El Asesino del Zodíaco Parte 1[Megapost]

“Me gusta matar gente porque es divertido”.
Carta de Zodíaco


serie

David Arthur Faraday, de diecisiete años, un estudiante becado que jugaba en el equipo de su curso, era uno de los mejores alumnos del instituto de Vallejo, California (Estados Unidos). A finales de 1968 conoció a una chica morena de dieciséis años, Betty Lou Jensen, que vivía en la otra punta de la ciudad. Desde entonces iba a verla casi todos los días. Aquel día, viernes 20 de diciembre de 1968, a las 17:00 horas, David y Betty Lou hablaron con unos amigos en la calle Anette sobre su cita de esa noche. Iba a ser la primera. David salió de casa a las 18:00, y a las 19:10 llevó a su hermana, Debbie Faraday, a una reunión de las Rainbow Girls en el Pythian Castle, en el bulevar Sonoma. David le dijo a Debbie que a lo mejor él y Betty Lou irían después a la carretera del Lago Herman porque le habían dicho que “algunos colegas iban a salir por ahí esa noche”. David volvió a la casa de sus padres en Sereno Drive. A las 19:20 horas, David se vistió para su cita. Llevaba una camisa azul claro de manga larga, unos pantalones de pana marrón tipo Levi's, calcetines negros y botas de color ocre, de gamuza. Se puso su reloj Timex con caja y correa de cromo en la muñeca izquierda, y se metió un dólar y cincuenta y cinco centavos, en monedas, en el bolsillo derecho de adelante; también un pañuelo blanco y una botellita de pastillas para el aliento marca Binaca. En el dedo corazón se puso el anillo de metal amarillo de su curso con una piedra roja. Se despidió de sus padres y salió a las 19:30 horas. Se metió al automóvil Rambler familiar de cuatro puertas, color marrón, que estaba registrado con el nombre de su madre. Condujo hasta el número 123 de Ridgewood, una casa baja y alargada rodeada de hiedra y de árboles altos y finos. David se paró en la entrada. Eran las 20:00 horas. Betty Lou Jensen les había dicho a sus padres que iba a ir con David a un concierto de villancicos en su instituto, Hegan High, a sólo unas manzanas de distancia. Llevaba un vestido corto, color morado, con puños y cuello blancos.

Betty Lou Jensen

asesino

Muchas veces le decía a su hermana Melody que creía que un chico del instituto la espiaba, y, en varias ocasiones, la señora Jensen se había encontrado abierta la puerta que daba al lado de la casa. ¿Un compañero de clase? ¿O la espiaba alguien más? Mientras esperaba a Betty Lou, David habló con el padre de ésta, Verne. Sus padres eran del Medio Oeste, pero ella había nacido en Colorado, como la madre de David. Cuando Betty Lou salió, David la ayudó a ponerse el abrigo blanco de piel. Con el bolso en la mano, se despidió de su padre con un beso, le dijo que iban a ir a una fiesta después del concierto, y se fue a las 20:20, prometiendo que volvería a las 23:00 horas. Pero en vez de ir al concierto, los dos se fueron a ver a Sharon, otra estudiante, en Brentwood, cerca del instituto. A las 21:00 horas, Sharon los acompañó al coche. No le dijeron adónde iban después. Sobre la misma hora, en la carretera del lago Herman, a unos kilómetros de distancia de los límites de Vallejo, dos cazadores de mapaches que acababan de aparcar su furgoneta roja en el rancho Marshall, vieron un Chevrolet Impala blanco modelo 1960, no descapotable, de cuatro puertas, aparcado al lado de la entrada de la estación de bombeo de agua de Benicia. En ese momento un camión salía por la puerta de la estación de bombeo y se metía en la carretera vacía.

David Faraday

zodiaco

A las 21:30 horas, un acontecimiento infrecuente sucedió en aquel lugar: un chico y su novia aparcaron el coche deportivo de la chica al lado de la carretera sinuosa para que él arreglara el motor. Los dos vieron un coche, seguramente un Valiant azul, que iba por la carretera de Benicia en dirección a Vallejo. Cuando el coche rebasó a la pareja, redujo la velocidad, siguió recorriendo unos metros y se paró en medio de la carretera. Vieron que se encendían las luces blancas de marcha atrás. Entonces empezó a retroceder hacia ellos con lentitud exasperante. Las acciones parecían tan amenazadoras que el joven puso en marcha el coche de su amiga y salió a toda velocidad. El Valiant los siguió. Cuando la pareja llegó a la salida de Benicia, se metió por ella. El otro coche continuó todo recto. A las 22:00, Bingo Wesher, un pastor de ovejas del rancho Old Borges, contaba sus reses al este de la estación de bombeo de Benicia cuando vio un sedán Chevrolet Impala blanco aparcado cerca de la entrada de la estación, delante de la puerta. También vio la furgoneta Ford del 59 de los cazadores de mapaches.

El auto estacionado en el camino a Vallejo

buscado

Después de tomar una Coca-Cola en el café Mr. Ed's, David y Betty Lou siguieron al este por Georgia y giraron a la izquierda en la avenida Columbus. En el límite de la ciudad de Vallejo, giraron a la derecha por la estrecha y sinuosa carretera del lago Herman. Pasaron por las grandes torres de la empresa de materiales de pavimentación, rocas y asfalto SVAR, cuya maquinaria horadaba una ladera de color naranja y marrón. Allí había minas de plata, y a David le habían hablado de dos hombres que querían poner en marcha una mina de azogue en las tierras de cultivo. El primer kilómetro y medio de la carretera estaba lleno de pequeños ranchos. De día las laderas estaban salpicadas de vacas que pastaban en las colinas. Ahora, la noche era cerrada. David y Betty Lou se dirigieron al este, a un apartado camino donde iban las parejas. La policía lo visitaba regularmente para avisarles de los posibles peligros de aparcar en una zona tan aislada. Justo antes de las 20:15 horas, David salió de la carretera por la derecha y aparcó a cuatro metros y medio, mirando al sur, en la zona de gravilla frente a la puerta número 10, la entrada de la alambrada a la estación de bombeo del lago Herman. Cerró las cuatro puertas, dejó el abrigo blanco de piel y el bolso de Betty Lou y su chaqueta en el asiento de detrás del copiloto, y encendió la calefacción. Echó hacia atrás el asiento frontal reclinable y lo puso en un ángulo de cuarenta y cinco grados. No había farolas, y el pedregoso claro estaba rodeado de suaves montículos y tierras de labranza. Aquel sitio era popular entre las parejas porque los chicos podían ver las luces de un coche patrulla de la policía si se acercaba por la curva de la carretera, lo que les daba tiempo para desembarazarse de la cerveza o de los cigarrillos de marihuana.

