Probablemente la década de 1930 para Uruguay fue tal vez la más importante internacionalmente. Ya que justamente a comienzo de la década se vivio el primer "Mundia de Fútbol"organizado por dicho país , la visitia del "Graf Zeppelin", todo una vanguardia en viajes áereos y el hundimiento del acorazado "Graff Spee" en pleno comienzo de la Segunda Guerra Mundial .
Es importante resaltar que los últimos dos acontecimientos son iconos del enorme desarrollo técnologico aleman-nazi de aquella época.







El Graf Zeppelin en Montevideo





La fría mañana del 1 de julio de 1934 no fue una más para la ciudad de Montevideo. Un clima de tensión y expectativa flotaba en el ambiente ya desde temprano. Los más madrugadores, mientras tomaban su desayuno, leían en los periódicos, recién dejados bajo la puerta por el diariero, noticias como ésta: “Es propósito del jefe de la nave evolucionar sobre Montevideo en homenaje a nuestra ciudad, de manera que se puede calcular que el Graf Zeppelin podrá ser admirado por nuestra población en la plenitud de su belleza poco después del mediodía de hoy”. En algún otro hogar, un matrimonio, todavía en la cama, oía las noticias en la radio. En el corte comercial, un “reclame”, que también publicaban los diarios, decía: “Como el Graf Zeppelin destaca su imponente silueta en los cielos de América, los muebles de CASA DE LOS NOVIOS se destacan en plaza por sus delicadas y elegantes líneas, calidez y bajos precios.” Y a medida que pasaban las horas y el sol se aproximaba lentamente al mediodía, entibiando un poco el aire de la mañana, grupos de personas comenzaban a formarse y crecer en las azoteas de los edificios más altos.








La enorme aeronave de 236 metros de largo y 30 metros de diámetro en su parte más ancha, y en cuyo interior se situaban los depósitos de gas que ocupaban unos 105.000 metros cúbicos, dos tercios de los cuales eran de hidrógeno, gas que le otorgaba flotabilidad y un tercio del conocido como “blaugas” (gas azul) que consumían los motores, desarrollaba una velocidad de crucero de 115 kilómetros por hora, lo que le permitía cubrir la distancia entre Berlín y Sudamérica en unos 3 días. En la “góndola” o cabina, situada bajo la nariz del cuerpo fusiforme iban, confortablemente instalados, unos 20 pasajeros, atendidos por unos 45 a 50 miembros de la tripulación (pilotos, ingenieros, mecánicos, cocineros, aeromozos, personal de limpieza, etc.).










Este legendario aparato, que nos recuerda a la aeronave “Albatros” de la novela “Robur el Conquistador” de Julio Verne, fue construido en 1928 y ya al año siguiente realizó su primera vuelta al mundo. En marzo de 1932 se estableció la línea Berlín-Río de Janeiro (o Recife), mientras que el servicio del vuelo Berlín-Lakehurst (New Jersey) lo cubría el dirigible “Hindenburg”. El 30 de junio de 1934, la compañía decidió hacer una breve visita promocional a Buenos Aires. Cerca de la medianoche de aquella jornada, algunos uruguayos vieron asombrados las hileras de luces de las ventanillas de la cabina recortarse en el cielo nocturno, mientras el aerostato se dirigía a la capital argentina. En Buenos Aires se detuvo apenas una hora y cuarenta minutos y fue a su retorno que el capitán de la nave decidió sobrevolar la capital uruguaya para que los montevideanos se maravillaran y tuvieran un imborrable recuerdo (Ver fotos y la única filmación que se conserva). Aquella tarde podía leerse en los periódicos vespertinos cosas como ésta: “La gente entusiasmada se agolpó en las plazas y en las calles para mirar al Zeppelin.









Véase la ansiedad de esos rostros, la alegría, la emoción. Los botijas contagiados siguen con los ojos la marcha del coloso”. El 6 de mayo de 1937, el “Hindenburg” sufrió un grave accidente y tomó fuego mientras realizaba las maniobras de amarre y descenso en Lakehurst, New Jersey. A partir de entonces, el servicio de transporte de pasajeros fue descontinuado y los dirigibles fueron destinados a tareas científicas o misiones militares. En marzo de 1940, ya en plena Segunda Guerra Mundial, Hermann Goering ordenó la destrucción de los dirigibles que aún permanecían operativos. El aluminio de sus estructuras se utilizó para construir aviones de combate. Ése fue el fin de los dirigibles...y de toda una era.




link: http://www.youtube.com/watch?v=tFBKAJuYmaQ&feature=player_embedded






El hundimiento del Graff Spee en costa uruguayas
[align]







