Estás gastando mucho en comida
1. Planea tus comidas. Toma una hoja y traza un programa de alimentación para dos semanas: desayuno, comida, cena, colaciones. Si vives con más personas, pregúntales qué se les antojaría comer. Entre todas esas opciones, identifica cuáles son los platillos base (por ejemplo un caldo de pollo) cuyos componentes pueden reciclarse en distintas preparaciones a lo largo de la semana. El pollo, por ejemplo, se puede cocinar un día como tacos y dos días después, en un wok con verduras. El caldo se reutiliza para cocer arroz o enriquecer otros guisos. La idea es comprar tres fuentes de proteína a la semana, hacer el trabajo rudo una sola vez y reutilizar las preparaciones.
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2. Apégate a la lista. Después de hacer tu programa de alimentos tradúcelo en una lista. Cuando vayas de compras, evita pasearte más tiempo y ¡no te salgas de la lista!, eso evitará que hagas compras impulsivas
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3. Entrega a domicilio. Muchas tiendas ofrecen este servicio. Ya sea por internet o via telefónica, se puede hacer el pedido y el almacén lo llevará hasta tu puerta. El ahorro está garantizado si, además, uno se apega a la lista.
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4. Local y de temporada. Conseguir mangos en invierno no es una buena idea: traerlo desde otras latitudes aumenta su precio y disminuye su calidad. En cambio, si optas por productos locales y de temporada —generalmente los encuentras en mercados itinerantes (ferias o tianguis)— estarás ahorrando mucho dinero y garantizando que el producto esté en su mejor momento del año.
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5. Procesa, guarda, ahorra. Haz tu lista de compras de manera que no tengas que ir al mercado más que una vez a la semana. Claro, hay productos que necesitarás renovar cada dos o tres días, como la leche o el pan; evita ir al supermercado y aprovecha de caminar a la tiendita de abarrotes de tu barrio. Y lo más importante: para aprovechar la frescura de los alimentos y conservarlos listos para el resto de la semana, procésalos el mismo día que los compres y guárdalos en el refrigerador.
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6. Clasifica. Invierte en moldecitos (tuppers o envases de vidrio) con tapas de diferente color; usa los colores para identificar qué alimentos deben consumirse pronto y cuáles pueden esperar más días para recombinarse. Esto evita el desperdicio de comida. Si te sobraron pequeñas porciones, no dudes en congelarlas en uno de esos moldes con varias divisiones. Al cabo de dos semanas tendrás varias opciones para hacer un pequeño buffet con platillos preparados. Si piensas que el sabor no será el mismo, tienes razón, con el recalentado muchos sabores se concentran y el guiso mejora.
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7. Sé realista con tus hábitos. A veces planeamos comidas demasiado complejas y después nos da pereza prepararlas; o bien, queremos que todo sea fresco y ligero, pero a media semana se nos antoja algo reconfortante y las lechugas se marchitan. Al hacer el plan de comidas proyecta cómo se presentará tu semana: ¿difícil, sencilla, con muchos compromisos sociales, hay alguien enfermo en casa? Es recomendable diseñar el menú y la lista de compras pensando en las actividades y las circunstancias. Quizás andas tan ocupado que sólo te dará tiempo de comer sandwiches en la oficina. En vez de pedirlos a un delivery, piensa que si los haces tú y le pones un poco de ingenio, serán más baratos y saludables que los que venden en la calle.
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8. Piensa frugal. Cuando estés a punto de comprar ese producto que no necesitas pero que se ve tan bien en el comercial de televisión, detente y reflexiona: TENER más no es SER más, llevar una vida más simple, significativa y creativa, te dará más satisfacciones que acumular productos, deudas y kilos de sobrepeso.
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Puntos seran bien agradecios