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LA ARAÑA DE PATAS LARGAS.


Colgada en su tela desprolija, en algún rincón del techo, encontramos esta araña de cuerpo increíblemente chico y patas finas, que envuelve a sus presas antes de morderlas. Si la asustamos (por ejemplo, con un palito o le tiramos una pelotita de papel) nos sorprenderá girando frenéticamente su cuerpo mientras mantiene las patas fijas en la tela.
Nombre científico:
Pholcus phalangioides.


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LA ARAÑA ESCUPIDORA.


Parecida a la de patas largas pero más oscura y con el abdomen más globuloso, tiene manchas en las patas y en el cuerpo. Para capturar sus presas esta araña escupe una secreción pegajosa desde sus quelíceros, que las inmoviliza.

Nombre científico:
Scytodes maculata.
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LA POLIBETES

Esta es la araña que realmente asusta, por su gran tamaño y balanceo agresivo. Es chata y camina con facilidad por las paredes y el techo. Si la ponés en un frasco de vidrio tapalo bien, porque trepa rapidísimo.

Nombre científico:
Polybetes pythagoricus
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LA ARAÑA DEL CUADRO.
¡Cuidado! Esta es la única araña domiciliaria peligrosa para el hombre. Vive en rincones oscuros y apartados de la casa, pero también atrás de los muebles o de los libros. Si bien es frecuente no es nada agresiva, siendo raros los accidentes de mordedura.

Nombre científico:

Loxosceles laeta.


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fuente http://www.infobae.com/contenidos/311236-1100795-0-La-araña-y-la-impotencia

Ya no es necesario invertir en la famosa pastillita azul llamada Viagra.
Se ha descubierto que la picadura de arañas favorece el vigor sexual masculino.
Los laboratorios ya están pesando en criar arñas para vender el veneno en forma de pastillas.Pero ¿Para que gastar dinero si la solución está en su propia casa y al alcance de su mano?

De ahora en más los hombres que deseen potenciar su vigor masculino solo deben dejarse picar por arañas.
Algunos consejos : Tire a la basura todos los insecticidas de su casa. Porque en definitiva un insecticida es un insecticida. Y si usted quiere matar mosquitos, puede estar matando esa beneficiosa araña que anda paseando por los rincones.Además. las arañas necesitan alimentarse y si usted le mata sus insectos favoritos, la termina matando de hambre.
Tire a la basura el cepillo con mango largo para quitar telarañas de los techos.
No barra más debajo de los muebles ni en los rincones. eso favorecerá la acumulción y cria del bicho en cuestión.
Antes de irse a dormir busque la telaraña más cercana y tóquela con un dedo hasta que la araña corra a picarlo.

Y que la pase bien!

Los laboratorios ya están pesando en criar arñas para vender el veneno en forma de pastillas.


Diversos procesos físicos y químicos confieren a las telarañas una fuerza y una durabilidad que son extraordinarias. Investigadores del MIT, encabezados por Gareth H. McKinley, profesor de ingeniería mecánica, estudiaron el modo de producción del hilo de seda de la araña con la esperanza de reproducir el proceso artificialmente, según revela la revista científica The Journal of Experimental Biology de noviembre.

Con el fin de acercarse a ese objetivo, eligieron como objeto de estudio a la araña de seda dorada, conocida con el nombre científico de Nephila clavipes. Ese arácnido crea una telaraña tan fuerte que puede atrapar pequeños pájaros. Incluso, en algunas costas del Pacífico Sur, algunos pescadores suelen recoger esas telarañas para hacer redes.

Los autores del trabajo estudiaron las glándulas, ubicadas en el abdomen de las arañas, que producen la seda con la que se fabrican las telarañas. Extrajeron microscópicas cantidades de esa seda, que tiene una consistencia semejante a la del gel y la sometieron a diversas pruebas físicas y químicas.

