El post que buscas se encuentra eliminado, pero este también te puede interesar

Cemento, El Templo Del Rock

****************************************CeMeNtO****************************************

Buenas gente!! con este post no pretendo generear controversias ni cosas por el estilo solo rendirle homenaje a (a mi entender) el templo del rock


CEMENTO



Cemento, El Templo Del Rock

Ultima noche de rock de la que se tenga recuerdo: Chávez, el frontman de Nuca, corta el show y pasa lista desde el micrófono. Tarda poco, da nombres y apellidos, levanta la cabeza, tan confundida como la de los cientos que lo escuchan, y avisa: está enumerando posibles víctimas. Repite. Hay al menos veinte padres en la puerta de Estados Unidos 1234; preguntan con desesperación, con el llanto que provoca la incertidumbre. Sólo tienen intuiciones: sus hijos fueron a un recital de rock y la televisión habla de incendio y muertes. La cadena de pensamientos es: todos ellos fueron “al boliche de Chabán”, “Cemento es de Chabán” y, según decía la placa roja, “el boliche de Chabán se prendió fuego”.

Desde aquel 30 de diciembre, Cromañón es el ground zero del rock argentino y nunca más supimos de Cemento: sus puertas no volvieron a abrirse al público. Esa noche en que Nuca cerraba su año, todo cambió para el rock y ni hablar para Cemento, la institución que en sus dos décadas de vida (fue fundado en 1985, igual que el suplemento Sí y la FM Rock & Pop) vio crecer a cuanto grupo supo pisar escenarios con autoridad, de Sumo a Miranda!, de Hermética a Rescate.

Nada nuevo hasta la tarde en que golpeo sin esperanza ese portón que atravesé tantas noches. Al otro lado del chapón negro, abollado, cubierto de espesa pintura asfáltica, escucho que alguien corre una barra de acero y lo destraba. Sorpresa. Sabía que el abecé del periodismo consiste en ir, tocar timbre y ver quién sale. Pero no que funcionaba así de bien. De pronto, envuelto en una frazada y con ojotas arruinadas, aparece el hombre que nadie espera: Mario Duarte, de 42 años, un misionero que ya era peón de Omar Chabán cuando este lugar era una obra divina en la mente de Katja Alemann, su “inspiratriz”.

El cuento empieza el día de la inauguración. Omar puso a Duarte en la barra y, cuando le pidieron un destornillador, él les dio uno… ¡punta Philips! Duarte lo niega. Limpió esos baños tan emblemáticos como inmundos y, así –esto sí lo dice– se ganó el derecho a techo. Chabán le dio la piecita del altillo, justamente al lado de los baños mixtos. (“Yo no arreglo los baños porque vienen los punks y me los hacen mierda. Y la verdad es que Cemento vive de los festi-punk. Parece que les gustan rotos”, solía decir Chabán, acomodado a esa estética.)

Aquí vivió Duarte siempre: en esta cueva fría a la que le transpiraban las paredes cuando se llenaba de gente. Casi toda una vida en cautiverio por elección, una especie de monje de El nombre de la rosa de lo que supo ser la abadía del rock local. Su morada es una superficie de 4x4 que incluye un engañoso desnivel y una ventanita con perspectiva a la calle Estados Unidos. Desde entonces, él es el sereno de Cemento. El portero de este infierno que, durante veinte años, fue casi siempre encantador.

“Me quedé para protegerlo, porque lo dejás solo dos días y lo toman. Yo estuve siempre, soy el único que te puede contar la historia”, dictamina y frunce el ceño y su rapado cuero cabelludo. “De acá no me sacan ni con las patas para adelante.” Mario ahora ocupa el hall de Cemento junto a su segunda esposa y dos de sus hijas. El paisaje conocido ayuda: donde antes era la entrada, el punto de encuentro donde se hacían los cacheos y los representantes contaban dinero, ahora hay un tendedero con algunas prendas que se secan en la humedad. El resto del local duerme en una oscuridad sórdida. Acá parado puedo imaginar y recordar todo (lo que viví, lo que me contaron): los pogos, las performances, los 80.

Mario me hace pasar rápido y me conduce a la cocina. En el camino, agita: “Vos tenés que ayudarme, estoy organizando a los trabajadores de Cemento. Somos quince familias que comíamos de acá y vamos a reabrir este lugar en forma de cooperativa. Es nuestra única opción, ¿entendés?”.

Reducto Reducido

11 am del viernes 31 de diciembre de 2004. los detectives de la Superintendencia de Investigaciones (más de veinte efectivos uniformados y de civil) derriban la puerta de Cemento y se abren paso. “No los escuché entrar”, relata Duarte. “Uno subió a mi piecita, y pegué el salto. Me apuntaba con una Itaka y me alumbraba la cara. Buscaban una computadora que vinculara Cemento con Chabán. Y drogas, claro. Buscaban falopa porque este lugar siempre tuvo fama. Pero en estos veinte años, yo a Omar no lo vi tomar ni Pepsi.”

“Los ratis”, dice, lo apuraban y le preguntaban por “la plata”. “No lo buscaban a Chabán, buscaban papeles y una caja fuerte”, recapitula Mario.

¿De qué modo encastra Cemento en la tragedia de Cromañón y para qué se utiliza su figura en la causa contra el Gobierno de la Ciudad-Chabán-Callejeros? “Básicamente”, según Albino Stefanuolo, abogado defensor del procesado y ex “puerta” de Cemento Raúl Villarreal, “el local figura en la causa para establecer un marco y determinar quién era quién en la estructura de los negocios de Chabán”.

Según pudo saber Rolling Stone, en la Dirección General de Habilitaciones y Permisos de la Ciudad de Buenos Aires, el local tipo c de Estado Unidos sin número estaba, a la fecha de su último show (una típica fecha de fin de año, en la que Nuca tocó junto a San Camaleón), “perfectamente habilitado”. La Dirección General de Fiscalización y Control, creada por Aníbal Ibarra en agosto del año pasado (en un enroque con el consejo de la upi, la Unidad Polivalente de Inspectores), había visitado Cemento “con una comitiva de veinte personas”, según Villarreal, “dos semanas antes de la tragedia”.

Un dato útil. El lugar, contra lo que se cree, no es propiedad de Chabán. El le abonaba 5 mil pesos mensuales a un abogado llamado Enrique Clausen. Para aportar al mito, se sabe que en estos nueve meses no se entregó el local ni se pagó el alquiler. “Clausen nunca quiso venderle el terreno a Omar. Y eso que quiso comprarlo en más de diez oportunidades. Clausen siempre le dijo lo mismo: «No tiene valor comercial».”

Villarreal se abre a esta nota porque, dice, quiere probar cómo lo trata la calle. Mientras la causa llega a los cien cuerpos y las 30 mil fojas, Stefanuolo trabaja para que la Sala v de la Cámara del Crimen porteña cambie este mes la carátula de Villarreal a estrago (“es decir, que Luccini reconozca que fue un incendio, no un homicidio”). Y, una vez allí, demostrar que su cliente no tuvo nada que ver, ni siquiera, en el estrago. “De lograrlo, Raúl podría volver al negocio. Y a Cemento.”

