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LA GRAN BIBLIOTECA DE

ALEJANDRÍA


La Biblioteca de Alejandría


La leyenda

Una leyenda tendenciosa se extendió durante siglos por las escuelas. Los árabes habrían destruido la célebre biblioteca de Alejandría cuando conquistaron la ciudad en el siglo VII. Se trata de un cuento infamante y sin sentido histórico. Los árabes nunca pudieron incendiar la Gran Biblioteca de Alejandría, ni siquiera la Pequeña Biblioteca, sencillamente porque, cuando las tropas de 'Amru llegaron a la ciudad en el 641, ya hacía cientos de años que no existían. Lo que encontraron los árabes fue una ciudad dividida, arruinada y exhausta por siglos de luchas civiles.
Como se sabe, Alejandría fue fundada por Alejandro Magno en el 331 a. C. como nueva capital de Egipto. Fue un general de Alejandro, Ptolomeo I Sotero (305-282) quien fundó la Biblioteca y el Museo en 295, gracias al consejo de los sabios griegos Eudoxio, Demetrio de Falero, su primer director y bibliotecario, y del propio Aristóteles (si bien sería indirectamente, pues el filósofo había muerto en el 322), de quien afirma Estrabón que enseñó a los Ptolomeos a formar su Biblioteca, bajo la forma clásica de un gymnasium y sus anexos. Más tarde colaboró Estratón de Lampsaco, preceptor del príncipe heredero Ptolomeo Filadelfo, que luego sucedió a Teofrasto como escolarca del Liceo. La Biblioteca nunca fue dirigida por un egipcio, fue una institución helenística, cuyo director, cargo de gran relevancia social, era nombrado directamente por el rey. Parece sin embargo que el jefe titular del Museo fue al principio un representante de la vieja jerarquía egipcia; tal vez el nombramiento tenía por objeto evitar que los viejos sentimientos religiosos egipcios chocaran demasiado violentamente con aquella irrupción del escepticismo científico griego.

Reconstruccion


La ambición e influencia de Demetrio (antiguo discípulo de Teofrasto) agudizó el gusto de Ptolomeo Sotero por la Ciencia. La coincidencia del espíritu aristotélico con la munificencia lágida aseguraron a Alejandría la primacía en casi todas las disciplinas científicas hasta el final de la Antigüedad. Desde el principio encontramos establecidos allí a Herófilo, el médico más célebre de la época, los astrónomos Aristilo y Timocaris y el ilustre geómetra Euclides, cuya obra, los Elementos, ha sido uno de los libros más influyentes en la historia de la humanidad.
Cuenta el geógrafo Estrabón, que visitó el Museo a finales del siglo I antes de Jesús, que el Museo "encierra un paseo, una exedra y una gran sala en la que se celebran las comidas en común de los filólogos empleados en el Museo. Existen fondos comunes para el sostenimiento de la colectividad, y un sacerdote puesto en otros tiempos por los reyes, y hoy, por César, al frente del Museo". La Gran Biblioteca era un complemento indispensable del Museo (o templo dedicado a las Musas). Fue descrita por Tito Livio como "el más bello de los monumentos". Tenía numerosas salas con estantes para libros –los "armaría" que consultaban los sabios- y habitaciones para los escribas y artistas que copiaban y preparaban los rollos, cobrando a tanto por línea. Todos los Ptolomeos siguieron coleccionando miles de manuscritos griegos, judíos, egipcios, persas e indios, hasta los tiempos de Cleopatra. Los navíos y viajeros que pasaban por Alejandría estaban obligados a dejar en ella los manuscritos originales que poseían, a cambio de copias. En ellos se anotaban los nombres de los antiguos propietarios y eran registrados y clasificados antes de su depósito y utilización.

Biblioteca de Alejandría



Los sabios reunidos en el Museo debieron llegar a ser más de cien en los momentos más brillantes. Se clasificaban a sí mismos en dos categorías: los "filólogos" y los "filósofos". Los primeros, como indica su nombre, se interesaban por todo lo referente a textos y gramática. Fundaron la Filología como ciencia, sin descuidar los estudios eruditos de historiografía y mitografía. Los "filósofos", de orientación "peripatética" o "aristotélica", eran pensadores menos dados a la meditación moral o metafísica, que científicos versados en las ciencias particulares: matemática, astronomía, geografía y medicina. Por lo demás, algunos espíritus enciclopédicos como Eratóstenes, brillaron a la vez como "filólogos" y como "filósofos".

