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Muchos Poemas para el Dia de la Madre

Muchos Poemas para el Dia de la Madre Y los mejores



A mi madre Huyen las tempestades
de mi mente cuando los dedos de su mano
fría, se hunden, temblando, en la melena
mía...

» Julio Flórez

Cuando ya del destino me quejaba
sólo un bien me rescataba, una ventura y
eras tú, madre mía, tú, mi amor, mi
esperanza, mi alegría.

» Clemente Althaus

A mi madre en ese mar tan lleno
de emociones que llaman juventud,
yo alcancé a descubrir tu faz profética
mostrándome el deber y la virtud.

» Rafael Núñez

Mamá, yo quiero ser de plata.
Hijo, tendrás mucho frío.
Mamá, yo quiero ser de agua.
Hijo, tendrás mucho frío.
Mamá, bórdame en tu almohada.
¡Eso sí!
¡Ahora mismo!.

» Federico García Lorca

Cinco letras tiene un ángel,
que me cuidó en su vientre,
me llevó por mil caminos,
me enseñó a ser valiente.

A una madre se la quiere
siempre con igual cariño,
y a cualquier edad se es niño
cuando una madre se muere.

» José María Pemán

Cuando en brazos de la madre
vio la figura risueña
del primer hijo, bruñida
de rubio sol la cabeza
del niño que levantaba
las codiciosas, pequeñas
manos a las rojas guindas
y a las moradas ciruelas,
o aquella tarde de otoño
dorada, plácida y buena,
él pensó que ser podría
feliz el hombre en la tierra.

» Antonio Machado

Les vi avanzar cubriendo la campiña
con orgullo de madre satisfecha,
guardando en la memoria cada fecha
del quinceañero o de la nueva niña.
Y pronto todos se independizaron,
siguiendo varios rumbos en la vida,
mas nunca recibí una despedida,
porque del alma nunca se ausentaron.

» Francisco Álvarez Hidalgo

Llevo en el alma la divina huella
de tu recuerdo, madre inolvidable;
otras pisadas hay, pero tan bella
ninguna habrá, ni tan imperdurable.
En tu interior un día me tuviste,
y en tu interior me llevas todavía.
Nunca al pensar en ti puedo estar triste,
pues soy tan tuyo como tú eres mía.

» Francisco Álvarez Hidalgo

Yo aprendí en el hogar en que se funda
la dicha más perfecta,
y para hacerla mía
quise yo ser como mi padre era
y busqué una mujer como mi madre
entre las hijas de mi hidalga tierra.
Y fui como mi padre, y fue mi esposa
viviente imagen de la madre muerta.
¡Un milagro de Dios, que ver me hizo
otra mujer como la santa aquella!

Mis caricias pagaste con exceso,
como pagan las flores en abril;
mil besos, ¡ay!, me dabas por un beso,
por un abrazo tú me dabas mil.
Vuelve; ¡Oh madre!, a mirarme con cariño;
tus caricias y halagos tórname;
to de ti me alejé, pero era un niño,
y el mundo me engaño, ¡perdóname!
Yo pagaré tu amor en el exceso
con que pagan las flores en abril;
mil besos te daré por solo un beso,
por un abrazo yo te daré mil.

» José de Espronceda

Hay sentimientos desconocidos cuya
grandeza se adivina; el amor a una
madre es como el amor a Dios:
está grabado en el corazón de los seres;
se le adora sin conocerlo
porque se le ve en todo lo que nos rodea.

» Teodoro Guerrero

Madre, tu hijo no ha desaparecido.
Madre, que yo lo encontré andando contigo.
Lo veo en tus ojos, lo oigo en tu boca,
y en cada gesto tuyo me nombra.

» Ismael Serrano

Madre, madre, tu me besas,
pero yo te beso mas.
Como el agua en los cristales,
caen mis besos en tu faz...
Te he besado tanto, tanto
que de mí cubierta estás
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar...
Si la abeja se entra al lirio,
no se siente su aletear:
Cuando tú, a tu hijito escondes
no se le oye el respirar...
Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar,
y que lindo niño veo
a tus ojos asomar...
el estanque copia todo
lo que tu mirando estás;
Pero tú en los ojos copias
a tu niño y nada más.
Los ojitos que me diste
yo los tengo que gastar
en seguirte por los valles,
por el cielo y por el mar...