en

A las 22:15 una mujer y su novio, un marinero, pasaron por allí en coche. Al llegar al final de la carretera y volver quince minutos después, el coche seguía allí, pero ahora miraba a la carretera en dirección sureste. A las 22:50 la señora Stella Borges llegó a su rancho en la carretera del Lago Herman, exactamente a 2.8 kilómetros de donde Betty Lou y David habían aparcado. Cuando la señora Borges entró, el teléfono sonó y empezó a hablar con su madre. Quedaron en que la señora Borges iría a recoger a su hijo de trece años de un concierto aquella noche. A las 23:00, la señora Peggy Your y su marido, Homer, fueron a la carretera del Lago Herman con su Grand Prix dorado del 67 para revisar las tuberías y las alcantarillas que su empresa iba a instalar cerca de la estación de bombeo. Al pasar al lado del Rambler, la señora Your vio a David sentado en el asiento del conductor y a la chica apoyada en su hombro. Cuando los faros del coche de los Your iluminaron la puerta, vio que David ponía las manos en el volante.

La escena del crimen

El Asesino del Zodíaco Parte 1[Megapost]

Después de echar un vistazo al lugar de las obras, los Your siguieron hasta el pie de la colina y entraron en el rancho Marshall para dar la vuelta y volver a Benicia. Vieron la furgoneta roja de los cazadores de mapaches aparcada en el campo, a siete metros y medio. Los dos cazadores, con gorro de lana y chaquetas de caza, se encontraban dentro de la furgoneta. Después de dar la vuelta, los Your volvieron a pasar al lado del Rambler. David y Betty Lou seguían sentados en la misma posición. Los cazadores de mapaches habían vuelto a la furgoneta andando por el camino al lado del río. Estaban a punto de marcharse cuando vieron que el coche de los Your se metía por el camino de entrada. Eran las 23:05 cuando al fin se fueron, y los dos hombres vieron el Rambler aparcado y solo junto a la puerta, ahora con el cofre apuntando a ésta. Cuando otro coche tomó la curva de la carretera y los iluminó con los faros, Betty Lou y David se estuvieran abrazando. En vez de dejar atrás el vehículo, este coche se paró a su lado, a unos dos metros de distancia. El conductor era un hombre con un anorak; probablemente usaba gafas. Ahí se quedaron los dos coches, uno al lado del otro, junto a una desierta carretera rural.

serie

A las 23:10 un trabajador de la refinería Humble en Benicia volvía a casa cuando pasó junto al Rambler. Lo vio, pero no se fijó en la marca y el color del otro auto. El coche del trabajador de la refinería se perdió de vista. Una brisa seca agitaba la hierba helada de la carretera. La reconstrucción de los investigadores especularía que el recién llegado bajó al fin su ventanilla y pidió a David y Betty Lou que bajaran del coche. Sorprendida, la joven pareja seguramente se negó. El hombre corpulento abrió la puerta de su coche. Al salir, sacó una pistola de debajo del anorak oscuro. El desconocido se quedó mirando a Betty Lou, cuya ventana estaba abierta. En vez de meterse a la fuerza por la entrada más fácil (la del lado del copiloto), el desconocido empezó a acecharles dando vueltas al coche. Se detuvo, apuntó casi al centro de la ventana posterior derecha, encima de la varilla de cromo de la parte inferior, y disparó. Rompió el cristal. Se dirigió al lado izquierdo del automóvil y disparó otra vez en el hueco de la rueda posterior izquierda. Su intención parecía ser la de obligar a los jóvenes a desplazarse al lado izquierdo del coche. Lo logró.

asesino

Cuando ambos adolescentes se apartaron apresuradamente del lado del copiloto, el desconocido corrió hacia allí. Betty Lou salió del vehículo. Cuando David pasó al asiento del copiloto y volvió la cabeza para salir, el hombre metió el brazo con la pistola por la ventana abierta, puso el cañón en la parte superior de la oreja izquierda del chico y apretó el gatillo. La bala salió horizontalmente y en ángulo, dejando las quemaduras de pólvora típicas de una herida causada por contacto. La cabeza del chico explotó. Betty Lou gritó y corrió hacia el norte, en paralelo a la carretera y en dirección a Vallejo. Persiguiendo a la chica con la pistola extendida, a menos de tres metros detrás de ella, el hombre corpulento disparó a Betty Lou cinco veces. Los disparos estaban cerca unos de otros en la parte superior derecha de su cuerpo. La puntería era increíble: un blanco en movimiento, un pistolero en movimiento corriendo sobre gravilla, en una carretera rural casi completamente a oscuras. Betty Lou cayó muerta exactamente a 8.55 metros del parachoques trasero del Rambler. La chica que huía ni siquiera llegó a la calzada. Cayó sobre el costado derecho, con el rostro hacia abajo, los pies al oeste. David estaba de espaldas, con los pies apuntando a la rueda posterior derecha. Respiraba de forma áspera y casi imperceptible. Un gran charco de sangre empezaba a formarse en torno a su cabeza.

