eliminación de las heces.

Después de haber pasado por el intestino delgado y grueso, el quimo ya es materia fecal, por lo que va a almacenarse en el colon para luego desecharse. Hay varias "válvulas" para mantener las heces hasta la hora de la defecación. Ya acumulada la materia suficiente, el sistema parasimpático relaja el esfínter interno del ano (involuntario), que va a traer como reflejo la constricción del esfínter externo (voluntario) y la tensión del músculo elevador del ano. Junto con ello viene la necesidad de defecar.

defecar es saludable

El músculo elevador del ano produce un ángulo entre el recto y el mencionado orificio, que es como cuando se dobla una manguera (se cierra el paso de la materia al cerrar el conducto). Al momento de defecar, el esfínter externo se relaja voluntariamente y el músculo elevador del ano se relaja dando lugar a un cambio de 90° a 15° entre el recto y ano. Esto permite la evacuación de las heces. Para todo esto, debe de haber algo que empuje, y es de lo que se encarga la presión intraabdominal. Al tensar los músculos de las paredes abdominales (pujar) se incrementa la presión abdominal y se termina evacuando.
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La regulación se debe a la actuación de varios componentes del sistema nervioso. En un primer momento es el sistema nervioso entérico el que ante la distensión del recto por la llegada de las heces estimula los movimientos peristálticos en masa del intestino grueso. También se estimula al sistema parasimpático para la relajación del esfínter interno, a través del nervio sacro. Finalmente es la corteza cerebral de forma voluntaria a través de los nervios pudendos la que relaja el esfínter externo. Si conscientemente se reprime el reflejo de la defecación, las señales del parasimpático cesan, y no se repiten hasta que no vuelvan a producirse más movimientos en masa, especialmente después de las comidas. Los animales que carecen de control voluntario tienen un reflejo gastrocólico

Origen evolutivo

Parece que la aparición de seres pluricelulares con tubo digestivo desarrollado se remonta a más de 1600 millones de años atrás, si atendemos a la interpretación y a las dataciones de los descubrimientos de Rasmussen y colaboradores en las areniscas de Chorhat.

Existen fósiles que evidencian que ya en el periodo Vendiense, hace 570 millones de años, algunos gusanos evolucionaron hacia una solución de continuidad en su tubo digestivo, alguno de los cuales en su desarrollo embrionario da lugar a la boca (protóstomos) mientras que en otros da lugar al ano (deuteróstomos), que permitiera defecar al mismo tiempo que se ingerían alimentos.

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La formación de heces comporta un tratamiento de los desechos que tras su almacenamiento y compactación hace que la materia orgánica expelida alcance un volumen suficiente como para hundirse rápidamente hacia los fondos marinos, donde no abundaba el oxígeno ni las bacterias capaces de aprovecharla por respiración.

Nick Lane, en su libro Oxygen, cita un inteligente artículo publicado en Nature en 1995 por Graham Logan et Al en el que se expone que el aumento del tamaño medio de las masas orgánicas provocada por la aparición de la defecación pudo ocasionar un enterramiento masivo de materia orgánica en los sedimentos, al hundirse más rápidamente en el mar, su posterior retirada del ciclo del carbono y como consecuencia, una acumulación sin precedentes del oxígeno en la atmósfera, que según esta teoría no provendría exclusivamente de la fotosíntesis

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