imágenes crudas  de la guerra de vietnam

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La guerra de Vietnam fue, sin ninguna duda, la guerra más visual que ha existido. En guerra alguna se han dado tantas facilidades a los periodistas para informar desde la misma línea de frente, y eso se ha traducido en todo tipo de imagenes impactantes. No podía ser de otro modo en una guerra llevada a cabo por una super-potencia capitalista, durante la explosión del movimiento hippie, y librada un país asiatico que acababa de lograr su independencia de un poder colonial. Fue la primera guerra donde las fotografias en color y la televisión estuvieron presentes de forma masiva, produciendo un alud de imagenes que todavia hoy perviven y son reconocibles incluso por los no aficionados a la historia militar.

Vietnam fue una guerra que no se pareció a ninguna otra. Fue tanto la arrogancia de una super-potencia militar y económica, como un intento idealista de expandir la libertad y los valores de occidente. Mezcló el final de la épica colonial con el pragmatismo inmisericorde de la guerra fría, y se alargó de un modo u otro a lo largo de 40 años, lo que complica notablemente cualquier intento de explicarla debidamente. Pero para intentarlo el autor recopila un buen número de testimonios de personas que estuvieron relacionadas con el conflicto, incluso de los que jamás pisaron los arrozales de Vietnam. Entre tantos testimonios, puede lograr el lector extraer una visión de conjunto que supera ampliamente lo militar, sobre todo por que los testimonios de combatientes no son mayoría.

Es un libro intenso, lleno de fuerza, por que los protagonistas hablan en primera persona sobre sus propias vidas, y sobre el momento más intenso de las mismas: La guerra de Vietnam, y sus implicaciones políticas y sociales tanto en el campo de batalla como en los propios EEUU. El autor da gran importancia, merecidamente, a los criticos del conflicto como a los políticos que actuaban en aquella época en Whasington, puesto que en última instancia el desarrollo de la guerra dependió mucho más de las actuaciones en los EEUU que de los avances o retrocesos de las tropas en el terreno.

Una critica innecesaria sería la falta de testimonios de figuras relevantes del bando nor-vietnamita, y aún la falta de calidad de la mayor parte de los testimonios de los veteranos de este bando, ya que hay que recordar que Vietnam sigue siendo una dictadura comunista, donde la libertad de expresión no está muy valorada. A pesar de eso algunos de los testimonios estan dotados de una gran credibilidad, mientras que otros tienen el regusto acartonado de las consignas políticas.

En cualquier caso, los testimonios del bando Norteamericano son de un especial interés. Todos ellos están cargados de un profundo escepticismo, y de cierta amargura nostalgica, mostrándose claramente criticos con el conlicto. Tanto los que consideraron el conflicto un error desde el principio, como los que mantienen que el problema fué la pésima dirección política y militar del mismo. Esta última teoría, por cierto, se recogió en los manuales de campaña estadounidenses, donde se estableció el principio de que el ejército estadounidense no volvería a combatir en un conflicto donde no pudiese desplegar toda su potencia para ganar una serie de batallas decisivas al enemigo.No obstante, resulta una deduccion de perogrullo: También en 1964-1972 podría el US Army haber ganado esas grandes batallas, si hubiese existido la decisión política de librarlas.

Ante la prohibición política de buscar ese choque decisivo, el US Army tuvo que desarrollar un cuestionario con 68 indicadores (sic) de victoria, tales como las bajas propias, las bajas del enemigo, y el material capturado. Esto condujo a una situación extraña, en que los soldados americanos no tenían otro objetivo a la vista que matar más y más enemigos, con las “bajas colaterales” consiguientes. Ya no había un Berlín o un Río Yalu tras cuya conquista regresar al hogar, y para evitar la frustración de esta falta de objetivos reconocibles ( tanto como la llamada de los reservistas, que Jhonsson creía que provocaría una revuelta nacional) el departamento de defensa dispuso que los soldados solo tuviesen que combatir durante 12 meses, para tener una sensacion de objetivo clara. A la luz de los recuerdos de los protagonistas, esa sensación de “claridad” en los objetivos no se logró nunca. Por otro lado, es un ejemplo de una medida política clara: Las estadisticas señalaban que un servicio de 2 años habría aumentado la capacidad de los soldados y reducido sus bajas, pero habría implicado declarar el estado de guerra. No obstante hasta 1968 los soldados combatieron bien, pero su moral cayó en picado a partir de ese año, hasta el punto de que Abrams se lamentaba en 1971 de que la disciplina estaba al borde del colapso.

A través de los testimonios queda muy clara la división entre los primeros años (1954-1964) cuando la implicación estadounidense se interpretaba casi en términos de cruzada, alentada por la esperanza de hacer nacer una democracia occidental en Asia, frente a los años de la intervención masiva en que ya solo se combate por la contención del comunismo (1965-1968) y la creciente e intensa contestación del último periodo (1969-1973). Es llamativo descubrir que el movimiento contra la guerra en EEUU jamás fué apoyado ni comprendido por la mayoría de la sociedad, que simplemente se cansó de una guerra que no conducía a ningún lado, pero que no estaba realmente en contra de la intervención de su país, solo del modo en que se había llevado a cabo. Es la historia detallada de un conflicto en el que los EEUU se implicaron desde sus primeros contactos con la resistencia nativa frente a los japoneses, hasta la misma caida de Saigón.

La guerra de Vietnam que termina dibujando el libro para nosotros, es la guerra de los EEUU en Vietnam, y como tras apoyar fallidamente a los franceses en su esfuerzo por sostener su colonia ( El 80% del coste de la campaña francesa salió del bolsillo del contribuyente norteamericano) se intentó construir un régimen pro-occidental en el Sur, que se fué desmoronando victima de su propia corrupción, para no dejar a los EEUU otra opción que tomar las riendas del conlicto en sus manos. Vietnam del Sur fué siempre el testigo mudo del conflicto, puesto que jamás existió siquiera la sombra de una autentica democracia o de un régimen representativo, y en cuyo interior compartían el territorio una minoría de católicos, comerciantes y burocratas, fuertemente empeñada en su propia supervivencia; un buen número de habitantes de ciudades que conocieron una gran prosperidad gracias a la presencia americana; y una mayoría de campesinos que simplemente se quedaron en medio.

Aunque la escasez en el panorama español de publicaciones sobre Vietnam ( por no decir ausencia) justificaría el interés de cualquier título relacionado con el conflicto, hay que decir que este es un libro que destaca sobre la media. Más aún, resulta de lectura comoda y sencilla, puesto que ninguno de los testimonios sobrepasa las 3 páginas.

En cualquier caso, absolutamente recomendable, sobre todo para los que cuando pensamos en una guerra, visualizamos un soldado americano observando un helicoptero volar sobre los arrozales.

Cosas de haber sido niño en los 80.