El tigre de Quequén


Legendario bandido rural, para algunos un sanguinario foragido, para otros un Robin Hood de su epoca. Si tenes tiempo lee nuestra historia, nuestra historia gaucha...

Historia Gaucha: El tigre de Quequén. Bandido Rural!
Ilustracion de Pascual Pacheco apodado "el tigre de Quequén"

....Bandidos populares de leyenda y corazon... !




link: http://www.youtube.com/watch?v=1MLcVhMgxOQ
Bandidos Rurales (Leon Gieco)

tigre
Libro de Dominguez que narra la historia del tigre


Acomienzos del siglo XIX, cuando la pampa era infinita y el indígena su amo y señor, comenzó a forjarse la leyenda de este gaucho que le robaba a los poderosos estancieros para saciar el hambre de los pobres. Temido por sus contemporáneos e imbatible con el facón, el poncho y el rebenque, se lo conocía como el "Tigre del Quequén" por su fiereza y habilidad para evadir a la autoridad. Su vida, en la que se confunden realidad y fantasía, trascendió los límites de espacio y tiempo. Fue inmortalizada por Eduardo Gutiérrez (el autor de Juan Moreira) en "La Patria Argentina"; León Gieco la cantó en "Bandidos Rurales"; y Borges, la plasmó en su libro "El Matrero", publicado en 1969. Nacido en el barrio porteño de Palermo, perseguido tenazmente por la ley, terminó sus días en Toay (La Pampa).
El código rural de la provincia de Buenos Aires transcribe textualmente disposiciones de sometimiento casi feudales para la población nativa. Se condenaba lo que denominaban "vagancia" y se obligaba a los pobladores sin recursos a solicitar autorización a las autoridades, hasta para transitar por la campaña. Aquel paisano que no portara su "libreta de conchabo" era considerado mal entretenido y perseguido tenazmente por la partida. Estas disposiciones adquieren mayor y mejor control sobre los "vagos" al intensificarse la producción agropecuaria en las dilatadas llanuras recién conquistadas al indio.
Testimonios de esa época, aluden a la existencia de cientos de gauchos que son desplazados "por el progreso" a sitios marginales. Obviamente, esos sitios se corresponden, en gran medida, a los recientemente creados territorios nacionales.
Estas "zonas de frontera" por excelencia, a juzgar por las características de su incipiente poblamiento, la carencia casi total de alambrados aún y una tibia presencia policial, unida, a aquella famosa ley de permiso de portación de armas, permitieron, seguramente, la libre expresión del gaucho en su original estado.
El territorio de La Pampa, con semejantes condiciones de libertad, ciertamente ejerció poderosa atracción a todo tipo de aventureros, al bandidaje en general o a personajes de "corte moreiresco", como el caso de "el Tigre del Quequén" de mentado y tumultuoso pasado de "gaucho malo".
Según la versión periodística de los hechos, Felipe Pacheco inició su carrera delictiva a muy temprana edad, siendo las pulperías y boliches de lugares como Balcarce, Lobería, Necochea y Quequén "los escenarios de hechos que habrían de definir sus condiciones de compadrito, cuchillero y al mismo tiempo traicionero, a lo que unía un carácter altanero y provocador", que fue escrito en el siglo XX.
Felipe Pascual Pacheco, tal su nombre completo, fue uno de los célebres paisanos porteños cantados por la incomparable pluma de Eduardo Gutiérrez, escritor, periodista y folletinista metropolitano. Realidad y fantasía se confunden en la vida del personaje de Gutiérrez. Hubo quien creyó que fue tan sólo una invención del folletinero porteño, pero lo cierto es que existió. Así lo demuestran los expedientes judiciales consultados de diversos partidos bonaerenses y, últimamente, en el archivo histórico de la ciudad de La Plata. Aunque, tal vez, una gran parte de su leyenda corresponda exclusivamente a la frondosa imaginación de Gutiérrez.
El comienzo de la vida errante y desordenada de Felipe Pacheco tiene características en común a la de tantos gauchos de la época: un pleito lo llevó a defender su hombría a punta de facón. Este fue el detonante de una serie de desencuentros con la justicia, donde, obviamente, la brutalidad de las autoridades cumplieron importante rol.


