Enclavada como una joya de otra época en medio de los rascacielos del corazón de Manhattan, su arquitectura es todo un deleite. El viernes 01 de febrero celebró 100 años de existencia.

Grand Central, el post que se merece en su centenario.




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Inaugurada en 1913 tras diez años de trabajos, la estación está situada a la altura de la calle 42 entre las avenidas Lexington y Vanderbilt, es una de las joyas que alberga Nueva York. Las esculturas de Hércules, Mercurio y Minerva en la parte superior de la fachada de Grand Central Terminal junto al reloj con cristales de Tiffany.

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El reloj con cristales de Tiffany puede apreciarse desde las afueras de la estación.
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La estación está enmarcada por amplias escalinatas y un hermoso mural astronómico en su techo que a su vez la convierte en toda una obra de arte.

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La estación alberga aún equipo utilizado hace décadas.
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Así luce el centro donde se ocupan de las rutas de la estación

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Su inmenso hall central, con un puesto de informaciones en el centro y un reloj que sirve de referencia para innumerables citas, parece haber sido construido especialmente para una película y se ha convertido en el icono de la estación.
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Detalle del reloj Tiffany

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Grand Central, el post que se merece en su centenario.

Su majestuosos estilo francés deleita a los amantes de la arquitectura, el diseño de esta cornisa permite que si se habla desde una esquina, desde la otra, completamente opuesta, se oiga todo lo que se dice, de ahí que muchas veces se vea personas arrinconadas en la esquina de este lugar.
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Este es un detalle de uno de los relojes que engalanan la estación

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Sólo por este viernes, en su aniversario, distintos restaurantes y tiendas de la estación ofrecieron algunos productos a sus precios históricos de 1913: un café costaba 5 centavos de dólar (en lugar de los 4 ó 5 dólares actuales), un cóctel 75 centavos y lustrarse los zapatos 10 centavos, por ejemplo.

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Unas 750.000 personas circulan a diario por esta estación que alberga varias líneas de trenes suburbanos hacia el norte del Estado de Nueva York y Connecticut.

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Grand Central Terminal celebró el viernes 100 años manteniendo su papel estelar en ese filme diario que es la vida neoyorquina.
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Vista de la estación, decorada para la ocasión
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El característico friso exterior de la estación, retratado en 1999
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PASADO Y PRESENTE:


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13 cosas que probablemente no sabías de la estación de Nueva York

1) SE CONSTRUYE POR ACCIDENTE

Por uno en concreto. El peor de la historia de la ciudad: la noche del 5 de enero de 1902, un maquinista harto de que los trenes siempre llegaran tarde a la antigua Grand Central Station se saltó un semáforo y chocó con otro tren. Murieron 60 personas. Antes de que se recogieran los restos del desastre dos magnates de la familia Vanderbilt y el jefe de la estación decidieron que era el momento de modernizarla. Demolieron la antigua estación, introdujeron la electricidad (no sólo en los trenes sino en todo el vestíbulo con más de cuatro mil bombillas) y soterraron las vías hacia el norte, a lo largo de lo que poco después sería el lujoso y exclusivo bulevar de Park Avenue.

2) NO ES GRAN CENTRAL STATION, ES GRAN CENTRAL TERMINAL

O en todo caso Grand Central, como la llaman cariñosamente los neoyorquinos. Grand Central Station era la estación de tren anterior a 1913, que, efectivamente, era una estación y no una terminal, o parada final de una línea ferroviaria como es ahora.

3) EN CIFRAS

“Cada gran ciudad del mundo tiene su gran estación […], pero la más grande, la más gloriosa de todas es, sin duda, Gran Central Terminal”, al padre del Nuevo Periodismo, Tom Wolfe se le llenó la boca hablando de la estación neoyorquina. Y en parte tenía razón. Gran Central es la estación con más andenes del mundo: 44. Más de 10 mil obreros trabajando al mismo tiempo construyeron sus 67 vías subterráneas (en dos niveles) y su colosal edificio clásico. Los Vanderbilt, que amasaron su fortuna primero gracias a los barcos y luego al tren, no escatimaron en lujos: recubrieron el enorme vestíbulo central (de 38 metros de altura) de mármol de Tennessee, lo sostuvieron sobre 1.500 columnas y lo reforzaron con acero. ¿Exagerados? Quizá ahora sí, pero en el proyecto inicial tenía sentido: por encima de ese techo iba un rascacielos.