» Gabriela Mistral

Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!
Era una figura santa.
Era hecha de cristal:
frágil como violeta y que guardaba un rosal,
cuajado de flores blancas.
Es una imagen sagrada que adorna mi corazón,
y florece mi emoción.
Era un botón de mujer.
Violeta de vergel,
sembraba el hogar de rosas.
Cual heroína ardorosa
esparció a todos su fe
y nos enseñó a creer.
Esta es mi madre bendita
a quien ofrezco caricias
y este sencillo cantar.
Nunca la podré olvidar
Porque me enseñó a aprender,
porque me enseñó a querer,
porque me enseñó a rezar
y también me enseñó a amar
Fue frágil como un cristal,
y fuerte como un coral.

» Zacarías Palacios

Ven, madre, a descansar de todos tus trabajos
hasta el jardín umbroso que cultivo en mis sueños,
a la luz de luciérnagas y áureos escarabajos
y la mágica ayuda de esos seres pequeños,
los gnomos, que se visten con trajes escarlata
y brotan cuando alumbran las primeras estrellas,
que usan zapatitos con hebillas de plata
sin dejar en el musgo la marca de sus huellas.

Cantarán para ti la cigarra y el grillo,
ocultos entre hiedras, glicinas o jazmines.
Y con las hojas muertas haremos un castillo
con muros almenados en oro y amarillo,
hasta que se deshaga por sobre los jardines
(en tanto la cabeza sobre mi hombro inclines).

» Marilina Rébora

Madre: cuéntame un cuento de ésos que se relatan
de un curioso enanito o de una audaz sirena;
tantos que de los genios maravillosos tratan.
Esas lindas historias que conoces. ¡Sé buena!

Dime de caballeros que a princesas rescatan
del dominio de monstruos �dragón, buitre, ballena�;
donde nadie se muere y los hombres no matan,
historias en países que no saben de pena.

Cuéntame un cuento, madre, que me quiero dormir
escuchando tu voz, asido de tu mano;
como Hansel y Gretel, seré en sueños tu hermano,
aunque en sombra andaremos tras de la misma senda
y escribiremos juntos nuestra propia leyenda,
y, tal vez, como chicos, dejarás de sufrir.

» Marilina Rébora

Madre,
¿quién conoce su valor
hasta que se pierde?

Madre,
Preciosas letras que,
Percibiendo el cariño y ternura,
Balbucea el bebé.

Madre,
Tú siempre ahí,
Tus desvelos,
Tus angustias,
Tus noches de insomnio
Parecieran cobrar el precio
De los días de ensueño,
Pero tu amor sin límites
No pone tiempo al sufrimiento.

Madre,
Siempre dispuesta,
Siempre amante,
Un apoyo constante,
Cerca y lejos,
Siempre al alcance.

Madre,
Un año más ha pasado
Y en tu rostro se dibujan
Los primeros surcos de la edad,
Pero esos te hacen aún más bella,
Pues el tiempo no pasa
En tu entereza,
En tu corazón siempre amante
Y en tu capacidad de entrega.

Gracias madre, por estar a mi lado,
Gracias madre, por darme todo en tu persona,
Gracias madre, por tu amor constante,
Gracias madre, por tu presencia invariable,
Gracias madre, siempre amiga, siempre amante.

» María Dolores Ouro Agromartín

Regaré con mis lágrimas ¡oh madre! el jardín
de la casa y del patio los malvones;
será cuando palpiten tu ausencia los geranios
y lloren las gardenias
y emitan su delicado aroma
las hortensias y el Jazmín

Flor y tallo se acuclillarán sobre la gramilla
en un pésame de marzo
y llorarán las margaritas en abril
y florecerá el lirio junto con el nardo
y tú ¡madre!� ¡tú estarás allí!

