Pirulin!


Pirulin


¡Me encantan, me encantan, me encantan!
Sólo hizo falta probar el primero para saber que no iba a poder parar. La culpa es de su combinación. Por una parte está el chocolate. Oh, ese chocolate suavecito y que no sé como se conserva tan blando pasen los días que pasen. Esa suavidad cobra importancia cuando aparece el barquillo, crujiente pero débil a la vez, que parece quiere que lo rompas. Todo ello junto, entra a la boca con facilidad, y desaparece sin que te des cuenta (quizá el único punto en contra de los Pirulines: su tamaño, son muy pequeñitos). Pues lo dicho: entran y entran hasta que te das cuenta que no te entran mas y encima que no quedan más en la lata. Si, otro punto curioso, la lata. No sé ustedes pero pocos por no decir ninguno de los productos de este tipo vienen en lata. Digamos que le da encanto o al menos lo distingue.

Parte de nuestra infancia.


Fotos

La lata

infancia

En helado mmmmmmm...

comida

Aca bien de cerca, como me gusta

adentro

Arte de pirulines (?

trigonometria


Espero que les haya gustado mucho! chau! acérquense a comentar que no muerdo