Fotos Del Hombre Mas Alto Del Mundo
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Definitivamente, Leonid Stadnyk no es un hombre feliz. Tiene 33 años y una fama que crece al ritmo de su estatura. Ocurre que este ucraniano mide 254 centímetros y eso lo convierte en el hombre vivo más alto del mundo. Pero lejos de llenarlo de orgullo, este récord —según él mismo confiesa— lo abruma. No es para menos: Leonid no para de crecer, y nadie sabe cómo frenar este extraño proceso.

"Es mi castigo de Dios. No sé qué pecado habré cometido... Toda mi vida soñé con ser igual que los demás. Mi altura es mi castigo", se lamenta con una voz perturbadoramente dulce. El gigantón vive en Podoliantsi, un pueblo remoto de Ucrania, y ya mide 18 centímetros más que Radhouane Charbib, el tunecino de 236 centímetros que por ahora tiene el mérito de aparecer en el libro Guinness de los récords.

La vida de Leonid está llena de contratiempos: su cabeza choca con carteles publicitarios, copas de árboles y demás, sus dos perros parecen de peluche a su lado, y ni siquiera su mamá puede darle besos o acariciarlo si el hijo no se sienta: la pobre mujer le llega a la cintura. Como si estas desgracias fueran pocas, debe movilizarse en una suerte de sulky tirado por caballos y vive en una granja al borde de la pobreza. Sus noches tampoco son relajadas, ya que duerme en un incómodo lecho armado por dos camas comunes.

Leonid sufre gigantismo acromegálico, una enfermedad endocrinológica muy rara. La causa: la secreción excesiva de la hormona del crecimiento. Lo que pasa es que las extremidades aumentan su tamaño desproporcionadamente, se sufren dolores articulares y se alteran las proporciones faciales. Y también pueden agrandarse las vísceras: tiroides, hígado, riñón y especialmente corazón. En la mayoría de los casos ocurre porque hay un tumor en la hipófisis.

La causa en Leonid radica en que tiene un tumor en la glándula pituitaria. En los últimos dos años creció la friolera de 30 centímetros. Si no se trata o se opera, va en camino a convertirse en el hombre más alto de la historia.

"Lo peor es estar aislado y no tener vida social. Me invitan a fiestas pero no voy porque me siento incómodo. No me gustaría ver a la gente mirándome y señalándome con el dedo. Soy una oveja negra", dice Leonid con una tristeza incontenible. Y confiesa que no tiene amigos, y que jamás tuvo una novia. Así es como su vida depende su madre, Galina, que tiene 62 años. "Si algo le llegara a pasar yo no sabría ni dónde ir a comprar comida", admite el hombre, que hasta hace dos años trabajaba como veterinario en una granja.

Leonid tuvo que dejar su empleo porque sus pies crecieron tanto que un día se congelaron por no poder conseguir botas adecuadas para el hielo. Su vista también está fallando y manejar sus 200 kilos de peso tampoco es tarea fácil. De chico los doctores pudieron extirparle parte del tumor, pero el resto quedó alojado en su cerebro. Ahora, médicos británicos dicen que su condición seguirá deteriorándose si no se opera el tumor, pero Leonid no puede pagar la cirugía ni el viaje a Inglaterra.

Pero no todas son malas noticias para el ucraniano. Y gracias a que algunos medios publicaron sus desventuras, un alemán llamado Volodymyr dijo ser un pariente lejano y lo invitó a pasar unos días con él en su casa de Baden Baden, al sudoeste de Alemania.

Las pequeñas vacaciones fueron maravillosas para Leonid, que fue a un restorán y comió ranas, y hasta se dio el gusto de visitar un parque de diversiones. "En este mes vi muchas más cosas de las que había visto en toda mi vida", dijo.

"No recuerdo haberlo visto nunca tan animado", dijo su mamá. La fama reciente de Leonid le está generando algunas ventajas, como el enorme par de zapatos que le envió un neoyorquino llamado Jason Neswick. El hombre se los regaló conmovido al leer un artículo sobre su atribulada vida.

Fuente:
http://www.clarin.com/diario/2004/07/21/sociedad/s-03215.htm