EL PALEOLÍTICO SUPERIOR


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Signos: 1) Extensión de los glaciares; 2) Cultura ateriense; 3) Área de expansión del pueblo auriñaciense; 4) Área de expansión del pueblo solutrense; 5) Puente de hielo entre el continente y Gran Bretaña; 6) Estaciones y yacimientos prehistóricos; 7) Líneas de marcha de la cultura auriñaciense; 8) Líneas de marcha de la cultura solutrense.

Fruto de la unión de las dos técnicas de talla del sílex (de lascas y de núcleo) que caracterizaban el Paleolítico inferior, es el magnífico desarrollo del Paleolítico medio.

El foco de formación de los pueblos auriñacienses debe buscarse en las fértiles regiones del África centro-oriental, desde las cuales las nuevas poblaciones pronto alcanzaron el valle del Nilo. Diversificados en dos direcciones (signo 7), una corriente alcanzó la Europa sudoriental, y remontando la cuenca del Danubio abocó al Occidente de Europa por el pasillo libre de hielo entre el glaciar escandinavo y el alpino (signo 1). Llegó también a Gran Bretaña por el puente continental que entonces existía en el canal de la Mancha (signo 5). La otra corriente alcanza los mismos territorios extremos a lo largo del Norte de África y el Levante español. Esta lenta emigración provoca la diversificación en dos grandes grupos, el del Norte o cultura auriñaciense propiamente dicha, y el de procedencia africana, llamada cultura gravetiense o perigodiense. Ambas fueron desarrolladas en esencia por el mismo pueblo auriñaciense, cuya área de extensión era muy grande (signo 3).

Diverso es el origen de la cultura solutrense (signo 4), que en ciertas regiones europeas se superpone al auriñaciense. Arranca de la cultura ateriense (signo 2), que se desarrolla durante el Paleolítico medio en una amplia zona del Norte de África, desde Egipto hasta el Atlántico. Esta cultura se extiende gracias a un pueblo guerrero dotado de una nueva arma ofensiva -el arco- por la zona del Levante español y penetra en Francia por los pasos orientales del Pirineo. Alcanzó gran desarrollo en el Sur y centro de Francia y avanzó por el Centro de Europa siguiendo el Danubio y sus afluentes para perderse en las llanuras rusas (signo 8).

La población magdaleniense que le sucede debe ser considerada como una verdadera reacción del antiguo substrato auriñaciense del Occidente de Europa, enriquecido por el episodio solutrense y el continuo perfeccionamiento técnico. Es el momento en que el arte rupestre alcanza en la zona francocantábrica su mayor perfección y nos ofrece los frescos policromos de Altamira, Castillo, Pindal, Font de Gaume, Lascaux, Niaux, etc. (signo 6 estaciones y yacimientos prehistóricos).

LAS CIVILIZACIONES NEOLÍTICAS


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Signos: 1) Direcciones de la propagación de los conocimientos neolíticos desde el Próximo Oriente; 2) Ámbito de los distintos focos culturales neolíticos; 3) Zona original de los fenómenos neolíticos; 4) Áreas de dispersión de la cultura megalítica.

Al final de la etapa cuaternaria, al estabilizarse el clima, tiene lugar una profunda transformación de la Humanidad motivada por dos trascendentales inventos: la agricultura y la domesticación de los animales. Ellos permiten al hombre abandonar la vida nómada que había caracterizado la etapa mesolítica y desarrollar una economía sedentaria, con lo que aparecen los primeros poblados situados en las tierras fértiles de fácil cultivo.

Los fenómenos que caracterizan al Neolítico aparecen en las regiones del próximo Oriente en una amplia área (signo 3), desde Egipto a la meseta del Irán. Desde esta zona los nuevos conocimientos se fueron extendiendo lentamente en todas direcciones, alcanzando Europa por tres caminos principales (signo 1). Uno que por la meseta de Anatolia y las regiones balcánicas alcanzó la cuenca danubiana y remontando sus afluentes llegó a las orillas del mar Báltico. Otra corriente, por el norte de África, llegó a las costas de España y desde focos secundarios situados en el Oeste africano se desarrolló a lo largo de la costa mediterránea occidental. Un tercer camino, marítimo, tuvo su origen en la isla de Creta y el Egeo en general, y colonizó las islas mediterráneas. En más de un milenio puede calcularse el tiempo que tardaron los conocimientos neolíticos en difundirse por Europa.

La adaptación al terreno de los nuevos descubrimientos provocó la diversificación de Europa en múltiples focos culturales (signo 2), con desarrollos independientes, predominando en unos la economía agrícola y en otros la ganadería. Entre los diversos grupos culturales se estableció pronto un intenso comercio de intercambio.

Algo más tarde tuvo lugar la creación, también en el Próximo Oriente, de la civilización megalítica, que luego fue extendiendo sus creaciones arquitectónicas por el Mediterráneo y alcanzó en las zonas occidentales atlánticas una singular importancia (signo 4). Su área de dispersión y la mayor frecuencia de sus manifestaciones en las zonas costeras nos indican claramente el carácter navegante y emprendedor del pueblo megalítico, al que entre otros elementos puede atribuirse el conocimiento en Occidente de la nueva técnica metalúrgica que caracteriza la etapa cultural llamada eneolítica.

EGIPTO EN LA ANTIGÜEDAD


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Signos: 1) Territorios del Egipto faraónico en los momentos de esplendor de las dinastías del Imperio Antiguo y Medio; 2) y 3) Expansión y direcciones imperialistas de Egipto durante la dinastía XVIII; 4) Cataratas del Nilo; 5) Aspiraciones de los Estados hitita y mitani a Siria.

La historia de Egipto tiene por marco el valle inferior del Nilo, con su delta, y los territorios próximos: los oasis costeros de Cirenaica, las tierras más húmedas de Nubia, la península de Sinaí y el litoral de Palestina y Siria, por cuyas rutas llegaron a aquel país las invasiones de pueblos extranjeros.

Durante los Imperios Antiguo y Medio, la política de los faraones consistió, en líneas generales, en mantener la cohesión entre el Alto y el Bajo Egipto y extender su dominio hasta la tercera catarata del Nilo, así como hasta la península de Sinaí. Esto se logró en momentos de apogeo, en los cuales la expansión egipcia corresponde al color encarnado (signo 1). En el mapa se indican las capitales de los Imperios Antiguo y Medio: Tinis (Imperio tinita), Menfis (Imperio menfita) y Tebas (Imperio tebano).

Después de la invasión de los hiksos y de su expulsión por la reconquista tebana, se inicia el imperialismo de los faraones de la dinastía XVIII, que culmina con Tutmés III. Como expresa el rayado del signo 2 y las flechas número 3, en el momento de mayor esplendor del Imperio Nuevo comprendía Egipto, además de su territorio tradicional, Nubia, Cirenaica, Canaán y Siria. En esta región, los ejércitos faraónicos chocaron con las ambiciones simu8ltáneas y opuestas de los monarcas mitani e hititas, que se expresan en el mapa con las flechas del número 5. Esto dio lugar a las guerras egipcio-hititas, las cuales culminaron en tiempos de Ramsés II.

El signo número 4 hace referencia a las cataratas que limitan los tramos navegables del Nilo, cuya importancia fue grande en la vida política y relaciones comerciales del antiguo Egipto.

MESOPOTAMIA ANTIGUA


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1) Territorio del reino asirio primitivo; 2) Límites del Imperio asirio bajo Sargón II; 3) Límites del Imperio asirio bajo Asurbanipal.

