El Nuevo Cine Argentino -término que también se utiliza en ocasiones para expresarse sobre corrientes cinematográficas posteriores al mismo- se encuentra indisolublemente ligado a la palabra «Independiente», y actualmente se utiliza esta expresión con más frecuencia que el histórico "Nuevo Cine...". Sin embargo, el concepto detrás del término varía cuando se aplica a esta corriente cinematográfica: puede ser considerado independiente en sus modos de producción (aunque en varias ocasiones el Estado Argentino lo subsidie1 ), pero tal vez no así en sus temas; o independiente en la marginalidad de su estética, pero no en su inserción al circuito internacional.

1. Invernadero, de Gonsalo Castro

Cine Independiente argentino

Mario Bellatín existe: es un escritor mexicano manco de una vitalidad asombrosa; aunque él mismo afirme, en Invernadero, que ya está muerto, y aunque escriba textos autobiográficos donde su nombre propio perezca para reemplazarse por un heterónimo que igual se reconoce como su propio fantasma. Y, también, aunque esta película de Gonzalo Castro entre en un ritual sin rumbo para convertirlo en personaje cinematográfico, en espectro nítido. Es que todo en Invernadero hace equilibrio en el borde filoso del mundo de la literatura viva y sus transformaciones, donde esa “escritura sin escritura” que Bellatín ensaya termina por condensar una atmósfera espesa. En ella se suceden, indiferenciados, las actos ínfimos, los gestos místicos y los diálogos cotidianos con su hija, sus ayudantes y colegas, que mezclan teorías excéntricas con performances espontáneas, registradas en planos fijos que dejan respirar cada palabra y cada gesto hasta que sus ecos amagan en direcciones múltiples. Y hasta que Bellatín logra el prodigio de ser un actor de magnetismo monstruoso, más allá y más acá de cualquier método y de toda escritura.

2. Castro, de Alejo Moguillansky.

independiente

¿Por qué todos buscan a Castro? No lo sabemos, pero tras él van Samuel, Willie, Rebeca Thompson y a cierta distancia, Acuña. Lo cierto es que Castro se fue de la Capital con Celia, y sólo huye, y cree que si consigue trabajo eso dañará el amor. Castro (el personaje) tiene algo arltiano, aunque sea más rápido para las fugas que para los inventos y piense en cómo sobrevivir sin que lo ahoguen. Castro (la película) es una película sobre la velocidad del cine y por eso hace de la persecución y el encierro dos de sus gozosas constantes y va regando pistas –da igual si falsas o verdaderas– que obligan al espectador a adoptar esa velocidad a riesgo de quedarse demasiado atrás; como en esa persecución de cuatro autos o el desopilante seguimiento callejero donde los perseguidores se hacen señas abriendo sus paraguas, en una coreografía brillante y desaforada, dos escenas que alcanzarían para mostrar el talento de un cineasta. Con el timing perfectamente sincronizado de la comedia slapstick, con un uso del habla y del secreto narrativo muy propios del policial negro o del melodrama policial, en su primera película en solitario Alejo Moguillansky ofrece una película totalmente nueva.


3. Unidad 25, de Alejo Hoijman

Cine

Unidad 25, la única cárcel / iglesia de Latinoamérica, es un espacio que funciona como un mundo aparte, con reglas propias, y en el que doscientos presos y treinta guardiacárceles comparten su profunda pasión por el evangelismo.

4. Estrellas, de Federico León y Marcos Martínez

peliculas

Los habitantes de Villa 21, barriada de Buenos Aires, deciden sacar partido de su paupérrima situación: ¿Por qué contratar actores para que hagan de pobres cuando se puede contratar a pobres verdaderos? Y así, liderados por Julio Arrieta, se constituyen en factoría cinematográfica independiente que ofrece personajes de caracterización para el cine (alcohólicos, drogadictos, delincuentes) reales, constructores de decorados capaces de levantar una casa en tres minutos. Villa 21 se convierte de esta forma en un set de rodaje que incluso Alan Parker llega a visitar en busca de localizaciones para su película "Evita".

5. Parapalos, de Ana Poliak

argentino

Un joven del interior del país, Adrián, intenta hacer su vida en Buenos Aires y se muda al modesto apartamento de su prima Nancy. En-cuentra un trabajo como “parapalos”, levantan-do los bolos y devolviendo las bolas en una de las pocas boleras manuales que quedan en la ciudad. Adrián tiene mucha curiosidad por los otros, de modo que está ansioso por es-cuchar las historias y pensamientos filosóficos de sus colegas ma-yores en la cancha. El Turco es una especie de maestro, siempre de buen humor. Nippur es una mezcla de hippy y heavy metal, ta-tuado, lleno de sueños y contradicciones. Daniel es un hombre que irradia serenidad y calidez. Quiroga fue minero... Adrián, Nancy, El Turco, Nippur, Quiroga y Daniel podrían estar marginados y ser in-diferentes a la sociedad, pero cada uno de ellos, de alguna manera, se preocupa por los demás.

esto es todo , si te gusta el cine pasate por mis otros posts:

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