Si pensabas que tu mujer miraba el fútbol para ratonearse con los jugadores, acá tenés un par de razones para quedarte mucho más que tranquilo. Y si vamos a hablar de la belleza del fútbol, entonces te presentamos a los que más daño le han hecho a este espectáculo.




No, no es Paturuzú. Es el mismísimo Burrito Ortega. Uno de esos jugadores que realmente asustan a los defensores contrarios. Pero como Dios siempre es justo, el Burrito quizás no recibió la pinta del rubio Beckham, pero salió compenzado con otra gran cosa que hizo que sus compañeros de vestuario lo bautizaran con el sobrenombre de "Burrito."




El Tony Barihjo. Un auténtico producto de la marginalidad en todo su esplendor. La falta de calcio en su infancia lo hizo portador de una sonrisa que ningún dentífrico se animaría a promocionar. Su gran corte de pelo a lo cubano ochentero, le ha abierto la posibilidad para que cuando se retire del fútbol, pueda dedicarse de lleno a cantar en las bailantas.




Chilavert. El más malo del fútbol. Una especie de vengador del mito social argentino de que los paraguayos son sólo albañiles o sirvientas. Un tipo que además de fulero, no tenía ni gracia, ni carisma. Al final de su carrera, Chila se vio derrotado en su constante pelea con la báscula, haciendo que su fealdad se agigantara al compás de su sobrepeso.




El "Carucha" Muller. Con ese sobrenombre no hay mucho que agregarle a la cosa. Quizás este muchacho no pase a la historia como uno de los grandes goleadores del fútbol argentino, pero sí podemos asegurar que hubo y habrá muy pocos jugadores que igualen la ostentosa fealdad que aún porta el querido "Carucha".




Parece uno de esos veladores de mesita de luz, pero en realidad es el recordado Walter Pico. Un clásico mediocampista que jugó en Velez, Boca y en España. Un jugador al que no había que verle el número en la camiseta para reconocerlo, salvo que jugara contra el Pibe Valderrama y los dos estuvieran de espaldas.




Carlitos Tevez. Es orejón, le faltan dientes, tiene el cuello quemado y es medio enano. En resumen, está todo mal hecho. Pero ahí como lo ven, Carlitos es el nuevo sex-symbol de la noche porteña, ya que ahora se está comiendo a una de las modelos más cotizadas de las pasarelas argentinas. En fin, dicen que Dios le da pan al que no tiene dientes y en este caso esa frase aplica mejor que nunca.


Jairo Patiño





Totono Grisales