Cuento :)



Crimen negro: Titulo: vacaciones terribles en Séjour Espérance

Capítulo 1

Volví a romper el papel. La verdad era que estaba sin inspiración, no lograba hacer ni un sólo guión. Y eso me ponía de mal humor.
Lo cierto es que era bastante raro, pues nunca me había ocurrido. Siempre tenía mis ideas, y ni el título me salía. Me recosté sobre el sofá, y traté de tranquilizarme. Inspiré profundamente. Pero seguía sin poder pensar, ni una maldita idea se me vino a la mente.
Me dirigí hacia la cocina, y tomé un sandwich doble. Oí unos pasos, voltee para ver quien era, se trataba de Jessica, mi esposa. Ella misma se sentó junto a mí.
- Jhon - dijo como si supiera que algo me ocurría - ¿Pudiste escribir algo?
Yo la miré, y entorné mis ojos.
- La verdad es que ... Ni el título pude inventar. No sé que me ocurre, antes podía escribir una novela en dos semanas. Y ya van 10 días... Sin poder escribir una palabra...
Jessica me miró tristemente. La verdad era que me hacían falta unas buenas vacaciones. Sí, exactamente eso: vacaciones.
En otro país, tenía que ser un lugar donde pudiera descansar, y que me inspirase para redactar mi novela. Eso me hizo recordar a mi amiga. Sí, Giselle, vivía en Francia. Poseía una hermosa mansión en las afueras de París.
Entonces todo era distinto. Pues me habían venido unas ganas inmensas de viajar a Francia. En ese placentero pueblo, perfecto para la inspiración.
Miré a Jessica. Luego dije:
- Ya sé lo que me hace falta... Unas vacaciones - Jessica me observaba tranquilamente -. Pensé en Séjour Espérance, en Francia. ¿Te acordás? La casa de Giselle, en la afueras de París...
Jessica sonrio, para luego decir:
- Parece una buena idea. Nos vendrían bien unos días...
Yo negué con mi cabeza. Pues no quería que ella fuera. Unas vacaciones me caerían espléndidas, pero necesitaba ir solo.
No sabía cómo decírselo, porque Jessica... En fin...
- Solo - aclaré -. No lo tomes a mal, pero necesito ir solo.
Ella sola se limitó a observar. Ya conocía esa mirada, simple y dolida, pero llena de enojo.
- Pues ándate solo. De veras, si te sentís mal... Yo te entiendo.
Me despidió con un beso y se fue a dormir. En realidad, sabía que estaba molesta. Pero pensaría en Francia, y sacaría mi pasaje para el próximo jueves.
Al llegar me dirigí rápidamente a Séjour Espérance. Pude observar lo tranquilo que parecía ser ese pueblo.
Las casas eran más o menos parecidas. El pueblo tenía un aire misterioso, ideal para una escritora. Había varios comercios, tales como el restaurante Délice, o Mystique.
El último no era todo un restaurante, como Délice, parecía más bien un barcito, pero me resultaba agradable. Pues cuando pasé por allí con el taxi, quedé encantada con ese lugar. La decoración, y la iluminación, parecían perfectas para el nombre del mismo.
Pero Séjour Espérance quedaba a 3 Km. del pueblo, en una colina. Entonces estuve más contento que nunca, pues eso le daba un perfecto misterio, el cual necesitaba. Además no era demasiada la distancia, es más: eso era lo mejor, me pareció excelente para caminar, necesitaba ejercicio.
El taxi paró frente a la mansión. Era realmente enorme, y bastante obscura. La inmensa entrada poseía un cartel también enorme, el cual decía: Séjour Espérance. El jardín estaba perfectamente cuidado, abundaban las rosas de múltiples colores; había jazmines por doquier. Y una gran fuente.
Me recibió el mayordomo, el cual estaba enterado de mi visita.
- Adelante...- dijo el mismo. Robert, a pesar de ser inglés, hablaba francés perfectamente.
Yo le advertí que mi francés no era muy bueno, pero Robert me dijo que me entenderían a la perfección; ya que en el pueblo era muy frecuente la llegada de turistas.