Durante los primeros milenios de la vida histórica, alcanza gran desarrollo la evolución de los pueblos establecidos en la Mesopotamia, llanura bañada por los ríos Éufrates y Tigris. Dicho país, que con Canaán y Siria forma el denominado "fértil creciente", está limitado por las barreras montuosas del Tauro, Armenia y el Zagro, de donde procedieron los ataques y las invasiones de los pueblos extranjeros. bordeando la llanura mesopotámica y mezcladas intensamente con su historia, se hallan las regiones del Elam, en el río Choaspes, y de Asur o Asiria, en la región amesetada que riegan los cursos del Tigris, del Gran Zab y del Pequeño Zab.

Dos pueblos sobresalen en la historia primitiva de Mesopotamia: los sumerios y los acadios. En el mapa hemos indicado la situación de Sumer y Akkad, así como la de sus principales ciudades, que dieron lugar a dinastías importantes: Ur, Larsa y Lagash, en Sumer, y Agade, en Akkad. La dinastía de Sargón I unificó por vez primera toda la región, incluyendo Sumer, Elam, Akkad, Asur y Amurru; su influencia llegó hasta Ganish, en el Asia Menor. Asimismo, luchó contra los montañeses del Zagro, como expresan en el mapa las flechas encarnadas pequeñas.

El Imperio de Hammurabi, cuya capital fue Babilonia, representa una nueva unificación política y cultural de Mesopotamia. Su dominio abarcó el territorio que en el mapa se expresa mediante el color encarnado intenso.

EL IMPERIO PERSA


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El imperio persa fue la mayor formación política que conoció la antigüedad antes de los imperios de Alejandro y de Roma. Después de las luchas de los egipcios y los asirios, de los babilonios y de los medos para alcanzar la hegemonía total en el Próximo Oriente, la lograron definitivamente los monarcas persas; y no sólo por las armas, sino con la práctica de una política moderada, desconocida hasta entonces en las relaciones entre vencidos y vencedores, que se ha atribuido a la ascendencia aria de su estirpe.

El fundador del Imperio persa fue Ciro el Grande, quien después de vencer a medos, lidios y babilonios, extendió sus dominios por el área correspondiente en el mapa al signo número 1, que engloba todo el Irán, el "fértil creciente", Armenia y Asia Menor, incluyendo las ciudades griegas de la costa de Jonia. Pero su verdadero organizador fue Darío, bajo cuyo reinado, por otra parte, aún se ampliaron las fronteras con la incorporación definitiva de Egipto, la sumisión de los daos y masagetas de las estepas del Turquestán, la influencia en los pueblos del Indo, y el vasallaje de Tracia y Macedonia en Europa. El amarillo del signo número 2 indica la ampliación territorial que experimentó el Imperio persa gracias a Darío.

La base de la organización que este monarca dio al Imperio fue la satrapía, cuyos límites se expresan con el signo número 3. La capitalidad principal se estableció en Susa, aunque desempeñaron impootante papel las ciudades de Sardes, Damasco, Sais, Babilonia, Eebatana y Pasargada. Éstas habían sido capitales de antiguos imperios.

COLONIZACIÓN DEL MEDITERRÁNEO


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Signos: A. 1) Principales rutas de navegación en el Mediterráneo durante la Edad del Bronce. B: 1) Rutas de navegación de los fenicios; 2) Territorios de colonización púnica. C. 1) Rutas de navegación griegas; 2) Metrópolis; 3) Colonias; 4) Territorios de colonización griega.

El Mediterráneo ha sido la cuna de la civilización occidental y escena de las expansiones históricas más notables en el transcurso de las épocas. Los tres gráficos señalan su importancia desde el comienzo de los tiempos históricos hasta el siglo V antes de Jesucristo.

Las relaciones mediterráneas se anudaron mucho antes de la plena Edad del Bronce, pero sólo en este período las rutas comerciales toman consistencia, según se observa en la parte superior del mapa. En él se ven los principales centros de este comercio: Fenicia, Egipto, Creta, Sicilia y la remota España.

Durante la primera mitad del primer milenio antes de Jesucristo se desarrollan en el Mediterráneo las colonizaciones fenicia y griega. Éste es uno de los hechos culturales y políticos de mayor trascendencia en la historia de la Antigüedad.

Aunque en muchos casos se desarrollan simultáneamente, en general la colonización fenicia es más antigua que la griega. En el mapa A señalamos las rutas comerciales (signo número 1( y en el B el territorio ocupado o influido por los fenicios (signo número 2). Como se desprende del mismo, la expansión fenicia se realizó a partir de los emporios del litoral de Siria (Barilo, Sidón y Tiro) y tuvo su núcleo más importante en África Menor, islas del Mediterráneo central y occidental y sur de España (Tartesos).

La parte inferior del mapa se refiere a la colonización griega, cuyos efectos fueron más duraderos que la de los fenicios. El signo número 1 indica las rutas de expansión helénica en el Mediterráneo; el 2, las grandes metrópolis, fundadoras de ciudades como Coreira, Corinto, Megara, Calcia, Focea, Éfeso y Mileto; el 3, las principales colonias griegas en el litoral mediterráneo, y el 4, los territorios con mayor influjo griego. Obsérvense, en particular, los grupos del mar Negro, Magna Grecia y sur de Francia.

LA GRECIA MICÉNICA


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LA GRECIA CLÁSICA


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GRECIA EN LA ANTIGÜEDAD


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Signos: 1) Países dóricos; 2) Países jónicos; 3) Países eólicos; 4) Principales rutas terrestres.

En el desarrollo de la historia griega primitiva influyeron muchísimo las circunstancias geográficas, tanto las de carácter continental como las de tipo marítimo. La fragmentación del país y la articulación de las costas contribuyeron a hacer de Grecia un pueblo de marinos, comerciantes y pequeños agricultores, cuyo interés se centraba no ya en todo el país griego, sino en su ciudad: la polis. Estas ciudades se diferenciaban unas de otras por su régimen político, su vida espiritual y su dialecto.

En el mapa se representan, además de las rutas terrestres (signo número 4), las principales "polis" griegas, junto con el territorio respectivo. Además se han señalado con distintos colores los tres principales pueblos que constituyeron el tronco común griego: dorios (signo número 1); jonios (signo número 2) y eolios (signo número 3). Al margen del mundo griego estricto quedaron las grandes regiones de Epiro, Macedonia y Tracia.

LAS GUERRAS PÉRSICAS Y LA LUCHA POR LA HEGEMONÍA EN GRECIA


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Signos: 1) Esparta y sus aliados confederados; 2) Atenas y los Estados de la Liga de Delos; 3) y 4) Marcha del ejército y de la armada de Jerjes en 480; 5) Lugares de batalla en las guerras Pérsicas; 6) Lugares de batalla en las guerras del Peloponeso.

En este mapa se resumen la situación territorial de los estados de Grecia en la época de Pericles, las principales acciones de las guerras Médicas y los grupos rivales en las guerras del Peloponeso.

Los persas fracasaron en las guerras Médicas en su propósito de subyugar a los griegos de Europa. Con los signos 3 y 4 se representan las expediciones terrestre y naval, respectivamente, emprendidas por Jerjes, y que terminaron en el desastre en las batallas de Salamina y Plateas, después de la heroica acción de las Termópilas (signo número 5).