Utilizaron un aparato llamado microrreómetro para caracterizar cuantitativamente ciertas propiedades que determinan el comportamiento fluidomecánico de fluidos no newtonianos, es decir, aquellos cuya viscosidad varía con el gradiente de tensión que se les aplica. Con ese dispositivo manipularon gotas diminutas de la seda y estudiaron el comportamiento de ese material bajo diferentes fuerzas. Los científicos pusieron esas gotas entre placas de metal que se movían, acercándolas o alejándolas, a fin de determinar cuán pegajosas y resistentes eran.

McKinley y sus colegas observaron que la seda se alarga como un filamento y se va secando a medida que sale de las glándulas. Consiste en una solución basada en proteínas que pasa por diversos estados de forma irreversible, como la clara de huevo, otro fluido no newtoniano, que se convierte en un material sólido elástico a partir de un estado similar al de un gel acuoso.

El secreto de las telarañas

Los investigadores aseguran que la clave de la seda de las arañas son los polímeros de aminoácidos. Los plásticos, algunos materiales de la Estación Espacial Internacional, y el Kevlar ó poliparafenileno tereftalamida -un material que se usa en la industria aeronáutica, para fabricar ropa resistente como chalecos antibalas, y también en equipamiento para deportes extremos- están compuestos de polímeros cuyas unidades básicas son los aminoácidos. A su vez, las proteínas están formadas por polímeros de aminoácidos que pueden ser flexibles o duros, solubles al agua o insolubles, y muy resistentes al calor y a diversos químicos.

La seda de las arañas estudiada por los científicos del MIT está compuesta por polímeros de aminoácidos en un 30 a 40 por ciento, el resto es agua. A partir de esos elementos, las glándulas de esos arácnidos son capaces de sintetizar proteínas y dar a lugar a una fibra insoluble.

“Lo más sorprendente del estudio fue ver el modo en que se teje un material que se basa en una solución acuosa y que produce una fibra que no se vuelve a disolver”, afirmó MacKinley y continuó: “Lo que comenzó como una solución basada en agua se transforma en un material impermeable al agua.”

Las arañas secretan un chorro de ese denso gel, que es la seda, luego usan sus patas traseras y aprovechando el peso de su cuerpo y la gravedad, elongan el gel hasta formar un hilo fino. Las largas moléculas de las proteínas de la seda son como fideos que se van enredando hasta formar una telaraña muy resistente.

Los investigadores sostienen que la sorprendente fuerza de las telarañas se basa en la exquisita forma con la que las arañas tejen las fibras de proteínas.

Telarañas artificiales

McKinley y sus colegas pretenden reproducir artificialmente lo que las arañas hacen con naturalidad. Mediante el uso de la nanotecnología - conjunto de técnicas que se utilizan para manipular la materia a la escala de átomos y moléculas -, se podrían sintetizar polímeros para fabricar materiales similares a las telarañas.

“Estamos interesados en crear materiales artificiales que igualen o superen a la seda natural de las arañas”, subraya McKinley.

El experto y el resto de los científicos notaron que a medida que la seda se alargaba, se enredaba y se secaba, se iban formando diminutas estructuras cristalinas que reforzaban la telaraña. Según McKinley, la nanotecnología es una herramienta que podría generar pequeñas estructuras similares con el propósito de brindar una mayor resistencia a las telarañas artificiales.

Una seda artificial que imite a la seda natural de las arañas podría tener diversas utilidades, dado que su manipulación permitiría fabricar ligamentos y tendones artificiales, paracaídas, chalecos antibalas o hacer mejores suturas quirúrgicas.

Tantas cosas tenemos sobre las arañas, el mercado es amplio

Araña pollito

Por Velmiro Ayala Gauna

Siesta en Misiones. El sol lanza a los hombres al resguardo de las casas y hunde a las alimañas de la selva en cuanto amparo sombreado les ofrecen los árboles o las cosas.

En los caminos desiertos sólo se ven, a intervalos, las nubecitas de polvo que levantan las lagartijas que cruzan de un lado a otro la picada, y al pie de las barrancas ásperas y rojizas, al Altó Paraná que hierve en remolinos en las costas y pasa imponente y encrespado por el profundo cauce.