zodiaco

El desconocido dio marcha atrás con su automóvil y se alejó por la carretera. La señora Borges, que seguía con el abrigo puesto, colgó el teléfono y, con su suegra y su hija, cogió el coche para ir a Benicia. Miró el reloj de la cocina. Eran las 23:10. Tardó cuatro o cinco minutos, a cincuenta kilómetros por hora, en llegar al sitio donde David había aparcado. Al doblar la esquina de la carretera al lado de la alambrada, sus faros iluminaron la escena. Al principio la señora Borges creyó que el hombre se había caído del coche. Después, cerca de una señal de tráfico amarilla en forma de rombo, vio a Betty Lou. La puerta delantera derecha del Rambler seguía abierta; el zumbido de la calefacción se oía en el silencio. La señora Borges aceleró por la estrecha autopista a Benicia para buscar auxilio. Justo al norte de la Interestatal 680 vio un coche patrulla de Benicia y empezó a tocar el claxon y a manipular las luces para llamar su atención. Los dos coches se detuvieron delante de la gasolinera Enco en la calle 2 Este y la señora Borges les contó a los agentes la escena que había visto en la cuneta. Eran las 23:19.

buscado

El coche de la policía se dirigió con las luces azules intermitentes al escenario de la agresión y llegó en tres minutos. Los agentes, el comandante Daniel Pitta y el agente William T. Warner, vieron que el chico respiraba débilmente y llamaron a una ambulancia. Registraron el Rambler de dos colores. El motor estaba tibio, la llave de contacto puesta, la puerta delantera derecha abierta de par en par, las otras tres puertas y la del maletero cerradas. Encontraron un casquillo calibre .22 usado a los pies del asiento del copiloto. Como el terreno y la zona de gravilla estaban heladas, no había marcas visibles de neumáticos ni señales de lucha. Taparon a Betty Lou con una manta de lana. El gran charco de sangre que se había formado alrededor de su cuerpo procedía en su mayor parte de la nariz y la boca. El rastro de sangre conducía al coche. David estaba tumbado boca arriba. El comandante Pitta advirtió, gracias a la zona oscura alrededor de la herida de la oreja izquierda, que la bala había sido disparada a corta distancia. Tenía un gran bulto en la mejilla derecha, sangre en las manos y en las mangas de la camisa. Warner dibujó con tiza la silueta de la figura inmóvil, cuyos pies estaban cerca de la puerta del copiloto. Cuando la ambulancia llegó, pusieron a David en una camilla, lo metieron en la parte trasera del vehículo y fueron a toda velocidad, con la sirena ululando, al Hospital General de Vallejo. En el trayecto, un médico se ocupó de él. A las 23:29, Pitta llamó al juez de instrucción del condado, Dan Horan. Dado que la agresión se había producido en una zona escasamente habitada del condado de Solano, fuera de la jurisdicción de la policía de Benicia, se lo notificó a la oficina del sheriff del condado de Solano por radio y pidió una unidad y un inspector. Horan se vistió rápidamente. A medianoche ya estaba en el escenario del crimen con el doctor Byron Sanford de Benicia. Horan siempre se encargaba de la parte difícil e informaba en persona a las familias de las víctimas. Sanford certificó la muerte de Betty Lou y mandó que se llevaran el cadáver para realizarle la autopsia. Primero hicieron fotos desde todos los ángulos posibles. Un periodista de The Fairfield Daily Republic, Thomas D. Balmer, había llegado antes, pero no le dejaron pasar hasta que llegó el inspector a las 00:05 horas. A esa misma hora, David Faraday expiró; llegó muerto al hospital.

El auto de las víctimas

en

Se recuperaron siete balas en las víctimas y en el vehículo. Cuatro de ellas se encontraban en buenas condiciones; las otras tres estaban en mal estado. Dos de ellas no se encontraron: se perdieron en algún lugar del campo que se extendía junto a la carretera del Lago Herman. Todas las balas recuperadas tenían un ángulo de giro a la derecha en el sentido de las agujas del reloj, con seis campos y seis estrías: balas “seis y seis”. Lundblad siguió metódicamente todas las pistas que surgieron. El último día de las víctimas fue reconstruido con exactitud minuto a minuto; se recogieron treinta y cuatro testimonios detallados. Lundblad investigó la vida privada de las dos víctimas, trabajando casi las veinticuatro horas. La familia y los amigos de Betty Lou y David fueron interrogados, así como los sospechosos habituales de la zona. Entre otras posibilidades, había doscientas noventa personas registradas en el Hospital Psiquiátrico del Estado en Napa que vivían en esa región. La familia de Betty Lou le contó a Horan que había un chico despechado que la había estado molestando en el instituto y que había amenazado a David: "Estoy pensando en pegarte con unas nudilleras de metal". También sospechaban que ese chico podía ser el que merodeaba por el jardín de noche. Horan pasó esta información a Lundblad, que descubrió que el sospechoso tenía una coartada incontestable: después de la fiesta de cumpleaños de su hermana, el muchacho vio la televisión hasta las 23:00 horas, acompañado de un policía de Mare Island. Se siguieron las pistas ofrecidas por la gente. Pero los asesinatos no parecían responder a ningún motivo, aparte del puro placer de matar. Lundblad no encontró ningún indicio de intento de robo o abuso sexual en las víctimas. El reino del terror de “El Asesino del Zodíaco” había comenzado.

Mapa del crimen

El Asesino del Zodíaco Parte 1[Megapost]

Al saberse la noticia de los crímenes, una chica llamada Darlene Ferrin le dijo a su compañera de trabajo, Bobbie Ramos: “Tengo miedo. Yo conocía a los dos chicos que han matado en la carretera del Lago Herman. Los conocía del Instituto Hagan”. El Instituto Hagan estaba sólo a una manzana de la casa de Betty Lou. Darlene había estudiado allí. Los viernes, sábados y domingos por la noche Bobbie Ramos trabajaba con Darlene hasta las 03:00 horas en el restaurante Terry's de la calle Magazine, en Vallejo. Era muy amable y la gente hacía fila para que los atendiera ella. Y tenía un llamativo parecido con Betty Lou Jensen. Darlene, su segundo marido, Dean, y su hija pequeña, Dena, vivían en el 560 de la calle Wallace. Su esposo trabajaba como cocinero en el restaurante italiano Caesar's Palace. Pam Sue, la hermana pequeña de Darlene, había encontrado dos paquetes en la puerta de la casa de los Ferrin, pero nunca había visto quién los había dejado. Un día abrió la puerta a tiempo de ver a un hombre con gafas de concha que dejaba un tercer paquete. Lo había visto antes, en un coche blanco aparcado delante de la casa. “Me dijo que bajo ningún concepto debía mirar el interior del paquete. Se quedó detrás de la puerta. Y luego afuera, en su coche, durante muchísimo tiempo después de entregar el paquete. Cuando Darlene llegó a casa preguntó si habían traído algo para ella. Le di el paquete y se lo llevó a la habitación del fondo y, cuando le pregunté qué era, no dijo nada. A partir de entonces estuvo distinta. Parecía muy nerviosa y se llevó el teléfono a su habitación e hizo una llamada, y después me hizo salir a toda prisa y me acompañó a casa muy rápido”, declararía. Pam se enteró por fin de que en el primer paquete había un cinturón de plata y un bolso de México y en el segundo una tela de flores blanca y azul. Darlene quería la tela para hacerse un vestido.