El triunfo sobre los persas dio la hegemonía a Atenas, que fundó la Liga de Delos (signo 2), imperio basado en el mar y opuesto al de Esparta, cuyos aliados y auxiliares se expresan con los rayados del signo número 1. Esta rivalidad provocó la guerra del Peloponeso, cuyas acciones más importantes fueron las de Delión, Anfípolis, Sfacteria y Egospótamos (signo 6).

EL IMPERIO DE ALEJANDRO MAGNO


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Nada decidió el siglo V en Grecia; ni el triunfo final en la lucha entre Occidente y Oriente, o sea entre los helenos y los persas, ni la supremacía entre los estados griegos. Durante la siguiente centuria, en cambio, los reyes de Macedonia dominan a las ciudades de Grecia y las unen en una confederación (la de Corinto) contra el enemigo secular. El adalid de esta política se encarna en la trascendental figura histórica de Alejandro Magno, cuya empresa e imperio presentamos en el mapa.

ROMA Y LA CONQUISTA DE ITALIA


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Signos: 1) Territorio de Roma al finalizar el dominio etrusco; 2) Expansión romana a fines del siglo IV; 3) Territorio dominado por Roma después de las guerras Samnitas; 4) Ocupación de la Magna Grecia; 5) Límites del Imperio etrusco en su época de mayor apogeo; 6) Tendencia unificadora ejercida por Roma.

La constitución del Estado romano y su expansión en Italia antes de proceder a la conquista del Mediterráneo, es uno de los hechos político-militares más interesantes de la Historia. Para comprenderlo, es preciso recordar que en el siglo VI los etruscos habían intentado ya la unificación de la península, constituyendo un Imperio cuyos límites (signo 5) englobaban gran parte de la llanura del Po, hasta Adria, en su desembocadura, más Etruria, Roma y la Campania.

Este imperio fue el que dio coherencia a unos poblados establecidos a orillas del Tíber, constituyendo con ellos la ciudad de Roma. Al derrumbarse el poder etrusco, el territorio romano comprendía el bajo Tíber, según se determina con el signo 1. Durante el siglo V, Roma luchó desesperadamente por su existencia contra los pueblos vecinos o invasores, como los volscos, aequos, etruscos y galos. Habiendo salido victorioso de la dura prueba, a fines del siglo IV el poder de Roma abarcaba la Etruria meridional más la Campania, con las ciudades de Cumas y Nápoles (signo 2). Desde este momento, la política expansiva de la República tendió a unificar la península, según indican las flechas (signo 6). Después de las guerras Samnitas, en las que participaron también galos y etruscos, el territorio de Roma se extendió, por el Norte, hasta el río Arno y el Rubicón, y, por el Sur, hasta Italia meridional (signo 3). Por último, la Magna Grecia, con las ricas ciudades de Brindisi, Tarento, Heraclea, Thurioi, Crotona y Rhegio, también cayó en poder de las legiones romanas (signo 4).

La cuestión de la Italia peninsular, enfrentó a Roma con Cartago por la posesión de Sicilia, preparando el inmediato estallido de las guerras púnicas.

LA LUCHA POR EL MEDITERRÁNEO. LAS GUERRAS PÚNICAS


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Signos: A. 1) Territorios del Imperio cartaginés; 2) Imperio etrusco; 3) Líneas comerciales púnicas. B. 1) Expansión del Imperio cartaginés; 2) Expansión romana en Italia; 3) Límites entre Roma y Cartago después de la primera guerra púnica; 4) Campañas de Aníbal; 5) Contraofensiva romana; 6) Batallas.

El Mediterráneo Occidental se convirtió muy pronto en teatro de enconadas apetencias económicas y políticas. La expansión de Cartago fue predominante después de oponerse victoriosamente a la colonización griega. De este modo se alcanzó un equilibrio relativo entre Cartago y el Imperio etrusco (siglo VI. de J.C.), hecho que se refleja en la parte superior del mapa. Cartago domina en África Menor, las islas del Mediterráneo y sur de España (signo 1 y 3), y los etruscos detentan la hegemonía en Italia (signo 2).

Esta situación cambió más tarde. A comienzos del siglo III antes de Jesucristo, se enfrentaban en el Mediterráneo occidental dos grandes potencias: Roma y Cartago (parte inferior del mapa y signos correspondientes). Aquella había terminado la unificación de Italia peninsular (signo2). Ésta poseía extensos dominios en las zonas litorales de África y el remoto Occidente, así como bases muy firmes en Sicilia, Cerdeña, Córcega y las Baleares (signo 1). Los intereses de ambas Repúblicas eran contrapuestos, por lo que su rivalidad desató la guerra.

En la primera guerra púnica, el teatro de operaciones se situó en Sicilia, que fue muy disputada por ambos ejércitos. A pesar de la resistencia cartaginesa en Panormo y Lilibaeum, las derrotas sufridas por sus escuadras en Mylae y las islas Egates (consúltense las fechas en el mapa), obligaron a Cartago a pedir la paz, por la que en 241, abandonó Sicilia a Roma. pocos años después, ésta se apoderaba de Cerdeña y Córcega, llevando sus límites hasta la línea de trazos del signo 3.

La familia Bárcida preparó el desquite de su patria; extendió el dominio cartaginés en España, que hizo base de su política. Aníbal llevó a término los proyectos de su padre Amílcar, emprendiendo la famosa expedición contra Italia (segunda guerra púnica), que se señala con el signo 4 (batallas con el 6; fechas en cifras). A pesar de sus sorprendentes éxitos, no pudo lograr la caída de Roma. Por el contrario, los Escipiones, en una contraofensiva de gran estilo, llevaron sus armas a España. Uno de ellos, Escipión el Africano, con sus brillantes campañas (signo 5) consiguió expulsar de España a los cartagineses y derrotar a Aníbal en Naraggara (Zama), en África (201). De este modo triunfaron los romanos.

EL IMPERIO ROMANO: EL PRINCIPADO


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Signos: 1) Expansión del Imperio a la muerte de César y zona de influencia romana en Armenia y costas del Mar Negro; 2) Expansión territorial desde Augusto a Nerón y en época de Trajano; 3) Intento de penetración romana en Germania en tiempo de Augusto; 4) Límites del Imperio; 5) Límites de las provincias - Los signos - ó + que anteceden a las cifras indican si éstas corresponden a años anteriores o posteriores al comienzo de nuestra Era.

La constitución territorial del Imperio de Roma, a partir de sus primeras conquistas en Occidente, halla una plasmación gráfica eficiente en este mapa. Para su recta comprensión, las cifras que llevan el signo -- se refieren a los años anteriores a nuestra Era, y las que llevan el signo +, a las posteriores.

Las regiones en verde nos indican la extensión real del Imperio de Roma a la muerte de César, quien incorporó a aquel las vastas provincias de la Galia, baluarte del Mediterráneo frente a los pueblos germánicos. El límite en verde (signo1) expresa la zona de influencia romana en Asia Menor, Armenia y el mar Negro en la misma época, así como en las regiones limítrofes como Mesopotamia, uno de los centros más notables del Imperio Parto.

El color encarnado (signo 2) corresponde a las conquistas de los emperadores de la dinastía Julio-Claudia, o sea Britania, la franja de terreno entre el Rin y el Danubio, las provincias al sur de este río, algunas regiones de Asia Menor, Egipto y la Mauritania, amén de la pacificación del norte de Hispania. El color siena del mismo signo se refiere a las anexiones y conquistas de los Flavios y Antoninos, en particular de Trajano (Dacia, al norte del Danubio, y de Mesopotamia). En este momento alcanza el Imperio Romano su mayor extensión.