Críspulo Vargas está solo en el aserradero. Los peones se fueron por la mañana hacia Eldorado, varios kilómetros adelante, para ver pasar el barco que viene desde Puerto Aguirre, traer provisiones y de paso, caña paraguaya y cigarros contrabandeados desde el Paraguay por los Benítez para el turco Elías, el bolichero de la entrada del pueblo que apenas si chapurrea el castellano, pero que habla el guaraní a la perfección.

Críspulo es el capataz y hombre de confianza de Vladimir Letinsky, un polaco dueño de ese y de otros establecimientos en el territorio y quien, en su estancia cerca de Apóstoles, se viste de "smoking" y actúa como un gran señor en sus comidas, para terminar emborrachándose como el último mensú en las sobremesas. Pero esas son cosas que no tienen importancia para el correntino Vargas, para quien "el patrón es el patrón" y puede hacer lo que le dé la gana, siempre que le pague puntualmente su salario.

Deja la mecedora donde ha estado dormitando y se asoma a la galería del bungalow que lo cobija. La intensa luz hace pestañear por un momento sus ojillos oscuros y el calor pone perlas de sudor en su rostro aceitunado; pero él, indiferente y sin más abrigo para la cabeza que sus cabellos lacios y duros como crines, baja el camino disponiéndose a hacer una recorrida.

Primero va al galpón de las maquinarias, donde la brillante hoja de la sierra mecánica reluce como espejo, inspecciona los tablones amontonados a un costado y dispuestos en tal forma que el grueso tronco conserva su forma habitual, como si el filo de la delgada hoja no lo hubiese tajado en diversas secciones. Mira luego los rollizos apilados en el patio, llegados algunos desde el interior al lento paso de los "alzaprimas" y arribados, otros, en jangadas por las bullentes aguas del río y elevados hasta ese lugar a costa de sudor y de esfuerzos.

Hay allí pino del Brasil, viraró, cedro misionero, peteribí y varias otras maderas de la rica flora del contorno. Cruza el tabacal y, satisfecho, vuelve a la casa por un sendero bordeado de plantas de bananas. Observa los cachos y reflexiona:

-Ya están a punto... Mañana los voy a hacer cortar.

Para cerciorarse mejor palpa los largos frutos verdosos que comienzan a amarillear en los extremos. De pronto, al hacerlo, siente un agudo pinchazo en uno de sus dedos.

-¡Añamemburetá!... - dice irritado y desenvainando su machete, corta de un certero golpe el pesado racimo. Cae éste con violencia sobre la tierra del camino y algunos frutos saltan desperdigados a los costados.

Machete en mano, Críspulo observa vigilante hasta que ve asomar unos largos tentáculos negros que se desplazan sin ruido. Rápido levanta con una mano el manojo de frutos y lo arroja hacia el frente, y allí, casi a sus pies, ve el bulto negro y horripilante de una "araña pollito". El animal levanta sobre sus gruesas patas el redondo, sombrío y aterciopelado cuerpo. Es grande, casi como un puño, y parece dispuesto a lanzarse sobre el hombre; pero éste baja una y otra vez el machete con furia salvaje y lo destroza en menudos pedazos mientras lo insulta profusamente en castellano y guaraní.

-¡Tomá añamembú!... ¡Picá otra vez, araña infeliz!... ¡Sucú, hija de... !

Y no contento con eso, salta sobre los restos y hunde los negros trozos en el rojizo polvo de la senda.

Después atiende a su picadura.

-Menos mal que jue en la surda... - se consuela.

En el extremo del dedo mayor tiene un punto rojo, alrededor del cual la carne comienza a hincharse.

Vuelve a la casa y baña su mano en alcohol. Aprieta el dedo con fuerza, como queriendo expulsar por el casi invisible agujerito la ponzona recibida.

Siente un dolor intenso y como si pequeños pinchazos le recorriesen la mano. Va de un lado a otro sin saber qué hacer. Mueve continuamente los dedos, como para activar la circulación, pero encuentra que la mano se le pone cada vez más torpe. El dedo medio es, ahora, un enorme cilindro enrojecido y tiene la impresión de que millones de agujas se le clavan en la palma.

