Luz y Movimiento

Diez Imágenes Para Reflexionar

Estamos rodeados de Luz, es más, somos parte de la Luz, estamos hechos de Luz.
También estamos inmersos en el Movimiento continuo, permanente, de la Vida. Nos rodea, nos compenetra, nos permite vivir en la Vida, estar vivos.
Somos Luz y Movimiento.
Tan sólo tenemos que ser conscientes de ello, porque los problemas que vivimos son consecuencia de la inconsciencia, de vivir en la oscuridad, y de generar movimientos que no sintonizan con el Movimiento original de la Vida.
Por ser Luz somos creadores, pero como también poseemos una relativa libertad, podemos crear sin partir de la Luz. Entonces nuestras creaciones se vuelven contra nosotros y contra nuestro entorno.
Si nos faltara la Luz no podríamos vivir. Si se detuviera el Movimiento todo quedaría suspendido en la nada.
Pero también podemos existir en la Luz y estar muertos en la vida, en la expresión, porque no generamos Luz, porque no transmitimos Luz.
No hay mayor engaño que creer que se está vivo cuando en realidad no nos comportamos como hijos de la Vida, como exponentes de la Vida, como vidas que emiten Luz, porque la realidad es que se está prisionero de un movimiento circular basado en la inercia y provocado por una actitud egoísta.
Estamos rodeados de ejemplos que nos sirven de referencia.
Una bombilla está “viva” cuando emite luz, cuando es consecuente con la razón de su existencia. Por su interior circula el movimiento de la electricidad y, como consecuencia, emite luz. Si deja de emitir luz es porque en su interior se rompió la unidad.
¿A quién le interesa una bombilla que no emite luz? ¿Para que sirve?
Estamos hechos de Luz, pero podemos anularla con nuestro comportamiento egoísta.
Entonces la Vida, en nosotros, se transforma en muerte.
Debemos observar a nuestro alrededor, en la Naturaleza, el movimiento de la Vida.
Porque somos parte de esa Naturaleza, de esa Vida, y estamos sujetos a las mismas Leyes.
Somos un Todo en permanente Movimiento en la Luz.
No existe la parte separada, excepto en la mente egoísta e individualista del hombre.


La ventana de la mente

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El ojo humano. Una maravilla de diseño. Una ventana que enlaza dos mundos, que comunica el exterior y el interior, que los relaciona, que los implica, que los enriquece.
Su estructura, compleja y a la vez sencilla, nos muestra un sin fin de paralelismos con el Cosmos y sus misterios.
Si nos fijamos en la pupila, vemos un sol, una estrella, pero que en vez de luz radiante posee luz oscura, que es la luz del interior, que es la energía que predomina en el Universo.
También podría ser un agujero negro que se traga todo lo que hasta él llega, incluida la luz, pero… ¿No es eso lo que hace el ojo? ¿No convierte la luz en impulsos eléctricos que envía al cerebro?
En el iris se refleja una ventana, pero esa es otra ventana, la que comunica con el mundo externo, el mundo donde la Vida experimenta, el mundo donde hacemos las prácticas y donde aprobamos o suspendemos.
Y el ojo nos guía a través de ese mundo siempre cambiante, siempre en transformación, recogiendo imágenes, grabando experiencias, transmitiendo sensaciones.
Alrededor del sol negro, o del agujero negro, existe un universo cambiante, una sinfonía de colores, de brillos, de matices, de misterios.
Si actúa como sol, irradia hacia el mundo externo la vida, la esencia, la inteligencia, la expresividad de quien existe detrás, en la profundidad.
Si actúa como agujero negro absorbe hacia el interior todo lo que le rodea, siendo luego la mente la que clasifica, la que separa lo útil de lo inútil, lo que interesa de lo que no.
Y ese movimiento dentro-fuera, fuera-dentro, se produce en un tiempo sin tiempo, sin pautas ni esquemas, automático.
Es la mente la que lo dirige, la que lo maneja.
Podríamos decir que el ojo es la ventana de la mente, el instrumento por excelencia de la mente.
Pero también es una copia en miniatura del funcionamiento del Cosmos, porque somos un microcosmos, unas criaturas hechas a imagen y semejanza del Creador.
Y estamos aquí para aprender, para enriquecernos y tratar de hacernos sabios.
Aprender, por tanto, implica saber utilizar el ojo y sus funciones, saber dirigir la mirada hacia aquello que nos atrae para extraer de ello su esencia, la sabiduría implícita en todo lo creado.
Implica saber observar.
Saber Mirar para saber Ver. Saber Ver para saber Comprender.
Pero saber Ver es captar lo que Es en lo que miramos, no lo que suponemos, interpretamos, creemos o deducimos.
Aprender a Ver es aprender a Observar. Sin condiciones. Sin poner en ese acto nuestros prejuicios. Sin “manchar” la visión con nuestro criterio.
Observar con Pureza para Ver con Verdad.
Y aprender también significa saber emitir a través de nuestra mirada la energía que somos, nuestra esencia, nuestra naturaleza, nuestros sentimientos, nuestra fuerza.
A través de una mirada se puede transmitir el alma, y también los infinitos matices de la mente.
Y todo ello puede ser porque existe esa maravilla que llamamos ojo.
Pero aun hay más, mucho mas, oculto en esa preciosa máquina y en su correcto uso como ventana de la mente.
Búscalo, observa tus ojos como nunca lo hiciste, descubre el poder que hay en ellos, pero, sobre todo, quieras o no, ten presente que siempre te delatarán, que te mostrarán tal como eres, tal como piensas, tal como sientes.
Así es y está bien que así sea.