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L. W. H. Hull consideró al Museo como la primera universidad que existió en el mundo, otros, como J. Beaujeu prefieren hablar de "Instituto académico de investigaciones" ya que los miembros del Museo, que podían tener algunos discípulos, no se veían obligados a seguir cursos regulares, dedicando así todo su tiempo a la investigación o la discusión. Tenían aulas de lecciones, instrumentos astronómicos, salas de disección, jardines botánicos y zoológicos. Sus sueldos procedían directamente del rey. Los ptolomeos asistían a los banquetes, que eran un elemento de la vida académica en que se intercambiaban puntos de vista (symposios). Hoy sabemos que los alejandrinos construyeron máquinas de vapor, relojes muy sofisticados, diseñaron complicadas palancas (Arquímedes estudió en Alejandría) e incluso midieron la altura de las montañas de la luna y la longitud de la circunferencia de la Tierra, con una exactitud admirable.

La Biblioteca de Alejandría


Reconstruccion


Ptolomeo II Filadelfo (285-246) compró la biblioteca de Aristóteles y Teofrasto y reunió alrededor de medio millón de libros. Ptolomeo III Evergete (246-222) fundó en el Serapeum la Biblioteca-Hija, la segunda biblioteca pública de la ciudad, seguramente por haberse quedado pequeña la Gran Biblioteca o Biblioteca-Madre. El hecho de que Alejandría mantuviese dos bibliotecas a partir del siglo III antes de Cristo ha sido una fuente de continuas confusiones entre eruditos e historiadores.
La Gran Biblioteca fue la más grande, rica e importante de la Antigüedad, sobrepasando a sus rivales de Atenas y Antioquía. No sólo griegos, sino también egipcios, fenicios, árabes, persas, judíos e indios buscaban en sus archivos y se sentaban en sus bancos de piedra, bajo sus pórticos, mirando el Faro y el mar azul... La cultura griega se enriqueció aquí, como las restantes, con el contacto de otras.

Biblioteca de Alejandría


Su proximidad al mar fue causa accidental de su trágico destino. La mítica Biblioteca ardió como consecuencia de una acción militar de Julio César. Lo cuenta un hispano sobrino de Séneca, el historiador Marco Anneo Lucano (39-65), en su obra Farsalia: Julio César, en el 47 a. C., torpemente involucrado en las rivalidades dinásticas alejandrinas, y sitiado por el general Achillas en el palacio real de Lochias, a orillas del mar, mandó incendiar su propia flota o la de los Ptolomeos, más de sesenta barcos anclados en el Gran Puerto oriental. El incendio se propagó rápidamente a los muelles, y de éstos a la ciudad real y los depósitos de la Biblioteca... "las casas vecinas a los muelles prendieron fuego; el viento contribuyó al desastre; las llamas eran lanzadas por el viento furioso como meteoros sobre los tejados. Los soldados egipcios tuvieron que abandonar el sitio de César para tratar de salvar Alejandría de las llamas". El tío de Lucano, Lucio Anneo Séneca, el filósofo cordobés, menciona en su 'De tranquilitate animi' la cifra de cuarenta mil libros quemados, citando su fuente, Tito Livio, quien fue contemporáneo del desastre. Plutarco también registra el incendio en su Vida de César. Julio César, sin embargo, en su Bellum Civile describe la batalla, pero silencia el desastroso incendio de la Biblioteca, argucia que no sirve sino para poner aún más en evidencia su responsabilidad en el desgraciado accidente. Otros también callarán, como Estrabón, Appiano o Cicerón. Y nadie, hasta el final de la dinastía Julio-Claudia se atreverá a contradecir la vesión de Julio César. Sólo se atrevieron a transgredir la censura política las clases senatoriales y republicanas opuestas al imperio y que consideraba a Julio César como un tirano.