-Estoy embromau... -dice-. Voy a dir p'al pueulo.

Súbitamente recuerda que los peones llevaron el jeep y los caballos.

-¡Pucha!... ¿Y ahora?

Toma un gran trago de caña y vuelve a recurrir al antiséptico. Pero todo es en vano. La mano le pesa como una carga y el agudo dolor le hace apretar los dientes.

-Si voy a pie capá que no llego -reflexiona y sigue bebiendo caña-.

Una raya roja avanza por debajo de la piel de la muñeca. Críspulo sabe que cuando ella llegue al corazón todo habrá concluido. Va hasta el camino y avizora en la lejanía.

-¡Y lo muchacho sin venir!... ;Caracho!

Los dedos violáceos carecen de movimiento y la raya, lenta, pero implacablemente, sigue subiendo a lo largo del brazo. La fiebre le reseca los labios y la garganta, y la caña resbala por sus fauces, sin aplacar la sed devoradora ni disminuir los dolores.

Camina como un borracho, sosteniendo con la derecha la mano emponzoñada. Creencias infantiles perdidas en la subconsciencia, se hacen vívidas en su cerebro.

-¡Virgen de Itatí!... ¡Salvame y te he de hacer un regalo!... He de ir nicó a visitarte y a resarte si me sacás d'este apuro... - ruega con voz desfallecida.

La línea purpúrea Ilega casi a la mitad del antebrazo. La fiebre y el dolor lo arrojan sobre la sombra fresca del galpón. Allá arriba el cielo azul parece dorarse con el sol de la siesta tórrida. A su alrededor todo es silencio y soledad.

La conciencia del peligro lo mantiene despierto, aunque un pesado sopor quiere detenerlo junto a la frescura del zinc de las paredes del galpón para dormirse sobre el pasto suave y mullido que allí crece.

-¿Qué voy a hacer?... - se pregunta.

De pronto una luz se hace en las tinieblas de su cerebro, embotado por la fiebre, y, dando tumbos, entra al aserradero, donde lo recibe el reflejo plateado de la enorme sierra circular.

Busca en la caja de herramientas y da con el ovillo de un fuerte cordel.

Ayudándose con los dientes y la mano sana, hace una lazada y la ciñe cerca del codo del brazo enfermo. Después, a costa de grandes esfuerzos, hace pasar el ovillo sobre uno de los tirantes del techo y ata el extremo a una de las patas de la mesa de la sierra. A ratos debe descansar, fatigado por el trajín. A veces quiere dormirse sobre la mesa o le tienta el fino aserrín que cubre el piso, pero su enorme fuerza de voluntad se impone.

Trabajosamente recita los trozos de oraciones que recuerda y se encomienda a la virgen favorita. Aprieta el botón y la sierra se pone en marcha.

Críspulo, entonces, cierra los ojos, y juntando los restos de energía que dispone, apoya el brazo enfermo contra la hoja rugiente. La mano tronchada salta y cae sobre la mesa donde queda como un enorme sapo al borde de un charco de sangre negra y espesa, en tanto que el hombre, al otro costado, cuelga del muñón sangrante, mientras el cordel se pone tenso por el peso del cuerpo y ciñe cada vez más, impidiendo la hemorragia.

Y así lo encuentran al regreso los peones, media hora después, cuando atraidos por el ruido de la sierra, llegan al galpón. Vendan como pueden el muñón, aprietan aún más la ligadura y lo llevan en el jeep hasta el puesto sanitario de Eldorado donde el médico al verlo mueve la cabeza con gesto desesperanzado, diciendo:

-Hay que volver a cortar a la altura del codo. No creo que se salve, aunque estos correntinos...

Y sin decir más lo hace poner en la camilla y da comienzo a la operación.

* * *

Pero el doctor estuvo errado, porque después de pasar varios días entre la vida y la muerte, Críspulo se repuso y volvió al trabajo con un brazo menos y un nuevo mote: "Araña Pollito".