¿Alguien se olvidó de la carota que cobraba los tickets arrinconada en aquella boletería diminuta? Raúl no era sólo “el boletero de Cemento”. Básicamente, por tres razones. Porque Cemento regulaba los precios en las entradas de la Capital y era el parámetro de la escena nacional. Y Raúl no sólo cobraba el ticket: era el monitor. El hombre que, además de la entrada, te daba la data de cuánto costaba la banda nueva (fue representante de varios grupos en ascenso, entre ellos de Callejeros). De alguna manera, su figura era esencial en el semillero.

“Es que era la universidad del under”, dice él, a días de salir del penal de Marcos Paz, donde estuvo cuatro meses encerrado junto a Chabán. Está procesado por homicidio simple con dolo eventual en 194 casos (el mismo cargo que pende sobre Omar). Pero me recibe sin custodios, en el despacho de “un abogado amigo”. “Todos los productores y promotores iban a Cemento para preguntarme cuántos tickets cortaba cada banda. Pero lo menos que hacían era escucharlas. Yo les mentía… para que aprendan”, carcajea.

Como atestigua Daniel Melero, quien solía apostar con Chabán por descifrar la banda nueva, “Cemento era un imán para el talento”. Pero hay que sincerar: en los últimos tiempos, su agenda cultural parecía una grilla de un acto en colegio privado. El que pagaba, podía recibirse de Licenciado en Underground y hasta tener su fiesta de colación ante el gran productor contracultural. Con 500 pesos, cualquier grupito era dueño de Cemento un domingo.

Ya era una marca; aquella ceremonia de asistir, hacer puerta y terminar la birra mientras la banda empieza. “Ese lugar daba para todo”, dice el Mosca, de 2 Minutos. “Entrabas en Cemento y todo a tu alrededor era un caos positivo.”

Hacía al menos tres años que El Teatro, La Trastienda, Niceto husmeaban hambrientos su comida. Tras la profunda crisis 2000/2002 (¿alguien realmente cree que la crisis fue sólo en 2001?), el crecimiento de Obras y los festivales (comandados por la produtora Pop Art) lo mandaron a la b. Hasta que consiguió Cromañón. Y Chabán creyó estar salvado.

“Este era el año para que Cromañón se asentara y, en 2006, renovara el espacio de Obras, pero con otra perspectiva. Además, Omar me había autorizado a abrir Cemento Bariloche para generar intercambio con bandas del Sur”, revela Villarreal. El lugar iba a tener, además, un museo con todo el material periodístico generado en veinte años de trabajo. Pero el 23 de febrero, cuando Villarreal es detenido en su casa de Barracas, el juez Julio Luccini incauta “cajas de bengalas y documentos esenciales para la causa”. Entre los segundos, estaban todas las fotos históricas de Cemento y más de quince tapes: “Videos inéditos de los Redondos y varios de Callejeros”. El pasado de Cemento es hoy de la justicia. ¿El futuro?

No por ahora. Cuando lo veo a Raúl por segunda vez, se me pone a llorar apenas le menciono el presente de Cemento. Después del 30/12 no volvió a pasar por la puerta, porque lo lastima. Pero transmite el mensaje de su antiguo jefe: “Omar bajó la orden de resguardar Cemento. Dice que él puso una capa protectora, un manto sagrado ahí. Porque Cemento es un auto clásico, dice. Y en cualquier momento, le va a dar marcha de nuevo”.

Rock Barrial

Ahora, hasta el barrio de monserrat quiere que vuelva Cemento. La voz que rechina es de Juan Espiñeira, el catalán dueño del bar de la esquina, el Niña Terra: “Cemento le daba vida a esta cuadra”, exclama. “Después del incendio de Cromañón, con el cierre de Cemento, yo no vendo, el kiosquito de enfrente no vende, el almacén de los chinos menos… Pregúntele a cualquier vecino de la cuadra, todos quieren que Cemento abra de nuevo. Era como la fábrica del barrio. Pues que ahora, todos… nos las vemos en figurillas.”

Es una paradoja curiosa. El barrio que se resistía a Cemento y su dueño (lo odiaba mediáticamente), ahora, cuando el tipo se convirtió en enemigo público, más bien lo añora. El y los chicos que hacían puerta (y los patrulleros) eran parte del paisaje histórico de la cuadra..

Era 1983. Chabán estaba para atrás: en democracia, la policía –que aún acechaba sin culpa ni cargo– requisó hasta clausurar el Café Einstein. Omar había conseguido mantener abierto durante doce meses este recinto en Córdoba y Pueyrredón, importando el estilo de bares down –ideados para performances de teatro y rock– que emergieron en Barcelona tras la muerte de Franco. Así diseñó la cuna de la criatura e inseminó un modelo, un lugar donde nunca iban a decirte “vos no entrás”.

Katja Alemann, ya famosa en la tele, hizo un taller de teatro en el Instituto Goethe y así conoció a su futura (hoy ex) pareja: Omar Emir Chabán. Ella lo condujo a Cemento. Tenían el galpón y se adecuaba a sus intereses. Así que decidieron montarle dos cajas de concreto alineadas para conseguir dos módulos, dos espacios independientes. Pero la base del proyecto era más que compleja: había que poner paredes más anchas, piso flotante y vigas en el cielo raso para sostener una losa de hormigón que evitara el rebote sonoro. “Era un delirio de construcción, pero no lo pensamos dos veces. Nos mandamos”, recordaba Katja a fines de los 90. “Por eso Cemento es la epopeya.”

La obra no estaba declarada y, de pronto, se acercó el mensaje apocalíptico. La viga se vino abajo con arquitecto y obreros adentro, todo por el mismo precio: un peón resultó gravemente herido (“sus tendones se estiraron y ya no pudo usar los brazos”, rememora Duarte). Cemento fue clausurado, ¡antes de abrir!

La inauguración fue el 28 de junio de 1985. Tras el accidente, la Municipalidad había exigido la puesta al día de todos los papeles y, después de los juicios, el binomio Alemann-Chabán no tenía un cobre. Para llegar a la fiesta, la pareja tuvo que sumar a Yamil (hermano de Omar), Helmut Zieger (ex socio de Omar en el Einstein) y a la veterana actriz (y bizarra performer) Marie Louise Alemann.

Esa era la estructura del “empresario inescrupuloso”. La que permitió que Batato Barea mostrara sus tetas, que los Redondos desembarcaran en Capital, que la Organización Negra (antes de ser De la Guarda) interviniera un show de Sumo y germinara el teatro de alto impacto en la Argentina; que la Mona Jiménez pisara por primera vez en Buenos Aires; que Fidel Nadal invitara a Damas Gratis y delirios varios (¿alguien que haya pasado por aquí puede olvidar las pizzas con mandarina y queso crema en los martes de olla popular?).

El día de la fiesta inaugural estaban todos. “Era una ensalada de gente”, recuerda la madre de Katja. El cemento del piso estaba fresco y afuera llovía a fondo. Chabán estaba en el techo, emparchando el tinglado, “mientras su chica entraba en una carroza tirada por caballos” (según la matemática memoria de Melero, quien por esa época noviaba con la actriz Vivi Tellas). Katja entró con un corsé “renacentista” pegado a la piel y un rodete en forma de cono, todo en rojo. Ella misma evoca: “La gente venía desesperada, como respondiendo a una necesidad. Y esa noche, todos perdieron los zapatos”. No se dieron cuenta.

