Ana Frank




Ana Frank era una de cientos de miles de niños judíos que murieron en el Holocausto. Nació en Frankfurt, Alemania en 1929, y huyó con su familia a Holanda después de la toma del poder por los nazis en 1933.
Los alemanes ocuparon Ámsterdam en mayo de 1940. En julio de 1942, cuando Alemania empezó la deportación de los judíos de Holanda a los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau y Sobibor en la Polonia ocupada, Ana y su familia se escondieron con cuatro personas más, todos judíos. Por dos años, vivieron en un desván secreto atrás de la oficina de un negocio en la calle Prinsengracht No. 263. Amigos de la familia contrabandeaban comida y ropa para ellos, con gran riesgo a sus propias vidas. El 4 de agosto de 1944, la Gestapo (policía secreta estatal de los nazis), que había recibido la información de los vecinos holandeses, descubrió el escondite de los Frank.



Extracto del diario de Ana Frank, el 10 de octubre de 1942: "Esta es una foto de mi como me gustaría verme todo el tiempo. Así quizás tendría todavía una chance de ir a Hollywood. Pero me temo que normalmente me veo muy diferente." Ámsterdam, Holanda.


Amsterdam y la deportación

Los Frank fueron arrestados por la Gestapo y enviados al campo provisional de Westerbork. De allí, en septiembre de 1944, los nazis deportaron a los Frank y a los otros cuatro arrestados, a Auschwitz-Birkenau. En diciembre de 1944, Ana y su hermana Margot fueron transferidas al campo de concentración de Bergen-Belsen cerca de Celle, en el norte de Alemania. Murieron de tifus en marzo de 1945, un mes antes de la liberación del campo. La madre de Ana fue asesinada en Auschwitz. Solo el padre de Ana, Otto, sobrevivió la guerra. Las fuerzas soviéticas liberaron a Otto en Auschwitz en enero de 1945.
Mientras estuvo escondida, Ana mantuvo un diario en el cual anotaba sus miedos, esperanzas, y experiencias. Encontrado en el desván secreto después que la familia fue arrestada, el diario fue guardado para Ana por una de las personas que ayudó a esconder a los Frank. Fue publicado después de la guerra en varios idiomas. Ana Frank se ha convertido en un símbolo de la promesa perdida con los niños que murieron en el Holocausto.


Fuente

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Su Infancia

Judíos alemanes
«Mi padre, el más bueno de todos los padres que he conocido en mi vida, no se casó hasta los treinta y seis años con mi madre, que tenía veinticinco. Mi hermana Margot nació en 1926 en Alemania, en Francfort del Meno. El 12 de junio de 1929 le seguí yo.»
Ana Frank

Annelies Marie Frank nace el 12 de junio de 1929 en Francfort del Meno (Alemania). Es la segunda hija de Otto Frank y de Edith Holländer. Su hermana Margot tiene entonces tres años. Los Frank son judíos alemanes. Los Frank y los Holländer son familias judías que llevan varios siglos residiendo en Alemania.




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El Escondite

Detrás de una estantería giratoria

«Nuestro escondite sólo ahora se ha convertido en un verdadero escondite. Al señor Kugler le pareció que era mejor que delante de la puerta que da acceso a la Casa de atrás colocáramos una estantería (...) pero se trata naturalmente de una estantería giratoria, que se abre como una puerta.»

Ana Frank

El refugio se encuentra en una parte desocupada de la empresa de Otto Frank. Mientras que ésta sigue funcionando normalmente en la parte delantera del edificio, los escondidos se hallan en la parte trasera, en la «casa de atrás». No tardarán en disimular la entrada a este sector mediante una estantería giratoria.




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El Refugio

No salir nunca fuera

«Me angustia más de lo que puedo expresar el que nunca podamos salir fuera, y tengo mucho miedo de que nos descubran y nos fusilen.»