Darlene Ferrin

serie

Un día que se reunieron para pintar paredes, Darlene invitó a muchos de sus amigos a su casa para que la ayudasen a arreglarla. Darlene, pese a estar casada, tenía constantemente relaciones con otros hombres. Entre los amigos de Darlene no era ningún secreto que tenía varios amantes, entre ellos, algunos policías de la oficina del sheriff. El rebelde hermano menor de Darlene, Leo, estuvo en aquella reunión, así como los gemelos Michael “Mike” y David Mageau, amigos íntimos de Darlene. Había cerca de veinte personas allí. Tres de los que asistieron eran policías de Vallejo. Aparte de Darlene, la única mujer era una amiga suya. Darlene llamó a su hermana Linda y le pidió que fuera también. Mientras Linda estaba de camino, otro invitado, un hombre corpulento, llegó a la nueva casa. Linda declararía tiempo después: “Aquel día mi hermana Darlene tenía tanto miedo que me dijo: ‘Vete, Linda, vete’. El tipo aquel era muy raro y ella me dijo que no me acercara a él. Era el único que iba bien vestido. Todos los demás llevaban vaqueros viejos y pintaban (…) Lo recuerdo sentado en una silla. Las gafas de montura oscura, el cabello rizado, con aspecto de hombre maduro. Entrado en kilos... Estuvo sentado casi todo el rato. Recuerdo que me metí en un dormitorio pequeño con Darlene y le pregunté: ‘Darlene, ¿qué te pasa?’. Estaba muy nerviosa. Ese tipo la tenía aterrorizada. No podía ni comer. No sonreía. No era la Darlene que yo conocía. Algo le preocupaba. Cuando llegué él ya estaba ahí. No quería que yo tuviese relación alguna con él. Me pidió que me fuera porque no quería que él conociese a una parte de la familia. Era muy extraño. Pensé en ello, pero luego me fui a Texas en mi cumpleaños, en junio. Ella dijo no sé qué sobre drogas. Grupos de personas no dejaban de entrar continuamente en el dormitorio. A mí no me dejaron entrar. Una persona dio a entender que alguien había estado siguiendo a Darlene y Darlene cambió de tema y dijo: ‘No te preocupes, nadie me va a hacer daño’ (…) (Días después vi al hombre) en Terry's. Me senté a su lado. Recuerdo que comía tarta de fresa. Y que Darlene se puso muy nerviosa porque yo me senté a su lado. Él estuvo hablando conmigo; a ella la situación la alteró mucho. No dejó de decirme entre cuchicheos que me alejara de él. El tipo llevaba una chaqueta de cuero. Siempre olía a cuero (…) Estuve allí una hora y media sentada en el mostrador y él no dejó de comer tarta de fresa (…) El hombre no siempre llevaba las gafas. Se las puso para mirar la cuenta. (…) Su coche tenía una matrícula antigua de California. Era completamente blanco”.


Darlene poco antes del ataque

asesino

El viernes 4 de julio de 1969, a las 15:45, Dean Ferrin llegó a trabajar al restaurante italiano. Quince minutos después, su esposa Darlene llamó a uno de los gemelos, Michael “Mike” Mageau y quedó con él para ir al cine en San Francisco a las 19:30 horas. Media hora después, Darlene y su hermana entraron al restaurante. Darlene había ido para ver a Dean de camino a Mare Island, donde pensaba asistir a las celebraciones del 4 de julio y el desfile de barcos en el canal. Su hermana participaba en el concurso de “Miss Fuegos Artificiales” y tenían que estar en el desfile de barcos. Dijo que regresaría a su casa hacia las 22:00 horas. Su esposo Dean le comentó que había invitado a algunas personas a su casa esa noche para hacer una fiesta. Le pidió a Darlene que comprara fuegos artificiales cuando regresara. A las 18:45, Darlene fue a Terry's a contarle a su amiga Bobbie lo de la fiesta que iba a celebrarse en su casa esa noche. A las 19:00 horas, Michael Mageau recibió una llamada de Darlene, en la que ésta le dijo que tenía que quedarse con su hermana y que llamaría o que llegaría más tarde. Cuando Darlene y su hermana regresaron de Mare Island volvieron a Caesar's Palace, y a las 22: 15 Darlene llamó a la niñera para ver cómo iban las cosas. Ésta le dijo que uno de sus amigos de Terry's había estado intentando localizarla. Darlene llegó al estacionamiento de Terry's a las 22:30 horas y habló unos diez minutos con su amiga. Al marcharse, se paró a hablar con un hombre maduro en un coche blanco. Darlene llegó a su nueva casa y la niñera de su hija, Janet Lyne, la recibió en la puerta. Le dijo que un hombre con voz madura había estado llamando toda la tarde pero que no había querido dejar su nombre ni un mensaje. “Ha dicho que volvería a llamar”, dijo Janet.

