¿Ser gordo es sinónimo de obesidad?
La imagen corporal de la persona obesa es un tema central a considerar. Pero establezcamos a qué nos referimos cuando hablamos de imagen corporal: es la representación que nos hacemos de nuestro propio cuerpo, pero no es mera percepción, muchas veces no se condice con la realidad.

Por lo tanto, este tema es uno de los principales motivos por los cuales somos consultados: POR LA IDEA QUE EL OBESO TIENE DE SU CUERPO.

El obeso no sufre tanto dolor físico como dolor causado por su propia imagen y además de este dolor aparece el deseo de un cambio corporal.

Cabe preguntarse si ser gordo significa ser obeso.

Creemos que gordura y obesidad no son sinónimos partiendo de la idea de que la obesidad es una enfermedad, mientras que la gordura (grasa en el cuerpo) es sólo uno de sus síntomas manifiestos.

La obesidad implica una determinada articulación entre lo manifiesto (cuerpo gordo y conducta adictiva) y lo latente (imagen corporal y deseo).

En la práctica psicoterapéutica con pacientes obesos, hemos comprobado la existencia de trastornos en el esquema corporal (medidas y funciones corporales) y también sexuales.

Muchas veces el esquema corporal dificulta la pérdida de peso, como así también facilita la recuperación del peso perdido ya que el deseo conciente de adelgazar se ve perturbado por el reengorde que padecen estos pacientes.

Como en otros síntomas, el engordar salvaguarda una posible identidad, en el caso del obeso: comer como un chico, comportarse como un chico, ser tratado como un chico. A través de esta conducta, el obeso consigue dar rienda suelta a su compulsión de comer que implica una identidad rígida obturando el deseo real de adelgazar.

Es desde esta mirada que creemos se puede establecer un abordaje terapéutico en el tratamiento de la obesidad.


SER OBESO NO ES FÁCIL... NI DIVERTIDO.

La humanidad atraviesa una enorme contradicción: mientras la pandemia de obesidad sigue creciendo, también parece haberse globalizado el estigma de la gordura. Así lo muestra un estudio reciente de la Escuela de Evolución Humana y Cambio Social de la Universidad de Arizona (EE.UU.), que analizó encuestas en diez países muy diferentes, entre ellos la Argentina.

El trabajo liderado por la antropóloga Alexandra Brewis recuerda que, en Occidente, la delgadez es asociada con salud, belleza, inteligencia, juventud, riqueza, fuerza de voluntad, gracia y bondad.

La gordura y la obesidad, en cambio, son vinculadas con fealdad, asexualidad, indeseabilidad, y también defectos morales, como falta de voluntad, irresponsabilidad social, ineptitud y holgazanería.

Pero hasta hace dos décadas, mientras en Estados Unidos, las personas obesas tenían desventajas –menor acceso a la educación, bajo sueldo, peor salud y más probabilidades de sufrir despidos, burlas y rechazo sentimental–, en otras regiones se mantenía una imagen positiva.

A partir de fines de los ’80, señala Brewis, el ideal de delgadez –introducido sobre todo por la televisión– se ha extendido en todo el mundo, y amenaza con convertirse en un nuevo patrón cultural.

“Cuando más del 60% de una especie tiene sobrepeso u obesidad (en Latinoamérica, el 80%), es muy difícil revertir esa característica antropométrica. La gran paradoja es que precisamente en ese mundo, hemos armado entre todos una sociedad obesofóbica ”, resalta la doctora Mónica Katz, directora de la carrera de Nutrición de la Universidad Favaloro.

Más del 53% de los argentinos tiene sobrepeso u obesidad; esta última pasó del 14% al 18% en los últimos cuatro años. “Cuando pasa esto, es difícil hablar de estigmatización: ya se normalizó el problema –opina Sebastián Laspiur, director del Plan Nacional Argentina Saludable–. Antes ‘el gordito del grado’ era uno solo y era estigmatizado. Ahora son el 30%”.

La investigación de la Universidad de Arizona revela que en esa estigmatización de la gordura no hay mayor diferencia por sexo ni edad, aunque sí por nivel educativo, ya que en el nivel más alto se la considera socialmente incorrecta.

Un estudio reciente de la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense sitúa en el 21,5% la percepción de discriminación hacia las personas con sobrepeso. Y casi el 80% considera que se las discrimina mucho o bastante.

En 2010, el Inadi recibió 9 denuncias de discriminación por obesidad, y otras 10 por “talla grande” (sobrepeso), en los ámbitos laboral, educativo, comercial, privado, en medios de comunicación y en el transporte. El organismo no lleva el registro de muchas otras, resueltas por mediación.

Otra paradoja del estudio es que en esa extendida percepción negativa de la gordura, influye la mayor conciencia de que es un problema de salud pública y de que acarrea costos.

“Hay muchos más ambientes obesogénicos” , apunta Laspiur, describe el cóctel de sedentarismo (“Se puede tener una vida muy activa manejando sólo un mouse”) , alimentos ultraprocesados hipercalóricos y de bajo poder de saciedad, entre muchas otras causas.

“No podemos castigar al gordo: somos víctimas de un entorno que nos hace gordos” , resume. “Por otra parte, las exigencias de la vida moderna, sobre todo en las ciudades, aumentan la ansiedad que es muchas veces calmada oralmente a través de los alimentos y de algunas adicciones”, agrega la doctora Laura Ricón, psicoanalista.

Una curiosidad del estudio es que los prejuicios sobre la gordura se dan también en las personas gordas. “Por ese estigma, las mujeres gorditas tienden a ocultarse”, cuenta Sandra Cesilini, quien en 2005 abrió con Tamara Lalli, en Palermo Hollywood, “MuXer”, con diseños más osados, en talles grandes. Ganaron premios pero no les fue bien: “Nos pedían ropa más cerrada, que no realzara”.

“La salud no es lo que prima en el análisis social: no se penaliza la delgadez extrema, pero sí la obesidad”, agrega. Katz concluye que “sólo un enfoque multisectorial, global, servirá para encarar el problema del exceso de peso”.


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