La extraña Laguna Negra









¿Cómo es posible que un lugar así esté tan subestimado? Fácil, esto se debe a que la ruta hacia la Laguna Negra es una sucesión de maravillas, cada una más impresionante que la anterior, por lo que este es sólo uno más de los muchos prodigios que van apareciendo cuando se explora el circuito del suroeste en Bolivia, normalmente como parte del extraordinario tour del Salar de Uyuni.

Aún así estamos encantados de presentarles a este lugar extravagante, repleto de plantas que parecen rocas y de rocas que parecen esculturas, alrededor de un insólito lago poblado por criaturas oscuras. Desde el punto de mira de mi cámara, una de las paradas más notables de todo el recorrido.

Pero sin embargo, hay muchas posibilidades de que nunca te lleven a la Laguna Negra, a menos que viajes durante la temporada de lluvias (de enero a marzo), cuando la mayoría de las salinas están cerradas debido a las inundaciones, por lo que algunas agencias desvían la expedición por un itinerario lateral a través del Valle de las Rocas.






Lo que parecen rocas cubiertas de musgo es en realidad un arbusto, con tal densidad de ramas que te podrías poner de pie encima de él.






Estas son las duras yaretas, plantas que habitan a gran altitud y que pueden vivir hasta 3.000 años, si no son recogidas para ser utilizadas como combustible para quemar.






A la laguna por sí misma tampoco es que le falte carácter, incluso después de haverse asombrado en frente de sus colegas del recorrido de las Joyas Altoandinas, como la célebre Laguna Colorada o Laguna Verde.






Si continuáis quemando yaretas, la Cosa del Pantano saldrá de aquí y os arrastrará a uno de estos nidos flotantes.






Hay una especie de aves endémicas, que producen un sonido curioso, viviendo en este tranquilo e inquietante estanque.






Este lugar también es conocido como Laguna Turquiri, aunque hay tan poca información al respecto que no está claro si pertenece a un parque protegido como la cercana Reserva nacional de fauna andina Eduardo Avaroa.







¿Puedes ver que hay un hombre minúsculo a la izquierda? Es que está muy lejos, las rocas no son tan grandes...






La esfinge. Los incas eran muy aficionados a interpretar las formas en la naturaleza como si todo se pareciera a algo. Veían llamas y cóndores por todas partes.






Lo que sería, probablemente, una seta de piedra que se ha derrumbado, parece ahora la antena parabólica de los Picapiedra. Me pregunto qué les parecería a los Incas.






Estilo egipcio. Aquí cada roca tiene su propia personalidad y temperamento.







El Arco del Diablo, así bautizado por mí mismo, cerca de la orilla. A los pueblos andinos les gusta poner nombres como "lo-que-sea del Diablo" a cualquier formación geológica rara, y yo voy a continuar con la tradición.







Cómo me gustaría hacer fotos aquí bajo una luz crepuscular, a pesar de saber que una vez el sol se pone en el Altiplano, aquí hace un frío brutal.







A lo lejos. Lástima no haber pasado más tiempo aquí.






Mi yareta favorita posando con las cuatro Teclas de la Trompeta del Diablo de fondo.