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Alejandro Magno había encargado el diseño de la urbe real al arquitecto rodio Dinócrates, que la concibió magistralmente, paralela al mar, con vías perpendiculares al puerto, para refrescarla en verano con los vientos "etesios" procedentes del norte y que soplan con fuerza durante el estío. Por eso, en el ataque de César, los fuegos del puerto penetraron rápidamente en la ciudad, prendiendo en techos, postes de madera, cortinajes de los pórticos... con el fuego se fueron en cenizas los miles de libros acumulados por los Ptolomeos en doscientos cincuenta años.
Domiciano (81-96) mandó reconstruir las bibliotecas del Imperio, entre ellas la de Alejandría. Pero la ciudad sería destruida dos veces por Caracalla (211-217) y Valeriano (253); otra, cuando en el 269 se dio la desastrosa conquista de la ciudad por Zenobia, reina de Palmira; y en el 273, cuando Aureliano saqueó y destruyó completamente el Bruchión, desastre al que no pudieron sobrevivir ni el Museo ni la Biblioteca. Se dice que en aquella ocasión los sabios griegos se refugiaron en el Serapeum, que nunca sufrió con los desastres romanos, y otros emigraron a Bizancio; cuando Diocleciano destruyó la ciudad de nuevo (294-5) el Museo y su Biblioteca aneja estaban ya abandonados.

La Biblioteca de Alejandría


En la Acrópolis de la colina de Rhakotis, en el rincón de Alejadría más alejado del mar y, por tanto, más resguardado, la Biblioteca-Hija perduró algo más. Fue engrandecida por todos los emperadores romanos, sustituyendo definitivamente a la Gran Biblioteca. Incorporaba calefacción central por tuberías para mentener secos los libros en sus depósitos subterráneos. Como dijimos, fue fundada por Ptolomeo III Evergete (246-221 a. C.) como complemento de la Biblioteca-Madre, agrandando con ella la Casa de la Vida del santuario de Serapis. Estuvo repleta de papiros egipcios pero también de copias de textos griegos clásicos. Cleopatra VII Philopator, la famosa amante de Marco Antonio, tuvo un gran interés en ella, así como en el templo de Serapis, que llegó a ser una de las siete maravillas del mundo, donde aparecía ataviada con los insinuantes velos de Isis en las ceremonias sagradas. A fines del siglo I a. C. la Biblioteca-Hija debió ser el receptáculo de los despojos que quedaron de la Gran Biblioteca y de los doscientos mil rollos que Marco Antonio saqueó en Pérgamo para regalar a su amada Cleopatra, resarciéndole así de las pérdidas irreparables que el fuego de César había provocado, según Plutarco.

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El grandioso santuario de Serapis fue fundado en el 300 a. C por Ptolomeo I, quien creó este culto, haciendo llevar la estatua de Serapis desde Sinope, a orillas del Mar Negro, hasta Alejandría. Es prácticamente seguro que el nombre de Serapis se deriva de Osiris-Apis, es decir, del toro Apis vuelto inmortal bajo la forma de Osiris, dios de los Infiernos... Los griegos hacían de él una asociación de Zeus y Hades. Este dios sincrético ptolemaico, señor tutelar de Alejandría, se representaba bajo la efigie de un varón sentado, barbado, de mirada dulce y con un "kalathos" (¿cáliz, modio o maceta?) en su cabeza, símbolo de la fertilidad. A veces fue confundido con Esculapio, por su atributo de paredro sanador. La gran estatua original del templo fue realizada por Briaxis. Se le representó acompañado por Cerbero. Los egipcios le consideraron siempre un dios griego y para los romanos resultaba tan exótico que lo situaban en el panteón egipcio, sin embargo llegó a ser considerado, al menos en Alejandría, como un dios supremo (panteo). Su culto se difundió por los puertos y las grandes ciudades cosmopolitas, entre marineros y legionarios. Ptolomeo I, introductor de su culto en Egipto, le construyó un modesto templo, que Ptolomeo III amplió a la par que creaba la Biblioteca-Hija. Los Claudios, por fin, le dotaron de unas dimensiones espectaculares (185 por 92 metros). El complejo de la acrópolis alejandrina incluía el templo de Serapis, el Anubión, la Biblioteca-Hija, el Iseum y la necrópolis de los animales sagrados, uno de los mayores hipogeos de Egipto, con 153 metros de fondo, dos obeliscos de Sethi I, así como la sagrada Columna de Serapis, que guiaba refulgente a los marineros hacia el puerto desde los altos de Serapeum, la "Columna de Helios", que aún vieron ilustres viajeros en el siglo III.