El color sepia (signo 3) señala el intento romano de adelantar la frontera del Rin al Elba bajo Augusto. El signo 4 da la línea del límite del Imperio, y el 5, el de las provincias del mismo durante el Principado, las cuales estuvieron divididas en imperiales y senatoriales.


EL IMPERIO ROMANO: EL DOMINADO


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Signos: 1) Límites del Imperio en época de Diocleciano; 2) Límites de las Prefecturas; 3) Límites de las Diócesis; 4) Límites de las provincias.

Ante la creciente tarea que gravitaba sobre los emperadores, Diocleciano instituyó un nuevo régimen político y administrativo: la Tetrarquía. El signo 1 expresa los límites del Imperio en tal época; el 2, los límites de las prefecturas; el 3, los de las diócesis, y el 4, los de las provincias.

LAS INVASIONES GERMÁNICAS


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Signos: 1) Centros de cristianización principales; 2) Centros metropolitanos notables; 3) Expansión del Cristianismo durante el siglo I; 4) Expansión del Cristianismo a fines del siglo V; 5) Cristianización de Inglaterra y Alemania (siglos VII-IX); 6) Cristianización del Oriente y Norte europeo hasta el siglo X; 7) Límites del Imperio romano; 8) Límites entre el Imperio de Oriente y el de Occidente.

Mapa XVI: La expansión del Cristianismo produjo un cambio de extraordinaria importancia en el ambiente cultural, social y religioso en el Mediterráneo y Europa. Aprovechando la crisis del Imperio romano y las invasiones bárbaras, se afirmó como uno de los pedestales del nuevo ambiente espiritual europeo.

En el mapa se ha expresado la expansión del Cristianismo desde sus orígenes hasta el siglo X. Los primeros países que se convirtieron a la nueva doctrina fueron los situados en el ámbito oriental (Palestina, Siria, Asia Menor, costas griegas, Egeo, delta del Nilo, Cartago y Lacio), sin olvidar los focos que se crearon gracias a la actividad de los discípulos de San Pablo en Hispania.

En una segunda etapa el Cristianismo abarcó hasta los más remotos límites del antiguo Imperio romano (signo 7), salvo algunas regiones del África y los Alpes. En este período fue especialmente notable la actividad de las metrópolis religiosas de Francia (Reims), España (Toledo) e Irlanda (Armagh).

Después de la inestabilidad política del siglo VII otra gran oleada de expansión cristiana parte de Occidente (signo 5). De esta región arrancó la cristianización de los países del Báltico (signo 6).

El signo número 8 indica el límite entre los antiguos Imperios de Occidente y Oriente, que coinciden aproximadamente con los de la Iglesia católica occidental, regida por los pontífices romanos, y la Iglesia oriental, con centro de irradiación en Bizancio.

Mapa XVII: El proceso de las invasiones de los pueblos bárbaros, que desde hacía algunos siglos venían amenazando las fronteras romanas en el Rin y el Danubio, adquiere un desarrollo alarmante en el trascurso del siglo III y, en particular, desde mediados de la centuria siguiente. Además de los motivos étnicos y biológicos que ya de antiguo determinaban la acción de los germanos hacia el Oeste, el Sur y el Este, hay que añadir, desde 375, la causa mecánica provocada por la irrupción de los hunos en las estepas del sur de Rusia. Ante el temible alud de esta horda mogola, los pueblos germanos se precipitan como una catarata sobre los dos Imperios, el de Occidente y el de Oriente, desbordan sus fronteras e inundan los países mediterráneos, sembrando en ellos la confusión y la ruina. Como fecha inicial de la época de las invasiones en Occidente puede fijarse el año 406, en que quedó rota la frontera del Rin.

La idea que ha presidido la confección de este mapa ha sido la de plasmar con la mayor sugestividad el mecanismo de estas invasiones: El desplazamiento de godos y alanos por la presión de los hunos. La irrupción de los vándalos, suevos y alanos en las Galias y en España. El establecimiento de los francos en la región norte de Francia y de los burgundios en la alta cuenca del Saona. La constitución del reino vándalo como poder marítimo en África Menor. En fin, la marcha de los visigodos por los Balcanes, Italia, Galia y España, hasta constituir un reino importante en Tolosa. Por otra parte, los anglosajones se establecen en Inglaterra y los ostrogodos en el norte de Italia.

En el mapa, la línea de puntos y trazos indica los límites territoriales del Bajo Imperio en Europa, África y Asia; la línea de trazos, la divisoria entre Occidente y Oriente.

LOS PRIMEROS REINOS GERMÁNICOS DE OCCIDENTE

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Signos: 1) Territorios ocupados por los ostrogodos después de la ruina del reino de Odoacro en Italia.

El establecimiento de los pueblos germánicos en el Occidente de Europa en calidad de "federados" del Imperio, dio lugar a un período de gran inestabilidad territorial y política. A pesar de la dificultad de recoger todas las facetas de esta época, el mapa indica los principales aspectos territoriales de la política de los monarcas germanos.

En primer lugar, el reino vándalo intentó, bajo Genserico, la formación de un imperio costero e insular en el Mediterráneo occidental, similar al cartaginés. Fracasó esta tentativa a la muerte de aquel monarca.

Luego recogió una idea similar el reino visigodo, que durante el reinado de Eurico abarcó gran parte de la Galia y España, según se indica en el expresivo dibujo en morado. Sin embargo, en aquel país quedaban fuera de su dominio el reino de Borgoña y el de los francos, quienes habían ocupado el reino de Siagrio, extendiéndose hacia el río Loira. Las flechas indican la expansión del reino visigodo de Tolosa.

En Italia, Odoacro puso fin al Imperio de Occidente en 476, apoderándose de Rávena. Aunque no pretendió segregar la península del Imperio de Oriente, hizo papel de verdadero monarca. A finales del siglo V, los ostrogodos invadieron Italia y se apoderaron de la mayor parte de ella (signo 1). Teodorico el Grande, su rey, dominó también en Dalmacia, Panonia, Nórica y Retia. Se apoderó de Provenza, y al proteger a los visigodos contra los victoriosos avances de los francos se convirtió en el rey más poderoso de Occidente. Sus territorios se expresan mediante el signo verde en el ángulo inferior izquierdo del mapa.

JUSTINIANO Y EL IMPERIO BIZANTINO


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Signos: 1) Territorios originales y expansión del Imperio bizantino en época de Justiniano; 2) Zona de defensa respecto a los Sasánidas; 3) Irradiación comercial y económica de Bizancio; 4) Presión de los pueblos eslavos; 5) Expansión del reino francomerovingio.

Nos hallamos ya en pleno siglo VI. Las oleadas bárbaras han sumergido por completo el antiguo imperio mediterráneo de Roma, salvo una porción en Oriente que se mantiene incólume: el Imperio bizantino. En esencia lo constituyen los Balcanes y Grecia, Asia Menor, Siria y Egipto, o sea una combinación afortunada de bastiones militares, feraces tierras agrícolas y grandes emporios comerciales.

Este Imperio no sólo opuso tenaz resistencia a las invasiones germánicas y asiáticas (signo 2), sino que logró rehacerse, y bajo Justiniano incluso intentó la restauración imperial en Oriente (signo 1). En efecto, las tropas de este emperador se adueñaron del reino vándalo y de sus posesiones marítimas, arrebataron Italia al poder ostrogodo y se establecieron en el Mediodía de la península hispánica, aprovechando las luchas intestinas por la corona visigoda. Este esfuerzo militar fue acompañado por una activa irradiación comercial y económica (signo 3), al mismo tiempo que reverdecían las artes y el derecho.

