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Guerra Nazi

El 27 de enero de 1945, tropas de la Unión Soviética en su ofensiva desde el Este contra la Alemania nazi cruzaban un portón de hierro en cuya parte superior se leía “Arbeit macht frei”, que en español se lee como “el trabajo los hace libres”. La llegada de los rusos marcaba el fin de una pesadilla que costó la vida a más de un millón de personas: el campo de concentración de Auschwitz.











El campo (que en realidad no era un predio individual sino un complejo compuesto por cuatro campos) sería establecido en lo que actualmente es Polonia, luego de la contundente victoria nazi en ese país, en los primeros compases de la Segunda Guerra Mundial.

Si bien ha sido imposible de indicar con exactitud el número de personas que fallecieron en Auschwitz desde 1941 hasta la liberación del campo por parte de los rusos en 1945, las estimaciones más generalmente aceptadas apuntan a más de un millón de personas. Esto a pesar de que el primer comandante del campo de concentración, Rudolf Höss, confesaría durante los mundialmente famosos juicios de Nuremberg que los muertos habían llegado a los tres millones.


El Totalitarismo Absoluto


El historiador israelí del Holocausto (como es conocido el genocidio llevado a cabo por Adolf Hitler y los nazis contra la población judía de Europa) Israel Gutman, cita al sobreviviente de Auschwitz Primo Levi afirmando que aún en las sociedades como la Alemania de Hitler o la Italia de Mussolini, la noción de totalitarismo en su más pura expresión era imposible, dado que era impensable que no existiese dentro de estas sociedades siquiera el más tímido atisbo de resistencia al régimen, en la forma de disidencia político o ideológica, resistencia armada o, en el caso de Alemania, incluso intentos de golpes de estado por parte de los mismos militares.

Pero en los campos de concentración, la historia era otra. “Sólo en los campos (…) el poder de estos sátrapas era absoluto”, decía Levi.












Este “poder absoluto” del cual hablaba el sobreviviente judío provenía de los métodos de control y castigo que los nazis imponían sobre los inquilinos tanto de Auschwitz como de los demás campos; métodos tan fría e increíblemente crueles como extremadamente efectivos

Para poner un ejemplo, muchos de los prisioneros, la mayoría de los cuales eran judíos (aunque en la pobación existían también prisioneros de guerra rusos, polacos y gitanos) se resistían a aceptar su destino en Auschwitz, y en total se tiene registro de unos 802 internos que hicieron el intento de escapar del campo. Se sabe que 144 de ellos tuvieron éxito.

Ser capturado en medio de un intento de escape suponía para la mayoría prisioneros ser condenados a morir de hambre. Incluso aquellos que sí lograban escapar sufrían represalias, dado que los nazis fijaban sus miras en las familias de estos o, en una muestra más de la retorcida efectividad de los métodos disuasivos de los alemanes, seleccionaban al azar a diez otros prisioneros y los mataban de hambre.

Así, la población de prisioneros sabía que aquellos que intentaran escapar deberían cargar en su conciencia con el sufrimiento de sus familias o la muerte de otros prisioneros.


“El Trabajo los hace Libres”


Como ya se mencionó, Auschwitz era un complejo de edificios y áreas lindantes. El área conocida como “Auschwitz I” era la zona administrativa del campo. Esta zona, que contaba con unos 16 edificios de un piso, había servido en el pasado como área de barracas para personal de artillería del ejército polaco.

Esta zona incluye el temido “Bloque 11”, una prisión dentro del campo a la que se confinaba a aquellos que violaran las reglas. Según trascendió luego de la guerra, muchos de los prisioneros del Bloque 11 eran colocados, en grupos de cuatro, en celdas de aproximadamente 1,5 metros cuadrados.

El 3 de setiembre de 1943, el comandante de las Schutzstaffel (SS, la fuerza paramilitar más importante al servicio de Hitler) Karl Fritzsch probó los efectos del pesticida basado en cianuro Zyklon B en 600 prisioneros de guerra rusos encerrados en el sótano del Bloque 11. Esto llevaría a la infamemente conocida técnica nazi de exterminar a los prisioneros en cámaras de gas.













La sobrepoblación en el campo obligó a los alemanes a construir Auschwitz II. Este campo secundario tuvo como propósito expreso el servir como campo de exterminio por ordenes directas de Heinrich Himmler, cabeza de las SS, quien estaba a cargo de los preparativos para la “Solución Final de la Cuestión Judía”, según comentó Rudolf Höss en Nuremberg.

Dos casas pre-existentes en el lugar fueron adaptadas para servir como cámaras de gas, a las que siguieron cuatro “Crematorios” que incrementaron enormemente la capacidad de exterminio del campo.

Auschwitz 3 sería principalmente un campo de trabajo industrial, que contaba con una planta de caucho sintético y otra de combustible líquido, y por el cual pasaron unos 11.000 prisioneros esclavizados. Además de este campo, existían decenas de subcampos, la mayor parte dedicados a la producción industrial, entre los que se incluían fundiciones, minas de carbón y plantas químicas.













La jornada laboral en Auschwitz comenzaba a las 04:30, cuando se llamaba a los prisioneros al trabajo. Vestidos sólo con uniformes a rayas, sin ropa interior y con zapatos de madera sin calcetines, se movilizaban a sus puestos de trabajo bajo supervisión de “kapos” (prisioneros, generalmente criminales alemanes, que habían sido promovidos a ayudantes) y personal de las SS. Los kapos eran los encargados de vigilar la conducta de los internos.