Regaré con mis lágrimas ¡oh madre! el jardín
de la casa y del patio los malvones;
será cuando palpiten tu ausencia los geranios
y lloren las gardenias
y emitan su delicado aroma
las hortensias y el Jazmín

La rosa acostumbrada a tus caricias
y al poema de tus manos
no se enamorará jamás de otros dedos
y en una eterna despedida
vistiendo un tul de terciopelo
exudará su néctar más amargo
dejando en él aprisionado tu recuerdo

Y renovará sus pétalos cada primavera
¡oh madre!
y multiplicará sus espinas
(porque el dolor es parte de la vida)
y será la reina de las flores
¡la más bella del jardín!
y lo hará por ti ¡oh madre!
y lo hará por ti

Y el vocero del rocío
en una madrugada ya anunciada
proclamará que tú te has ido
pero el jardín lo negará
¡porque tú serás la rosa!

Regaré con mis lágrimas ¡oh madre! el jardín
de la casa y del patio los malvones;
será cuando palpiten tu ausencia los geranios
y lloren las gardenias
y emitan su delicado aroma
las hortensias y el Jazmín

Si tu madre quiere un rey,
la baraja tiene cuatro:
rey de oros, rey de copas,
rey de espadas, rey de bastos.

Corre que te pillo,
corre que te agarro,
mira que te lleno
la cara de barro.

Del olivo
me retiro,
del esparto
yo me aparto,
del sarmiento
me arrepiento
de haberte querido tanto.

» Federico García Lorca

Madres de los poetas que en el pasado han sido,
vengo a hablar con vosotras de vuestros hijos tristes.
Carne doliente, en vuestras entrañas han dormido
y no los conocisteis.

Madres de los poetas que en el presente son,
con vuestra eternidad de ternuras y arrullo
calmaréis a los mares y al viento arrasador,
pero no al dolor suyo.

Madres de los poetas que mañana serán,
sobre la tierra fría se perderán sus pasos;
buscarán nuevas sendas y nunca dormirán
sobre vuestros regazos.

Madres de los poetas que son, serán, y han sido,
garganta de esos cantos, surco de esas semillas,
árbol que no dio flores y que en otoño ha visto
dispersarse a lo lejos sus hojas amarillas.

Vosotras que supisteis su inocencia primera,
gritad que fueron buenos y que amaban a Dios.
Grande fue su pasión por la carne terrena,
pero más grande fue su amor.

Llorad por sus dolores y sus ansias secretas,
por sus manos crispadas y por sus alas rotas.
Llorad por vuestros hijos, madres de los poetas,
que, por consolaros, lloraré con vosotras.

» Romeo Murga

Feliz Día Mamá (Acróstico)

Fragancias de rosas llevan tus cabellos
Engalanas siempre a la Tierra y al cielo
Luz de alborada es tu hermosa mirada
Irradias en tu ser, dulzura y fortaleza
Zafiros nacen de tus manos bondadosas.

Dotas al viento con alas de amor
Inculcas a tus hijos lo mejor
Abnegada, luchadora, admirable eres.

Mujer, que en tus pasos dejas huella
Armonizas el corazón con tu sabiduría
Mi humilde homenaje va en este día
A ti Madre... ¡Mi alma te acaricia!

» Marielena Rondinel

No hay amor más grande

Hay un ser que lo da todo sin esperar nada,
que aún fatigada se desvela por cuidarte,
que atesora cada minuto de tu existencia,
que comparte tus sueños y ríe con tu risa.

Un ser, que sin dudar, te extiende sus manos
para ayudarte en cualquier momento;
que aunque no siempre esté contigo de acuerdo
te da su apoyo incondicional y te comprende.

Una mujer que consagra sus días para guiarte,
que es capaz de entregar su vida por ti,
un ángel divino que nos cubre con su amor
cuando la tristeza nos embarga por alguna razón.

Una mujer valiente, una mujer luchadora,
de corazón claro como agua de fuente,
alguien que con sólo un beso en la frente
perdona nuestras ofensas y errores.

Un ser que siendo joven tiene enorme sabiduría
y siendo anciana cuenta con la fortaleza de su alma;
Una mujer sensible, una mujer admirable,
tierna y serena, tiene la belleza de la luna llena.

Quienes contamos todavía con su presencia
démosle gracias al cielo por esta gran dicha,
si tu madre ya no se encuentra a tu lado,
honra su memoria siendo una buena persona.

Ella, lleva la magia de un radiante amanecer
y en sus cálidos ojos se refleja la bondad
¡No hay en el mundo un amor más grande,
como el amor de esta inigualable mujer!

Pongan puntines porfavor

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