'Y sin embargo, amanece'

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Sí, amanece todos los días. Y, lo más importante, lo hace sin tenernos en cuenta, sin depender de cómo hemos pasado la noche, sin contar con nosotros, vamos. Lo que ES funciona solo.
Pero, es curioso, no nos paramos a reflexionar sobre ello. Lo consideramos normal y punto.
Solo que si eso es lo normal, lo que entonces es anormal es que no tengamos en cuenta que tenemos una nueva oportunidad de renovarnos, de aparcar aquello que no nos beneficia, de comenzar aquello que tantas veces nos propusimos comenzar, de mirar a nuestro alrededor y ver, de VER, no de mirar, a los demás, de reconciliarnos con la vida y de reflexionar si la nuestra, la de cada uno, es auténtica.
El Sol, nuestra estrella de la vida, y la Tierra, nuestro barco para navegar por el océano cósmico, nos ofrecen, un día más, todo lo que son, que es mucho, todo lo que necesitamos para vivir.
Pero, ¿Dónde están nuestras mentes? ¿Están sintonizadas con la fuente de la vida o están errantes, prisioneras y esclavas de nuestras ambiciones, deseos o miedos?
¿Cómo serían nuestras vidas si cada amanecer sintonizáramos nuestras mentes con el Sol y con la madre Tierra? Seguro que mejores, más equilibradas, más serenas y más auténticas.
Pero la realidad no es esa, por eso amanece pero no se hace la luz en nuestro interior como se hace en nuestro entorno planetario. Vivimos encerrados en nuestra burbuja egoísta y aislada.
Hay luz fuera, pero seguimos a oscuras dentro.
A pesar de todo siempre amanece. El Sol y la Tierra no se cansan de darnos oportunidades para conectar con la verdadera Vida, la que parte de ellos, la única que nos sirve.
Como somos libres por diseño, tomamos nuestras decisiones y decidimos seguir a oscuras. Y ni siquiera nos paramos a pensar si es lo correcto. Eso si, siempre nos quejamos, como si alguien tuviera la culpa de lo que nos sucede.
No nos paramos a pensar que el Sol sale para todos y que la Tierra no hace diferencias entre sus hijos.
Pero, a pesar de todo, amanece todos los días.
¡Cuánta generosidad por su parte a pesar de no ser correspondidos!