Necochea
Unico registro de Felipe Pacheco, " el tigre de Quequén"

Felipe Pascual Pacheco
en sus inicios
De los poemas de Abaca se desprende que a Pacheco no se le conocieron padres ni ningún otro familiar y que fue criado por Gregoria Rozas, una mujer de buena posición económica que lo maltrató física y psicológicamente. Ya de muy joven, "El Tigre" se vio involucrado en peleas con otros malevos de la época. Hilarión destaca las que tuvo en defensa personal con "El Tuerto" y con "El Negro de Olivos", a quienes decidió no matar a pesar de haber tenido todas las posibilidades de hacerlo.
Marcos, el mejor amigo de Pacheco, le sugirió que se fuera de Palermo porque las peleas que había tenido eran motivo suficiente para que lo buscase la policía. Y así lo hizo. "El Tigre" y su amigo partieron rumbo a Chascomús, donde aparentemente trabajaron como domadores de caballos, animales que a Felipe le habían interesado desde muy chico.


Pasado Militar
En aquella ciudad Pacheco se vio rápidamente enredado en problemas relacionados con las carreras de caballos, según Abaca, nunca por su culpa, pero lo cierto es que tuvo algún enfrentamiento violento que derivó en una nueva fuga junto a su inseparable amigo Marcos. En la huida fueron a parar a Ensenada. Allí conoció a Juana, con quien tuvo dos hijos, una mujer y un varón al que llamaron Marcos, probablemente en homenaje su amigo.
Felipe y Juana vivieron juntos en una estancia donde éste domaba caballos. En ese período Pacheco y su amigo ingresaron al ejército de Urquiza para combatir contra Rosas. En una de las batallas Marcos calló muerto. Pacheco había sido convocado al ejército de Urquiza por Miguel Martínez de Hoz, quien más tarde sería nombrado Juez de Paz en el Moro y lo llevaría allí como su sargento. El lugar era asolado por ladrones y asesinos de toda clase, a los que "El Tigre", por orden del Juez de Paz, los detenía o corría del lugar.

Problemas con la Ley
Tiempo después, cuando Martínez de Hoz ya no era Juez de Paz, Felipe Pacheco fue encarcelado en Dolores y posteriormente sentenciado a pena de muerte. Abaca no explicita en su libro las causas que motivaron su detención, solo dice que levantaron cargos contra él, un comisario y dos gauchos.
El día en que iba a ser asesinado, Pacheco logró escaparse y volvió con su mujer, quien le advierte que la policía también quería matar a sus hijos, cosa que finalmente no sucede, pero que sirve como disparados del deseo de venganza de "El Tigre". Perseguido por la autoridad, el gaucho atraviesa la ciudad de Buenos Aires en dirección sur hasta dar con el famoso escondite a la orilla del río Quequén Salado.
Otra versión, menos novelesca que la anterior, da cuenta que El Moro era una estancia propiedad de Martínez de Hoz, a la cual "El Tigre" fue a trabajar como premio por su buen servicio durante las batallas contra Rosas. Aparentemente allí tuvo problemas con un capataz llamado Jorge Rodríguez, a quien asesinó, escapando del lugar. También se ha dicho que Felipe Pacheco no enfrentó a los soldados de Rosas formando parte de los bandos de Urquiza, sino que se peleaba con ellos en encuentros casuales en pulperías, tal como los que solía tener con otros malevos.

bandidos rurales
Ilustración del "Tigre de Quequén"