Michael Mageau

zodiaco

Darlene se cambió de ropa, despertó a su hija Dena y empezó a jugar con ella. Le dijo a Janet sobre la fiesta. Darlene tenía previsto llevar a la niñera a su casa y después volver para ordenar la suya. Sin embargo, cuando, con Dena en brazos, acompañó a las chicas al automóvil, el teléfono empezó a sonar dentro de la casa y corrió a cogerlo. Al volver, preguntó a la niñera si le importaba quedarse hasta las 00:15 horas y ella respondió que se quedaría. Darlene pretextó: “Tengo que volver a salir y comprar fuegos artificiales para la fiesta”. Salió inmediatamente y se dirigió a casa de su amigo Mike. Darlene se detuvo delante de la casa, apagó el motor y esperó. Enseguida salió Mike con tanta prisa que dejó las luces prendidas, la puerta abierta y el televisor encendido. Darlene arrancó el coche y emprendió la marcha; entonces, según testigos, empezó a seguirlos otro coche de color claro que estaba aparcado en las sombras de la calle arbolada. Darlene aceleró y se dirigió a la Avenida Columbus, en la misma dirección que la carretera del Lago Herman. Eran las 23:55 horas. El coche los seguía a gran velocidad. Darlene giró varias veces para despistar al desconocido. Empezó a bajar por calles adyacentes, pero el coche les seguía cada vez más deprisa y a mayor velocidad. Mike le decía: “Oh, no, ve todo recto... ¡ve todo recto! Métete por ese camino”. El otro coche, persiguiéndolos sin cesar, los empujaba a las afueras de la ciudad. A seis kilómetros del centro de Vallejo estaba el campo de golf de Blue Rock Springs, otro lugar bien conocido donde se daban cita las parejas. Hacía allí se dirigían Darlene y Mike. Darlene giró nerviosamente a la derecha y se metió en el estacionamiento. A veinte metros de la entrada chocó contra un tronco y el coche se apagó. Estaban delante del campo de golf; a la derecha de Darlene, al fondo, había un bosque. El suyo era el único coche aparcado. La pareja permaneció un momento en la oscuridad antes de que el otro coche los alcanzara, apagara las luces y se estacionara a dos metros y medio de ellos, a la izquierda. El cofre del segundo coche estaba casi al mismo nivel que el parachoques trasero del coche de Darlene; Mike vio que el conductor era un hombre. Casi inmediatamente, el otro coche se marchó a toda velocidad y con gran estruendo en dirección a Vallejo. Mike suspiró aliviado. No obstante, el coche volvió al cabo de cinco minutos. Ahora aparcó detrás de ellos, a la derecha del Corvair de Darlene, con las luces encendidas. Mike advirtió que se había estacionado formando una tangente, una técnica para bloquear el paso que utilizan los policías de tráfico. Mike había aparcado otras veces en ese lugar y había aparecido un coche de policía dispuesto de esa manera.

La hermana de Darlene

buscado

De pronto, una luz brillante e intensa, como la de un coche de policía, los iluminó desde el otro vehículo. Su único ocupante abrió la puerta y, con una linterna, avanzó hacia la pareja, sin dejar de dirigir la luz brillante de una cara a la otra. La luz se apagó. Era un farol con asa, de los que Mike había visto en barcos. Pensando que era la policía, Mike le dijo a Darlene: “Viene la policía, saca tu identificación”, y se metió la mano en el bolsillo trasero derecho para coger la cartera. Darlene sacó la suya del bolso y lo volvió a dejar en la parte trasera, detrás del asiento de Mike. El hombre se acercó al lado del copiloto; la ventana estaba bajada. Sin previo aviso, la luz cegadora volvió a abatirse sobre los ojos de Mike. El desconocido era invisible. Mike oyó el chasquido de metal en el marco de la ventana. Luego vio un estallido de luz; el hombre le había disparado. El estruendo del balazo lo dejó sordo. La bala lo golpeó, muy caliente, y Mike sintió que le salía sangre. Aunque los disparos parecían sonar fuerte, a Mike le dio la impresión de que la pistola llevaba algún tipo de silenciador. El hombre le disparó más veces a la pareja. Darlene se desplomó sobre el volante; la habían alcanzado las balas que habían atravesado el cuerpo de Mike y las balas dirigidas a ella. Recibió nueve disparos. Dos de ellos le dieron en el brazo derecho y dos en el izquierdo; cinco balas en el lado derecho de la espalda, atravesando el pulmón y el ventrículo izquierdo del corazón. Mike intentó agarrar el asa de la puerta, tanteando frenéticamente con los dedos y, para su horror, se dio cuenta de que la habían quitado. Estaba indefenso. El muchacho tenía una herida en el brazo derecho y sentía un dolor terrible cuando el atacante, sin mediar palabra, se dio la vuelta y empezó a marcharse. Mike soltó un fuerte grito de agonía. El asesino se detuvo, se dio la vuelta lentamente, y miró por encima del hombro de su anorak hacia donde estaba Mike. Con su mano en el asa de la puerta, el perfil del hombre corpulento quedó iluminado por la luz interior de su coche y, por primera vez, Mike vio el rostro de su agresor. El rostro del hombre parecía grande y no llevaba gafas. Daba la impresión de tener entre veintiséis y treinta años y el cabello castaño claro, corto, rizado, rapado al estilo militar. Su constitución era “fornida, corpulenta sin ser fofa”, quizá pesaba entre 98 y 100 kilos. Llevaba pantalones de pinzas. El intruso regresó para rematar la tarea. Se inclinó delante de la ventana abierta del Corvair y le disparó dos veces más al chico. Mike dio unas patadas en un patético intento de defenderse. Como no podía salir, se metió de un salto en la parte de atrás del coche, agitando las piernas espasmódicamente. El hombre le disparó a Darlene dos veces más, se dio la vuelta, se metió en su coche, y se fue a toda velocidad. Mike, herido en la pierna izquierda, en el brazo derecho y en el cuello, pudo llegar al fin al asiento delantero. Abrió la puerta del copiloto desde fuera, salió del coche y cayó en el aparcamiento. Las heridas de la mejilla y del cuello le sangraban profusamente; la bala le había entrado por la mejilla derecha y le había salido por la izquierda, agujereándole la mandíbula y la lengua. Sentía como si “un mazo lo hubiera golpeado” y, cuando intentó hablar, sólo articulaba un grito ahogado. Ni siquiera podía pedir ayuda. En el asiento delantero oía los gemidos de Darlene. Tres adolescentes lo encontraron un rato después y llamaron a la policía. Pese a sus heridas, Mike Mageau sobrevivió para declarar ante la policía. Darlene no; la chica murió poco después, a las 00:38 horas, camino al hospital.