Desequilibrio

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Equilibrio es sinónimo de armonía, de salud, de que todo funciona correctamente.
Lo contrario, el desequilibrio, indica enfermedad, nos avisa de que algo no funciona, es una señal de alarma.
El planeta lleva mucho tiempo con la luz roja encendida. El desequilibrio es manifiesto, y no en lugares concretos, sino en todas partes.
El planeta está enfermo, muy enfermo. Los científicos lo saben, hace mucho tiempo que lo saben, pero la mayoría, o los que más pueden hacer y decir, están comprados por los que sólo miran sus intereses. Han vendido su alma al diablo, o mejor, su dignidad al dinero.
Los ciudadanos también lo sabemos, o al menos una parte de los ciudadanos, porque otra prefiere esconderse en la simpleza, en la banalidad.
También existe un grave desequilibrio en la especie humana, la que se supone que debería cuidar su planeta, su único mundo.
Pero la humanidad está enferma. Unos por el desequilibrio del planeta, otros por el desequilibrio que produce el egoísmo, la falta de amor, de compromiso, de responsabilidad.
Demasiado desequilibrio para recuperarse a tiempo, para restablecer la armonía, para curar al planeta y a quienes lo habitan.
Un catastrofista diría que se acerca el fin del mundo.
Un realista diría que la humanidad va a recibir una lección de consecuencias impredecibles.
En cualquier caso, cada uno debería de revisar su equilibrio personal, puede ser más importante de lo que nos imaginamos.


Las respuestas están en las estrellas

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En algún lugar de esa hermosa y grandiosa Galaxia existe un mundo en el que habitan criaturas que se creen únicas. Sería tan difícil señalar el lugar donde está ubicado ese planeta como situar un grano de arena en la foto de una inmensa playa.
Ese mundo se llama Tierra y sus habitantes seres humanos.
Entre ellos existen algunos, muy pocos, que miran hacia el cosmos y se sienten pequeños, muy pequeños, y también ignorantes, muy ignorantes.
Desde su humildad buscan respuestas a las preguntas eternas... ”¿Quiénes somos?”, “¿De dónde venimos?” “¿A dónde vamos?”. Y confían en encontrarlas.
Pero los muchos que les rodean no miran al cielo, no buscan respuestas porque no tienen tiempo ni intención de hacerse preguntas.
Los muchos se dividen entre los que manejan el poder material, una minoría, y los que sufren las consecuencias del egoísmo y la avaricia de los primeros, todos los demás.
Por ello, la humanidad de este planeta Tierra vive inmersa en la ignorancia y, como consecuencia, en el sufrimiento y el dolor. Y aún así se siguen considerando los únicos seres inteligentes de la Galaxia.
Para solucionar tal absurdo, los seres humanos se encierran en sus propias creaciones, tanto materiales como espirituales. Se crean imperios económicos y políticos y se crean religiones cerradas con sus “dioses” oscuros y sedientos de sangre.
Y así el planeta se oscurece más y más, poco a poco, en un movimiento continuo hacia la autodestrucción.
Observen la foto... ¿Se notaría la diferencia si un punto luminoso, prácticamente invisible, desapareciera de la imagen?
En esa imagen existen millones de millones de soles en torno a los cuales giran millones de millones de millones de mundos. ¿Se notaría la falta de uno?. Posiblemente no.
O posiblemente sí, pero no por lo que es ahora, sino por lo que se espera que sea. Aunque eso el hombre “inteligente” de la tierra aún no lo comprende. Tampoco parece que le interese. Todavía no.
Pero la Galaxia entera es un cuerpo que existe y se mueve bajo las mismas leyes, bajo el mismo diseño. Todo es Uno y toda la vida forma parte de ese Uno.
Ignorar esa realidad sólo implica no poder “disfrutarla”, pero nada más, porque la realidad en sí no depende de que el ser humano crea o no en ella. Su existencia es independiente al momento evolutivo de sus criaturas.
Por la misma razón, existe el planeta Tierra independientemente de que los monos, las lagartijas, las cucarachas, los girasoles, las palmeras o las lechugas tengan consciencia de su existencia. Simplemente viven en él y se limitan a sobrevivir.
Y así sucede con el ser humano respecto a la Galaxia. La ve, vive en ella, pero no posee consciencia de ella. Por eso se aferra a su vida material de la misma forma que el mono a su árbol o la lechuga a su trozo de tierra y a su porción de agua.
La clave de la evolución está en la consciencia. Y el ser humano, al considerarse único, es tan inconsciente de la realidad como lo es un átomo de nuestro cuerpo respecto al cuerpo y respecto a la vida que lo utiliza.
Deberíamos mirar más al cielo, a las estrellas, y preguntarles quiénes somos y qué hacemos aquí. Seria una buena terapia.
Pero la oscuridad creada por el hombre es tal que la mayor parte de la humanidad ya no puede ver las estrellas por culpa de la contaminación. La esfera oscura se está cerrando, y dentro de ella la humanidad agoniza.
Pero ese no era su destino.
¿Permitirá la Galaxia que uno de los átomos de su cuerpo desaparezca?


