La madrugada del 21 de abril de 1914, el presidente norteamericano Woodrow Wilson dio la orden de comenzar la acción en Veracruz. Su secretario de Marina, Mr. Josephus Daniels, telegrafió las órdenes al Almirante Henry P. Fletcher: “Apodérese de la Aduana. No permita que los pertrechos de guerra sean entregados al gobierno de Huerta o a cualquier otra facción.”

La noticia de la invasión corrió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Veracruz: sin una declaración formal de guerra, buques militares con la bandera de las barras y las estrellas, fondeados semanas atrás en el puerto, comenzaron los preparativos para el desembarco, mientras se les unían la flota del Atlántico y algunos más provenientes de otros puntos del Golfo. El acoso al puerto de Veracruz fue abierto, la demostración de poder, arrolladora.









Pero ¿qué fue lo que provocó este suceso? Los asesinatos del presidente Francisco I. Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez, ocurridos en la Ciudad de México en febrero de 1913, y la irregular toma de la presidencia de la República por parte del general Victoriano Huerta, fueron eventos muy cercanos, cronológicamente, al ascenso al poder del nuevo presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, quien ocupó el cargo apenas diez días después, el 4 de marzo de 1913. A partir de ese momento comenzó a escribirse un nuevo capítulo en la historia de la relación entre México y Estados Unidos, que culminó con la invasión a Veracruz en 1914.

De los buques Utah, Prairie, Texas, Montana, Dakota, Indianápolis, New York, Rochester, Florida, entre otros, descendieron los soldados norteamericanos. La ciudad estaba desolada, apenas unos cien hombres de los batallones 18 y 19 encarnaban la defensa de la soberanía nacional. Sin embargo, al conocer lo que estaba sucediendo, la gente se movilizó y pronto se alistaron voluntarios, alumnos de la Escuela Naval y hasta algunos presidiarios para defender al puerto.




Las calles de Veracruz se convirtieron en un campo de batalla. Los espontáneos soldados repelían la fuerza de las tropas norteamericanas que se movilizaban por cientos. La superioridad era notoria. Los infantes estadunidenses pronto tomaron los edificios de correos y de telégrafos, la aduana y la estación de ferrocarril, así como algunas calles principales.












Mientras tanto, en busca de una solución al conflicto, los gobiernos de México y Estados Unidos aceptaron la mediación diplomática de Argentina, Brasil y Chile, conocida como ABC. Los delegados, reunidos en Niagara Falls, firmaron el protocolo final el 1 de julio de 1914, el cual satisfacía los deseos de Wilson de que Huerta dejara el poder. Estados Unidos no solicitó indemnización, con lo que demostraba que, efectivamente, nunca hubo una razón que justificara la invasión.

La desocupación de la ciudad se llevó a cabo el 22 de noviembre de 1914. Los norteamericanos se enfilaron a mar abierto a bordo de nueve embarcaciones. En ese momento se rindieron honores a la bandera mexicana y se entonó el Himno Nacional. Al día siguiente, a las 11 de la mañana, se llevó a cabo una gran manifestación en la que participaron cientos de niños y se desarrolló un acto patriótico encabezado por el general Cándido Aguilar, gobernador del estado.