Alemann sólo volvió a ver eso en una ocasión: la noche del último 30 de diciembre. Había recibido un llamado de Omar. La boca, al otro lado del cordón, pedía paz y cigarrillos. Katja asintió. Cuando atravesó la puerta de Cromañón, inerte y pasmada, en el off del minuto cero hacia el lobby del hotel aledaño (donde Chabán y Villarreal se refugiaron aquella noche), miró hacia adentro y los zapatos estaban ahí de nuevo. Pero ahora configuraban la escena más triste de un escarmiento trágico, la pesadilla de toda una generación que se crió en Cemento.

¿A dónde vamos a ir?

“el circuito down es tocar y tocar. que vaya poca gente, mucha gente, que esté la cana. Eso es Cemento. Y ésa es la única verdad”, decía Chabán. Y así era. Hasta esa última noche.

“A eso de las doce y media, yo estaba en el camarín, atrás del escenario, y se me acercó uno de los pibes de seguridad”, narra Chávez. “Dijo: «Cromañón se puso feo. Ya hay más de cuatro muertos y tenemos una parva de padres en la puerta preguntando por sus críos. Crónica dice que el incendio es en el boliche de Chabán y ellos creen que es acá. Agarrá el micrófono y decí tal y tal nombre…».”

Con Chávez me encontré para fin de año y, aunque no es de mucho hablar, compartió turbado su flash. “Yo subí, expliqué que era todo muy raro. Me sentía confundido, no sé cómo hablar de lo que sentí. Di los nombres y nunca me enteré si esos pibes estaban ahí o en Cromañón.” Esa noche, el show de Nuca duró cuatro temas.

Con Chávez volví a verme pocos días antes de que esta revista saliera a la calle. Los dos habíamos estado merodeando el santuario. A mí me había resultado paradójico, como mínimo, que el santuario en sí (las siete carpas en doble fila, las sillas endosadas tipo sala de espera, el escritorio donde se recaudan fondos para mantener el oratorio callejero, y todas sus ofrendas) esté dispuesto sobre la tapa de un ambil, esa caja con rebordes metalizados que los músicos usan para guardar equipos e instrumentos. Y en la que –no es noticia– las bandas que agitaban más rocanroles solían ocultar la pirotecnia.

En Chávez, todo se manifestó de forma física, digamos. “Me paré enfrente de la verdad. A uno le queda la sensación de que pasó en otro país, pero sabemos bien que le podría haber tocado a cualquiera. Yo tengo una negación con lo que pasó esa noche. Pero el otro día, cuando vi las zapatillas, las remeras, las cartas, esas fotos… se me heló la sangre.”

Cemento parece haber cambiado mucho desde entonces. Como si toda una época le hubiera pasado por encima. Frente al boliche, una pintada notifica: “callejeros es un quemo. firma: chaban”. A su lado, donde funcionaba el viejo Registro del Automotor, ahora hay una sede del Ministerio de Educación que reluce en blanco y contrasta con Cemento hasta lo grotesco. La cuadra del rock está sobria. Y no le sienta.

Golpeo la puerta y Duarte me hace pasar. Cuando él me pide ayuda –me dice que tiene que laburar y que quiere recuperar Cemento como si hablara de Zanón o Grisinópoli– le transmito los planes de su ex jefe. “Ya lo sabía”, repone. “Hace una semana fui a la isla. Fui a pedirle plata, porque son veinte años de servicios y algo tengo que cobrar. Pero me dijo que espere hasta diciembre. Que cuando pase el primer aniversario de lo de Cromañón, él va a intentar reabrirlo. Pero yo creo que está delirando. Los Chabán están marcados, y Raúl también. Clausen me dijo que quiere que esto siga funcionando. Y los trabajadores son los únicos que pueden recuperarlo. Que Cemento vuelva a ser una fábrica, y deje de ser este nicho.”

FUENTE:http://www.rollingstonela.com/notaMostrar_cs.asp?nota_id=734224



Cemento: La Guarida Del Rock

underhttp://www.lanacion.com.ar/anexos/imagen/04/275482.JPG]

Es una escena habitual para cualquier frecuentador de recitales llegar a Estados Unidos al 1200 y encontrarse, en la puerta de Cemento, a Omar Chabán, su dueño y señor, invariablemente en la puerta. "Vamos, que el show comienza en cinco minutos", dice, una y otra vez, alentando a entrar a los que merodean por la puerta, o clamando, como dueño de boliche del Once, un "¡se acaban las anticipadas!", refiriéndose a las entradas con descuento que se venden hasta una determinada hora antes del show.

Hace casi veinte años que esto es así. Trato personalísimo. Por ello, en parte, Cemento se ha convertido en un lugar clave del rock local. El más antiguo, el que más historias acumula, el que ha visto surgir y crecer a casi todas las bandas que hoy forman parte del género. Con su austeridad a toda prueba, con su estilo "casi zen" que no ha sufrido casi cambios, se convirtió en "el" lugar. Inmutable al paso del tiempo, se convirtió en una guarida del rock.

Allí debutó Attaque 77 como soporte de Descontrol. "Omar quiso presentarnos y empezó a gritar: "¡Ataque, ataque!", como si le agarrara a él mismo. Salimos a tocar con una polenta impresionante", recuerda Ciro Pertusi.

Anécdotas hay a montones y de todo tipo. Músicos que evocan su primera vez allí, en el escenario, o abajo, como Gabriel Ruiz Díaz, cuando llegó, adolescente, por primera vez, a ver una banda punk o stone, y se lo encontró, parado en la puerta, desafiantemente vestido de mujer.

Es que a Chabán se lo ha visto con los más variados vestuarios: de árabe, de smoking o de pantalón rojo, saco azul y camisa amarilla, en la puerta otra vez, negociando con un grupo que pide rebaja en la entrada. Con él, casi cualquier cosa es posible.

También están esas suertes de monólogos aleccionadores, cuando el público se muestra intolerante con alguna banda nueva. En esas situaciones, él aparece y los increpa. Los desafía a dejar prejuicios a un lado. Claro, sí: a veces le gritan cosas. Así es el juego, un mano a mano permanente.

Omar tiene también sus anécdotas personales. Recuerda las veces que el lugar fue clausurado. Y los casi diez años que tuvo la policía constantemente en la puerta del lugar con impresionantes operativos . "Pero fijate -reflexiona-, gracias a eso, se purificó el rock. De alguna manera, si hubo un Quilmes Rock es por aquella cana en la puerta de Cemento."

Pero hay un recuerdo que cuenta con especial orgullo. Eran tiempos en que en los recitales de las bandas punk se armaban importantes trifulcas. Chabán, buscando una nueva estrategia para evitarlo frente a una fecha de Flema (la banda del desaparecido Ricky Espinoza), decidió publicar un aviso con la siguiente aclaración: "Por ordenanza municipal-policial, prohibidas tachas, borceguíes y crestas".

Y, según asegura, funcionó. Todo estuvo tranquilo. "Es que ataqué los emblemas. A algunos les sacamos los borceguíes en la puerta." Así, descalzos o en medias, poco les quedaba de su patoterismo de varón.