Sin embargo, no hay quien se lo diga cara a cara, porque, manco y todo, Críspulo maneja como luz su "marcagallo" y muy pocos le ganan a hacer blanco con su "44".



Rita, la araña con peluca

La araña Rita es por demás coqueta.
Todas las mañanas se pasea oronda por su tela tejida con un punto especial, creado por ella, que recrea distintas formas: estrellas, flores e insectos.
Rita usa peluca rubia, y esto es motivo de comentarios duros por parte de las otras arañas del monte de eucaliptos en el Parque Municipal:

- Yo no sé de qué se las da... -dicen algunas.

- ¿Dónde vieron ustedes a una araña rubia? -preguntan otras.

- Sí... rubia pero porque usa peluca... -opinan las envidiosas.

- Está agrandada desde que inventó ese ridículo tejido de telaraña con esos dibujos extraños... - señalan las que apenas saben hacer el tejido de telaraña más simple que pueda haber.
Las arañas viven observando a Rita. Están pendientes de qué hace y qué dice.
Por las tardes ven cómo se dispone a seguir con su tejido sin importarle los rumores que se escuchan en el resto de ese árbol y otros de alrededor.
Es que Rita tiene mucha personalidad: la peluca la usa porque le gusta cómo le quedó tejida usando las hilachitas de un viejo pulóver amarillo que encontró abandonado junto al eucalipto y hace dibujos en su tela porque tiene inclinaciones artísticas.

- Es la Marta Minujín de las arañas -sentenció un araño admirador suyo. -Le falta usar anteojos negros...

Rita no se manda la parte por ser distinta a los demás. Antes bien, una vez reunió a todas las arañas para enseñarles lo linda que había quedado la peluca y cómo iban los dibujos de su tela.

- ¡Andá! -le dijeron todas a coro. Rita no se enojó. Entendió que no la comprendían. Y pudo hacerlo porque toda su familia se había destacado siempre del resto de las arañas. Su papá había sido famoso por tejer una tela tan grande, tan fuerte, que los empleados municipales habían tenido que cortarla con grandes tijeras de metal para que en la pista se pudieran seguir corriendo carreras de bicicletas. Con lo que cortaron, hicieron un bello tapiz, tan fuerte y grande era la tela que había hecho su papá. Su mamá no se quedaba atrás: siempre lucía un bello gorro tejido con nervaduras de hojas de eucalipto y se maquillaba con la resina del árbol y las cenizas de carbón que quedaban en los fogones. La familia de Rita fue tan excéntrica como criticada.

- No hagas caso siempre a lo que dice la gente de vos -le había aconsejado una vez el papá-.

Algunas veces te da buenos consejos, pero otras, te critica por envidia o por el placer de criticar. De todas maneras, escuchá lo que las arañas y el resto de los animales te digan, porque siempre podrás sacar de sus palabras alguna enseñanza.
Rita hacía su vida tranquila, sin molestar a nadie. Estaba orgullosa de su peluca y de su tela, y no se dejaba acobardar por ningún dicho negativo o malintencionado. Además, estaba siempre ocupada en halagar a ese araño admirador suyo -Heriberto- antes que en atender los rumores de las arañas chusmas.
Una vez se disputó una carrera muy importante en el velódromo del Parque. Hasta vino la tele y todo. Las arañas tomaron sus precauciones.

- ¡Cuidado! Están llegando muchos humanos a nuestro territorio. ¡Preparen sus defensas y escondites! ¡Recuerden que la mayoría nos tiene miedo y que los humanos matan todo lo que temen!

Las arañas se prepararon para la invasión de los hombres. Algunas se escondieron en los huequitos de los árboles. Otras treparon hasta las ramas más altas. Todas abandonaron el centro de sus telas, donde pasaban sus vidas cazando insectos para alimentarse y dialogar entre ellas, de tela a tela.

Rita no se sumó al alboroto. Se dijo:

- Si nunca me hicieron daño, ¿por qué lo harían ahora?