Biblioteca de Alejandría


Tanta belleza no fue destruida por los guerreros árabes que tomaron las ruinas de la ciudad en el 641, sino por los cristianos monofisitas en el año 391. En efecto, tras el mandato del emperador Teodosio I mandando cerrar los templos paganos, los cristianos destruyeron e incendiaron violentamente el Serapeum alejandrino. Las llamas arrasaron así la última y fabulosa biblioteca de la Antigüedad. Según las Crónicas Alejandrinas, un manuscrito del siglo V, fue el Patriarca monofisita de Alejandría, Teófilo (385-412), caracterizado por su fanático fervor en la demolición de templos paganos, el instigador de aquella hecatombe. Los monjes y cristianos enardecidos rodearon el templo de Serapis. Fue el propio Teófilo, tras leer el decreto de Teodosio, quien dio el primer hachazo a la sagrada estatua de Serapis, cuya cabeza fue arrastrada por las calles de Alejandría y luego enterrada. Una parte importante del pensamiento clásico y pagano desaparecía al mismo tiempo. La ruina de la ciudad fue tanta que uno de los padres de la Iglesia griega, S. Juan Crisóstomo (347-407), escribió: "la desolación y la destrucción son tales que ya no se podría decir dónde se encontraba el Soma". Se refería a la tumba de Alejandro, el mausoleo del fundador, el monumento más emblemático de la ciudad.
Es verosímil que una parte de los fondos de la Biblioteca-Hija fueran retirados a tiempo. Tal vez las mismas manos, realmente piadosas, que pusieron a salvo los restos mortales de Alejandro para evitar su profanación, se llevaron la parte más señalada de los fondos de la biblioteca. La existencia en algún lugar lejano de una cámara oculta, enterrada en el desierto líbico o en el valle del Nilo, donde aún se halle la urna de cristal en la que reposan los restos mortales del joven alumno de Aristóteles, junto, ¡quién sabe!, a cientos de libros del Serapeum, suscita una esperanza magnífica y romántica.

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Nunca se volvió a reconstruir la segunda Biblioteca de Alejandría tras aquel desastre que sepultó en el interior del templo de Serapis a cientos de paganos, mezclados con las columnas quebradas. Los arqueólogos no han encontrado allí ningún vestigio ni bizantino ni islámico. Cuando volvía a su Iberia natal, Orosio vio entristecido en el 416, a su paso por Alejandría, las ruinas de los templos con "sus armarios vacíos de libros", añadiendo en su Historia que "fueron saqueados por hombres de nuestro tiempo". Por debajo de aquellas ruinas convertidas en una colina de tierra y muerte, en antiguos palacios, resucitaron y sobrevivieron todavía las escuelas paganas hasta el 529, cuando Justiniano las mandó cerrar, destruyendo así el último legado del patrimonio antiguo. Pero tras el 391, la colina de Rhakotis quedó como un lugar maldito, embrujado por las almas de las víctimas insepultas o amontonadas en fosas, alrededor de los escombros de la Columna del Sol. Este espectáculo dantesco fue presenciado por los asombrados ojos de los arqueólogos del siglo pasado, que excavaron las terrazas del santuario entre los fragmentos de columnas y paramentos, rotos con encarnizamiento. Sus testimonios científicos, cuidadosamente silenciados, como si de un tabú se tratara, revelan sin lugar a dudas que aquel lúgubre y terrible lugar fue el final indigno de la milenaria cultura griega y faraónica.

La Biblioteca de Alejandría


Sobre ese montón de cadáveres que descubrió el arqueólogo G. Botti, el emperador bizantino Arcadio mandó erigir la Columna Theodosiana o Arcadia, para conmemorar el "Triunfo del Cristianismo". Esta columna monolítica, de treinta metros, provenía de algún templo alejandrino cercano al Serapeum y fue llamada la "Columna de Pompeyo" por los cruzados, milagro de equilibrio del fuste más alto y bello de la antigüedad, de granito pulido, mantenido como por magia sobre exigua base. Su erección tras la destrucción del Serapeum marca con su enigmática presencia el silencio de los paganos muertos, pero también su postrer triunfo.
Más tarde, durante el siglo VI, Alejandría fue presa de violentas luchas civiles entre cristianos monofisitas y melquitas, la emperatriz bizantina Teodora, esposa de Justiniano (527-567), incendió la ciudad por esta causa. Para remate, los persas destruyeron completamente lo que quedaba de Alejandría en el 619.
Así pues, cuando el caudillo árabe 'Amru entró en la ciudad en el 641, tras la expulsión de los bizantinos, el Museo y la Biblioteca estaban completamente olvidados. Sin embargo, es seguro que quedaban decenas de miles de libros en bibliotecas privadas y mansiones abandonadas de una ciudad que llegó a contar con 600.000 habitantes a principios del VII. Se dice que los árabes acabaron con este resto, utilizándolo como combustible para sus baños, junto a miles de muebles astillados, tan inútiles como los libros para estos hombres procedentes del desierto.