Ana Frank

Los escondidos no pueden salir fuera: sería demasiado peligroso. Durante el día, las cortinas de la casa de atrás deben permanecer echadas, para que no puedan verlos los vecinos. La única posibilidad de respirar algo de aire puro es a través del ventanuco del desván. Por las noches, las ventanas sí se dejan a veces entornadas.




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Quién delató el escondite

«Hoy ya no quiero saber quién nos delató entonces en Amsterdam.»

Otto Frank

Alguien llamó a la policía alemana para informarle de que en Prinsengracht 263 había judíos escondidos. Nunca se conoció su identidad. Este interrogante sigue preocupando a mucha gente. Hubo algunas sospechas, y en 1948 se procedió a una primera investigación. Catorce años después se hizo un nuevo intento de reconstruir los hechos. Ambas investigaciones resultaron infructuosas, sin que se hallara al autor de la delación. En 1998, Melissa Müller afirmó en su biografía de Ana Frank que podría ser Lena Hartog-van Bladeren. Dos años después, en su biografía de Otto Frank, Carol Ann Lee lanzó otra teoría: según ella, el delator debió de ser Tonny Ahlers, conocido de Otto Frank.




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El día de la detención

«Hay muchas cosas de las que aún ahora me cuesta hablar. Y otras de las que ya no quiero hablar. Por ejemplo, de lo que sentí cuando nos echaron de nuestro refugio.»

Otto Frank, 1979

Es el 4 de agosto de 1944, un día caluroso y soleado. En el cuartel general del Servicio de seguridad alemán («SD»), de Amsterdam, entra por la mañana una denuncia telefónica. Atiende el teléfono Julius Dettman, quien imparte al suboficial de turno Karl Silberbauer la orden de dirigirse a Prinsengracht. Éste se lleva como asistentes a cuatro nazis holandeses. Silberbauer y algunos de sus acompañantes entran en la planta baja del edificio y se dirigen al mozo de almacén Willem van Maaren, quien, sin pronunciar palabra, señala al techo.




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Al campo de Westerbork

«Viajamos en un auténtico vagón de pasajeros. El que las puertas estuvieran cerradas desde el exterior no nos importaba. (...) Ana no se apartó de la ventanilla en ningún momento. Era verano. Fuera se veían pastizales y campos de cereales recién segados. Los poblados pasaban volando. Los cables del teléfono describían líneas sinuosas ascendentes y descendentes a lo largo de la ventanilla. Para nosotros, todo eso equivalía a la libertad.»

Otto Frank

A primera hora de la mañana del 8 de agosto de 1944, obligan a los ocho escondidos y a otros prisioneros a abandonar sus celdas y los llevan en tranvía a la estación central del ferrocarril, donde ya los espera un tren corriente de pasajeros. Janny Brilleslijper es una de las otras prisioneras. En el andén ve a la familia Frank: «Me llamaron la atención el atuendo deportivo y las mochilas de las niñas, como si se fuesen de vacaciones de invierno.» El tren transportará a los prisioneros a Westerbork.




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La publicación del diario

«A mi entender, este diario aparentemente insignificante de una niña encarna toda la monstruosidad del fascismo, más que todos los autos procesales de Núremberg en su conjunto.»

Jan Romein

El texto mecanografiado por Otto Frank va a parar, por intermedio de terceros, a manos de la pareja de historiadores holandeses Jan Romein y Annie Romein-Verschoor. Tras algunos intentos infructuosos de su mujer de hallar un editor interesado, Jan Romein escribe un breve artículo sobre el tema, sin consultarlo con Otto Frank. El artículo se publica el 3 de abril de 1946 en la portada del destacado periódico holandés Het Parool, despertando el interés de varias editoriales.




