El ingenio mexicano hoy en día se hace notar en la gran variedad de productos de artesanía. En cualquier País, Ciudad o Estado, hay algo que personifica o hace distinguir de dónde es cada producto.
Tenemos en mexico empresas importantes donde los mexicanos dedicados a la artesanía denotan en el trabajo de sus manos su habilidad para fabricar obras inigualables. La gran variedad de artículos hechos de migajón o poli-resina que adaptándolos a elementos fuertes como vasos, ceniceros y otros logran distinguir de dónde y quienes lo fabrican.
Y todo eso sin dejar pasar las figuras elaboradas en pinturas al óleo, otras pintadas a mano,
la inteligencia mexicana logra gran desempeño en la fabricación de muebles de madera,herrajes, plata, cristales, articela, ceramica,un sin fin de elaboraciones de todo tipo de material

Es para mí un placer reconocer en este post el valioso
Arte popular mexicano cada detalle que ponen en sus trabajos artesanales en cualquier género es digno de tenerlo presente.


Alfareria




La alfarería mexicana es reconocida como una de las más hermosas y mejor trabajadas a nivel mundial, y este no es un secreto pues se sabe de muy buena fuente que los trabajos de alfarería se remontan a antes de la conquista de México, lo cual nos da una idea de que los trabajadores de estas artesanías han tenido el tiempo suficiente como para ir imaginando todo un mundo de forma y color.


Esa alfarería, aunque rudimentaria, apareció en América juntamente con el fuego y las primeras labores agrícolas, en la edad cavernaria o de Chicomostoc, - siete cuevas-, y se consolidó en la época Telli (terraplén), en que aparecieron las primeras construcciones arquitectónicas. Para el siglo XVI, cuando la alfarería mexicana indígena fue conocida por Europa, ya estaba en su más alto desarrollo.



Cortés dijo de la gran variedad de loza que se vendía en el mercado azteca de Tenochtitlán: " vendían mucha loza, en gran manera, muy buena; venden muchas vasijas de tinajas grandes y pequeñas, jarros, ollas, lebrillos y otras infinitas maneras de vasijas, todas de singular barro, todas, o las más, vidriadas o pintadas”.



Y es que la cerámica fue sin duda, la más importante ocupación artística industrial del indígena precortesiano, como siguió siendo la del conquistado, y luego libre, hasta nuestros días. Es asombrosa la cantidad y calidad de las obras de alfarería que hay en México



Desde la cultura arcaica (Chupicuaro, Zacatenco, Tlatilco, etcétera), admiramos el acabado y la fina concepción artística mostrada en las vasijas zoomorfas, y antropomorfas; la finura de los objetos olmecas; el colorido maravilloso de las piezas mayas y, en fin, la perfección de la cerámica zapoteca y azteca; pero aunque Cortés lo dijo, la cerámica precortesiana no conoció el vidriado, aunque sí el hundimiento, el barnizado y la pintura o decoración pictórica. La alfarería es todavía la industria básica del México moderno, en lo que hace a la producción de arte popular en talleres domésticos.

La alfarería vidriada, que se hace en muchos lugares de México fue introducida por los españoles después de 1532, cuando la Puebla de Los Ángeles fue fundada por los frailes dominicos. Estos mandaron traer de España, de su convento matriz de Talavera de la reina, cercano a Toledo, algunos alfareros de la cofradía para que enseñaran a los indios como hacer loza vidriada y tejas o azulejos. Pronto aprendieron los indios mexicanos a hacer esa loza vidriada, y la de Talavera de Puebla fue de las mejores del mundo, que se exportó a las Filipinas, a Perú, a la misma España y otros sitios.



De las ordenanzas del gremio de loceros, expedidas durante el siglo XVII se desprende la división de productos, que tiene validez hasta nuestros días. Los alfareros comunes producían la loza barata y de uso diario: ollas, cazuelas y jarros sin pintar ni vidriar; los ceramistas finos hacían la losa vidriada de Talavera de Puebla. La célebre Talavera poblana producía: tazas, platos, plantones, tibores y floreros de un bellísimo esmalte vidriado. Y el mosaicos vidriado es el que adornan aún torres y cúpulas, fachadas de casas y señoriales patios coloniales de Puebla y de México.