Me acompañó, aconsejándome que si tenía algún problema no dudara en comentárselo. Yo lo miré de soslayo, preguntándome qué tipo de problemas podría traerme ése lugar.
La mansión era enorme, al ingresar a la misma, se podía observar la inmensa escalera alfombrada que se dirigía hacia las habitaciones. Abundaban los colores obscuros, por lo que me agradó aún más. Adoré el lugar apenas lo vi. En fin, Robert me mostró toda la casa, luego me aclaró que Giselle Roman estaría fuera por unos días, pero que no me preocupara, pues sabía que yo cuidaría muy bien de Séjour Espérance.
En realidad supe que había dicho eso por cumplido, pues Séjour Espérance ya estaba muy bien cuidada. Entré a mi dormitorio, me senté en un cómodo sillón. Miré en derredor, sí, el lugar era excelente para escribir. No sólo por lo misterioso que resultaba ser, sino, también, por el lindísimo escritorio, que estaba ubicado al lado de la ventana, así como también, la moderna máquina de escribir. A decir verdad estaba acostumbrada a escribir mis novelas en computadora, archivarlas, y después imprimirlas; pero tendría que acostumbrarme.
El ambiente era casi perfecto, y eso despertó sospechas en mí. Lo que me inquietaba, además de la ausencia "momentánea" de Giselle, era la llegada de turistas. La verdad era que el pueblo parecía ser confortable y tranquilo; pero nada que llamara la atención para fomentar el turismo. Caminé hacia la amplia cama y me acosté.
Esa noche no pude conciliar el sueño. La idea del turismo me ponía mal, taladraba mi cerebro una y otra vez. ¿Porqué? Si todo parecía común. Yo misma respondí a mi pregunta: todo "parecía "común, pero no lo era. Decidí que mañana aclararía mis dudas, eso sí: por ninguna razón se lo comentaría a Robert. No parecía mala persona, aún así, preferiría a alguien que no sea de Séjour Espérance.
Entonces sucedió algo que no esperaba en absoluto: surgió, de la nada, un título para mi novela. Y eso no fue todo, pues también desfilaron ante mí mil ideas sobre el contenido de la misma.
La novela sería de terror, en realidad todas mi novelas eran de terror, pero esta se llamaría: "claustrofobia". Sin esperar más, comencé a escribir. La historia era sobre un ascensor, el cual estaba maldito y, todos los que ingresaban solos al mismo a media noche, quedaban atrapados. Entonces le agarraba un ataque y se asfixiaban, volviéndose locos, y cuando alguien los descubría éstos se hallaban ensangrentados. Todo por causa de la claustrofobia.
Me asombré de mí mismo. Habían transcurrido sólo 3 horas desde que comencé a escribir, y ya había terminado. Por si fuera poco, también supe cómo narrar mi próxima novela, y el título: "Aerofobia". Entonces dormí placenteramente. Tratando de despojar de mi mente, todo lo que me trajera angustia y preocupación.
Al día siguiente decidí ir al pueblo. Me asomé a la ventana y vi un grupo de personas con cámaras: eran turistas. Una y otra vez invadía mi ser esa pregunta sin respuesta: ¿Porqué el turismo?
Bueno, lo cierto era que mi mayor preocupación, era qué cosa podía ser la causante de tanto turismo. Y este parecía ser un pueblo común. Yo pensé que el turismo se concentraría en París: Los jardines de Luxemburgo, los Campos Eliseos, la inmensa Notre Dame... en fin, Francia poseía mil y un lugares dignos de ser visitados; y por más que pensara... no le encontraba lógica alguna.
Caminé hasta el pueblo. Me crucé con uno, dos, tres, varios turistas. Sí, eran demasiados turistas. Y eso no fue todo. Parecía que analizaban todo detalladamente. Lo supe al instante.
