El Secreto de tus Ojos




Regresando a 1999 (donde está contada la historia) y tratando de sacarle sentido al caso, Esposito va a visitar a Morales, quien se mudó en 1975 a una casa aislada en las afueras de la Provincia de Buenos Aires. Durante la visita, ambos discuten varios de los eventos que ocurrieron durante y después del caso, pero Morales se descontrola después de que Esposito le pregunta cómo hizo para sobrellevar la muerte de su mujer, y más aún la injusticia con la que finalizó su causa. Porque después de enterarse Esposito de que Gómez había terminado como guardaespaldas de Isabel Perón, a éste no se lo volvió a ver. Morales le cuenta a Esposito que él ya se había encargado de secuestrar a Gómez y de tirotearlo en el baúl de su auto. Siendo así, Esposito se retira. Pero tras una profunda reflexión guiada por recuerdos, detiene el auto y se dirige campo adentro, de regreso a la casa de Morales. Lo hizo al recordar lo que Sandoval le había dicho: "Nadie puede cambiar de pasión". Esposito comprendía el afán que tenía Morales por que Gómez sufriera una estadía eterna en prisión, y no se salvara instantáneamente con la muerte. Así llegó a la conclusión de que era imposible que el damnificado le "hubiera dado el gusto" a su agresor. Tras esperar hasta el anochecer, encuentra a Morales entrando en un pequeño granero con un plato de pequeños trozos de pan. Esposito avanza y mira por detrás de la puerta: Morales lleva ese plato a una celda de cuya oscuridad sale un hombre decrépito, quien resulta ser –añejo y maltrecho– el asesino Gómez, a quien Morales mantuvo preso y alimentado por 25 años, y ni una sola vez le dijo una sola palabra. Gómez dentro de su celda se aproxima a Esposito y le ruega que le pida a Morales "que le hable". En ese momento Morales, con seriedad, le dice a Esposito: "Usted dijo perpetua", en referencia a la promesa de encarcelarlo que le había hecho.
De vuelta a Capital Federal, Esposito visita la tumba de Sandoval. Más tarde se dirige al despacho de Irene, dispuesto a confesarle su amor, cosa que ella siempre había esperado de él. Sonrientes y expectativos, los dos nuevos amantes entran en la oficina de ella y cierran la puerta para hablar más detenidamente sobre su amor.