La Fuerza de lo Interno

Diez Imágenes Para Reflexionar

A primera vista podría parecer un mendigo, alguien a quien podríamos encontrar cualquier día, en cualquier ciudad, sentado en una acera pidiendo limosna. Pero hay algo en su imagen, en su expresión, que invita a profundizar más allá de lo aparente, de lo visible.
Su mano es firme y poderosa, curtida por el tiempo y los elementos. Pero a la vez es translúcida, como si nos quisiera mostrar su estructura para que descubriéramos en su interior el mecanismo de la Fuerza.
Su barba, descuidada y canosa, nos transmite su personalidad y añade al rostro experiencia, sabiduría y cierto dominio del tiempo.
Su rostro, surcado por infinitas arrugas, es como la tierra, sustancia viva que espera un cambio de ciclo, el fin de un tiempo y el principio de otro. Su renacimiento.
Sus ojos son fuego y agua. Dos luces que dan vida y sentido a todo el conjunto. Dos puertas al interior, un interior que invita a su exploración y que seguro que está lleno de vivencias, de dolor y de belleza. Un interior que está muy vivo.
Su mirada, en cambio, está fuera, mas allá de su presente, buscando un futuro que su alma anhela, una liberación que su espíritu ya necesita, porque su vehículo, su cuerpo, ya ha cumplido su misión.
Y todo ello intenta esconderse bajo una capucha, porque en realidad ya no pertenece a este mundo, y él lo sabe, y espera en paz su momento de partir.
Pero tal vez lo más bello es que nunca sabremos quien es, o quien fue, y precisamente por eso, por su condición de anónimo, es por lo que su imagen nos refleja a todos y nos dice tanto.
Nada hay más real que lo que no tiene nombre ni está clasificado.


Un espejo donde mirarnos

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No se trata de un concierto piscícola, no. No están ensayando ningún número musical.
Están en la antesala de la muerte.
Sus bocas abiertas son un desesperado e inútil esfuerzo por aferrarse a la vida.
Su medio natural, el agua, está contaminada por el hombre, por la irresponsabilidad del hombre, por el egoísmo y la avaricia del hombre.
Afortunadamente no son conscientes de su asesino, ni tampoco de lo poco que éste valora sus vidas. Son tan sólo vidas naturales, puras, que sólo pueden existir en un entorno puro.
Aunque sus ojos parecen mirarnos preguntándonos qué está pasando, suplicando ayuda.
Pero, ¿existe alguna respuesta que justifique algo así? ¿Existe alguna razón que justifique la destrucción de la naturaleza, de la vida?
No, porque de la misma forma que ellos no entenderían ninguna respuesta, tampoco el hombre acaba de entender que su desprecio hacia la vida es su propia condena a muerte.
Todos vamos en el mismo barco. Todos navegamos por el Cosmos en un insignificante barco rodeado de gigantes y en un equilibrio precario que hay que mantener.
Todos podemos acabar con nuestras bocas abiertas implorando un poco de oxígeno.
La diferencia es que nosotros seremos conscientes.