El automóvil en la escena del crimen

en

Exactamente a las 00:40 horas, un hombre hizo una llamada a la comisaría de Vallejo desde un teléfono público a través de operadora. La telefonista Nancy Slover respondió. Una voz de hombre sin acento, regular y sin altibajos, suave pero enérgica, dijo: “Quiero informar de un doble asesinato. Si recorren un kilómetro y medio en dirección este por la avenida Parkway hasta el parque público, encontrarán a dos jóvenes en un coche marrón”. Nancy Slover intentó interrumpirlo para obtener más información, pero él habló más fuerte y la interrumpió. Le pareció que su interlocutor era de mediana edad. Éste no dejó de hablar hasta que terminó su declaración. “Han sido abatidos con una Luger de 9 milímetros. También maté yo a los chicos del año pasado. Adiós”. Al despedirse, la voz se hizo más grave y cobró un matiz provocador. Nancy oyó que colgaban el auricular. Después de colgar, el asesino debió de quedarse un minuto en una cabina telefónica iluminada. De pronto el teléfono empezó a sonar; un hombre negro de mediana edad con ropa andrajosa que pasaba por allí miró y vio al hombre corpulento en la cabina. Para que el teléfono dejara de sonar, lo cogió y lo dejó colgando. Volviendo la cabeza, el asesino abrió la puerta de la cabina y se sumió en la oscuridad. Al cabo de un momento, desapareció a paso rápido en la noche.

El Asesino del Zodíaco Parte 1[Megapost]

A las 00:47 horas, Pacific Telephone localizó la llamada en la gasolinera Joe's Union en las calles Tuolumne y Springs, justo enfrente de la comisaría de Vallejo y visible desde la casita verde de Darlene y Dean en la calle Virginia. Era posible que el hombre corpulento pasara por delante de ella después de hacer la llamada. En ese momento Dean seguía en el trabajo, y en ella sólo estaban Dena y la niñera. La policía llamó al padre de Dean porque el Corvair estaba matriculado a su nombre. Fue, por tanto, el primero en enterarse de la muerte de Darlene. Después, la policía intentó contactar telefónicamente con la casa de los Mageau, pero, al no conseguirlo, mandaron a dos agentes. Estos salieron del coche patrulla y se acercaron con sigilo a la casa, porque la puerta estaba abierta y las luces encendidas. A excepción del ruido de la televisión, no oyeron nada más. Se encontraron con la casa vacía.


La casa de Darlene y Dean, en la actualidad

serie

Después de cerrar Caesar's Palace, los dueños y los empleados, incluido Dean, se dirigieron a casa de este último; en el camino compraron algunas botellas. Cuando llegaron y Dean no encontró a su mujer, salió a buscarla. El teléfono sonó a la 01:30 y un amigo contestó. Lo único que oyó fueron unos jadeos. Quince minutos después, los padres de Dean recibieron una llamada parecida y sólo oyeron unos jadeos. Lo único que sabían es que había alguien. A continuación, Dean recibió una llamada de un bromista. Fueron tres, por tanto, las llamadas anónimas a parientes de Darlene menos de una hora y media después de que la disparasen, mucho antes de que se divulgara el crimen en los periódicos o en la radio. Los padres de Darlene no recibieron ninguna llamada: su número no aparecía en la guía telefónica. ¿Buscaba el asesino una persona en concreto con la que hablar? ¿Era a Dean a quien quería provocar y no conocía su voz? La policía llegó poco después e informó del crimen a Dean.

Mapa del crimen

asesino

El sobre que llegó días después al periódico The San Francisco Chronicle llevaba un matasellos de San Francisco y tenía dos timbres de seis centavos de Roosevelt, colocados verticalmente, uno encima del otro. La carta que contenía, escrita en una caligrafía pequeña y apretada, era fría y amenazadora. La misiva iba acompañada de la tercera parte de un criptograma dibujado con esmero y compuesto de símbolos extraños. Era una carta al director. En ella, su autor se declaraba responsable de los asesinatos de David, Betty Lou y Darlene. Iba firmada con el símbolo de un círculo con una cruz encima; se convertiría en el distintivo del asesino.

La firma de Zodíaco

zodiaco

En aquel momento, ningún asesino desde Jack el Destripador había escrito a la prensa, ni se había burlado de la policía ofreciendo pistas sobre su identidad. La carta, escrita con rotulador y abundantes faltas de ortografía, decía lo siguiente: “Soy el asesino de los 2 adolescentes las nabidades pasadas en el lago Herman y la chica el cuatro de julio cerca del campo de golf de Vallejo. Para demostrar que los he matado voy a dar ciertos datos que sólo la policía y yo sabemos. Nabidades: 1.- Nombre de la marca de munición Super X. 2.- Disparé 10 veces. 3.- el chico estaba de espaldas con los pies apuntando al coche. 4.- la chica estaba sobre el costado derecho con los pies hacia el oeste. 4 de julio: 1.- la chica llevaba pantalones con dibujos. 2.- También disparé al chico en la rodilla. 3.- El nombre de la marca de munición era Western. Esto es parte de un mensaje en clave las otras dos partes de la clave las he mandado a los directores del Vallejo times y SF Examiner. Quiero que saque esta clave en primera plana de su periódico. En esta clave se halla mi identidad. Antes de la tarde del bie. 1 de Agosto 69, saldré a matar y arrasar. Bier. noche. Daré bueltas todo el fin de semana matando gente solo por la noche luego me iré para volver a matar asta que acabe con doce personas durante el fin de semana”.