FUENTE: http://www.lanacion.com.ar/archivo/nota.asp?nota_id=583653&origen=acumulado&acumulado_id=



El Borde De La Noche


Se inauguró en 1985 como disco y espacio teatral. Clave en el desarrollo de la cultura under porteña, después se convirtió en un templo del rock. Aquí se recontruyen aquellos festivos años fundacionales.


cemento


Los mil quinientos metros cuadrados del galpón ubicado en Estados Unidos 1238 tiene los rastros fantasmales de una época en el que los límites se tensaron como nunca. Fueron apenas un par de años, a lo sumo tres: 1985, 1986, 1987. La dictadura era un montón de escombros, Alfonsín amagaba devorarse los vientos y el fervor se confundía con una candidez insondable. Todo se confundía. Cemento fue el antro de esa confusión.

El actor Omar Chabán había regresado de Europa con información de tendencias culturales y la cabeza dada vuelta. Conoce y se enamora de Katja Alemann y se asocia con Sergio Aisenstein y Helmut Zieger para abrir el Café Einstein, en Córdoba y Pueyrredón. Algo fuerte se está diririmiendo en la cultura argentina, con estéticas e ideologías que se cruzan, se provocan o se integran: la izquierda, el posmodernismo, el anarquismo punk, el progresismo radical, el peronismo renovador. "Yo tenía varias peleas —dice ahora Chabán—. Peleaba, por ejemplo, contra el fantasma del Instituto Di Tella y contra las consecuencias de Teatro Abierto. Odiaba el psicobolchismo. Yo quería hacer una mezcla de la discoteca New York City y el Teatro San Martín que dirigía Kive Staiff, pero en un espacio gigante. Cuando vi el galpón de la calle Estados Unidos dije: Es acá."

Cemento se inaguró el 28 de junio de 1985. La ceremonia estuvo atravesada por el vértigo y el stress: la discoteca se encontraba lista para abrir las puertas un año antes, pero en 1984 una de las vigas principales se venció y el techo se vino abajo. Chabán y Katja debieron buscar dinero para la reconstrucción y enfrentar los juicios laborales (hubo un arquitecto y un albañil heridos). "Nos fundimos, pero seguimos contra viento y marea", dice Katja, que también sumó a la empresa a su madre, la actriz Marilouise Alemann.

El día de la inaguración fue contra reloj. Todavía había escombros y los obreros trabajaban a pleno. Chabán olvidó un detalle: designar al encargado de la barra. Miró a su alrededor y no vaciló: le pidió la tarea a Mario, el misionero, uno de los albañiles y hombre de confianza de la casa. El barman se venía desempeñando con eficacia hasta que un cliente le pidió "un destornillador", el trago de vodka y naranja. Mario se sorprendió pero, acostumbrado a gente rara, se dirigió a su caja de herramientas y le entregó.... un destornillador.

El 9 de Julio de ese año Katja decidió festejar la fecha patria con una performance. Cuenta: "Entré en un mateo, amordazada, atada con cadenas y desnuda. Apenas estaba envuelta con tules celestes y blancos. Era la Patria. En la barra me esperaban, desnudos como efebos, Batato Barea y Gabriel Chame. Me alzaron sobre sus hombros y me llevaron al escenario. De fondo se escuchaba el Ave María. Algunos chicos se me acercaban y me tocaban: no podían creer que estuviera desnuda. Batato los echaba, con gestos ampulosos. De pronto, sonó el Himno Nacional. Rompí las cadenas y quedé sola, iluminada por unas antorchas". Así se festejaban los feriados patrios en Cemento ''85.

Las noches se suceden, se mezclan. La Organización Negra hace el espectáculo UORC, un antecedente directo de De la Guarda: teatro de acción, industrial, con metáforas de la violencia y la tortura. Los Redonditos presentan Gulp! ante 850 personas, la misma cantidad de gente que metía, por ejemplo, la banda Alphonso s''entrega. Vivi Tellas muestra su Teatro Malo. Toca Sumo y Luca Prodan canta "Sergio, Omar... : ¡Quiero dinero, quiero dinero!", el tema de la época del Einstein que literalmente les pedía a Aisenstein y a Chabán que pagaran algún cachet adeudado. Un mago chongo saca conejos en un rincón. Vestida de dorado, Katja Alemann vende cigarrillos en patines. Alejandro Kuropatwa toma fotos de la fauna desde el entrepiso. Batato Barea hace su performance La cama, orina en una pelela y se acuesta a dormir. Omar Viola pergeña con Las Gambas al ajillo la obra Subdesarroshow. Por una discusión menor un fan de Memphis —aquel Memphis, no este de Tinelli — ubica su navaja en el cuello de Chabán. Enrique Symns se pasea por la pista con un vaso de ginebra y su sobretodo gris; días después escribe una columna en Cerdos & Peces que titula, ácidamente, ¿Cemento o plástico?. Revista Gente, en cambio, se fascina con "la otra noche" y define: El lugar más loco de Buenos Aires.

"En aquellos años Cemento no quería encajar en la cultura, quería modificarla. Una actitud tan encomiable como suicida. Chabán siempre apostó a lo que no tiene mercado. Cemento era más que un templo under. Lo que se estaba barajando ahí era una forma de vida", opina Daniel Melero, por entonces líder de Los Encargados y pareja de Vivi Tellas.

Otros lugares se empiezan a hacer fuertes en la noche porteña con una estética similar: Paladium, el Parakultural, el Rojas. En 1987 Alfonsín dice "Felices Pascuas"; ese año, Katja Alemann y Omar Chabán se divorcian. Es el principio del fin de una época. Cemento tiene deudas millonarias. Chabán recurre decididamente al rock. "Un negocio en ascenso. Creo que fuimos, junto a Rock & Pop y el Suplemento Sí, uno de los artífices del despegue del rock de esa época".

Adiós al teatro y a cierta pretendida vanguardia. Decenas de grupos toman a la ahora ex disco como base de operaciones: Todos Tus Muertos, Ratones Paranoicos, Memphis, Los Brujos, Attaque 77, Divididos, Las Pelotas, Decadentes, El Otro Yo, Viejas Locas. Se suceden algunas clausuras por denuncias vecinales. "El público ahora varía y depende de cada grupo. Ya no hay un público de Cemento", dice Chabán sin tristeza. Katja también evita la melancolía: "Ahora son otros tiempos, con sus cosas interesantes. Aquello fue un estallido, un momento histórico. Aunque para nosotros fue más, fue la felicidad. Significó ni más ni menos que la realización de un sueño. Y el sueño, sabemos, terminó hace rato".

FUENTE: http://www.clarin.com/diario/2001/12/23/c-00701.htm


Anecdotas contadas por musicos


Cemento, El Templo Del Rock]

Cristian Aldana tenía 19 o 20 años y vivía en Temperley; desde allí se tomó el tren hasta Constitución; era un domingo del año 1987. Nunca había ido a Cemento y esa noche sería la primera vez que vería un recital de punk. “Ahí mismo, en la puerta, ya estaba Chabán gritando: Ya empieza la banda, ya empieza la banda, negociando con todos a ver quién iba a entrar y quién no; hinchando las bolas para que todos entren”, recuerda Cristian.