Los lombardos, quienes invadieron Italia, y el alud de los pueblos eslavos (signo 4), redujeron y comprometieron la obra de Justiniano. La restauración del imperio único mediterráneo se reveló imposible, tanto más cuanto existían grandes divergencias espirituales y religiosas entre Bizancio y Roma. Por otra parte, en Occidente aparecía una nueva gran potencia hegemónica: el reino franco, que desde sus núcleos en Reims, Soissons, Orleans y París, había irradiado en todas direcciones (signo 5), englobando toda la Galia, más Baviera y Turingia, en Alemania.

ÁRABES Y NORMANDOS


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Después de la época de las invasiones germánicas, se desata sobre Europa un segundo período de inmigraciones de pueblos, aún más violentos que el primero. En realidad, estas invasiones son las que señalan el comienzo de la Edad Media, determinan la generalización de la economía agraria e imponen la organización feudal de la sociedad. Puede considerarse inaugurado este período con la expansión de los árabes en los siglos VII y VIII; su fin se halla, poco más o menos, al estabilizarse las incursiones de los normandos entre los siglos X y XI.

En el mapa se aprecian con claridad los focos y las rutas de expansión de ambos movimientos. Educados por Mahoma en un nuevo ideal religioso y político, los árabes emprenden la conquista del Próximo Oriente, que logran en pocos años. Persia, Mesopotamia, Siria y Egipto caen en poder de los primeros califas. Después de una pausa, impuesta por la reorganización del Estado, los árabes llegan, por Occidente, hasta el corazón de Francia, a través del África Menor y España, que han conquistado; amenazan Constantinopla y penetran en Asia Central y la India. Nunca se vio hasta entonces imperio tan extenso como el del Califato musulmán.

Los normandos partieron del sur de Escandinavia y Dinamarca. Por el Oeste llegaron hasta Groenlandia y América del Norte, a través del Atlántico; se establecieron en Normandía e Inglaterra y atacaron las costas de Francia y España. También actuaron en el Mediterráneo occidental, llegando hasta Sicilia y el Sur de Italia. por el Este, fundaron los estados rusovaregos en el curso del Dniéper.

EL IMPERIO CAROLINGIO


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Signos: 1) Territorios heredados por Carlomagno; 2) Territorios conquistados por Carlomagno; 3) Territorios más o menos dependientes del Imperio carolingio; 4) Marcas defensivas del Imperio; 5) Líneas de resistencia del Imperio.

La reconstrucción política del Occidente de Europa después de las invasiones germánicas del siglo V y de las nuevas acometidas de los árabes, ávaros y eslavos, fue una tarea mancomunada de los reyes francos y el Papado, que culmina con el Imperio carolingio. La coronación de Carlomagno como emperador, tuvo lugar en la Navidad del año 800, y este hecho pesó de modo indudable en el trascurso de la historia medieval.

Examinemos el aspecto territorial de este Imperio. Al subir al trono Carlomagno, y después de la muerte de su hermano Carlomán, sus dominios comprendían (signo 1) casi toda la Francia actual, más Bélgica, parte de Holanda y la Alemania del Sur, con las regiones llamadas entonces: Aquitania, Borgoña, Neustria, Austrasia, Alemania, Turingia y Baviera.

Carlomagno amplió este territorio mediante una serie de conquistas (signo 2), incorporando a su reino o Imperio: Frisia y Sajonia, en el norte de Alemania; Carintia, en los Alpes orientales: Friul, Lombardía y Espoleto, en Italia. Para proteger este gran conjunto imperial, ocupó y estableció varias marcas fronterizas, base de futuros estados medievales: la Marca Hispánica, contra los árabes; la Marca Bretona, contra los bretones; la Marca Danesa, contra los daneses; la Marca Soraba, contra los eslavos; y las Marcas Oriental y Panónica, en el Danubio, contra los ávaros. Estas marcas se expresan con el signo 4 y con la línea de resistencia del 5.

Territorio más o menos dependientes del Imperio fueron los que en el gráfico se expresan con el signo 3, como los Estados Pontificios.

NACIMIENTO DE LA EUROPA MEDIEVAL


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La idea imperial carolingia, encarnada por la corte y la Iglesia, chocó con las ambiciones de príncipes y nobles que constituían el Imperio de Carlomagno. Así, después de la muerte de este gran monarca, la Historia asiste a la disgregación de su Imperio, la cual, al cabo de diversas vicisitudes, cristaliza en la formación de los reinos de Alemania, Francia, Borgoña e Italia, llamados a tan importantes destinos en la vida de Occidente.

Este proceso de disgregación imperial y de formación de nuevas nacionalidades se registra en el siglo IX, durante los reinados de Ludovico Pío y sus inmediatos sucesores. Las etapas principales del mismo se expresan en los cuatro gráficos del mapa. En 817 tuvo lugar el primer reparto del Imperio entre los hijos de Ludovico Pío, aunque Lotario, el primogénito, recibiera, con la sucesión imperial, la hegemonía sobre sus hermanos. Más adelante, las discrepancias sobre este reparto produjeron sendas guerras civiles. En 843, vencido Lotario, por el tratado de Verdún reconoció a sus hermanos Carlos el Calvo y Luis el Germánico la posesión respectiva de Francia y Alemania, mientras él se reservaba una faja de terreno entre el mar del Norte e Italia: la Lotaringia. Este corredor desapareció a su muerte, y en 870 Carlos de Francia y Luis de Alemania se repartieron parte de la Lotaringia, mientras aparecían los reinos de Borgoña y de Italia.

Esta situación, con modificaciones favorables a Alemania, se estabiliza en 888, cuando después de la deposición y muerte de Carlos el Simple, puede hablarse de verdadera extinción del que fue el poderoso Imperio carolingio.

EL IMPERIO GERMÁNICO DE LOS OTONES


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Signos: 1) Territorios de la monarquía germánica antes de Otón I; 2) Marcas fronterizas entre los eslavos; 3) Territorios imperiales en Bohemia, Francia e Italia; 4) Estados protegidos por el Imperio germánico; 5) Límites del Imperio otónida.

La idea imperial en el Occidente de Europa sobrevivió gracias a la obra conjunta del Papado y de los reyes germánicos. Después de la fragmentación del Imperio carolingio, la monarquía alemana apareció formada por varios grandes ducados: Sajonia, Turingia, Franconia, Suabia, Baviera, Alta Lorena, y Baja Lorena, además de otros territorios, como Frisia, Austria y Carintia (signo 1). La lucha entre estos príncipes por el mando, se resolvió en la segunda mitad del siglo IX a favor de los duques de Sajonia. Un monarca de esta dinastía Otón I, logró consolidar su poder sobre sus contrincantes y vencer a los húngaros, hordas mogolas que habían invadido y saqueado la Europa central, parte de Francia e Italia. Otón I instauró el Imperio germánico.

Además de los territorios ya indicados, bajo Otón I y sus sucesores el Imperio alemán abarcó otros países. En primer lugar, las marcas fronterizas con los eslavos y daneses: Marca Danesa, Bilinga, del Norte, del Este y de Turingia, situadas más allá del Elba (signo 2). En segundo lugar, los territorios sujetos directamente a su influencia; Bohemia y Moravia, Borgoña, Italia (con Lombardía, Verona y Tuscia) (signo 3). En fin, también se situaron bajo la protección imperial los Estados Pontificios y los ducados de Espoleto y Benevento (signo 4). De este modo, los límites del Imperio germánico abarcaron todo el centro de Europa y gran parte de la Península itálica (signo 5).