Su Fama
Felipe Pacheco habría encontrado refugio en margen del río Quequén Salado entre los años 1860 y 1875, en oportunidad de cumplir trabajos como arriero en los campos de José Zubiaurre, en la zona de lo que hoy es partido de Coronel Dorrego.
La fama de delincuente y hombre peligroso que había alcanzado el gaucho era motivo más que suficiente para que se le atribuyeran crímenes que jamás había cometido y esto sirvió para que las autoridades comenzaran a buscarlo con el fin de llevarlo preso. Luis Aldaz, a quien apodaba "el gorra colorada" era un comisario con tanta fama como Pacheco pero, lógicamente, había logrado ese reconocimiento trabajando del lado de los que luchaban contra personas como "El Tigre".
Fue precisamente Aldaz, el encargado de comandar la patrulla que finalmente detuvo a Pacheco. Los relatos antes citados señalan que "el gorra colorada" sabía que el delincuente se escondía en alguna parte del curso inferior del río Quequén salado, pero no le resultó nada sencillo atraparlo.

quequen
el tigre de quequen
Cueva del tigre. Lugar situado cerca de Necochea, donde cuenta la historia, el tigre se refugiaba siendo profugo

Su detención
El comisario y sus hombres buscaron a Pacheco durante varios días sin lograr resultados, inclusive estuvieron a punto de abandonar el rastreo. En realidad, era imposible que estos uniformados pudieran descubrir el escondite perfecto que "El Tigre" había hallado, a menos, claro está, que fuera él mismo quien los llevase hasta el lugar o que cometiera algún error.
Esto último fue justamente lo que sucedió. Felipe Pacheco tenía un perro, compañero inseparable en aquellas aventuras de vivir en el interior de una cueva "la cueva del tigre", pero el can no siempre andaba junto a su amo, de hecho, una noche se acercó al campamento de los policías que buscaban a Pacheco. Los uniformados temieron que el sabueso les comiera las pocas provisiones que les quedaba tras la larga búsqueda, y por ello fue que decidieron correrlo. Luego de transitar unos cuantos metros, las autoridades vieron como el animal se metía en el interior de un gran agujero junto a la barranca del río.
El tamaño de aquel hueco en la piedra y la presencia de un perro en la zona les hizo suponer que "El Tigre" podría estar oculto en ese lugar. Esa misma noche la patrulla se apostó entorno a la cueva y solo tuvo que esperar al amanecer para que Pacheco saliera del interior, luego de despertarse esa mañana.
La fecha exacta de la detención de "El Tigre" Pacheco no está muy clara, aunque podría haber sido en el año 1875. El encarcelamiento fue en Dolores, de donde salió en libertad cinco años después, en 1880.

felipe pacheco
Mapa de Necochea

Otra versión
Una versión de la historia es la conocida por la señora Maria Salvatierra de Solfanelli, "Titina" para los conocidos tresarroyenses. Dos tíos abuelos de "Titina", los que se llamaban Juan y Cipriano Salvatierra, fueron amigos personales de Felipe Pacheco y, según sus dichos, ninguno de los relatos difundidos serían verdaderos.
En su infancia "Titina" escuchó cientos de veces la que sería la historia mas verídica sobre quien fue Felipe "El Tigre" Pacheco. Al parecer el famoso "Tigre" no había nacido pobre, sino todo lo contrario, Pacheco venía de una familia de muy buena posición económica, la que estaba vinculada con los más altos jefes militares de la época. Según la misma versión, el hombre habría matado a un militar por algún problema entre ellos nunca revelado. Tras este hecho, Pacheco no tuvo más opciones que escapar, y habrían sido descendientes del mismísimo Manuel Dorrego quienes lo ayudaron, señalándoles las posibilidades de ocultarse en proximidades de sus campos, en un río en cuyas altas barrancas había cuevas tan grandes como una casa. Pacheco habría dado muerte a un policía que descubrió su escondite; esto derivó en la búsqueda que inicio el comisario Aldaz, el "Gorra Colorada" la que terminó con su captura.

Historia Gaucha: El tigre de Quequén. Bandido Rural!