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Fundación

Por el año 300 a.C. la ciudad griega de Alejandría, fundada por Alejandro Magno en la costa mediterránea de Egipto, era la urbe más grande del mundo. Tenía avenidas de 30 metros de ancho, un magnífico puerto y un gigantesco faro para anunciar a los marinos que allí se dirigían que se acercaban a su destino. El faro fue una de las siete maravillas del mundo antiguo.
Alejandría era una ciudad cosmopolita donde convivían en paz ciudadanos de muchas nacionalidades; era el lugar ideal para un centro internacional de investigación. Ese centro, fundado alrededor del año 300 a.C., era la biblioteca y museo de Alejandría. El museo, un lugar dedicado a las especialidades de las Nueve Musas, era el centro de investigaciones propiamente dicho. La biblioteca se guiaba por el ideal de reunir una colección de libros internacional, con obras griegas y traducciones al griego de obras escritas originalmente en otras lenguas del Mediterráneo, el Medio Oriente y la India.

Biblioteca de Alejandría


El museo y la biblioteca estaban divididos en facultades, cada una dirigida por un sacerdote. El salario del personal lo pagaba el rey. Los estudiosos de la biblioteca y museo de Alejandría estudiaban todo lo estudiable: literatura, matemáticas, astronomía, historia, física, medicina, filosofía, geografía, biología e ingeniería. Por sus pasillos se pasearon, entre otros, Eratóstenes; el astrónomo Hiparco, el cual trazó un mapa de las constelaciones y clasificó las estrellas por su brillo aparente; Euclides, sistematizador de la geometría; Apolonio de Perga, matemático que investigó las propiedades de las curvas llamadas "secciones cónicas" (parábola, hipérbola y elipse); Arquímedes, el genio de la mecánica, y -en el ocaso de la biblioteca, seis siglos después- la astrónoma, matemática y física Hipatia, una mujer que se desenvolvía con toda soltura en un medio tradicionalmente acaparado por hombres y una época en que las mujeres tenían aun menos oportunidades que hoy.
La biblioteca enviaba agentes a todos los rincones del mundo conocido en la época a buscar libros de todas las culturas y a comprar colecciones completas. Se dice que cuando un barco llegaba al puerto, lo registraban para ver si transportaba libros, los confiscaban en caso de que sí, los copiaban y luego los devolvían a sus dueños.La biblioteca de Alejandría iluminó el mundo hasta que una horda de fanáticos inspirados por el arzobispo de la ciudad la incendió y asesinó a Hipatia, última directora de la biblioteca, en el año 415 d. C. Hipatia y sus obras cayeron en el olvido. Al arzobispo hoy se le conoce como San Cirilo.

Su desaparición

Sobre la desaparición de la biblioteca de Alejandría
Publicado por: El Documentalista Enredado 1343 lecturas
Un ejemplo es la biblioteca de Alejandría. Fundada alrededor del año 300 a.C., se convirtió, bajo el gobierno de los primeros ptolemaicos de Egipto, en un imperecedero símbolo de cultura y sabiduría antes de desaparecer en la arena y el mar menos de 1.000 años después. “Era la biblioteca por antonomasia” afirma Roger Bagnall, historiador de la Universidad de Columbia en Nueva York. “Ha influido a cualquiera que se haya planteado construir una biblioteca”. Nadie, se queja Bagnall, sabe cuáles eran sus dimensiones o qué contenía en realidad.
La desaparición de la biblioteca también está rodeada de mitos. Una leyenda cuenta que los libros ardieron cuando César conquistó Alejandría en el año 47 a.C., pero la biblioteca seguía en pie en el siglo IV, según informes históricos. Bagnall cree que el abandono fue lo que mató a la biblioteca. “Los libros se pudren”, incluso los papiros libres de ácidos, y señala que no existen datos de ninguna inversión para mantener la biblioteca después de los primeros ptolemaicos.
Para cuando las bandas cristianas saquearon la biblioteca a finales del siglo, por tratarse de una institución pagana, probablemente quedara poco que destruir. “La residencia palaciega ya estaba bastante ruinosa por aquel entonces. Nada de lo que había sobrevivido a la putrefacción superó aquello” afirma Magnall. Más tarde, en el año 642, los árabes trasladaron la capital de Egipto a la región de El Cairo, y Alejandría se sumió en la oscuridad.