Cuando llegué al pueblo, me dirigí hacia Mystique, y pedí un jugo de naranja. Miré en derredor: ni un francés, todos turistas. No sé porqué, pero eso me hizo sentir mal.
Habían pasado 5 semanas, y no logré hallar a ni un francés. Interrogué a las personas que atendían los comercios, que obviamente no eran del país, y me dijeron que los dueños sí eran franceses, pero no se hallaban por aquí. Que recibían los ingresos por terceros. Cada día que pasaba despertaba una nueva duda.
A pesar de todo, como escritora, no me podía quejar. Terminé mi cuarta novela. La tercera se trataba de: "Aereofobia"; y la última: "Brujería". Eso sí me ponía de buen humor.
Lo que también me desconcertó, fue la ausencia de Giselle. Todo tenía un aire misterioso.
Llamé a Robert, para deshacerme de toda duda, no tuve otra opción.
- Robert... ¿Qué ocurre con este pueblo? ¿Porqué no llegó Giselle?
Robert esbozó una sonrisa, como si lo que acabase de decir, fuera una tontería. Entorné mis ojos, y lo miré fijo. Él se sintió obligado a responder.
- Pues, verá señor Jhon. Eso es muy fácil de responder. Usted se habrá asombrado por la infinidad de turistas- hice un gesto afirmativo-. La verdad es que no tiene nada de raro, pues este pueblo tiene una leyenda muy antigua...
Fruncí el ceño.
- No me mienta... ¿El turismo se debe a una ridícula leyenda?
Él se puso más serio.
- Es que no se trata de una leyenda exactamente, sino de algo real... yo no quería decirle esto, pero... En fin, en este pueblo se practicó muchísimo la brujería, la leyenda es sobre esta casa. En esta casa estuvo Satanás en persona...
- A eso no lo creo-
- Espere, aún no he terminado. Lo que despertó el turismo fueron los macabros hechos paranormales que fueron ocurriendo. Muertes, inexplicables muertes de lo más sangrientas. Ya sé lo que se estará preguntando: ¿y qué tiene que ver con el turismo? Es que los que vienen no son turistas comunes y corrientes, sino, personas que quieren explicarse el porqué se esas muertes: parapsicólogos, médium, investigadores, espiritistas, hasta religiosos... o simples curiosos.
No quedé contento con la explicación de Robert. No había mencionado en absoluto a Giselle; tampoco me había explicado la ausencia de franceses. Ahora sí estaba seguro que algo extraño estaba sucediendo.
Como todos los días, le pedí el periódico a Robert. Las noticias, siempre, parecían corrientes. En realidad, parecían extrañas.
Lo pensé dos veces: no tenían nada de extraño. Sino, faltaban las malas noticias. Volví a mirar el periódico, pero esta vez me di cuenta de algo importante: le faltaban las páginas : 4 y 5. No me había fijado en eso antes, ya que nunca le doy importancia al número de página, y menos si es tan pequeño.
Y justo en esas páginas debían encontrarse las noticias policiales. Miré los viejos periódicos, y también faltaban. Entonces comprendí algo: nunca más confiaría en Robert. A partir de este instante iría al pueblo a comprarlo. Eso sí: también investigaría en la biblioteca, sobre los periódicos anteriores, cuyas páginas fueron quitadas.
A pesar de ser un pueblo pequeño, la biblioteca Bélier, era inmensa. Rápidamente consulté los periódicos.
No lo podía creer. Volví a mirar las páginas, y quedé bastante confundido.
Estaba como paralizado. No pude evitar un estremecimiento. Esas noticias... Todo parecía formar parte de algo ficticio, irreal. Pero ahí estaban, ante mis ojos:
"HALLARON UN CUERPO, TOTALMENTE ENSANGRENTADO EN UN ASCENSOR... ARAÑAS ATACAN SIN LÓGICA ALGUNA Y MATAN A UNA NIÑA... UN LUNÁTICO MUERE AL CAER DEL QUINTO PISO, LAS AUTORIDADES AFIRMAN QUE PERDIÓ EL EQUILIBRIO... LOS SUCESOS PARANORMALES SIGUEN OCURRIENDO..."