Las Familias de Pacheco
"El Tigre del Quequén", había formado familia con Juana Moreno antes, mucho antes, de sus desgracias. Hacia 1860 se afincó con su familia en el partido de la Lobería. De los hijos que tuvo Pacheco, sólo se conoce el nombre de Justa y el de Marcos, seguramente su hijo mayor. Nacido en algún lugar de la provincia de Buenos Aires en 1848, al igual que los cinco hijos restantes de los cuales no se tienen datos. Este se afinca en la ciudad de Tres Arroyos hacia 1880. Según el Dr. Funes Deriuel, sus descendientes viven aún en el lugar.
De los años de estadía de Pacheco en el territorio de La Pampa, se ha completado una genealogía de su grupo familiar. En continua sucesión de padres a hijos, hasta nuestros días. Una joven esposa que lo acompañaba, Anacleta Viera, le nacen seis hijos en el aún paraje de Toay, entre los años 1887 y 1894. Son ellos: Valerio, Eleodoro, Modesto, Tomasa, Rufino y Gervasio.

tigre

Paso a la Inmortalidad
Pacheco "el malo", muere en Toay en la madrugada del 30 de Noviembre de 1898. Consta en el acto del libro de defunciones que el deceso se produce a causa de "reblandecimiento cerebral", según el certificado médico del Dr. José Oliver. Horas más tarde de ese mismo día, y también según el archivo del Registro Civil, nacía Agustina, la séptima hija de aquel hombre de 77 años.
Algunos miembros de su familia, pasado el tiempo, se ausentaron de Toay coincidentemente con el gran éxodo poblacional de los "años malos". Otros, quedaron en la zona y formaron sus familias. Tuvieron hijos y nietos. Perpetuaron en apellidos tradicionales de Toay la sangre de aquel olvidado y singular fundador.

Necochea
Eduardo Gutierrez, autor quien narro la historia del Tigre de Quequén


Nota a la bisnieta de Pacheco:
Olga Rosalba Schmidt, una docente que vive en Bahía Blanca, es bisnieta del legendario bandido rural.

Domingo 4 de enero de 2009
HISTORIA REGIONAL
La leyenda del "Tigre del Quequén"