El procedimiento técnico seguido para loza vidriada y el mosaico consiste en un proceso llamado de paguete, que emplea una serie de óxidos de diferentes colores; pero cada casa productora, aún en nuestros días y aun en Puebla, tiene sus propias fórmulas secretas, sus procedimientos exclusivos, que se han heredado de padres a hijos. Industria afín es la del ónix en Puebla, piedra mormórea con la que se hacen, tallan y pulen objetos diversos de escritorio, tocador, adorno y aún lápidas mortuorias de insuperable calidad y gran belleza, que se producen en los municipios de Tecalli de Herrera y Tepeaca, próximos a la ciudad de Puebla



Dulces



Desde la época prehispánica ya se preparaban algunos de los dulces que hoy se consideran representativos de México, estos estaban hechos a base de frutas con miel, semillas o especias, y gracias al aguamiel extraído del maguey, así como la melcocha obtenida del jugo de tuna concentrado y del mezquite, en combinación con otros productos como el maíz, cacao y amaranto, se originaron dulces como el pinole, chocolate y la alegría.

La mayoría de los dulces típicos mexicanos están elaborados con frutas nativas, ya que no surgieron sino hasta después de la colonización española.

Los conventos fueron cuna de varios de los dulces tradicionales, pues en ellos las monjas combinaron las costumbres culinarias europeas e indígenas.

Gracias a la vasta producción de frutas tropicales, se preparaban postres muy sabrosos con el jugo y el azúcar de ésta, mientras el ingenio daba paso a extrañas y complicadas combinaciones de azúcar con leche, huevo, nueces, almendras, piñones y demás productos originarios de ambos países.

A pesar de la industrialización de los dulces, las cajetas de Celaya, los ates de Morelia, los camotes de Puebla, los mazapanes de Veracruz, las cocadas de Jalisco, los pellizcos de Colima, las charamuscas de Querétaro y Guanajuato y las trompadas de Morelos, siguen teniendo éxito por que ninguna otra golosina los han podido superar.

En México existe una tremenda diversidad de formas, colores, ingredientes, sabores y graciosos nombres como merengues, cacahuates garapiñados, cocadas, palanquetas, pepitorias, calabazates, higos, acitrones, limones rellenos de coco rallado, gaznates.

Muchos postres mexicanos también son producto del mestizaje, por ello, tanto en España como en México, se les llama igual a los alfajores, churros, buñuelos y torrejas o torrijas; otros han variado sus nombres, por ejemplo, el membrillete de Morelia es mejor conocido en España como carne de membrillo; a las morelianas se les llama roscos de Loja, y a los borrachos, borrachuelos.


Madera









Anterior a la llegada de los españoles a estas tierras, los pobladores de México, ya hacían trabajos artísticos en madera,
esto era para adornar los instrumentos musicales y demás artículos de uso diario y ceremonial.
Desgraciadamente al aribar los Europeos trataron de borrar todo signo de la anterior religión que se tenía,
por lo que las piezas en madera fueron presa fácil de las llamas.
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metal






Textil


Las culturas prehispánicas se vieron favorecidas en varios aspectos por la diversidad biológica del momento y un reflejo de ello son los diferentes tintes que la naturaleza les proveyó. Colorantes de origen vegetal, mineral y animal lograron dar vida a todos sus tejidos, los cuales sin lugar a duda, presentaban una enorme gama de colores.

La mayoría de los materiales colorantes se extraían de semillas, hojas, raíces, cortezas o frutos de diversas plantas. De las maderas como el palo de Brasil o palo de Campeche, se obtenían tonos rojos que variaban según sus mordentes (fijadores); el color amarillo mostaza, al cual llamaban zacatlaxcalli; se obtenía de una planta parásita color naranja, que sembrada en tierras cálidas daba un amarillo fino que llamaban xochipalli; el negro se lograba por medio del hollín del pino o de otras plantas que quemaban y molían , como el palo de guayabo o las raspas de maíz.


Los colorantes de origen mineral provenían de tierras y piedras, como ejemplo tenemos al tizatl (yeso) con el cual se obtenían diferentes tonos de blancos; de la malaquita se lograban tonos verdes y amarillos. Toda una gama de colores, que va del rojo al amarillo, podía obtenerse también del óxido de hierro. Los colorantes de origen animal, no fueron tan variados como los vegetales, sin embargo el uso del caracol, como el de la grana cochinilla, fueron descubrimientos invaluables. La grana cochinilla, el añil y el caracol, fueron los tintes más cotizados y valiosos de la época prehispánica, además de ser una aportación histórica, que aún en nuestros días persiste.


papel y carton









vidrio soplado