Las cartas de Zodíaco

buscado

The San Francisco Examiner y The Vallejo Times-Herald también recibieron la siniestra carta, con muy ligeras variaciones y sus correspondientes mensajes cifrados. Los periódicos publicaron parte del texto de las cartas, pero, a petición de la policía, no reprodujeron la carta completa, a fin de guardar en secreto ciertas cosas que sólo el asesino podía saber. Cada tercio del mensaje estaba compuesto de ocho líneas con diecisiete símbolos cada una: símbolos griegos, meteorológicos, código Morse, letras del alfabeto, código de señales marítimas y signos astrológicos. Después de hacer fotocopias, los periódicos mandaron a la policía las cartas originales y el mensaje en clave. A su vez, el Departamento de Policía de Vallejo hizo copias del código y las mandó a Inteligencia Naval para que lo descifrasen. Tanto el Times-Herald como el Chronicle publicaron su tercio del código en las siguientes ediciones. El jefe de la policía de Vallejo, Jack E. Stiltz, no estaba totalmente convencido de que el asesino hubiera escrito las cartas, y pidió públicamente al autor que “mandara una segunda carta con más datos para demostrado”. Stiltz reconoció que las cartas contenían detalles de los asesinatos que el público no conocía, pero dijo que los podía conocer cualquier testigo que se encontrara en el lugar del crimen. El domingo siguiente, abajo de la parte del Examiner, el periódico publicó los mensajes en clave del asesino enviados al Chronicle y al Times-Herald. Por primera vez el mensaje se conoció en su totalidad.

en

A Donald Gene Harden, un profesor de Historia y Economía de cuarenta y un años del instituto North Salinas, le gustaba descifrar claves desde niño, por lo que leyó el periódico con especial interés. Dado que era un domingo por la mañana y no tenía nada que hacer, decidió darle unas vueltas al criptograma; fue a su estantería y cogió su viejo manual de criptografía. Llegó a la conclusión de que era una “clave de sustitución”, en la que cada letra del alfabeto se sustituye por un símbolo, una letra o una figura. El asesino había utilizado tantos símbolos distintos que resultaba imposible una sustitución de los caracteres uno por uno. El profesor se vio obligado a inventar su propio método para encontrar elementos iguales, buscar patrones o símbolos que se repetían. Harden estuvo sentado a la mesa varias horas. La verdadera dificultad para descifrar el texto era que Harden no sabía qué parte del mensaje en clave iba primero, ni dónde se interrumpían las palabras. Tres horas después, la mujer de Harden se unió al misterio. Betty June Harden avanzó metódica y rápidamente, y trabajaron hasta por la tarde. Por la noche lo dejaron. Harden estaba dispuesto a abandonar el criptograma a la mañana siguiente, pero no pudo convencer a Betty. Aunque a veces ésta no tenía ni idea de lo que hacía, siguió trabajando; Harden terminó por acompañarla.

Algunos símbolos utilizados por Zodíaco

El Asesino del Zodíaco Parte 1[Megapost]

Betty pensaba que el asesino era tan egocéntrico que empezaría con un “yo”. La intuición le dijo que hablaría de matar, y, aunque aún no sabían qué parte del mensaje cifrado era la primera, sugirió que el asesino podría empezar con una frase como “me gusta matar...” Mientras el mensaje se esclarecía ante sus ojos, los Harden vieron las astutas trampas que el asesino había dispuesto. Primero, había escrito el símbolo de una Q al revés para que los descifradores pensaran que era la letra E, la que más se utiliza. Para la letra E de verdad había utilizado siete símbolos distintos. El asesino había recurrido a un sistema de rotación en el que empleaba las diferentes alternativas siguiendo un orden, aunque descubrieron que dos símbolos podían ser la A o la S indistintamente. El asesino cometía faltas de ortografía, probablemente intencionadas, y en algunos puntos se había equivocado al aplicar la clave. Sin embargo, los Harden se mostraron de acuerdo en que no podía haber otra solución distinta a la que finalmente encontraron. La decodificación había supuesto veinte horas de trabajo. El mensaje en clave descifrado decía lo siguiente: “ME GUSTA MATAR GENTE PORQUE ES MUY DIVERTIDO ES MÁS DIVERTIDO QUE CAZAR ANIMALES SALVAJES EN EL VOSQUE PORQUE EL HOMBRE ES EL ANIMAL MÁS PELIGROZO DE CAZAR ALGO HACE QUE SEA LA EXPERIENCIA MÁS EMOCIONANTE ES INCLUSO MEJOR QUE COGER CON UNA CHICA LO MEJOR ES KE CUANDO MUERA RENACERÉ EN EL PARAYSO YLOS QUE HE MATADO SERÁN MIS ESCLAVOS NO DIRÉ MI NOMBRE PORQUE INTENTARIAN REDUCIR O PARAR MI COLECIÓN DE ESCLAVOS PARA EL MÁS ALLÁ EBEORIETEMETHHPITI”.