La obra costó, al valor de hoy, más de dos mil millones de dólares. La criticaron por sus exageradas dimensiones. Pero estaba todo pensado. Cuando la crearon dijeron que por allí podrían pasar 100 millones de pasajeros al año. Hoy, tras recuperarse de algunos baches en los 60 y los 70, la usan más de 82 millones. A los que hay que sumar los más de 21 millones de turistas y los 40 que pasan por allí para coger el metro… o comer algo.

4) EL CIELO ESTÁ AL REVÉS


Poco más de un mes después de que se inaugurara la estación, un viajero de vuelta a su ciudad dormitorio, aficionado a la astrología, se dio cuenta: el cielo que habían diseñado J. Monroe Hewlett y Helleu en la bóveda del gran vestíbulo, con más de 2.500 estrellas y las constelaciones (de Acuario a Cáncer), estaba al revés. Durante años se intentó dar mil explicaciones simbólicas, pero fue un error de quienes lo dibujaron, que pusieron el boceto en el suelo, mirándolo desde arriba, en vez de mirarlo desde abajo, como normalmente vemos el cielo. Muy inspirados y místicos ellos nos quieren hacer creer que es la visión que Dios tiene del cielo. ¡Ajá!

5) Y ADEMÁS TIENE AGUJEROS

No sólo ves el cielo como si lo viera Dios, sino que además tiene un agujero justo encima de Piscis, hecho en 1957, en plena Guerra Fría, para sujetar un gran misil que enorgulleciera a los miles de americanos que pasaban por ahí cada día. Y al otro lado, encima de Cáncer, una mancha negra para recordar a los pasajeros y visitantes lo sucia que estaba la bóveda antes de la restauración de los años 90. Negra como el carbón y no, precisamente, por el carbón sino por la nicotina que tragó durante años de mad mens fumadores compulsivos.

6) EL OYSTER BAR

Y hablando de Mad Men. Aunque nunca lleguen a mencionarlo, por ahora. Está bastante claro que tanto Don Draper como Roger Sterling son clientes habituales de uno de los restaurantes más antiguos de Nueva York: el Grand Central Oyster Bar. Les pillaba a tiro de piedra de la oficina en Madison Avenue y era el lugar perfecto donde comer unas ostras o un cóctel de gambas con un buen martini, antes de coger el tren para volver a casa con sus mujercitas. El restaurante que aún vende más de cinco millones de ostras al día también cumple 100 años este mes de febrero. Sigue resistiendo la fuerte competencia de los últimos 10 años, desde que instalaron el patio de comida rápida (con Magnolia Bakery, comida china, pizza…), el Grand Central Market con puestos de delicatesen o el Steakhouse de Michael Jordan en el vestíbulo superior. ¿El próximo en abrir? Un Shake Shack.

7) ES LA ESTACIÓN MÁS CINÉFILA

¿O recuerdas otra estación que salga en más películas? Hitchcock fue el que mejor la rodó, primero en Recuerda (1942) y después para el principio de la huida de Cary Grant en Con la muerte en los talones (1959). Sam Mendes seguro que se fijó en aquel plano aéreo para reconstruir la atmósfera de los commuters (viajeros diarios que vienen a Manhattan a trabajar) de los años 50 entre los que se camuflaba Leonardo DiCaprio en Revolutionary Road. Más bonita la hemos visto en El rey pescador o en ¡Olvídate de mí! Y medio destruida en Los vengadores o en Soy leyenda. Y así podríamos seguir… película tras película. De Brian De Palma a Don Draper o Superman.

8) LA VÍA FANTASMA


O vía 61. Originariamente era la que llegaba hasta debajo de una central eléctrica. Pero cuando aquella central y su almacén fueros sustituidos por el exclusivo hotel Waldorf-Astoria la vía y sus andenes se mantuvieron. ¿Para qué? Pues para poco. La verdad. Según informes del servicio secreto, Roosevelt la usó por primera vez como “vía de escape” mientras se hospedaba en el hotel para, quizás, ocultar su discapacidad. Desde entonces se tiene en cuenta como salida de seguridad en caso de ataque a los los presidentes que se han alojado allí. Andy Warhol le dio un uso mucho más divertido en 1965 en su “Underground party”.

