Nazismo


El nazismo es uno de los movimientos fascistas (otros son el fascismo italiano y el militarismo japonés) que se desarrollaron y tomaron el poder político después de la primera Guerra Mundial. Los fascismos impulsaron regímenes totalitarios y nacionalistas a ultranza que se fundaron en el militarismo, el intervencionismo, la intolerancia política y el racismo y que llevaron a sus países a una segunda guerra mundial.


Después de la primera Guerra Mundial

Los tratados de paz que dieron fin a la primera Guerra Mundial no dejaron contento a nadie. Las tensiones entre las potencias de Europa, Japón y Estados Unidos por mantener una posición privilegiada, las hostilidades del mundo capitalista contra la Unión Soviética y la expansión de tendencias socialistas provocaron que durante los años veintes y treintas del siglo XX proliferaran las luchas económicas, sociales y políticas, nacionales e internacionales.

Después de la guerra quedaron desocupados millones de hombres que, al abandonar los ejércitos, no encontraron trabajo y no podían dar sustento a sus familias. El sentimiento de desamparo e impotencia fue generalizado. El oportunismo político se puso a la orden del día y entre las capas sociales más afectadas por la crisis de la posguerra prendieron una serie de ideas nacionalistas que crearon un ambiente de intolerancia y revanchismo.


Crisis en Alemania

Tras ser derrotada en la primera Guerra Mundial, Alemania se vió obligada a ceder territorios, renunciar a sus colonias, entregar su parte de su armamento y su flota, y mantener un ejército reducido.

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En 1918, estalló una revolucion que proclamó la República socialista de Alemania (República de Weimar) y estableció derechos democráticos. Sin embargo, la desigualdad social continuó. Los junkeres, terratenientes de tipo feudal de la Alemania oriental, y los ricos industriales conservaron sus posiciones privilegiadas y quisieron restringuir los derechos democráticos qu e se consagraron en la Constitución de 1919.

Después de un período de auge económico, sobrevino la crisis de 1929-32, que sumió en el desempleo a muchos trabajadores alemanes. La miserable situación que afectó a la población en esos años ayudó a que grupos reaccionarios estimularan una conciencia fuertemente nacionalista que exigía reparar la “dignidad alemana” a través de la recuperación de territorios y la independencia de la sujeción que otras naciones tenían sobre Alemania.


El Partido Nacional Socialista

El que más adelante será el Partido Nacionalial Socialista tuvo sus orígenes en un grupo llamado “Partido Obrero Alemán”, fundado en 1919, con Adolf Hitler como su líder.


El Partido Nacional Socialista aprovechó la crisis de finales de los veintes y, usando un tono militarista, prometió transformaciones radicales, al tiempo que señaló “culpables” de la crisis entre sus propios pobladores: judíos, comunistas, sindicalistas, etc. Desde el principio, este partido fue antiparlamentario.


A lo largo de los años veinte, Hitler incorporó al partido a quienes serían sus más fieles allegados: Himmler, jefe de política; Rosemberg, teórico del nazismo; Goering, su mano derecha; Rudolf Hess, su secretario personal. En noviembre de 1923, los nazis intentaron dar un golpe contra la República pero fracasaron y Hitler fue a prisión cinco años, donde escribió el libro fundamental del nazismo: Mein Kampf (Mi lucha).



Gracias a su demagogia política, los nazis fueron haciéndose fuertes en el Parlamento y entre las capas de la población más descontenta. Además, los capitalistas más ricos se unieron a Hitler para desbancar a los comunistas y parlamentaristas del poder. En 1933 el general Hindenburg fue reelecto presidente y Hitler, quien perdió en las elecciones, fue nombrado canciller. Al año siguiente el presidente murió y Hitler, a base de intrigas, logró que se le otorgara el título de Führer (caudillo). Alemania adoptó el Tercer Reich (el primero había sido el Romano Germánico de los siglos XI y XII y el segundo se le dio Bismarck) y su bandera se volvió la insignia suástica.



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Los nazis en el poder


Las primeras acciones de Hitler en el poder fueron en contra de los comunistas. Una vez controlados éstos, comenzó el camino hacia el Estado totalitario: abolió la Constitución, prohibió todos los partidos políticos, con excepción del gobernante; prohibió las huelgas y sometió a los sindicatos a una organización central, dirigida por representantes de grandes empresarios; creó la Gestapo, una poderosa policía estatal; persiguió a políticos liberales y los recluyó en campos de concentración; creó tribunales populares para juzgar a los “traidores”; inició las persecuciones a los judíos.


La economía se puso completamente bajo la dirección del Estado. La producción de armamentos, la constitución de un ejército numeroso y la construcción de obras de importancia estratégica (sobre todo carreteras) aminoraron con el desempleo y crearon una sensación de mejoría en ciertos sectores populares. Aunado a esto, el control gubernamental se apoyaba en una eficiente campaña de propaganda dirigida por Goebbels y transmitida por diferentes medios: radio, prensa, publicaciones, cine.


En el ámbito internacional, el Führer decidió dejar de pagar la deuda externa y no cumplir con el Tratado de Versalles, que tantas restricciones imponía a su país: fomentó el rearme de Alemania, la unión de todos los habitantes de lengua alemana, y la necesidad de que Alemania recuperara su "dignidad" nacional. Los nazis proyectaron incorporar los núcleos de habla alemana de Austria, Checoslovaquia, Polonia, y de las zonas de Danzig y Memel. Muy pronto, toda la vida de la nación se orientó a iniciar una nueva guerra.


La Sociedad de Naciones trató de impedir, a través de la Conferencia de Ginebra (1933), las intenciones de Alemania pero lo único que logró fue que este país abandonara la Sociedad. Este acto de desacato provocó que el resto de las naciones se preocuparan por su propia seguridad y el rearme se generalizó.


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Alemania, en seguida de su rearme, inició su aproximación con Italia, también dirigida por un partido nacionalista y totalitario y con Mussolini a la cabeza. Ambas potencias coincidieron en apoyar al general español Francisco Franco contra los comunistas en al guerra civil que acababa de estallar en la península. Así nació, en 1936, el llamado Eje Roma-Berlín, al que se añadiría Japón en 1937, que sería uno de los dos bandos de la segunda Guerra Mundial.



LAS IDEAS DEL NAZISMO

La doctrina que promovió Hitler se caracteriza por su racismo, nacionalistmo, autoritarismo y pangermanismo:



Racismo.
Se fundaba en gran parte en la “teoría racial” que proclamaba la superioridad de una supuesta “raza alemana”; declaraba racialmente inferiores a los judíos, a la raza negra y, sobre todo, a aquellos provenientes de mezclas de razas. En Mein Kampf, Hitler llamaba a los judíos el enemigo absoluto de Alemania, responsables de todos los males e organizadores del capitalismo.


Nacionalismo.
Difundió el amor hacia la patria a la cual se debía subordinar el individuo, pronunciándose contra todo lo que tenía carácter internacional, como la Iglesia Católica, el marxismo y el capitalismo.


Autoritarismo.
Uno los pilares del nazismo fue el culto al líder. El partido nazi se basaba en una rígida jerarquía en donde la obediencia al jefe era la regla.
Pangermanismo. La unión de los pueblos germanos se vió como el primer paso de la expansión de Alemania por el mundo para recuperar su “grandeza” de antaño.



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emisvelez | 11.04.2007 23:11:21 dijo:

solo 2 palabras para describir todo eso

UNA MIERDA.



3 palabras "Pienso, luego existo"