Pocos libros como La fábula de las abejas han ejercido una influencia tan poderosa en la cultura occidental y, sin embargo, mantienen tan pocas líneas en las historias de la filosofía y de la teoría política. El éxito que alcanzó en el momento de su publicación, las enconadas polémicas que provocó, la importancia de aquellos que —como Adam Smith, Montesquieu o Keynes— adoptaron sus presupuestos, hacen de esta obra un hito en el análisis del capitalismo y del paradigma liberal.

Mandeville argumenta contra la oficial filosofía moral de la Inglaterra ilustrada —lord Shaftesbury, preceptor de Locke—, que consideraba «acción virtuosa» toda aquella que buscase un bien público, y tildaba de vicio todo egoísmo que no persiguiese el bien común. Esto quiere decir que son las buenas cualidades de los hombres las que hacen de ellos seres sociables y que el hombre está naturalmente inclinado a realizar acciones altruistas. La experiencia cotidiana, sin embargo, piensa Mandeville, nos muestra que el hombre no es un ser altruista, y que, por el contrario, suele buscar el propio beneficio. Mandeville duda incluso de que la sociedad se beneficie solamente de las acciones virtuosas. Por el contrario, es el vicio, es decir, las acciones que persiguen la propia comodidad, lo que beneficia a la sociedad. Sólo cuando los individuos, buscando su propio interés y placer, contribuyen y participan en nuevos inventos, y cuando viviendo lujosamente, hacen circular el dinero, la sociedad progresa y florece. En el pensamiento de Mandeville destaca sobremanera la idea del «lujo». Si todo el mundo fuese austero, si los seres humanos no buscasen el lujo y el confort, no sería precisa la acumulación. Gastar el dinero en lujos beneficia a los pobres más que la caridad misma, pues ésta mantiene a los pobres ociosos, mientras que la demanda de lujo les permite desarrollar una industria para satisfacerla.

En este sentido los vicios privados se convierten en públicas virtudes. Además la idea defendida por Shaftesbury de que existe un canon establecido para distinguir el bien del mal y unos valores morales inmutables es incompatible con la evidencia empírica. La distinción moral entre actos virtuosos y los actos que no lo son, no es susceptible de ser dilucida con objetividad. Las virtudes sociales son resultado, en parte, del deseo egoísta de la propia conservación, como señalara anteriormente Thomas Hobbes, así como también de la actividad de los políticos que actúan sobre la vanidad y orgullo humanos tratando de que se comporten de un modo aparentemente altruista.

«… ni las cualidades amistosas ni los afectos simpáticos que son naturales en el hombre, ni las virtudes reales que sea capaz de adquirir por la razón y la abnegación, son los cimientos de la sociedad; sino que, por el contrario, lo que llamamos mal en este mundo, sea moral o natural, es el gran principio que hace de nosotros seres sociables, la base sólida, la vida y el sostén de todos los oficios y profesiones, sin excepción: es ahí donde hemos de buscar el verdadero origen de todas las artes y ciencias, y en el momento en que el mal cese, la sociedad se echará a perder si no se disuelve completamente.»

Si bien no hay argumento que sea más utilizado para justificar el capitalismo que la famosa teoría de la «mano invisible» de Adam Smith y también pocos son tan venerados por la teoría liberal contraria a la intervención reguladora del Estado, la deuda, sin embargo, de ese argumento con Mandeville es inmensa. Así lo reconocieron economistas hoy tan conocidos como Hayek, Keynes o los teóricos de la Public Choice. Pese a todo ello, la fuerza, la brillantez y la mordacidad de los argumentos de Mandeville continúan siendo, todavía hoy, prácticamente desconocidos.



Biografía del autor:
Bernard de Mandeville (Dördrecht, 1670 – Hackney, 1733) se formó como médico en la Universidad de Leiden. En 1699 se trasladó a Inglaterra, donde escribió sus sátiras filosófico-políticas, que alcanzaron una enorme repercusión en su época. Su texto más famoso es la Fábula de las abejas (la primera parte en 1714, y la segunda en 1729), donde se explica su célebre y provocadora idea de que no es la virtud, sino el vicio –el egoísmo, el orgullo, la envidia–, el verdadero motor y fundamento de la sociedad. Otras obras destacadas son Pensamientos libres sobre la religión, la iglesia y la felicidad nacional (1720) y su Investigación acerca del origen del honor y de la utilidad del cristianismo en guerra (1732).

Fuente: http://www.barcelona2004.org/esp/actualidad/biblioteca/biblioteca_selecta/ficha.cfm?lnkBiblioteca=95

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