Literatura


Capítulo 2

Llegué a pensar que poseía poderes paranormales, pero lo más lógico es que predecía el futuro. Por más que me esforzara por entender, se hallaba fuera de mi comprensión. Lo cierto es que (y ya no poseía ni la menor duda), el pueblo era anormal, y también los sucesos.
Las novelas que había escrito... se convirtieron en realidad. O quizá inconscientemente, mandé ondas negativas mientras escribía... No, eso no tenía sentido.
Cada día que transcurría me sorprendía menos, ya todo había pasado la barrera de lo normal.
No había rastros de Giselle, ni vi a un francés. Miré en derredor, luego fijé mi vista en la ventana. Se podía observar el pueblo, la obscura noche. Entonces fue cuando lo oí. Un ruido... estaba totalmente segura que se había producido un ruido, justamente en el piso de arriba.
Agudicé mi sentido auditivo, pero no escuché nada. Igual decidí abandonar mi dormitorio. Subí sigilosamente las escaleras, hasta encontrarme con un pasillo. Había muchas habitaciones, caminé, pero me detuvo un nuevo ruido.
Me dirigí lentamente al lugar donde se había producido, pero algo me desconcertó: no había nada, sólo una pared de madera. Igual traté de encontrar una especie de pasadizo secreto.
Miré bien la madera, y pude ver como una puerta pasaba totalmente desapercibida en ella. La empujé suavemente, pero no se abría. Entonces lo hice con fuerza y se abrió. Me sorprendí al ver una persona, parecía que dormía. Tuve que acercarme, capaz se trataba de Giselle, pero no fue así. Jamás había visto ese rostro. Era una mujer muy bella, con pelo negro lacio y bien blanca.
Cerré la puerta. Para luego dirigirme hacia mi habitación.
- Robert... ¿Hay alguien más en Séjour Espérance? - Robert frunció el ceño, y pude observar que mi pregunta lo había tomado totalmente desapercibido.
Él sonrió, haciéndose el desentendido.
- Señorita Dwanne, no sé a qué quiere llegar con ese-
- No se haga el tonto conmigo. Sé que hay alguien más en esta casa.
Robert no pudo ocultar un cierto nerviosismo. Miró en derredor y dijo:
- Ah... ya sé a qué se refiere. Bueno, espero que no le moleste la presencia de Sylvie Girard, una vieja amiga de Giselle.
Yo lo miré, con cierta desconfianza.
- ¿Ah, sí? ¿Y porqué no me lo dijo? Además, si no tiene nada de malo no veo porqué ocultarlo. Ahora, si tiene algo de malo-
- No - cortó secamente -. Nada de malo. Y disculpe, señorita Dwanne, pero debo irme.
Robert se alejó rápidamente. Yo me adelanté unos pasos y grité:
- Se le acabaron las ideas, ¿no?
Robert volteó un instante, luego siguió corriendo.
Estaba más confundido que nunca. No se me ocurría ni una maldita idea sobre las novelas: ¿coincidencia o predicción?
Bueno, a decir verdad, no era probable que fuese coincidencia, pues son demasiadas, y eso no es normal. Ya nada lo era.
Miré por la ventana, y allí estaba: el extraño pueblo ficticio. Lo llamé así porque parecía de ficción, no real. Llegué a pensar que me estaba volviendo loca, pues a nada podía encontrarle lógica.
Golpearon a mi puerta, y quedé totalmente atónita. Era ella. Sí, la extraña mujer de negros cabellos; y pude apreciar, también, sus exóticos ojos celestes.
En ése instante no supe qué hacer. Hasta que ella dijo:
- Disculpe si fui un poco inoportuna, es que...
- No, por favor. Es más, me alegra tu visita. Puesto que tengo algunas dudas...
- Sí, ya sé. Y estoy dispuesta a aclarar todo. Para empezar mi nombre es Sylvie. Se supone que no debés saber nada sobre mí, y menos Giselle. Resulta que Robert era un viejo amigo mío de la infancia, y me invitó sin permiso, pero Giselle... ¿entendés?
Me senté sobre la cama y la miré de soslayo. No, no podía creerle si se trataba de una amiga de Robert. Aún así, dije:
- Ya sé que vas a pensar que soy una curiosa. Pero... ¿No te parece extraño? Me refiero a la ausencia de franceses...
Sylvie sonrió, luego dijo:
- No. ¿No lo entendés? Es este pueblo- miró misteriosamente en derredor -. Sí, este macabro y demoníaco pueblo. Todos los franceses se fueron porque alguien los ahuyentó. Y los turistas vinieron a investigar, es una larga historia.
- ¿Y Giselle?
- Eso no lo sé.
No comprendí a qué se refirió Sylvie cuando dijo: “Alguien los ahuyentó”. No sabía en quién confiar.
Me desperté sobresaltado, justo a media noche. Había tenido un extraño sueño: Giselle estaba gritando, dentro de una especie de caja, en un sótano.
Entonces supe que no volvería a dormirme si no bajaba al mismo. Sigilosamente salí de mi habitación, y al llegar pude observar que estaba clausurado. No conforme con ello, busqué un martillo e inicié mi labor.
Al entrar percibí ése inmundo aroma a muerto. Era asqueroso. Casi vomité, pero logré contenerme.
Seguí el pestilente aroma, y llegué hasta una caja, más bien: un ataúd. Lo abrí y me horroricé. No lo podía creer. Sí, tuve sospechas, pero no llegaban a tanto. Era Giselle, totalmente putrefacta. Retrocedí maquinalmente, para luego chocarme con Robert.