Las devastadoras jornadas de trabajo solían tener una duración de 12 horas, sin pausa ni descanso alguno, en los meses de verano, y disminuían un poco durante el invierno. Durante estas jornados, un prisionero era asignado a las letrinas, para controlar el tiempo que los prisioneros se tardaban allí.

Al final del día, los guardias controlaban que todos los prisioneros estuvieran presentes, y se administraban castigos individuales o grupales si había ocurrido alguna irregularidad.


La Solucion Final


En Auschwitz, como en muchos otros campos de concentración de los nazis, médicos alemanes realizaron perturbadores experimentos en los prisioneros. Entre estos resaltan los llevados a cabo por parte de uno de los más conocidos médicos de la Alemania nazi: el doctor Josef Mengele.

El hombre que pasara a la Historia con el mote de “Ángel de la Muerte” sentía un particular interés por los gemelos idénticos y en los enanos, por lo que realizó cruentos experimentos en los cuales, entre otras cosas, mataba a los gemelos para realizar autopsias comparativas e inducía gangrena intencionalmente en los sujetos para estudiar sus efectos.

Por pedido de su colega Kurt Heissmeyer, Mengele seleccionó a 20 niños judíos para ser enviados al campo de concentración de Neuengamme, para realizar en ellos experimentos con tuberculosis. Ante el sostenido avance de las fuerzas aliadas hacia Neuengamme, los 20 niños serían posteriormente llevado a un colegio de la cercanía y ejecutados en el sótano, siendo colgados.

Pero Mengele no fue el único que experimentó con los prisioneros. Siempre con el objetivo de la “Solución Final”, médicos de las SS realizaron pruebas de rayos X en las mujeres para probar ese método como una técnica de esterilización. Los médicos inyectaron diversos químicos en los úteros de varias mujeres para cerrarlos.











Los trenes diarios cargados de prisioneros eran sujetos a “selecciones”, en las cuales se separaba a aquellos aptos para trabajar del resto (generalmente mujeres, niños y ancianos). Aquellos que no eran considerados mano de obra apta eran conducidos a Auschwitz II para su exterminio. Según se estima, cerca de 20.000 personas iban a parar a las cámaras de gas de Auschwitz II cada día.

Cuando comenzaron a llegar a Auschwitz los judiós procedentes de Hungría (este país, a pesar de ser aliado de Alemania, se había negado a entregar a sus judíos, por lo que fue invadida por las fuerzas nazis), cámaras de cremación se vieron tan saturadas que los nazis tuvieron que recurrir a incinerar los cuerpos en fosas al aire libre.

Auschwitz II es el campo de concentración en el cual más prisioneros murieron, a pesar de que fue uno de los últimos en ser habilitados.


La “EXAGERACIÓN” de Pilecki


Aún en un lugar como Auschwitz, las fuerzas aliadas tenían un infiltrado. Se trataba del capitán del Ejército polaco Witold Pilecki, quien se ofreció como voluntario para ser recluido en el campo de concentración, desde donde se reportaba con frecuencia.

Desde noviembre de 1940, Pilecki proveyó a las fuerzas británicas (a través del movimiento de resistencia a la ocupación nazi de Polonia) con información sobre el genocidio que estaba teniendo lugar en el campo de concentración.

Sin embargo, estos informes fueron rechazados por las autoridades aliadas como exageraciones. Esta misma respuesta la recibiría el propio Pilecki luego de que consiguiera escapar de Auschwitz en 1943. De hecho, la actitud de los aliados con respecto al campo no cambiaría hasta que se diera a conocer el informe Vrba-Wetzler, confeccionado por dos judíos que se fugaron.

Detalles de este informe fueron transmitidos por la BBC inglesa, y la presión creció sobre el mando aliado para tomar cartas en el asunto. Se consideró un plan para bombardear las vías ferroviarias que iban a Auschwitz, pero no se llevó a cabo por considerarse inviable.


Castigo












Para fines de 1944, la llegada del Ejército Rojo a Auschwitz ya era considerada inminente e inevitable, por lo que Heinrich Himmler ordenó la destrucción de los crematorios del campo para intentar ocultar los crímenes de guerra allí cometidos, trabajo que comenzó en enero de 1945.

Ese mismo mes, el comando de las SS envió una orden para la ejecución de todos los prisioneros que permanecieran en el campo, pero debido al caos de la inminente retirada y los trabajos de demolición, la orden se perdió y jamás se llegó a su aplicación.

Así, los nazis comenzaron a evacuar a los prisioneros hacia campos de concentración dentro del teritorio alemán. Unos 60 mil prisioneros emprendieron una “marcha de la muerte” hasta el campo de concentración de Bergen-Belsen, mientras que otros 7.500 (aquellos demasiado débiles o enfermos para emprender el viaje) fueron abandonados.

El día 27 del mismo mes, soldados de la 32ª División de Fusileros del Ejército Rojo encontraron Auschwitz y liberaron a los prisioneros restantes. En abril de ese año, Adolf Hitler se suicidaría en una Berlín devastada por las batallas y bajo ataque por parte de las fuerzas soviéticas y occidentales, señalando la derrota definitiva de Alemania.












En 1947, Auschwitz se cobraría su última víctima: el Standartenfürer de las SS Rudolf Höss, primer comandante del campo de concentración, fue colgado hasta morir donde había estado el edificio de la Gestapo en Auschwitz I, por crímenes de guerra.

Actualmente Auschwitz permanece como un museo de recordación a las víctimas del nazismo, con muchos de los edificos restaurados con sus materiales originales. Auschwitz II, incluído en la lista de sitios del Patrimonio Histórico de la UNESCO, está abierta al público como un recordatorio de la crueldad de la que es capaz el ser humano.

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