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Demetrio de Falera

A la muerte de Alejandro de Macedonia, los territorios conquistados en Asia Menor, Oriente Medio, Oriente Lejano y África fueron divididos entre sus generales. El sucesor de Alejandro en Grecia, Casandro, ayudó a Demetrio de Falera (puerto cercano a El Pireo) a llegar al poder en Atenas. Demetrio era un estudioso peripatético de la primera generación, es decir, había estudiado con Aristóteles junto a Teofrasto y al propio Alejandro. Como gobernante de Atenas, hizo venir a Teofrasto para fundar un Liceo al estilo de la Academia de Platón. Después de diez años de tiranía, y debido a conflictos políticos entre los sucesores de Alejandro, Demetrio fue desterrado. Por su parte, Tolomeo, uno de los generales exitosos de Alejandro, se había consolidado como rey del Egipto conquistado, donde se lo conocía como Tolomeo I Sóter. Éste invitó a Teofrasto a hacerse cargo de la educación de su heredero. Teofrasto rechazó la invitación (297 a.C.) y recomendó en su lugar a Demetrio.
Fue Demetrio de Falera quien sugirió a Tolomeo I Sóter la idea de establecer un gran centro de investigación en Alejandría con una biblioteca importante ligada a él, al que se debía llamar "Museo". La fecha precisa de la fundación de estas dos instituciones no es conocida pero es probable que Sóter iniciara la obra en 290 a.C. y que luego la tarea fuera completada por Tolemeo II Filadelfo, porque es bien sabido que la Biblioteca y el Museo alcanzaron su máximo esplendor durante el reinado de Filadelfo.
La primera mención de la Biblioteca que ha quedado registrada se encuentra en la Carta de Aristeas (180-145 a.C.) estudioso judío que escribió crónicas sobre la traducción del Viejo Testemento al griego por setenta y dos rabinos. Según él, “este trabajo había sido encargado por el ateniense desterrado Demetrio de Falera, a quien patrocinaba Tolemeo Sóter”.

La Biblioteca de Alejandría


Demetrio de Falera, como otros pensadores y sabios griegos (Parménides, Sócrates, Platón, Aristóteles), se caracterizó por su capacidad para combinar el hábito de la meditación con el interés por la cosa pública. Después de su derrocamiento y de sufrir el destierro (la pena máxima entre los griegos), encaró la tarea más importante de su vida, lo cual es una prueba de la fuerza de sus convicciones y de su tenacidad. Ejerció su influencia sobre los dos primeros reyes tolemaicos para que éstos decidieran convertir a Egipto en el centro cultural del mundo antiguo y a Alejandría en la capital de las Ciencias, las Artes y la Filosofía. Según Aristeas, Demetrio recomendó a Sóter reunir una colección de libros acerca de la monarquía y el gobierno —del tipo de los escritos sobre filósofos-reyes de Platón—, además de libros de autores de todo el mundo que le pudieran servir para entender mejor los asuntos de la política y el comercio. La estrategia de Demetrio consistía en traer escritores, poetas, artistas y científicos de todas partes a Alejandría para enriquecer el Museo y la Biblioteca. El Museo fue el centro de estudios más grande de los tiempos antiguos y el primer instituto científico que registra la Historia. La Biblioteca fue la primera en su tipo de carácter universal. De Demetrio se conservan pocas imágenes. Tras su caída del poder, sus más de 300 estatuas fueron destruidas.