El Acorazado de bolsillo "Admiral Graf Spee", buque de guerra alemán que desplazaba 10.000 toneladas, fue construido bajo los términos del Tratado de Versalles. En su momento era considerado una obra maestra de la ingeniería naval y pertenecía a la misma clase que el "Admiral Sheer", el "Lützow" y el "Deuschtland". El acorazado alemán resultó con 56 muertos y 20 impactos que causaron daños relativamente menores pero mermaron su provisión de municiones. Se dirigió hacia el Río de la Plata y entró al puerto de Montevideo, Uruguay. El gobierno uruguayo ofreció una estadía de 72 horas, que emplearía para la reparación de la nave con sus propios medios o la internación, mientras hábiles maniobras diplomáticas inglesas y alemanas buscaban sacar mayor partido a la situación. El comandante Langsdorff del "Admiral Graf Spee" al cumplirse el plazo y presionado además por Hitler de no dejar el buque en un puerto afín a Inglaterra, levó anclas y se remontó hacia la salida donde le esperaban tres cruceros ingleses. Repentinamente el acorazado desembarcó a su tripulación y voló por los aires. Los restos del Graf Von Spee descansan a 32 m de profundidad, semienterrados en el cieno, y hay proyectos de reflotarlo. En 2004 se extrajo de las profundidades, la torreta de control de tiro y un cañon, y en 2005 se extrajo el aguila de bronce, con la svastica que portaba en la popa (la unica que se ha recuperado de toda la flota alemana).








Adolf Hitler quedó impactado cuando en 1934, siendo Canciller, asistió a un ejercicio de fuego del acorazado Deutschland, en el Mar Báltico. Desde aquel entonces asoció el poderío del Reich a esas grandes naves. Por ello se negaba a enfrentarse a su pérdida. Sin embargo, en los primeros meses de la guerra, tuvo que registrar la pérdida del Admiral Graf Spee, el más moderno de los tres acorazados de bolsillo construidos por Alemania después del Tratado de Versalles. El hundimiento del Admiral Graf Spee fue un drama que se desarrolló entre el 13 y el 17 de diciembre de 1939 en la desembocadura del Río de la Plata, ante la costa neutral de Uruguay.








El comandante Langsdorff ordenó cubrir puestos de combate; creía tener a la vista la avanzada de protección de un convoy. Como el Graf Spee era superior a esas naves y estaban acordes con las directivas dadas, decidió combatir, para luego hundir el convoy. Pronto Langsdorff descubrió su error: el pretendido crucero era un buque de 10.000 toneladas, inferior al acorazado alemán únicamente en el calibre de su artillería: seis piezas de 203 mm contra otras tantas de 280 mm. Los otros dos navíos que se habían tomado por destructores, eran cruceros ligeros que disponían entre ambos ¡dieciséis cañones de 152 mm!.







Luego de salir del alcance de los poderosos cañones de 180 mm del acorazado, el comodoro Harwood decidió seguir al acorazado, tratando no perderlo de vista. La trampa de Montevideo El Almirantazgo inglés se convenció que la fuerza de Harwood no podría impedir que el acorazado se abriera paso hacia el océano y decidió reemplazar al Exeter con el pesado Cumberland, desde las Islas Falkland (Islas Malvinas) el que navegando a toda velocidad, no podría ganar la embocadura del río de la Plata antes del día 17 de diciembre, es decir, tres días más tarde.. La fuerza compuesta por el Renown y el Ark Royal, muy superior al Admiral Graf Spee, se encontraba a la altura de Pernambuco, 2.500 millas al norte y antes de llegar a la desembocadura del río de la Plata, tenía que reabastecerse de combustible, por lo que su intervención, antes de una semana, estaba descartada. La delegación diplomática inglesa en Montevideo, hizo circular falsos rumores, amenazas e intimidaciones, que llevaron a Langsdorff a tomar torpes decisiones. En el puerto de Montevideo, por otro lado, las reparaciones del “Admiral Graf Spee, fueron saboteadas, retrasando ex profeso las mismas, con el fin de retener en puerto a la nave de guerra alemana, hasta la llegada de las naves ingleses que ya estaban en camino o el mayor tiempo posible, incluso lograr su internamiento al cumplirse el plazo dado por el gobierno uruguayo. El Alto Mando Naval alemán a cargo del almirante mayor Erich Raeder, evaluaba la situación de Montevideo a la luz de los informes del capitán de navío Hans Langsdorff y los informes de inteligencia.