Fuente

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Algunos Fragmentos del Diario de Ana Frank


20 de junio de 1942

Mi padre tenía ya treinta y seis años cuando se casó con mi madre, que tenía veinticinco. Mi hermana Margot nació en 1926, en Frankfort del Meno. Y yo el 12 de junio de 1929. Siendo judíos cien por ciento, emigramos a Holanda en 1933, donde mi padre fue nombrado director de la Travis N.V., firma asociada con Kolen & Cía., de Amsterdam. El mismo edificio albergaba a las sociedades, de las que mi padre era accionista. Desde luego, la vida no estaba exenta de emociones para nosotros, pues el resto de nuestra familia se hallaba todavía defendiéndose de las medidas hitleristas contra los judíos. A raíz de las persecuciones de 1938, mis dos tíos maternos huyeron y llegaron sanos y salvos a los Estados Unidos. Mi abuela, entonces de setenta y tres años se reunió con nosotros. Después de 1940 nuestra buena época iba a terminar rápidamente: ante todo la guerra, la capitulación, y la invasión de los alemanes llevándonos a la miseria. Disposición tras disposición contra los judíos. Los judíos eran obligados a llevar la estrella, a ceder sus bicicletas. Prohibición de los judíos de subir a un tranvía, de conducir un coche. Obligación para los judíos de hacer sus compras exclusivamente en los establecimientos marcados con el letrero de "negocio judío", y de quince a diecisiete horas solamente. Prohibición para los judíos de salir después de las ocho de la noche, ni siquiera a sus jardines, o aún de permanecer en casa de sus amigos. Prohibición para los judíos de ejercitarse en todo deporte público: prohibido el acceso a la piscina, a la cancha de tenis y de hockey o a otros lugares de entrenamiento. Prohibición para los judíos de frecuentar a los cristianos. Obligación para los judíos de ir a escuelas judías, y muchas otras restricciones semejantes.




8 de julio de 1942

A las tres de la tarde llamaron a nuestra puerta. Yo no lo oí, porque estaba leyendo en la terraza, perezosamente reclinada al sol en una mecedora. De pronto, Margot apareció por la puerta de la cocina, visiblemente turbada.
- Papá ha recibido una citación de la SS -cuchicheó-. Mamá acaba de salir a buscar al señor Van Daan. (Van Daan es un colega de papá y amigo nuestro).
Yo estaba aterrada: todo el mundo sabe qué significa una citación; vi surgir en mi imaginación los campos de concentración y las celdas solitarias. ¿Íbamos a dejar a papá partir hacia allí?
- Naturalmente no se presentará - dijo Margot, mientras que ambas esperábamos en la alcoba el regreso de mamá.
- Mamá ha ido a casa de los Van Daan para ver si podemos habitar desde mañana, nuestro escondite. Los Van Daan se ocultarán allí con nosotros. Seremos siete.
En nuestro dormitorio, Margot me confesó que la citación no era para papá, sino para ella misma. Asustada de nuevo empecé a llorar. Margot tiene dieciséis años. ¡Quieren pues dejar ir solas a las muchachas de su edad! Afortunadamente, como mamá ha dicho, no irá.




13 de enero de 1943

El terror reina en la ciudad. Noche y día, transportes incesantes de esa pobre gente, provista tan sólo de una bolsa al hombro y de un poco de dinero. Estos últimos bienes les son quitados en el trayecto, según dicen. Se separa a las familias, agrupando a hombres, mujeres y niños.
Los niños al volver de la escuela, ya no encuentran a sus padres. Las mujeres, al volver del mercado, hallan sus puertas selladas y notan que sus familias han desaparecido.
También les toca a los cristianos holandeses: sus hijos son enviados obligatoriamente a Alemania. Todo el mundo tiene miedo.
Centenares de aviones vuelan sobre Holanda para bombardear y dejan en ruinas las ciudades alemanas; y a cada hora, centenares de hombres caen en Rusia y en África del Norte. Nadie está al abrigo, el globo entero se halla en guerra, y aunque los aliados ganen la guerra, todavía no se ve el final.
Podría seguir durante horas hablando de la miseria acarreada por la guerra, pero eso me desalienta de más en más. No nos queda más que aguantar y esperar el término de estas desgracias. Judíos y cristianos esperan, el mundo entero espera, y muchos esperan la muerte.


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El Diario completo de




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