Fuera del Imperio quedaron Francia, Dinamarca, Polonia, Hungría y Croacia. El Imperio bizantino continuó poseyendo el sur de Italia y parte de Sicilia, que defendió ante los reiterados ataques de los musulmanes.

LOS IMPERIOS DE ASIA EN LA EDAD MEDIA


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Signos: 1) Califato de Bagdad; 2) Imperio Tang; 3) Expansión del Imperio mogol; 4) Rutas comerciales entre Europa y China en la Edad Media.

Asia fue el foco de donde partieron constantes movimientos de los pueblos que alteraron la historia de Europa. A la vez fue teatro de la constitución de colosales y efímeros imperios. No se puede comprender la historia de la Edad Media europea sin tener siempre presente los conflictos asiáticos.

En el mapa se procura sintetizar los cambios históricos experimentados en Asia, reduciendo a tres las grandes formaciones imperiales. La primera es China (signo 2), baluarte civilizado de la raza amarilla frente a las invasiones de los pueblos de la estepa. La segunda es el Califato de Bagdad, que desde el Mediterráneo hasta la India fue durante cuatro siglos emporio de cultura y de riqueza. En fin, la tercera es el imperio de los nómadas mogoles, creado por Gengis-Kan (signo 3). Esta gigantesca formación política que abarcó casi toda Asia había de dividirse en cinco grandes kanatos: los de China, Turquestán, Siberia, Persia y Horda de Oro.

Se indica en el signo 4 la ruta de las caravanas que enlazaba el Mediterráneo con China a través del Turquestán. Durante la Edad Media ésta fue la principal ruta comercial del mundo.

LAS CRUZADAS


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Signos: A) 2) Ruta de los cruzados alemanes; 3) Íd. de los franceses del Norte; 4) Íd. de los provenzales e italianos. B) 2. Ruta de la II Cruzada; 3) Rutas de Ricardo Corazón de León, Felipe II Augusto y Federico I en la III Cruzada. C) 2. IV Cruzada; 3) V Cruzada; 4) VI Cruzada (Federico II de Alemania); 5) Cruzadas de San Luis. En A, B y C, el signo 1 indica limites entre la Cristiandad y el Islam.

En los tres gráficos se señalan las rutas de las grandes Cruzadas. En cada uno de ellos, el signo 1 indica el límite aproximado, entre el Cristianismo y el Islam en el Mediterráneo.

EL IMPERIO GERMÁNICO EN EL SIGLO XII


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Signos: 1) Límites del imperio; 2) Límites entre las partes constitutivas del Imperio; 3) Límites de las regiones autónomas (Provenza) o semidependientes (Silesia); 4) Territorios gibelinos; 5) Territorios güelfos en Italia; 6) Territorios güelfos en Alemania.

La oposición entre el Papado y el Imperio, que dio lugar a la guerra de las Investiduras, y el desarrollo del comercio y de la vida urbana en Italia a consecuencia de las Cruzadas, hicieron aparecer en el seno del Imperio germánico grandes fermentos de descomposición. Sin embargo, bajo Federico I Staufen todavía adquirió su mayor expansión territorial, englobando muchos territorios eslavos, el reino de Borgoña y gran parte de Italia, según abarca el límite correspondiente al signo 1. El 2 expresa los límites entre las diversas partes del Imperio, y el 3 corresponde a regiones que, como Provenza, adquieren cierta autonomía, o, como Silesia, están a punto de ser integradas en el Estado germánico.

El territorio del Imperio puede dividirse en partidarios del Papado (güelfos) y del emperador (gibelinos). A estos últimos corresponden los coloridos encarnados del signo 4, que abarcan, como núcleo central, Franconia y Suabia, y como adheridos Borgoña, Saboya y Lombardia. También se incluye entre ellos el reino de Sicilia, fundado por los normandos, celosos partidarios del Papado, pero que en esta época cae bajo el influjo de los Staufen. Los verdes del signo 5 corresponden a los güelfos, con centro en Roma y los Estados Pontificios, extendiéndose en Italia por la marca de Ancona y la Romaña, Tuscia, Córcega y Cerdeña, y en Alemania por Sajonia y Baviera, como expresa el signo 6.

Fuera de los límites imperiales aparece la ciudad de Venecia, cuyo territorio comprenden también la porción occidental de la península de Istria, en espera del momento en que su comercio por el mar Adriático y los mares de Levante se transforme en hegemonía política.

EUROPA A MEDIADOS DEL SIGLO XIV


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A mediados del siglo XIV, el mapa de Europa revela importantes modificaciones territoriales.

En Occidente, continúa la división tradicional del archipiélago Británico en los tres estados de Escocia, Inglaterra e Irlanda. Sin embargo, la monarquía inglesa conserva una cabeza de puente en Irlanda y otra en Guyena, desde donde aspirará a imponer sus pretensiones al trono de Francia en la inminente guerra de los Cien Años. Por lo que respecta a la península hispánica, los cinco reinos en ella existentes han cobrado límites definitivos después de las grandes conquistas cristianas del siglo XIII. Castilla se ha convertido en el estado peninsular más extenso; pero Aragón desarrolla una gran política mediterránea: posee Baleares y Cerdeña y aspira al dominio de Sicilia, donde reina una dinastía de la Casa de Barcelona.

Los límites del Imperio alemán, tan vastos, no corresponden a la realidad de su potencia, que mengua vertiginosamente a partir del Gran Interregno de fines del siglo XIII. Pronto veremos cómo su territorio merma a expensas de sus vecinos o de los nuevos estados que surgen en sus fronteras de Occidente.

En el Báltico, Dinamarca hace de gran potencia, cuya hegemonía tendrá una ratificación política en la Unión de Kalmar. Mientras el ducado de Moscú apenas nace a la vida histórica, Polonia y Lituania, que unirán sus esfuerzos en el siglo XV, se convierten en el núcleo más poderoso de Oriente. En los Balcanes se asiste a la fugaz hegemonía de Servia, mientras Bizancio resiste a la desesperada en territorios cada vez más fragmentados y en Asia nace el temible poderío del Imperio otomano.

FRANCIA E INGLATERRA: GUERRA DE LOS CIEN AÑOS

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Signos: 1) Territorios de la monarquía inglesa; 2) Posesiones feudales de los monarcas ingleses en Francia; 3) Límites entre Francia y el Imperio alemán; 4) Territorios de la casa de Borgoña en Francia y el Imperio; 5) Territorios de los "apanages" reales en Francia.

El último gran conflicto de Occidente derivado de la época feudal es la guerra de los Cien Años, librada entre Francia e Inglaterra. En ella no sólo se dirimía una cuestión sucesoria entre los reyes franceses y los ingleses, sino un problema territorial, pues la monarquía de la Gran Bretaña (signo 1) poseía en Francia extensos dominios, en particular en el Sudeste: Poitou, Angulema, Roerga, Guvena, Gascuña y Bigorra (signo 2). Por su parte, los reyes franceses habían seguido la política de los "apanages" respecto a sus hijos, es decir, la de conceder a éstos extensas posesiones territoriales, que a pesar de estar sujetas a la corona, debilitaban, sin duda, su poder. Estos "apanages" que se indican con el signo 5, comprendían gran parte del centro de Francia, con Maine, Anjou, Orléans, Turena, Berry, Borbón y Auvernia. Además, existía el "apanage" del ducado de Borgoña, que se convirtió en un gran conjunto territorial en la primera mitad del siglo XV gracias al enlace con la dinastía de los condes de Flandes y a su política de expansión en los Países Bajos. Así llegó a abarcar (signo 4), además de Nevers y Borgoña, el Franco Condado, Luxemburgo, Picardía, Artois, Flandes, Henao, Brabante, Holanda, Zelanda y Güeldres. Estas tierras pertenecían, en parte a Francia, y, en parte al imperio.