Felipe Pascual Pacheco, alias "el Tigre del Quequén", un legendario gaucho matrero, de vida errante y facón
a la cintura, supo refugiarse a fines del siglo XIX en una caverna a orillas del río Quequén Salado, que hoy es una
atracción turística conocida como la "cueva del tigre", del partido bonaerense de Coronel Dorrego.
El sitio está ubicado a 11 kilómetros del pueblo de Oriente, una localidad de la costa bonaerense --de 2.500
habitantes--, que se encuentra situada a 3 kilómetros del río Quequén Salado, a 60 kms. de Tres Arroyos y a 180
kilómetros de Bahía Blanca.
En ese sitio donde la naturaleza fue pródiga, bañada por las aguas del río Quequén Salado --límite natural
entre los partidos de Tres Arroyos y Coronel Dorrego-- rodeada de altos barrancos, con una impactante cascada
(llamada "salto del tigre", se refugiaba el temible Pacheco, que para algunos historiadores era un bandido rural, y
para otros una especie de "Robin Hood" pampeano.
Felipe Pacheco es toda una leyenda en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, y mientras algunos
historiadores aseguran que era un "gaucho pendenciero y malentretenido", otros lo describen como un
"perseguido por la justicia", que sólo desenvainaba su facón para defenderse de las provocaciones de otros
gauchos que buscaban pleitos y fama.
"El Tigre del Quequén", había nacido en 1828 en el barrio porteño de Palermo, pero cuando todavía era un
niño fue abandonado por sus padres y criado por una mujer llamada Gregoria Rosa.
Siendo muy joven, Felipe Pacheco hirió de gravedad a un conocido matón a sueldo de la época, por lo que
poco después tuvo que huir tierra adentro.
Pacheco cimentó su fama a punta de cuchillo y, según relatan crónicas de la época, "era temido por los
gauchos e imbatible con el facón y el rebenque".
Astucia y fiereza. Se lo conocía como "el Tigre del Quequén", por su astucia, fiereza y sorprendente habilidad
para evadir a la policía.
El indómito gaucho, también trabajó como peón de campo --fue un experto en el arte de domar caballos--,
pero en el año 1866, fiel a su apelativo, se trenzó en una feroz riña y mató a otro gaucho, que al parecer tenía
protección política.
Pacheco, nuevamente tuvo que escapar hacia el interior de la Provincia, abandonando a su familia y varios
hijos.
Cansado de ser perseguido, buscó refugio en una enorme cueva a orillas del río Quequén Salado, en
cercanías del pueblo de Oriente.
En ese lugar, es capturado por un piquete de soldados al mando del célebre comisario de Necochea, Luis
Aldaz, más conocido como "el gorra colorada", según contó el historiador de Necochea, Carlos Galván, quien
pronto publicará un libro sobre el famoso gaucho.
Según investigó Galván, Pacheco se ocultaba en realidad en tres cuevas: "Una de ellas estaba ubicada en
Oriente, sobre el Quequén Salado (Coronel Dorrego), otra en la costa de Necochea (actual balneario Los
Angeles) y la restante en la zona de pescado castigado (Necochea)".
"Pacheco fue peón, resero, domador y mano derecha del comandante y juez de Paz de Lobería, Miguel
"Pacheco fue peón, resero, domador y mano derecha del comandante y juez de Paz de Lobería, Miguel
Martínez de Hoz, un fuerte hacendado dueño de la Estancia El Moro. Pero cuando estalla la guerra del Paraguay,
y luego que Martínez de Hoz por cuestiones políticas deja su cargo, `el Tigre' comienza a ser perseguido por sus
opositores", relató Galván.
"Gorra colorada"
Entonces dijo que Pacheco se dirige hacia la zona de Tres Arroyos, donde luego se desempeña como
asistente de los jueces de Paz, Antonio Arancibia y Bernardo Arriaga, quien finalmente le advierte que desde el
juzgado de Dolores solicitan su captura, tarea para la cual es encomendado el famoso policía "gorra colorada",
que lo termina atrapando cuando "el Tigre" salía de su cueva.
Galván detalló que Pacheco, "incluso, estuvo trabajando un tiempo como peón y capataz en campos de
Necochea. Tengo todo documentado y así lo voy a contar en el libro", anticipó.
Tras señalar que "el Tigre" "fue un gaucho bravísimo", el historiador opinó que para él, Pacheco "fue un
perseguido por la justicia, que cayó víctima de las circunstancias de su época".
"Si bien le asignan 14 muertes, cuando el juez de Dolores le pide a su par de Tres Arroyos que informe si "el
Tigre" tenía causas o sumarios abiertos, le aclara que es totalmente inocente, incluso, hasta del homicidio de un
vasco de la zona del que estaba acusado", indicó Galván.
Lazos bahienses. "Felipe Pacheco era todo un personaje, pero lamentablemente en la familia no hay
documentos de él y la única que sabía algo era Dionisia, la abuela de mi mamá, Ella Ruth Madsen", contó Olga
Rosalba Schmidt, una docente que vive en Bahía Blanca y es bisnieta del `Tigre'.
La señora comentó que cuando su madre, una mujer de 80 años que hoy vive en la ciudad de Necochea, "de
chica le preguntaba a su abuela Dionisia por Felipe Pacheco, ella se ponía a llorar y nunca le pudo aportar datos
sobre su vida y su historia personal".
No obstante, Olga Schmidt señaló que Dionisia "llegó a contarle a mi mamá algunos recuerdos de aquella
época en que vivía "el Tigre", puntualmente de cuando sentían que se acercaba el malón porque retumbaba en el
suelo los cascos de los caballos. Entonces se escondían en los huecos y cuevas de las barrancas de un arroyo, y
se tapaban con pajonales hasta que los indios se iban".
Y agregó: "Dionisia contaba que cuando regresaban a la casa, el malón se había llevado todos los víveres y
animales, y siempre recordaba los dientes clavados en el jabón de la casa, que los aborígenes dejaban
marcados, tal vez, pensando que sería un producto comestible". (Télam)

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Fuente:
http://www.impactoglobal.com/foro/index.php?topic=278.0;wap2
Diario La Nueva Provincia S.R.L.