Para el que luego sería el líder de El Otro Yo, no era fácil juntar el dinero para entrar. “En esa época me costaba mucho laburo acceder al valor de la entrada, por lo que siempre me veía en la obligación de acercarme a la ventanilla y si salía 8 mangos, una suposición, yo tenía 6; entonces le decía: Mirá, tengo 6; y él me contestaba: Juntá un peso más que ya entrás, dale, dale. Yo seguía por ahí diciendo la concha de la lora, porque tampoco me daba para andar pidiendo; hasta que cuando la banda empezaba a tocar y volvía a hablar con él: Loco, tengo 6 mangos, él me decía: Bueno dale, dale, dale, pasá”.

La imagen que se había llevado de Omar Chabán era de alguien accesible, contraria a la que suele tenerse de quienes manejan las puertas de una disco, en donde no se acostumbra contemplar razones, salvo la orden de que todos deben pagar su entrada. “Lo que yo veía era que él, de alguna manera, era accesible como para poder entender que había muchos chicos que tal vez no accedían al valor total de la entrada, entonces se podía hablar, se podía negociar”, dice Aldana. “En esa época yo me enteraba de que había un show, tocaba Sumo y me excitaba en mi casa, decía: Quiero ir, la puta madre; le voy a decir a mi viejo si tiene unos mangos, y conseguía lo que podía. Me daban algo, tenía para el pasaje del tren, pero me colaba para no gastar, llegaba a la puerta y decía tengo tanto y después camino hasta Constitución y me vuelvo colado; y siempre estaba la posibilidad de hablar con Chabán. En esa época, Sumo metía cuatrocientas personas y yo estaba ahí saltando con la gente y todo gracias a Cemento y gracias a Chabán”.

En una de esas tantas noches, en la calle Estados Unidos, los chicos se agolpaban en la puerta intentando convencer a Chabán de que les rebajara el precio de las entradas. Uno de esos chicos se acercó y le dijo si no podía dejarlo pasar por un peso, cuando el costo de la entrada era de dos. “Acompañame”, le pidió Chabán y lo llevó adentro de Cemento. “¿Ves? –le dijo– yo le tengo que pagar a ése, a ése, a aquél... –enumeraba, mientras señalaba al sonidista, al iluminador y al resto de la gente que trabajaba en el lugar. De vuelta en la calle, decidió pagarle los dos pesos. Años más tarde ese chico se convertiría en un periodista de radio y televisión y nunca olvidaría aquella lección.

Cristian Aldana recuerda que una de las tantas veces que fue a Cemento, como público, le sucedió una cosa que le llamó la atención y que, según cuenta, lo marcó mucho y fue la primera vez que sintió aprecio extra por Chabán sin conocerlo. “Fue la vez que se armó quilombo en la puerta con la cana. En esa época la policía estaba más dura, entonces venía a romper las bolas, se quería llevar a un par que se resistían y entonces Chabán abrió la puerta y nos dijo: Entren, entren, entren, y nos hizo entrar a todos gratis no habríamos muchos, seríamos quince personas, pendejitos, yo estaba entre ellos y nos hizo entrar gratis al lugar, porque nos quiso cuidar de que la policía nos pegara y nos llevara”.
Corbata de Carajo cuenta que esa situación era normal y que Chabán respondía de la misma manera. “En Cemento siempre había drama con la yuta, el estar en la puerta ya era un drama; él era como un rockero más, porque se le replantaba a la yuta y decía: Loco, métanse rápido por favor, si es por plata no importa, ahora arreglamos, y nos hacía quedar adelante en el saloncito; decía: Los van a meter presos, los van a revisar, mirá vos como estás todo borracho, te van a llevar preso, metete acá; sabía de qué se trataba la gente o el medio en el que estaba, quizá nunca terminó de ser el empresario”.

Calcado a lo que cuentan Aldana y Corbata fue la declaración que Mariano, de Attaque 77, hiciera a la revista La Mano en julio de 2005, donde describió una situación similar. En aquella entrevista dijo: “Chabán me cuidó más que mi mamá y mi papá”.

La policía de esos años aún conservaba algunas prácticas de la dictadura militar, por eso la importancia extra que Cristian le da. “Esa era una época de violencia, muy dura, donde la policía sentía que tenía poder sobre todos y realmente uno tenía temor cuando se cruzaba con ellos, no era como hoy en día que podés caminar por la calle, cruzarte con un policía y hasta preguntarle por una dirección”. Y vuelve sobre el cuidado: “Abrir la puerta y hacernos pasar en forma gratuita, era una manera realmente de cuidarnos, donde yo digo: no pagué la entrada, pero porque había quilombo y el chabón nos dejó entrar, le chupó un huevo la guita y nos dejó entrar porque nos cuidó de que nos cagara a palos la policía. A partir de ahí yo empecé a sentir un cariño especial por Chabán, dije: ‘Este tipo tiene algo más que solamente lo que transo para poder entrar’”.

El actor Guillermo Angelelli reconoce en Chabán a alguien preocupado por el cuidado del público de sus locales. “Era una cultura que empezaba a generarse y que sufría de los problemas de la adolescencia; como todo momento de ebullición, no había mucho control sobre las cosas, pero dentro de esto él siempre trataba de mantener un cuidado, de hacerse cargo de esa gente que era muy joven y que iba a ese lugar”.

Alguna vez la madre de Angelelli fue a Cemento para ver a su hijo y en la actualidad le recuerda lo que vio. “Ella misma el día de hoy, me dice: Yo ví a Omar sacar él mismo gente del lugar porque estaba borracha o porque hacía algún lío. Era un tipo cuidadoso, por supuesto”.

Con el tiempo, como con muchos artistas, la relación entre Cristian Aldana y Chabán cambió de organizador y público a organizador y músico. Luego de una de las presentaciones que su banda hizo en Die Schule, oportunidad en la que la recaudación no llegó a cubrir los gastos del lugar, “algo así como que teníamos que juntar 3.000 pesos y faltaban 500, y yo venía de una cultura en donde una vez nos había pasado lo mismo en otro lugar y el sonidista al que no le pudimos pagar dijo: Flaco, está bien; me llevo el equipo de guitarra, cuando tengas la guita te lo devuelvo; yo le dije llevátelo, qué voy a hacer, cuando tenga la guita te lo pago en cuotas”, y esa noche en Die Schule, pensó que le sucedería lo mismo.

Cuando las bandas no logran cubrir los gastos de sonido y del lugar, no tienen otra opción que poner el dinero de sus bolsillos, al menos es lo que suele estipularse; pero la banda de Cristian correría otra suerte. “Yo estaba esperando que venga Chabán y me diga: Mirá, vamos a ver cómo hacemos, me llevo la guitarra’. El tipo vino y me dijo: No cubrimos los gastos, pero sabes qué, en la próxima lo recuperamos”.