Después de sufrir grandes derrotas, de las que en el mapa se indican las de Azincourt, Potiers y Crecy, y de estar amenazada por la coalición de ingleses y borgoñeses, la monarquía de Francia pudo, al fin, triunfar en la guerra. Los ingleses sólo retuvieron la plaza de Calais en el continente, y los límites de Francia se extendieron según indica el signo 3, abarcando también el Delfinado y Provenza. Este último condado se incorporó a fines del siglo XV.

LA ÉPOCA DE LOS DESCUBRIMIENTOS


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Signos: 1) Líneas de partición del mundo entre españoles y portugueses (1494); 2) Territorios poco conocidos o desconocidos por el hombre europeo a mediados del siglo XV.

Una de las mayores hazañas realizadas por los europeos en el trascurso de la Historia, ha sido el descubrimiento de grandes espacios geográficos que no formaban parte de la visión corriente del mundo. Los hombres de la Edad Media, aún los más cultos, ignoraban más de las tres cuartas partes de las tierras continentales de nuestro planeta, de modo que para ellos eran por completo desconocidos los continentes, o sus porciones, que figuran en marrón en el mapa, y sólo tenían vaguísimas referencias de las partes señaladas con los colores del signo 2.

La época de los grandes descubrimientos tiene un gran foco de iniciativas y realizaciones: la península hispánica. Los portugueses (Díaz) descubren el Cabo de Buena Esperanza en 1486, y en 1498 Vasco de Gama llega a Calicut en la India, después de hacer escala en Sofala, Mobasa y Melinde. Más tarde, bajo el gran virrey Alburquerque, los lusos llegan a Malaca y las islas de las Especias (1511).

España también se ilustra en los descubrimientos; primero, patrocinando la empresa de Cristóbal Colón; luego, con los nombres de sus navegantes, exploradores y conquistadores, uno de los cuales, Balboa, descubre el mar del Sur y demuestra la existencia de América; en fin, con el viaje de circunnavegación mundial de Magallanes-Elcano, realizado entre 1519 y 1522.

El signo I corresponde a la línea de partición del mundo entre españoles y lusos de 1494, que como se ve, no fue respetada ni por los ingleses ni por los franceses (Caboto y Cartier, respectivamente, en América del Norte).

MARCHA DE LOS DESCUBRIMIENTOS EN AMÉRICA

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El contacto de Europa con América se realiza siguiendo tres direcciones fundamentales: la ruta septentrional, que cae fuera del campo óptimo de las posibilidades hispanas, ruta que seguirán en su colonización Francia e Inglaterra; las rutas central y meridional, que fueron los caminos sustanciales de la hispanización del continente americano.

El núcleo fundamental de la expansión lo constituye el ESPACIO CARIBE, el cual facilita el paso hacia América del Norte por el golfo de México y hacia América del Sur pro Panamá. En este sentido, los descubrimientos de los españoles en ambas Américas ofrecen rumbos divergentes. En el Norte, el punto de partida está situado a Oriente y los puntos de apoyo se establecen en la costa atlántica. En el Sur, en cambio, las bases de colonización radican en el Oeste y en el Pacífico. En líneas generales, podemos afirmar que mientras América del norte y la Central se descubrieron y colonizaron desde el Oeste, la marcha hacia el Este caracteriza la conquista de Sudamérica. El movimiento de colonización estuvo determinado por la atracción ejercida por las zonas óptimas americanas (Anáhuac, Panamá, Perú, Tierra Firme) sobre los españoles de las Antillas.

En la América meridional la base de los descubrimientos es el ESPACIO CENTRAL ANDINO. De él parten rutas costeras hacia el Norte (Ecuador) y el Sur (Chile), o bien continentales hacia la Amazonia y el Plata. Cada una de ellas buscará su enlace respectivo con los núcleos de colonización establecidos, paralelamente, en la fachada del Atlántico (Plata, Brasil, Nueva Granada).

En América del Norte, el centro de los descubrimientos es la MESETA DEL ANÁHUAC. La insuficiencia de La Florida como punto de partida y la disposición desfavorable del sistema Missisipi-Ohío como eje de marcha de la colonización, dificultarán toda tentativa de constituir en la América del Norte un bloque hispano análogo al de la meridional.

DESCUBRIMIENTOS EN LAS ANTILLAS


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Notas: 1) Grupo de descubrimientos entre 1499 y 1509; 2) Id. entre 1510 y 1520; 3) Id. entre 1520 y 1542; 4) Imperio azteca.

Desde los primeros viajes colombinos esta isla se convierte en centro de la colonización del Caribe y, más allá de sus confines, de toda América. De ella parten las primeras expediciones que convirtieron aquel mar en "Mare Nostrum" hispano. Se actuó sobre Puerto Rico y las Pequeñas Antillas, sobre Jamaica y Cuba, y también, sobre la costa opuesta (Ojeda, 1499; Bastidas, 1500; y Nicuesa, 1509), que debía recibir los nombres de Tierra Firme y Castilla del Oro.

En relación con el núcleo de la Española se disponen el de Cuba y el de Panamá. La intensidad de la corriente geopolítica, que ya desde los comienzos del establecimiento de España en el Caribe se concentra en la costa del golfo de Darién (Colón, 1502), conduce al descubrimiento del Mar del Sur (Balboa, 1513) y el reconocimiento del papel importantísimo del Istmo de Panamá en la vida de América. Del NÚCLEO PANAMEÑO, en efecto, no sólo dependen gran parte de la colonización de América del Sur, sino, además, los descubrimientos que se realizaron en la porción sur de la América central.

Arrancando del NÚCLEO CUBANO, se exploran las costas del golfo de México (expediciones de Grijalva y Pineda). Tales tendencias habían de conducir, indefectiblemente, a la conquista del Imperio azteca, que realizó Cortés en 1519-1521. De esta forma quedó establecida la triangulación que fue clave del dominio español en América: CUBA-MÉXICO-PANAMÁ. Asimismo, la penetración de España en América del Norte se efectuó prácticamente, a base del centro mexicano y de sus enlaces marítimos (Mendoza, 1532; Carrillo, 1542) o continentales (Nuño de Guzmán). No olvidemos tampoco que desde México se conquistó buena parte de América Central (Olid en Honduras, 1523) y Alvarado en Guatemala, 1525).

Las bases de partida para la conquista de América del Norte por los españoles les eran poco favorables. La colonización de una de ellas -la península de Florida- recabó por sí misma grandes esfuerzos y reiteradas tentativas (Ponce de León, 1512; Pánfilo de Narváez, 1528). La expedición de Narváez tuvo un epílogo aventurero en la de Cabeza de Vaca, quien después del fracaso de aquella recorrió las costas del golfo de México y Tejas hasta llegar al territorio de Nueva España. Las dos exploraciones más importantes las efectuaron Soto y Coronado. El primero descubrió el curso del Missisipi (1541), que recorrió, después de su muerte, su lugarteniente Moscoso. Coronado partió de Nueva España en busca de los fabulosos países de Cibola y Quivira. Descubrió las montañas Rocosas, el Colorado y el Kansas.