Heriberto, su admirador, llegó agitado para prevenirla.

- ¡Rita! ¡Protegete! ¡Te van a lastimar!

- ¿Por qué lo harían? -preguntó extrañada Rita.

- Porque nos tienen miedo o porque quieren jugar con nosotros, porque tienen la mala costumbre de hacer asados junto a los árboles o porque... porque... ¡porque sí!...

- Le agradezco el aviso, querido Heriberto -dijo Rita-. Pero no creo que los humanos sean tan perversos. Por otra parte, me gustaría compartir con ellos mis obras de arte.

- Pero te harán daño, Rita. Escondete, por favor -suplicó Heriberto.
Rita le sonrió y siguió tejiendo con mucho primor un nuevo sector de su tela en el que se veían perros, gatos, vacas y caballos, es decir, los animales más grandes que conocía.
Todo iba bien ese día de carreras. Ningún humano había molestado a araña alguna.
En un momento en que se hizo un receso en una de las competencias porque un ciclista se desparramó en la pista y se lastimó las rodillas, un señor que llevaba un aparato muy extraño colgado en uno de sus hombros, se acercó hasta el árbol de Rita, disfrutando de la sombra de los eucaliptos.

A medida que se acercaba, su mirada se iba fijando en la tela.

- ¡Huí, Rita! -gritó desde lejos Heriberto y se escondió detrás de una hoja.

El hombre se aproximó a la telaraña. Rita lo observaba con mucha ingenuidad mientras él miraba atentamente cada dibujo de la tela. En un momento, Rita vio que el hombre la miraba a ella. Cuando el señor descolgó el aparato y lo apuntó hacia Rita, Heriberto, que estaba espiando detrás de la hoja, se lamentó:

- Es el final de la pobre Rita. Nuestro mundo pierde así una gran artista y una bella araña... ¡Qué lástima!.

Pero a Rita no le pasó nada. Lo único que hizo el aparato, fue prender una lucecita roja muy chiquitita y moverse de aquí para allá, según se movia el brazo del hombre, quien luego de filmar en detalle toda la telaraña y a Rita, se retiró satisfecho.

- ¿Vio, don Heriberto, que no me pasó nada?

- Hum... No lo sé, veremos qué pasa con el correr de las horas -dijo desconfiado el araño.

Con el correr de las horas no pasó nada. La carrera terminó, las personas se retiraron, las arañas salieron de sus escondites y todo volvió a la normalidad.
Al día siguiente, Rita salió en la tele, anunciada como un hermoso ejemplar exótico de una familia de arácnidos muy raros, una familia de arañas rubias que tejen su tela con extraños dibujos.
Pero Rita no se enteró porque no tiene tele y el resto de las arañas tampoco, así fue que siguieron criticándola acusándola encima de inconsciente y exhibicionista.
Con el correr del tiempo Rita se casó con su araño admirador, quien también tenía sus excentricidades, porque por ejemplo, le gustaba deslizarse por las telas como Tarzán. Así que imaginate cómo salieron sus arañitos y cuánto dieron que hablar al resto de las arañas...

El hombre araña

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Una extraña variedad de araña extremadamente venenosa es transportada desde la selva amazónica hasta Estados Unidos, llegando así hasta una pequeña población. La araña se refugia en el granero de un joven médico que acaba de instalarse en el pueblo con su familia. El arácnido se reproduce y pronto comienza a morir gente en el pueblo. El médico decide investigar por su cuenta las causas de tan raras muertes

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3 comentarios - arañas

@PepeGrillo Hace más de 6 años
buen trabajo locooooo!!!! lindo post!
@pablofortinero91 Hace más de 5 años
AJAJAJJA E HOMBRE ARAÑA
re colado xd
@diemamo Hace más de 5 años
Ah, recien casi me cae en la cara una Polybetes pitagóricus, que cagazo, araña de mierda!!! me levante a buscar info del bichito porque la verdad me dejo frio. ARAÑA DE MIERDA!!