Más allá de la sorpresa, el cantante de El Otro Yo creyó entender el mensaje que el organizador de Die Schule le estaba dando. “Lo que pensé fue, claro este tipo es recopado, porque para mí era mucha guita y él lo que está haciendo es desarrollando una idea, no es que está haciendo un show puntual para un negocio de mierda, donde quiere chuparle la guita a la gente. El tipo estaba desarrollando cultura, pensaba este grupo tiene algo, hoy les perdono esto y mañana voy a ver, pensaba hasta lo que yo no pensaba y me lo estaba diciendo”; y dice su manager, Gabriel Kaufmann: “Omar creía en lo que vos hacías más que vos mismo. Era un tipo que te daba esperanza. Aparte, te hablaba de igual a igual, estaba todo bien en los recitales de El Otro Yo, nosotros manejábamos todas las entradas, jamás un mínimo de desconfianza, jamás. Más que la postura de empresario, disfrutaba más que yo con el éxito de los chicos. No sé cómo sería esta generación sin Chabán”, concluye.

Aquí podemos hacerlo
María Ucedo, que en los noventa comenzaba a presentarse junto a El Descueve, relata la sensación de apoyo que sentía de parte de Chabán. “Él no era manager, pero tenía toda la cosa esta del apoyo, por eso es raro, porque no se adecuaba según la cantidad de gente que trajeras, te decía: Si hacemos otra fecha seguramente va a venir más gente. Y poníamos el pecho porque seguramente iba a venir más gente”, y cuando el público crecía, ellos eran los primeros en sorprenderse. “Hasta nosotros mismos decíamos: Che qué raro, era en Cemento, la tarde de un jueves frío, de invierno; mirá qué bien”, recuerda María su entusiasmo de esos años.

“Es que Cemento era un lugar anárquico pero con alguien que sabías era tu padrino, tu mecenas, tu tutor, el maestro de ceremonia, si se quiere”, dice Divina Gloria, y completa: “Porque Omar hacía eso, presentaba o quería participar, o no participaba desde el escenario, sino en las luces o en el sonido; es que él no es un empresario, yo cuando escucho el empresario digo pero si no es Fassi Lavalle, es un término que no le va. ¿Quién le puso este título del empresario?”. Juan Acosta dice haberse sorprendido con los conceptos esbozados en los medios. “Después de todo esto que pasó... las barbaridades que he escuchado decir de Omar, yo no lo puedo creer; porque hasta el Presidente de la Nación habló en su contra, claro, como los políticos en algún momento dado quieren salvarse. Todos decían disparates, escuché periodistas decir barbaridades”.

A todos quienes pasaron por los espacios de Chabán les es dificultoso identificarlo con el término empresario, sino que prefieren señalarlo como un par o alguien que los ayudó a crecer. María dice: “Yo era chica y uno se deslumbra muchísimo, pero cuando lo conocí, veía en él realmente un gran interés, para mí Chabán no tenía un costado empresarial. Te abría la puerta, eh pasá, y si vos habías trabajado, más aún; porque él mismo tenía un interés y una búsqueda por el lado del teatro, porque hacía sus cosas. Para mí era un tipo supergeneroso. Es como una frase hecha, pero yo estaba súper agradecida, totalmente agradecida”. Juan Acosta agrega: “Era así, vos ibas y le proponías, mirá quiero hacer esto, y él decía tenés el lugar, se organizaba y se hacía, no había muchas vueltas, es un tipo muy abierto a esas cosas”. [...]

Cuando se organizan festivales con varias bandas chicas, para evitar que cada una de ellas arme y desarme, se estipula que cada banda ponga un equipo, con la finalidad de facilitar el traslado, el armado y la organización del sonidísta. En este contexto es que El Otro Yo, en sus comienzos, fue invitado para tocar en un festival con otras bandas, organizado por Chabán. “Había bandas que no tenían equipo, entonces Chabán me preguntó si podía poner el amplificador de guitarra, y le dije que sí; yo tenía uno solo en esa época que era un Pevy 112”. Lo que Cristian no esperaba, era que mientras una de las bandas tocaba, su equipo se rompiera. “Yo para comprármelo, tuve que laburar cuatro meses, juntar la guita en esa época que no era uno a uno. Me senté con Chabán y le comenté”.

En la práctica, cuando algo así sucede, los músicos deben costear el gasto, pero no fue de ese modo, continúa Aldana. “Me acompañó él personalmente a Blues a comprar un parlante, ni siquiera me dio la plata, vino él conmigo y dijo: a ver, ¿cúal es?, yo necesitaba uno de doce pulgadas, preguntó cuanto salía, ta - ta - ta y me lo compró.

El músico, además, cuenta cómo era el trato a la hora de programar un concierto, “Omar es un tipo de palabra, un tipo en quien se podía confiar, porque yo nunca firmé un contrato con Chabán para hacer ningún arreglo, lo digo de verdad, siempre fue de palabra y nunca hubo quilombo y si lo hubo se resolvió. Y hoy en día se nota la falta de él, se nota la falta de Cemento... es que la cosa se monopolizó”.

¿Cuánto tenés, cuánto tenés?
En referencia a la supuesta obsesión que Omar Chabán tenía por recaudar, Mundy Epifanio dice que “lo de cuánto tenés, cuánto tenés, es que Chabán siempre decía lo mismo, si la entrada costaba 10 pesos, él pretendía que toda la gente que podía pagar 10 pesos pagara 10 pesos y que la gente que tuviese tres pagara 3, pero no por sacarle toda la plata, sino por el hecho de que él consideraba que el arte tenía que ser accesible a toda la gente y entonces si un tipo tenía 3 pesos y entendía que para él el valor de la entrada eran 3 pesos, Chabán prefería dejarlo entrar y no echarlo”. [...]

Años después, Roberto Pettinato junto a Guillermo Piccolini formarían Pachuco Cadáver. La nueva banda comenzó a tocar en Die Schule y luego en Cemento. Piccolini recuerda: “A Omar le gustábamos, o eso creo... él no es un cholulo, es más bien tacaño en el elogio, pero siempre estaba dispuesto a que tocáramos nosotros”. La nueva banda, aunque contaba con un ex Sumo, no tenía mucho público que los siguiera. “Con cualquier festival de 6 grupitos berretas, juntaba más gente que con nosotros y obviamente ganaba más guita; me tomo eso como un gran elogio”, señala Piccolini.

Aunque, claro está, Chabán tenía un negocio que debía mantener. Mundy dice: “También pensaba como comerciante, por supuesto, por algo tenía un negocio, pero hay que pensar que la ganancia de la barra en los recitales de rock es casi nula, la gente gasta un promedio de dos pesos por persona en la barra, no existe, no existe; Chabán nunca vivió de la barra, siempre lo hizo de las entradas”.

En relación con que hayan señalado a Chabán como avaro, Gaby Kerpel remarca que “alguien por ahí dijo que Omar era amarrete, tal vez con la plata, porque en lo demás era muy generoso; él tenía una visión de la plata que a nosotros nos llevó a hacer un montón de cosas y, después de 15 años, seguía habiendo movida cultural”.

Manejar un espacio de rock no es nada fácil, ésa tal vez sea la razón por la que lugares como Cemento no abundan. Por esto es que Cristian Merchot se pregunta: “¿Quién quiere tener un lugar de rock, que no le deja un peso, que tiene muchos problemas? Me parece que no son redituables. El artista de rock por lo general no tiene esponsor, al artista de rock no le importa ponerse la remera de una bebida energizante, ni le interesa que la chica linda le dé la latita; entonces no es difícil, el sonido vale muy caro y las bandas, no todas convocan”, explica. [...]