DESCUBRIMIENTOS EN AMÉRICA DEL SUR


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Notas: 1) Núcleos de descubrimiento y colonización; 2) Imperio inca; 3) Grupo de descubrimientos hasta 1533; 4) Íd. de 1533 a 1560.

La colonización del continente sudamericano corrió a cargo, en su mayor parte, de España; pero no se ha de olvidar que Portugal descubrió y colonizó el Brasil.

Es sintomático que la conquista de América del Sur por los españoles se inicie por la región que centro del Imperio de los incas, y asimismo que el descubrimiento y la colonización de lo que fue luego el Virreinato del Perú pueda explicarse tomando este núcleo como centro de expansión colonial. Fue Pizarro quien en 1531, después de una notable odisea, dio a la Corona de Carlos V la rica tierra peruana. desde ésta los grandes aventureros españoles se desparramaron por el continente, y aun sin contar con los focos de Tierra Firme y del Plata, ellos solos hubieran completado, sin duda alguna, la exploración de las tierras sudamericanas.

A ambos lados del Perú aparecen núcleos secundarios de subido valor: Chile y la región de Quito, cada una de ellos, con sus actividades colonizadoras propias. Chile, descubierto por Almagro y conquistado por Valdivia en 1539, permitió la colonización de la costa meridional del Pacífico y la región transandina de las Pampas. De Quito, adonde llegó Benalcázar en 1533, los españoles pasaron a la cuenca del Amazonas (Orellana, 1541) y la costa del mar Caribe (Benalcázar, 1537). En Bogotá confluyen tres caminos y tres tendencias. Por eso, pocos sucesos históricas encierran tanto interés como la coincidencia en las mesetas de aquella región de las expediciones de Quesada, Federman y Benalcázar (1537).

La colonización del Plata fue un proceso de dominio de un sistema hidrográfico partiendo de su desembocadura. Se distinguieron en ella Solís, que pereció en el curso de su empresa (1515); Caboto, que la reiteró en 1527; Mendoza, primer fundador de Buenos Aires (1536), y Cabeza de Vaca, que supo aprovechar las ventajas de la situación geográfica de Asunción y exploró las cuencas del Paraná y el Paraguay (1541). Varias tentativas para enlazar los centros del Perú, Chile, Paraguay y el Plata acabaron con pleno éxito. Rojas en 1542 e Irala en 1547 lograron establecer el primer enlace directo entre el Atlántico y el Pacífico por el Alto Perú.

Los límites entre los dominios de España y Portugal en América del Sur no se establecieron hasta el siglo XVIII. Los que se representan en el gráfico corresponden a la zona máxima efectiva de colonización española.

LA ÉPOCA DE CARLOS V


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Notas: 1) Posesiones imperiales e hispánicas de los Habsburgo.

El Occidente de Europa, que desde el siglo XIII había carecido de cohesión política, se halla sometido en la primera mitad del siglo XVI a dos fuerzas de signo contrario: la imperial encarnada en Carlos V de Alemania y I de España, y la particularista, de carácter nacional en Francisco I de Francia y religioso en los principales alemanes. En el gráfico se expresan las bases territoriales de la política del emperador.

Carlos V, en efecto, recibió una cuádruple herencia: de su abuelo paterno, Maximiliano, las posesiones de la casa de Austria en Alemania (Austria, Estiria, Carintia, Carniola, Tirol y Sundgau, aparte de otros territorios menores y derechos sobre el ducado de Milán); de su abuela paterna, María, los territorios de Borgoña, a saber: Holanda, Flandes, Artois, Brabante, Luxemburgo, el Franco Condado, y el ducado de Borgoña (éste con litigio con Francia); de su abuelo materno, Fernando de Aragón, Aragón, Valencia, Cataluña, Baleares, Cerdeña, Sicilia, y Nápoles, más algunas plazas africanas; y de su abuela materna, Isabel, Castilla, Navarra, Granada, varias plazas del litoral marroquí, Canarias y los nuevos territorios americanos.

COLONIZACIÓN EN AMÉRICA DEL NORTE (SIGLOS XVI-XVIII)


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Notas: 1) Flotas de Indias: ida y retorno; 2a) Territorio de nueva España en 1636; 2b) Íd. en 1786;; 3) Misiones del siglo XVIII; 4) Límites entre las posesiones inglesas y españolas en 1763 (Pas de París). Las cifras al lado de las poblaciones indican fecha de fundación.

En la historia de la obra de España en América marchan paralelamente tres hechos: el descubrimiento, la conquista y la colonización. En otros términos, tres hombres: el navegante, el capitán y el organizador. Este desarrollo armónico de la actividad de los hispanos en el Nuevo Mundo es la base esencial del éxito, moral más que económico, del imperio que España supo crear en aquellos países y mantener durante tres siglos.

Los centros rectores de las colonias españolas en América se situaron en la Península (monarca, Consejo de Indias, Casa de Contratación). En el Nuevo Mundo los elementos más importantes de la colonización fueron el virreinato, la ciudad y la misión. Entre amos grupos se tendía un órgano de enlace: la Flota de Indias, en la que se polarizaba la potencia militar, naval y económica y aun espiritual de España y América, y por lo tanto era el elemento geopolítico básico del Imperio. Éste fue pujante mientras la metrópoli dominó el océano y decayó con la ruptura de la hegemonía marítima española a comienzos del siglo XVII.

La Flota de Indias se dividía antes de llegar al Caribe. Mientras una parte servía los grandes puertos de Tierra Firme y el Istmo (Maracaibo, Santa Marta, Cartagena, Portobelo), donde se hacía el transbordo para Panamá y el virreinato del Perú, otra parte atendía los puertos de las Grandes Antillas y México (Santo Domingo, Santiago y Veracruz). La Armada se reunía en La Habana para emprender el viaje de regreso.

Otro elemento económico importante era el llamado navío de Filipinas, que partía de Acapulco rumbo a Manila y mantenía un floreciente tráfico a través del Pacífico.

La colonización española en Nueva España hizo notables progresos hasta 1636. Siguiendo los cursos de los ríos y en ardua lucha con el clima y los indios, soldados y misioneros se establecieron hasta los confines septentrionales de Arizona, Nuevo México y Tejas. Con la decadencia de la Monarquía hispánica en la segunda mitad del siglo XVII se interrumpió el progreso de la colonización. Pero en la centuria siguiente se reanudó con gran ímpetu. Entonces se establecieron en California las misiones franciscanas, que introdujeron en el país los cimientos de la civilización occidental, y se ampliaron y robustecieron las zonas de colonización en Nueva México y Tejas.

Por otra parte, el siglo XVIII registró sensibles cambios en el reparto territorial de América del Norte. A consecuencia de la paz de París de 1763 quedó eliminada Francia de aquel continente y España -previa cesión de Florida a Inglaterra- pasó a lidiar con las colonias inglesas en el Missisipi. Sin embargo, la corte de Madrid no supo sacar ventaja de tal situación. En 1783 renunció a la Luisiana Occidental en favor de Francia, después de rescatar Florida de los ingleses.

COLONIZACIÓN DE AMÉRICA DEL SUR (SIGLOS XVI-XVII)


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Notas: 1) Rutas marítimas; 2) Rutas continentales del Imperio español en América del Sur. Las cifras al lado del nombre de posesiones indican fecha de fund