serie

Harden llamó al director de noche del Chronicle y le dijo que había resuelto el enigma. Se encontró con una respuesta escasamente entusiasta, pues había habido cientos de llamadas al periódico desde la publicación del misterio. Dijeron a Harden que enviara por correo la solución, y que ellos se la entregarían al sargento Lynch. Pero resultó que la pareja de Salinas había descifrado realmente el mensaje en clave que había dejado perplejos a la CIA, el FBI y la Agencia Nacional de Seguridad. Inteligencia Naval pidió a Lynch las hojas de trabajo de los Harden, las revisó, y declaró que la respuesta era correcta. El asesino, respondiendo a la petición del jefe de policía Stiltz, volvió a escribir. En esta ocasión dio más detalles sobre las dos agresiones de Vallejo en una carta de tres páginas: “Estimado director, Zodíaco al habla. Respondiendo a su petición de más detalles sobre lo bien que me lo he pasado en Vallejo, estaré encantado de darle más material. Por cierto, ¿se está dibirtiendo la policía con el mensaje cifrado? Si no, dígales que se animen; cuando lo descifren me tendrán. Con respecto al 4 de julio: no abrí la puerta del coche, La Ventanilla ya estaba vajada El chico al principio estaba en el asiento delantero cuando empecé ha disparar. Cuando le disparé por primera vez a la cabeza, se echó hacia atrás al mismo tiempo y así me estropeó el tiro. Terminó en el asiento de atrás luego en el suelo agitando muy violentamente las piernas; por eso le disparé en la rodilla. No me marché del eszenario del crimen derrapando a toda belocidad como han dicho los periódicos de Vallejo. Me fui lentamente para que mi coche no llamara la atención. El hombre que le dijo a la policía que mi coche era marrón era un negro de unos 40-45 años vestido de manera andrajosa. Yo estaba en una cabina telefónica dibirtiéndome con el poli de Vallejo mientras él pasaba. Cuando colgué el teléfono el puto aparato se puso a sonar & eso hizo que él se fijara en mí & en mi coche. Las Nabidades pasadas: En ese hepisodio la policía se preguntaba cómo podía acertar a mis víctimas disparando en la oscuridad. No lo dijeron abiertamente, pero lo dieron a entender diciendo que había mucha luz esa noche y que yo podía ver siluetas en el orizonte. Una idiotez, esa zona stá rodeada de colinas & árboles altos. Lo que hice fue pegar una linternita fina al cañón de mi pistola. Si se fijan, en el centro del rayo de luz si lo dirigen a una pared o un techo verán un punto oscuro o negro en el centro del círculo de luz a unos siete o quince centímetros de distancia. Cuando está pegado al cañón de una pistola, la bala da directamente en el centro del punto negro de la luz. Yo sólo tuve que acribillar a balazos... No hacía falta destreza”.

asesino

Zodíaco había escrito que, cuando la policía descifrase la clave, “le tendrían”. Lo que el asesino no sabía era que los Harden ya la habían desvelado, pero que su identidad seguía siendo un misterio. Por fin se publicó la solución de los Harden y los aficionados a descifrar claves de toda la zona de la bahía coincidieron en que las letras del final del mensaje en clave, "EBEORIETEMETHHPITI", podían ser un anagrama del verdadero nombre del asesino. Añadiendo unas R, M Y P que faltaban, obtuvieron el dudoso anagrama de ROBERT EMET THE HIPPIE. En los días siguientes, lectores imaginativos del Chronicle siguieron ofreciendo variaciones del anagrama: EMET O. WRIGHT, ROBERT HEMPHILL, VAN M. BLACKMAN, 1 AM O. RIET (yo soy O. RIET), KENETH O. WRIGHT, LEO BLACKMAN, F. L. BOON, TIMOTHIE E. PHEIBERTE. Un suscriptor sugirió que la policía se fijase en la nota de “Urgente, para el Director” que aparecía en los sobres de las cuatro cartas de Zodíaco y que buscara a un “señor Urgente”. Un ciudadano escribió a Lynch diciendo que las letras al final del mensaje descifrado querían decir “Hospital Psiquiátrico de San Benito”. El problema era que ese sitio no existía. En su mensaje cifrado, Zodíaco también decía que “el hombre es la caza más peligrosa”. Había una película que llevaba muchos años fuera de cartel, titulada El malvado Zaroff; estaba basada en el famoso cuento corto de Richard Conell. Narra la historia de un cazador, el Conde Zaroff, que coloca trampas para que los barcos que pasan se dirijan a los arrecifes de la isla que le sirve de bastión. Los supervivientes de los navíos hundidos se convierten en presas humanas que son cazadas en la selva privada del conde.

El conde Zaroff

zodiaco

El sábado 27 de septiembre de 1969, Cecelia Ann Shepard se despidió de su amigo Bryan Hartnell, alumno como ella del Pacific Union College de Angwin. Él estudiaba un curso preuniversitario de Derecho; conocía a Cecelia desde su primer semestre y habían establecido una estrecha relación. Después de pasar las vacaciones de verano con sus padres en Loma Linda, Cecelia volvió el fin de semana para recoger las pocas pertenencias que le quedaban en la universidad y mandarlas al sur de California. Después de dos años en Angwin, iba a cambiarse al Union College de Riverside en octubre, para estudiar música. Hartnell se desplazó desde Troutdale, Oregón, donde también había ido a ver a sus padres, para ayudar a Cecelia a recoger sus cosas.

Cecelia Ann Shepard

buscado

Los dos se vieron temprano y después de ir a misa, pasaron una hora metiendo las cosas en cajas. Fueron andando al comedor de la universidad desde Newton Hall. Durante la comida, el chico la invitó a ir a pasear a San Francisco; ella aceptó. Fueron en el auto modelo Karmann Ghia de él. En un mercadillo de beneficencia de una iglesia en Napa compraron una televisión vieja. Después se pararon en Santa Helena para comprar unas cosas, vieron a unos amigos y llevaron a un par de ellos a casa. Y se les hizo tarde. En vez de ir a San Francisco, Bryan propuso a Cecelia ir al Lago Berryessa; ella aceptó.

en

Aquel día, sobre las 14:50 horas, tres mujeres de veintiún años habían hecho el mismo camino que Bryan y Cecelia. Cuando se pararon en un aparcamiento cerca del restaurante A&W, otro coche, conducido por un hombre solitario, se paró a su lado y después dio marcha atrás para colocar su parachoques trasero al mismo nivel que el de ellas. El hombre agachó la cabeza como si leyera algo. A las chicas les dio la impresión de que no leía. El coche era un Chevrolet de dos puertas, de color plateado o azul, con matrícula de California. El conductor tenía entre veinticinco y treinta y cinco años, medía más de un metro ochenta, y pesaba entre noventa y cien kilos. No llevaba gafas; su cabello negro era liso, con raya al lado. Llevaba una sudadera negra de manga corta y pantalones azul oscuro. Una camiseta le colgaba de la parte trasera de los pantalones, pero iba bastante arreglado y cuidado. Fumaba un cigarrillo tras otro. Las chicas fueron al lago en coche. Una hora después, tomaban el sol cuando vieron que el mismo hombre las observaba. Al cabo de veinte minutos, el hombre se fue.

CONTINUA EN PARTE 2, NO ME DEJO HACER TODO EN UNO PORQUE ES MUY EXTENSO