Cuando Mundy comenzó a manejar a Attaque 77, entendió que era necesaria una acción comercial en relación con las funciones que podía hacer la banda en Cemento. “Nosotros le dijimos: Omar, vamos a vender menos entradas en Cemento. Y él decía: No, pero no seas boludo, mirá que tal grupo vendió más. Porque claro, él también siempre quiso ganar dinero, por supuesto, porque tenía que mantener la estructura, la gente que laburaba ahí y todo.”

Entonces le contó cuáles eran las razones de su decisión: “Yo quiero vender menos entradas, porque quiero desarrollar el grupo y prefiero hacer la segunda función el día siguiente, y generar una acción de marketing, apoyada en las localidades agotadas. Un truco de representante de artistas, como aquel de Los Beatles que había comprado los cien mil primeros discos para que llegara a los rankings, bueno, es un truco similar; por localidades agotadas, generar imagen de éxito. Entonces Chabán me decía: Está bien eso, está bueno eso. Lo entendía y no tenía ningún problema, además yo le decía: Omar, con menos personas la gente se puede acercar más a la barra, tenés más chance de vender un mango más”.

Referente a los arreglos y gastos de los shows que organizaba con Chabán, el manager da detalles sobre la manera de ponerse de acuerdo. “Si él me decía metamos tanto y yo le decía no, metamos más, él me iba a decir que sí, porque en definitiva laburaba al 20 por ciento 25, 30; dependiendo de qué artista y de qué manager, o sea que en última instancia, éramos nosotros los que teníamos el control del negocio.” Y cuenta que la ganancia del organizador era sobre lo que quedaba. “A mí Chabán nunca me dijo vamos a poner menos esto, menos lo otro, más aquello, no; él laburaba al 25 por ciento del neto, quedase lo que quedase, nosotros poníamos el precio de la entrada, nosotros decíamos qué hacer de marketing, nosotros decidíamos todo.”

Esa confianza es remarcada también por el manager de Bersuit, Cristian Merchot. “La relación comercial era muy sana, tenía mucha confianza en mí y de hecho no me controlaba la puerta, ni los tickets, ni la seguridad; si yo quería cuarenta era un problema mío y si quería gastar más en sonido, porque al sonido de él por ahí le faltaba, yo ponía más y él no tenía problemas.”

Quien fuera una de sus socias en la peña La Flor, Isabel Noriega, explica el recuerdo que tiene de su otrora socio, en relación con el manejo del dinero. “Nunca controló si vendía más o menos entradas. Lo que yo le decía era suficiente. Y si alguna noche no era buena de público, directamente no nos quería cobrar su porcentaje.” Las cuentas eran manejadas por sus socias y según relata, nunca hubo objeciones de parte de Chabán. “Jamás me pidió cuentas de nada, eso lo manejaba yo y nunca hubo problemas, siempre fue muy respetuoso de mis decisiones.”

En el mismo sentido, Mundy cuenta la despreocupación del gerenciador en el recuento de tickets, cuando se trataba de managers que conocían el trabajo. “Era un tipo que en el 95 por ciento de los casos, con los representantes profesionales, ni tocaba el dinero, es decir que nosotros hacíamos un show en Cemento, donde lo arreglábamos con tres o cuatro meses de anticipación, llegaba el momento del show y nosotros le llevábamos la mosca y él decía: ¿Cuánto vendimos? ¿Cómo anduvimos? ¿Vendimos bien? ¿Vamos a hacer dos funciones? Y le decíamos, bueno sí, mirá, tanto, le hacíamos la cuenta, qué gastamos, tanto pin pum, bueno tomá, ésta es la tuya; nosotros le dábamos la mosca.”

Es Merchot quien explica: “El que vendía las entradas era Raúl , él era el boletero y hacía los números conmigo, como debería ser en cualquier teatro; en el interior los números no los hago con el dueño del teatro, los hago con el boletero, que suele ser el que maneja los números” y cuenta que la aparición de Chabán era fugaz, “él preguntaba: ¿Che, nos fue bien? Qué bueno; pero no hacía los números conmigo”. Además, estaba la organización en los puntos de ventas, “las entradas las manejaba yo, nosotros podíamos vender en Locuras, Lee Chee y La Cueva; y Omar no debe saber ni dónde queda La Cueva. Eso lo hacíamos nosotros, tanto con Bersuit como con Intoxicados”.

Respecto de los acuerdos, Piccolini dice que “en cualquier caso, que yo sepa, el arreglo con las salas siempre fue algo muy parecido a un alquiler del local con la barra para Omar. Nunca entendí por qué se lo acusa de todo lo que pasó a él, y el grupo pareciera ser una víctima de su desaprensión”.

Hay lugar para todos
“Yo lo tengo muy claro, a Chabán le pasó lo que le pasó, porque era tan bueno que permitía a todo el mundo hacer lo que quisiera. Yo se lo dije cien veces ¿para qué haces estas cosas, por qué seguís con todos estos artistas? le decía no te metas con esta gente, ni con éste, ni con el otro, ni con el de más allá”, recuerda Mundy, pero aclara que no quiere que esto parezca sectario, “siempre le dije ¿para qué tanto quilombo? cuando venían los grupos Exploited o GBH, ¿para qué los hacés tocar en Cemento si te van a destrozar todo el barrio veinte cuadras a la redonda?, y él me decía: Y bueno, pero dónde van a tocar, y no sé qué”.

Si hay algo que es innegable, es la disparidad de las propuestas que Chabán presentaba, razón por la cual el punk pudo dar sus primeros pasos en nuestro país. “Nunca dijo esta música, este grupo o esta actitud no tocan, siempre dijo sí, sí, sí; incluso cuando no ganaba un sope, porque cuando hacía esos festi punky de 25 grupos, que eran un desastre total, que rompían todo y no consumían ni agua, por ese simple hecho de que los pobres pibes, si no tocaban ahí ¿dónde iban a tocar?”, remarca Mundy.


FUENTE:http://www.perfil.com/contenidos/2006/12/15/noticia_0009.html#sigue


Anecdotas Contadas Por Chaban


under

—"Cemento tardó dos años en abrirse. Se retrasó porque no soldaron bien las vigas y el techo se cayó. El día de la inauguración fue un caos porque se inundó. El personal que tenía atendiendo la barra era gente que había quedado de la obra. Se acercaron a pedir un ''destornillador'' y le dieron la herramienta, en vez del trago".

—"En una época, tocaba un grupo punk y había quilombo. El fin de semana siguiente tocaba Flema y en los avisos puse: ''Contra la violencia y los estúpidos: por disposición policial prohibidos tachas, borceguíes y crestas''. Un invento mío para atacar los símbolos. A partir de ahí se empezaron a portar bien".

—"Igual, el público más denso de la historia era el de Memphis. ¡Las minas les pegaban a los tipos! Era de terror.

—"Al principio de su carrera, Divididos tocó para 300 personas. Estaban muy deprimidos y me dijeron: ''Nos separamos''. Les tuve que hacer terapia, sabía que les iba a ir bien. En cambio, la primera vez que ví a Attaque 77 me dije: ''esto nunca tendrá éxito''. A veces me equivoco".