Langsdorff envió un telegrama, en donde concluía: “Me propongo avanzar hasta el límite de las aguas jurisdiccionales. Si es posible abrirme paso hacia Buenos Aires, librar combate con el resto de mis municiones. Para el caso en que tal tentativa condujera a la destrucción cierta del Graf Spee sin proporcionarle la oportunidad de causar daños al enemigo, pregunto si ha de hundirse el navío en el estuario del Plata, aunque los fondos en él son insuficientes, o bien debe permitirse su internamiento, Comandante Graf Spee. La respuesta de Raeder dejaba prácticamente en completa libertad de acción al comandante del Admiral Graf Spee, salvo en lo referente a la internación en Montevideo. La última frase decía: Procure que la destrucción sea total si se ve usted obligado a hundir su barco. Raeder. El día 17 de diciembre de 1939 a las 19H55 el Admiral Graf Spee explotó. De acuerdo a las instrucciones de Raeder, en su última comunicación a Langsdorff el buque había sido destruido completamente. Previamente el capitán de navío Hans Langsdorff había preparado cuidadosamente el paso de su tripulación a Buenos Aires, donde iba a ser internada. El 19 de diciembre se dirigió nuevamente a sus hombres, terminó diciendo: La opinión pública discutirá seguramente durante mucho tiempo a fin de averiguar si estábamos equivocados o teníamos razón de destruir nuestro buque, si no hubiera sido más heroico ofrecer de nuevo combate al enemigo y que éste acabara con la muerte de los marinos. Lo habríamos hecho sin murmurar una sola palabra y con alegría. Por mi parte facilitaré la prueba de que eso no ha ocurrido por falta de valor personal”. Los hombres del “Admiral Graf Spee”, no comprendieron sus palabras, hasta el día siguiente, 20 de diciembre, en que se encontró al capitán de navío Hans Langsdorff, muerto en su habitación. Se había suicidado de un tiro de revólver. Con anterioridad había escrito una carta, dirigida al embajador de Alemania en Buenos Aires, que dice: “Excelencia: Después de haber luchado largo tiempo, he tomado la grave decisión de hundir el acorazado Admiral Graf Spee, a fin de que no caiga en manos del enemigo. Estoy convencido de que, en estas circunstancias, no me quedaba otra resolución que tomar después de haber conducido mi buque a la “trampa” de Montevideo. En efecto, toda tentativa para abrir un camino hacia alta mar estaba condenada al fracaso a causa de las pocas municiones que me quedaban. Una vez agotadas esas municiones, sólo en aguas profundas podía hundir el buque a fin de impedir que el enemigo se apoderara de él. Antes de exponer mi navío a caer parcial o totalmente en manos del enemigo, después de haberse batido bravamente, he decidido no combatir, sino destruir su material y hundirlo… Desde un principio he aceptado sufrir las consecuencias que implicaba mi resolución. Para un comandante que tiene sentido del honor, se sobreentiende que su suerte personal no puede separarse de la de su navío… Ya no podré participar activamente en la lucha que libra actualmente mi país. Sólo puedo probar con mi muerte que los marinos del Tercer Reich están dispuestos a sacrificar su vida por el honor de su bandera. A mí sólo corresponde la responsabilidad del hundimiento del acorazado Admiral Graf Spee. Soy feliz al pagar con mi vida cualquier reproche que pudiera formularse contra el honor de nuestra Marina. Me enfrento con mi destino conservando mi fe intacta en la causa y el porvenir de mi Patria y de mi Führer. Dirijo esta carta a Vuestra Excelencia en la calma de la tarde, después de haber reflexionado tranquilamente, para que usted pueda informar a mis superiores y, si es necesario, desmentir los rumores públicos. Capitán de navío Langsdorff Comandante del acorazado Admiral Graf Spee”.












Langsdorff tenía frente a él a la fuerza naval del comodoro Harwood y los tres buques eran los cruceros Exeter, Ajax y Achilles. Harwood decido dividir sus fuerzas para atacar al acorazado alemán desde diversos puntos y dispersar los fuegos del mismo. Langsdorff decidió aplastar a sus adversarios uno a uno, y concentró sus fuegos sobre el más poderoso y peligroso de ellos: el crucero pesado Exeter. A las 06H16 del 13 de diciembre de 1939, fueron disparados los primeros fuegos desde los montajes triples de 280 mm del Admiral Graf Spee y tres minutos después fueron contestados por el Exeter. La distancia se había acortado sensiblemente y no rebasaba de 15.000 metros. Las dos naves intercambiaban un rápido y nutrido fuego. El Exeter fue tocado y advertido por el Admiral Graf Spee, por las llamas y la densa humareda que salía de él. Algunos proyectiles del Exeter, también habían tocado al acorazado alemán. El primero destruyó completamente la cocina, destruyó la red de agua potable de la nave. Otros disparos dieron en el compartimiento de torpedos, averiaron el puesto de dirección de tiro antiaéreo y demolieron algunos camarotes. Hubo muertos y heridos. Pero los daños en el Admiral Graf Spee eran mínimos comparados con el infierno desencadenado en el Exeter. En menos de una hora, recibió más de cien proyectiles, cinco de sus seis piezas fueron silenciadas. El comodoro Harwood, que había efectuado una vasta maniobra con el Ajax y el Achilles, se acercó a toda velocidad para participar en el combate y socorrer a su buque en peligro. La primera salva que hizo, impacto en el Admiral Graf Spee, destruyendo una pieza de 150 mm y matando a todos sus servidores. A pesar de la superioridad de fuego del acorazado alemán, los dos cruceros ligeros ingleses, acribillaron al acorazado. Langsdorff decidió concentrar sus fuegos sobre los cruceros ligeros Ajax y Achilles, que no encontraban a más de 8.000 metros. Otro disparo del acorazado dio de lleno en las dos torres de popa; las cuatro piezas de 152 mm., fueron silenciadas. Finalmente los cruceros ingleses se apartaron.