Infancia Perdida

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Sí, es un niño. No es un hombre, ni un soldado, ni un militar. Tampoco es un mercenario, de esos que tampoco son hombres, ni soldados, ni militares, sino unos buitres sedientos de sangre y de dinero.
Este es un niño, como los que en nuestra sociedad van al colegio, juegan al recreo, sienten la primera atracción hacia una compañera y sueñan con ser mayores para hacer cosas.
Pero este niño no tiene sueños. Alguien se los robó a cambio de un arma y de un cursillo acelerado para matar, para no tener escrúpulos, para ver a los demás como a enemigos a los que hay que exterminar en nombre de alguna filosofía extraña.
Y además de ser un niño, es el futuro, la nueva generación, la que deberá en su momento tomar el relevo de la que ahora marca las pautas.
Se supone que es, como todos los niños, la esperanza de un futuro mejor.
¿Qué estará pensando? ¿En la mirada de su última víctima? ¿En cuál será la próxima? ¿En el sentido que tiene su existencia? ¿O estará intentando comprender la razón por la que no está jugando o estudiando? Nunca lo sabremos.
Por si acaso comprueba el filo de su cuchillo. A lo mejor de él depende su vida.
Lo terrible es que como él hay cientos, miles, a los que se les ha robado la infancia, a los que se les ha enseñado que la vida es matar o morir, sin otras alternativas, sin otras expectativas.
Cuando una humanidad sacrifica a sus niños, cuando hipoteca su futuro privándole de la pureza, de la alegría, de la renovación que las nuevas generaciones aportan, entonces esa humanidad está condenada.
Y la nuestra apesta a muerte.


Olvido

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Fíjate bien, porque lo que estás viendo en realidad no existe.
Si, es un hombre y está pidiendo ayuda, mendigando caridad, pero no existe.
Para los poderosos no existe. Para las estadísticas del paro no existe. Para la Iglesia no existe. Para su familia no existe. Para los antiguos amigos no existe. Para los que pasan a su lado no existe.
En realidad, si estuviera muerto, en ese lugar y en esa posición, nadie se enteraría hasta que fuera evidente.
Luego le recogerían y le conducirían al lugar donde se certifica su no existencia.
Pero nada cambiaría, nada se alteraría, nadie le lloraría ni le echaría en falta.
Su imagen sirve para recordarnos que la frontera entre existir y no existir es muy sutil, y muy fácil de ser cruzada.
Solo que existir, aquí, en esta sociedad que creamos entre todos, es sinónimo de poseer, no de ser.
El es, pero como no posee, para los efectos no existe.
Algún día, todos tendremos que elegir entre poseer y ser.
Algún día, seguro…


Inmigración

reflexionar

Son seres humanos, como nosotros.
Surgen de lo más profundo y oscuro del continente negro y por un instante se proyectan en nuestras vidas, interrumpen nuestro bienestar, se cuelan sin permiso en nuestras sobremesas.
Persiguen un sueño imposible, ser como nosotros. Lo desean tanto que muchas veces dan su vida a cambio.
Tienen derecho a soñar, como nosotros. Pero nuestros mundos apenas se rozan.
En el mejor de los casos nos preguntamos qué podemos hacer, y la respuesta surge sola, espontánea, evidente…, nada.
Como mucho revisar nuestro mundo, nuestras vidas, nuestros valores y hacer algún ajuste, porque nos sobra mucho, tanto que sería suficiente para ellos. Pero nuestros mundos apenas se rozan.
Tal vez nos están enviando un mensaje.
Tal vez nos recuerdan lo que fuimos y lo que olvidamos en el camino. Tal vez nos están advirtiendo del futuro que nos aguarda más allá de la opulencia, de la soberbia, del egoísmo, de la permanente insatisfacción.
Tal vez somos nosotros mismos en el futuro, despojados de todo lo que no supimos valorar y volviendo al principio del camino.
Sí, debe de ser eso, por eso no queremos mirar, por eso cambiamos de canal y pedimos el postre.
Porque aún tenemos dos platos y postre.


Fuente: http://www.revistafusion.com/Imagenes-para-reflexionar/Imagenes-para-reflexionar/