—"Charly García nunca tocó en Cemento. Y es una cagada. Una vez, en una reunión, dije que el que se droga es un boludo y apoya al sistema. Y él se calentó. Supongo que verá en mí una competencia..."

—"En Cemento el rock empezó a funcionar hacia el 87/88, gracias a Los Redondos y Sumo. Acá hay más grupos de rock que en cualquier ciudad del mundo y en este país lo inventó Grinbank y nosotros lo pusimos en práctica. Existe porque a través de una ética lo hicimos posible. O sea: se necesita un careta como yo, que a las cinco de la mañana está lúcido para hacer cuentas, para que esto funcione".

—"La época más jodida fue la de la primera clausura (1993). La policía vivía en la esquina. Carros de asalto, perros. Paraban a los pibes y cuando les decían que iban a Cemento, adentro. Estuvimos un año fundidos, sin plata para pagar el alquiler".

—"Uno de los hitos artísticos fue el doblete de Sumo y Organización Negra en el 86. Los de la Organización, que hoy son De La Guarda, eran fans de Sumo. Y Luca era fan de ellos. Fue tremendo".

—"Los grupos que más tickets cortaron en la historia de Cemento son Los Redonditos, A.N.I.M.A.L, Almafuerte y Attaque. Es curioso, pero los grupos más populares de hoy (Los Piojos, La Renga, Bersuit) nunca fueron los más taquilleros".

—"A la puerta la trabajo con el Cabaret Lacaniano. ¿Cómo? Si me dice que no pueden pagar la entrada, les digo: ''Bueno,pero no trabajes con mi culpa''. Y en la época menemista, a los que se quejaban les hacía que me muestren las zapatillas: ¡Casi ninguna bajaba de 100 dólares!"

FUENTE: http://www.mundoredondo1.com.ar/Juguetes/cemento.htm



Este post hice por todos los que fuimos alguna vez a cemento y a pesar del olor nauseavundo de los baños, de las paredes transpiradas cuando habia mucha gente, de la poca ventilacion y todas esas cosas que muchas veces hubiesen hecho que odiaramos el lugar, hacian de cemento todo lo contrario. Yo lo conoci en el 2003 y pude ir a varios recitales, no muchos, pero me gustaba ir a cemento comprarme alguna birra o un vinito en el supermercado de los chinos y quedarnos tomando en la esquina, a veces medio escondiendo el eskabio por la policia que rompia las bolas. Tambien me acuerdo tener que caretearle la entrada a villareal y despues quedarme sin plata para volver y esperar 2 horas cagado de frio esperando que saliera el tren y volver caminando 50 cuadras por no tener un peso para el bondi. Esas cosas quedan en la mente de uno para siempre, nadie me lo va a borrar. Ademas no era lo mismo ir a algun recital en otro lado que ir a un recital en cemento, era otra la adrenalida.
Me acuerdo la primera vez que fui, mintiendole a mi vieja que no queria que vaya y cuidandome que no me descubriera mi hermana que andaba por ahi. Y recuerdo con toda claridad ese nerviosismo por ir a cemento, ese lugar por donde habian pasado infinidad de bandas y de gente un lugar historico por demas... Ojala algun dia vuelva cemento o algun lugar parecido porque ahora el under no tiene lugar, yo tengo una banda y no hay lugar para tocar.

Se que es medio largo el post pero al que le interese o fue alguna vez a cemento creo que lo leera... al menos yo lo leeria. gracias. saludos punk rockers
[/img]

26 comentarios - Cemento, El Templo Del Rock

@kango
attaque en cemento .. juntaba las monedas para ir
@calumniaseinjurias
aguante cemento!!!!

eran los recis de antes..

esos que te saliam menos de 10 mangos!

o si no gratis

como extraño esas epocas!!!!

te dejo puntos por ke me diste nostalgia
@scarecrowman20
tremendo



muy bueno man!



vas a favoritos!



Xilver... y te dejo 10!
@axdny +1
La primera vez que fui a Cemento tenia 13 y fui a ver a Fun People. Le habia dicho a mis viejos que me quedaba a dormir en lo de mis primas (una de mi misma edad, la otra de 17 que fue la que nos llevo). Recuerdo entrar y no ver nada...gente borracha, un humo \"cemento\" que siempre que lo veia me cagaba de risa por lo de \"el humo de cemento\". Esa fue la primera vez. Espero que algun dia se dignen a volver a abrirlo. Miles de bandas nacieron alli y seria una pena que no vuelva
@afellenz
se me pianta un lagrimon papa....las noches q pase ahi al ritmo de Flema... por dios!.......
@afellenz
Rodo como siempre, zarpado post... van los 5 puntines q me quedan.......
@eclipsado
no solo del rock, sino de una cultura y casi una generación.

y hoy, un lugar abandonado.

cuanto habla de nosotros que un lugar con tal historia esté abandonado.
@guaschetti
Me acuerdo una vuelta de ir a ver a Visceral la entrada era un alimento no perecedero y posta adentro habia 50 personas, posta uno de los mejores shows de todos los que fui.
@maximiliano
Cuantos recuerdos..cuantas anecdotas!!...pensar q la primera vez q fui a Cemento fue en el año 89 y cuantas bandas vi!!!Toma 5...
@rino27
Muy bueno, puntines
@operacionpua2008
la verdad que un lujo man. yo soy de bahia blanca y tengo una banda de rock, esperamos algun día poder ir a tocar a algun templo under como cemento.
@raimundox
buen post che... muy interesante
@arielramone
grandes bandas e presenciado en cemento!!
attaque 77 - 2' - superuva-cadena perpetua-embajada-flema-animal- miles y miles
gran post
@chapitas32
excelente post !!!!
que recuerdos, que cosas vividas ahi adentro, gracias por el recuerdo
@Beatpov
Fué el CBGB de Argentina, yo te diría de SUDAMERICA.
Muy importante, sumando las bandas que pasaron, como PR y los redonditos de ricota, La Renga, Los Piojos, Iron Maiden, The Buzzcocks, Lagwagon, Carajo...
@kdepa
épocas que se van...
@Adrian_89
Eran terribles esas epocas lo mejor del rock.
Hoy poco a poco llegando a los 10 años esta muy dificil hacer un show en capital.
A veces tenes que ir a un boliche que te matan con el precio y no lo vale por la gente que llevas.

Ando con ganas de abrir algun local como era cemento. Pero obvio con un poco mas de medidas de seguridad. Algun dia cuando tenga guita
@Mazzonni
No se olviden de MOLOCHETE!!, que bueno era ir a Cemento loco... cuanta nostalgia...la puta!!
@luuuli79 +2
Gardel va a cantar con los beatles en la plaza del barrio, bob marley va a rugir en cemento con lo rolling stones.
@gorrdo_dra +2
me lei la mitad, casi me largo a llorar despues de esas cronicas. es una lastima haber perdido ese lugar, espero algun dia renasca y podamos volver todos a ee.uu. 1234 para hacer puerta entre amigos y cervezas frias antes de una agitada noche de rock, punk rock preferiblemente.
gracias
@yun22 +1
Cemento que recuerdos la puta madreee!!!
@dejatedehincharl
los brujos, hermética y exploited!! buenos recuerdos!!
@juanmanuel5439
una vez sola fui a cemento,para stiff little finger,fue hermoso!!junto con halley el templo del rock