9) UN PUNTO DÉBIL


Grand Central Terminal está llena de secretos que han ido manteniendo con los años. Uno de los que conservaran intactos, tal y como se creó en 1913, es la sala de máquinas con la fuente de alimentación de toda la red ferroviaria. Es apretar un botón y todos los trenes se ponen a chocar como en una maqueta. La sala es conocida como M-42, está por debajo de las vías y se accede a ella por un único ascensor y una pequeña escalera. Al parecer se construyó a prueba de bombas atómicas. Paranoias de la guerra. Según cuentan, los nazis intentaron sabotearla en 1942 y desde entonces está protegida por guardias armados.

10) EL RINCÓN DE LOS BESOS Y LOS SUSURROS

Baja por alguna de las rampas hacia las vías de la planta de abajo, justo delante de la entrada del Oyster Bar, colócate contra una de sus columnas y di algo en bajito. Si en ese momento pasa alguien por la columna contraria te oirá. Se llama The Whispering Gallery (Galería de los susurros) y la diseñó el arquitecto valenciano Rafael Guastavino, basándose en la bóveda catalana. Luego está La galería de los besos entre las vías 39 y 42. No es que sea el único sitio donde poder besarse pero sí el más histórico porque ésas eran las vías por las que llegaban los trenes de larga distancia (que ya no salen de esta estación desde 1991),donde se despedían o recibían las parejas que estarían tiempo sin verse.

11) NO TE FÍES DEL HORARIO


El gran letrero con las salidas y llegadas de los trenes fue hasta 1967 una pizarra en la que un trabajador iba apuntando con su tiza. Entonces y hasta 1985 el tren salía justo después de que el maquinista avisara al revisor para que este cerrara las puertas del andén. Ahora ya no existe este aviso ni nadie cerrando puertas, así que el viajero rezagado aún puede correr para entrar en el vagón hasta el último segundo antes de la salida del tren. De hecho, está comprobado que todos los trenes salen un minuto después de lo que marca el nuevo cartel digital encima de las taquillas. Lo que sí es muy fiable es el enorme reloj de la fachada principal o el central del vestíbulo: están controlados por un complejo sistema del Observatorio Nacional y son extremadamente exactos.

12) LA ESTACIÓN DE LAS ESCALERAS

Será cuando en 2019 se acabe la ampliación de los nuevos túneles (a 42 metros de profundidad) a los que se accederá a través de 47 escaleras y 22 ascensores. Y eso que Grand Central Terminal nació como la primera estación sin escaleras, a pesar de tener el sótano más profundo de todo Nueva York. Para bajar o subir de las vías construyeron gigantes rampas. Y sólo había una única e imponente escalera (visible): la escalinata oeste, inspirada en el Palais Garnier de París. Pero en la restauración de 1998 incluyeron otra escalinata justo enfrente, en el lado este del vestíbulo, casi gemela (salvo porque los escalones son más anchos) que, supuestamente, estaba en los planos iniciales cuando ambas iban a servir como acceso al edificio que coronaría la estación. ¿Y la invisible? Una estrechísima de caracol por la que entran al puesto central de información.

13) LA CELEBRACIÓN

Empieza el 1 de febrero, cuando una docena de establecimientos de la estación venderán sus productos al precio de hace 100 años (un café 5 céntimos, un trozo de cheesecake del Oyster Bar, 19 céntimos, 2 dólares un pañuelo de seda…). Además, habrá actuaciones durante todo el fin de semana y el resto del mes. El día 2 de febrero se inaugura una exposición sobre la historia de la estación en el majestuoso hall Vanderbilt… Y muchos más actos que irán sucediéndose a lo largo de todo el año. El logo del Centenario es el icónico reloj central de cuatro caras encima de la caseta de información. ¿Curiosidad? Marca las 7.13 o las 19.13. Es decir, el año en que se inauguró la Grand Central Terminal.


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FUENTES: AFP / ELESPECTADOR.COM / GRANDTERMINAL.COM / ABC.ES / MAGX.COM / TRAVELER.ES