Al despertar me encontré frente a Robert y Sylvie. Y me sentí totalmente atrapada. Estaba segura que me encontraba con mi asesino. Entonces me resigné, aceptaría mi muerte, ya no tenía otra salida.
Robert le hizo un gesto a Sylvie y me quedé a solas con él. Temblé repentinamente, hasta que Robert rompió el silencio.
- Señorita Dwanne, no se preocupe. Nadie la va a denunciar. Recibirá un tratamiento psicológico...
Lo miré atónita.
- ¿De qué demonios me está hablando?
- Cálmese. Lo que ocurre es que usted... Bueno, como verá ... Hemos encontrado el cadáver de Giselle...
- ¡Pero yo no la maté!
- No. Es decir no conscientemente. No sé como empezar. Leí sus novelas, y también los diarios. Y como veía que coincidían preferí arrancar esas páginas. Sabía que algo raro estaba ocurriendo, entonces llamé a Sylvie, es detective. Ella averiguó que fue usted quien cometió los crímenes. Y ahora encontramos a Giselle... Las pruebas confirman que fue usted quien la asesinó. Pero dormida... Testigos la han visto caminar sonámbula...
Estaba totalmente paralizada. Pero por primera vez veía claramente las cosas. Sí: yo era la mala de la historia.
Robert se despidió y me dejó sola.
Me había imaginado mil cosas, ¿hasta qué punto llega la mente humana, no? Pensé en coincidencias, poderes, predicciones... Y yo misma asesinaba en sueños. Maté a Giselle... no pude contener un sollozo.
Había desconfiado de todos, y el pobre de Robert, sólo quería ayudar. Cualquiera me hubiera encarcelado, encerrado en un hospital... Pero él no, decidió conseguirme un psicólogo. Su bondad era realmente admirable.

Muy bueno


EPÍLOGO


Recibía ayuda psicológica cada tres semanas. Me sentía realmente mal, todas las noches cerraban mi puerta con llave, pues temían que me escapara.
Fue cuando recordé, como si un pensamiento salvador hubiera iluminado mi mente. ENTONCES SUPE QUE DEBÍA UTILIZARLA.
El pueblo siempre fue macabro, en el diario estaba escrito: "los sucesos paranormales SIGUEN ocurriendo". Además, yo jamás fui sonámbulo. Entonces: ¿Porqué diablos mato dormida en este pueblo? Algo pasa, y no quieren que yo me entere, se aprovecharon de lo aturdido y frágil que estaba; pues no lograba darme cuenta.
Bajé rápidamente. Y allí estaban: El psicólogo Brian, Robert y Sylvie. Seguro tramaban algo.
Les asombró mi presencia, o fue el brillo de mis ojos, pues se pusieron de pie, al instante.
- Malditos sean, hijos del demonio. Fueron astutos, lo reconozco. Y sobre todo usted Robert. Me hicieron creer que yo... Malditos.
Los miré con furia, y ellos se miraron entre sí.
- Señor Jhon, está en crisis!!-
- ¡AL DIABLO CON ESO! No voy a creerle más, inmundo ratón de alcantarilla.
Todos se rieron diabólicamente.
- Nos atrapó - dijo Robert con sarcasmo -. Pero no me mire así, Brian y yo somos sólo cómplices, ella es la jefa aquí.
Sylvie caminó hacia mí, esbozando una demoníaca sonrisa.
- Pobre de ti. Yo leí tus novelas, estaba todo planeado, todo. Cometí los crímenes, todos. ¿Soy astuta, no? Además, nosotros inventamos una excelente historia, acompañada de asesinatos y escalofriantes amenazas. Y nos aseguramos que no quede ni un francés. ¿Porqué? Pues, porque los odio.
Odio también a mi hermana Giselle, aunque esté muerta. Y mi origen: yo fui la bastarda de mi fina familia francesa, por eso odio ser francesa y a los franceses. Y como eras el mejor amigo de Giselle, pensé: hay que torturarla un poco.
- Me das lástima, estás completamente enferma- dije con bronca.
- Ya sé lo que estás pensando- intervino el joven psicólogo -. "Estos idiotas me contaron todo" Pero nosotros fuimos astutos. Sabíamos que tarde o temprano descubrirías todo. Nos aseguramos hasta del más insignificante detalle. Todos saben que cometiste los crímenes, y ahora te espera una hermosa habitación en un hospital psiquiátrico...
- Bueno, esta es la verdad, la pura verdad. Por favor déjenme libre, esto es injusto. No creo merecerlo.
Y luego de escuchar nuevamente mi historia, decidieron que estaría otro año más encerrada entre las cuatro odiosas paredes, de este inmundo hospital psiquiátrico. Pero aprendí algo: Yo no actué con cautela, no investigué ni analicé en profundidad. Además, cuando me enteré de todo, no debí haber puesto en mi habitación esa bomba, que los mandó a todos al infierno.....


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cuento policial

para adolesentes