Reconstruccion


El incendio

La destrucción de la biblioteca más importante del mundo antiguo ha sido atribuida a diferentes facciones y gobernantes, no con el propósito de escribir crónicas de ese desastre, sino como calumnias políticas. Sin embargo hoy podemos armar la historia de su destrucción y, aunque a los occidentales nos pese, la versión más verosímil involucra a personajes y sectores que por nuestra tradición respetamos.
El primer incendio se produjo en el año 48 a.C., durante el conflicto en que Julio César se involucró para apoyar a Cleopatra VII en su lucha contra Tolomeo XIII, su hermano. Son muchos los textos donde se relata la pérdida de los 40.000 volúmenes alojados en depósitos de granos cerca del puerto cuando Julio César incendió la flota del hermano de Cleopatra. Esto es lo que dice Livio en uno de sus libros perdidos que Séneca cita. Se sabe que Marco Antonio compensó a Cleopatra regalándole los 200.000 manuscritos de Pérgamo. El propio Museo se destruyó junto con el Palacio Real en el tercer siglo de nuestra era, durante las disputas por el poder que agitaron al Imperio Romano.
La Biblioteca Hija sobrevivió hasta fines del siglo IV, cuando un decreto del Emperador Teodosio (391 d.C.) prohibió las religiones no-cristianas (paganas). Teófilo (Obispo de Alejandría de 385 a 412 d.C.) destruyó entonces el Serapeum y la Biblioteca Hija por ser la casa de la doctrina pagana. Los estudiosos sobrevivieron otra generación hasta el asesinato de Hipatia en 415, el cual marcó el fin de la era escolástica de Alejandría. Según fuentes contemporáneas, Hipatia de Alejandría, una estudiosa del siglo V d.C., fue arrastrada por el carro de una chusma de monjes que odiaban todo lo pagano y la desollaron viva y la quemaron en los restos de la Biblioteca. En 415, el historiador cristiano Orosius visitó Alejandría e informó: “Hay templos hoy día, que nosotros hemos visto, cuyos estantes para libros han sido vaciados por nuestros hombres. Y ésta es una cuestión que no admite ninguna duda.” (Orosius 6.15.32) Su declaración confirma que la biblioteca había desaparecido en el siglo V, es decir, más de dos siglos antes de la conquista de Egipto por los árabes en 642. Toda historia que involucre a los árabes en estos hechos es, por lo tanto, falsa.


La Biblioteca en la Actualidad


La comunidad internacional, por medio de la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura de las Naciones Unidas (UNESCO), ha dado el primer paso para reparar el desastre causado por el incendio que terminó con la vieja biblioteca hace más de 1600 años, financiando el Proyecto de Reconstrucción de la Antigua Biblioteca de Alejandría.

Biblioteca de Alejandría


sala de lecturaFotógrafo: SnoehettaFuente: Bibliotheca Alexandrina, UNESCO CI
El costo de este ambicioso proyecto internacional es de alrededor de 200 millones de dólares americanos. Este monto no incluye el costo del terreno, el centro de conferencias y los honorarios de los consultores, que fueron donados por el Gobierno de Egipto y cuyo monto se estima en 182 millones de la misma moneda.
anaquelesFotógrafo: SnoehettaFuente: Bibliotheca Alexandrina, UNESCO CI
El costo de construcción es de aproximadamente U$S 149 millones, mientras que el costo de libros y publicaciones periódicas es de U$S 31 millones y el del equipamiento de U$S 20 millones.

Área: 45.000 m²
Área cubierta: 85.000 m²
Pisos: 11
Asientos: 3500
Volúmenes: 8 millones
Mapas: 50.000
Manuscritos: 100.000
Libros raros: 10.000
Material electrónico: 100 títulos en CD-ROM
Grabaciones musicales: 200.000 discos y cintas
Material audiovisual: 50.000 discos y vídeos
Bases de datos: 30
Personal: 578
Complejo: Centro de Conferencias (3200 butacas), Museo de Ciencias, Planetario, Escuela de Estudios de Información, Instituto Caligráfico y Museo.
exteriorFotógrafo: SnoehettaFuente: Bibliotheca Alexandrina, UNESCO CI
fachadaFotógrafo: SnoehettaFuente: Bibliotheca Alexandrina, UNESCO CI
Debido a los hechos ocurridos en Oriente Medio, el gobierno egipcio anunció que la ceremonia de inauguración oficial de la Biblioteca de Alejandría no tendría lugar el día 23 de abril de 2002, como estaba previsto. Finalmente, la biblioteca más grande de la región renació después de 2000 años el día 16 de octubre de 2002. La UNESCO se había involucrado en el proyecto desde 1986, y ahora sigue vinculada a él financiando cinco nuevos proyectos cuyo objetivo es promocionar las actividades del complejo.


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Fuente

Nosotros tenemos ésta...

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