Te acordas las peliculas de vaqueros y los Indios

Toro Sentado (Sioux Hunkpapa.1837-1890)


Te acordas las peliculas de vaqueros y los Indios

Toro Sentado
Si el gran Espíritu hubiera deseado que yo fuera un hombre blanco me habría hecho blanco... ¿Es un agravio amar a mi pueblo? ¿Soy malvado porque mi piel es roja? ¿Porque soy un sioux? Dios me hizo un indio." TATANKA YOTANKA (Toro Sentado)


Toro sentado nació en 1831 en las cercanías del Gran River, en el actual estado de Dakota del Sur. Su etnia, los hunkpapas, pertenecía a las siete tribus que formaban el poderoso pueblo de los sioux teton.
Caciques
Mientras Toro Sentado se iba convirtiendo en un adolescente, rodaban ya las primeras columnas de carromatos por el Oregon Trail hacia el Oeste. Sin embargo, el Trail se encontraba un buen trecho al sur del territorio de los hunkpapas, de forma que, hasta entonces, ningún soldado o colono blanco había invadido su país. Toro Sentado era todavía muy joven cuando fue acogido en la comunidad secreta de los "Corazones Fuertes". La participación en esa comunidad de guerreros suponía un gran honor. Pronto, Toro Sentado contaría hasta más de sesenta victorias personales sobre sus enemigos. Su fama como guerrero creció y fue nombrado jefe en 1860. Mientras tanto, su tribu había notado cada vez más claramente la invasión de los blancos.

Algo más al Este, cada vez más colonos afluían a la Gran Pradera de los hunkpapas y, en el Oeste, los soldados protegían la construcción del nuevo Bozeman Trail, que conducía del Oregon Trail hacia los florecientes campamentos de los buscadores de oro alrededor de Virginia City, en la actual Montana. Para Toro Sentado, la invasión de los blancos era un motivo de preocupación tan serio como si tribus enemigas planificaran una invasión y contemplaba sus actividades con creciente encono. En 1866, tropas del ejército se introdujeron profundamente en el territorio de los hunkpapas para construir el Fort Buford en la desembocadura del Yellowstone en el Missouri River, en el actual estado de Dakota del Norte. Toro Sentado veía el Fort Buford como una amenaza y respondió con varios ataques de los “Corazones Fuertes” a los asentamientos cercanos.
Jeronimo

Fort Laramie. Walters Art Gallery

Los soldados y los colonos estaban aterrorizados y asustados en doscientas millas río abajo y río arriba. Ese mismo año, Nube Roja, el jefe de los sioux oglala, atacó también fuertes del ejército y asaltó caravanas en el Bozeman Trail. En 1868, por fin, el gobierno se vio obligado a tratar con los indios sobre un acuerdo de paz. Los representantes de ambas partes se reunieron en Fort Laramie. El gobierno se declaró dispuesto a cerrar de nuevo el Bozeman Trail, ofreció a los sioux y a sus aliados un extenso territorio de sus propias tierras como reserva duradera y, al oeste de esa reserva, el territorio del Powder River en Wyoming debería quedar para siempre como zona de caza de los indios.

En consecuencia, el acuerdo decía: "Ninguna persona blanca recibirá autorización para la colonización u otra dedicación de la tierra (en el Powder River) ni se le permitirá atravesar el territorio sin la autorización de los indios". Toro Sentado, al igual que otros jefes sioux y cheyenes, se había negado a participar en esas conversaciones. Toro Sentado advirtió que aunque el acuerdo parecía, a primera vista, muy generoso, en realidad a los sioux les quitaba una gran parte de su territorio.

"El Gran Espíritu nos dio esta tierra y aquí estamos en casa. No quiero que roben a mi pueblo...quiero que todos sepan que estoy en contra de cualquier venta de nuestra tierra".

Muchos otros jefes indios, entre ellos también Nube Roja, firmaron y se declararon de acuerdo con su traslado a la reserva de los sioux. Toro Sentado jamás lo firmó.

Él y otros no firmantes del acuerdo siguieron instalando sus campamentos en el Powder River, fuera de la reserva. Quería continuar aferrándose a la antigua forma de vida y cazar búfalos y no vivir de las limosnas de Washington. Durante un tiempo, las tribus de fuera de la reserva consiguieron eludir ampliamente a los blancos. Sin embargo, pronto se demostró que incluso el acuerdo de Fort Laramie no era capaz de contener a los blancos que se acercaban cada vez más. Al principio, los soldados intentaron disuadir a los buscadores de oro con la fuerza de las armas, pero éstos regresaban una y otra vez. Cuando los soldados se vieron incapaces de seguir conteniéndolos, el gobierno ofreció a los indios la compra del terreno. Washington envió una delegación para tratar sobre su venta.

Si el gran Espíritu hubiera deseado que yo fuera un hombre blanco me habría hecho blanco... ¿Es un agravio amar a mi pueblo? ¿Soy malvado porque mi piel es roja? ¿Porque soy un sioux? Dios me hizo un indio." TATANKA YOTANKA (Toro Sentado)


Durante dos semanas, los intermediarios lo intentaron todo para convencer a los sioux de que vendieran las Back Hills, pero ningún jefe indio se atrevía a vender la sagrada tierra. Cuando la delegación regresó a Washington con las manos vacías, el gobierno se decidió por un acto de fuerza con todas las consecuencias: En caso de que los indios no aceptaran la venta de las Black Hills, se les quitarían las tierras en el Powder River, que no pertenecían a la reserva de los sioux. En noviembre de 1875, el comisario para Asuntos Indios anunció que todos los indios que vivían en el Powder River suponían una amenaza para el sistema de la reserva. Toro Sentado y los otros jefes indios que habían negado su firma recibieron la orden de irse inmediatamente a la reserva. Como no respetaron esta orden, fueron enviadas tropas del ejército para dar con los indios enemigos y llevarlos por la fuerza a la reserva.

Cuando las tropas se pusieron en marcha, miles de guerreros indios se reunieron para luchar contra los blancos. Toro Sentado había enviado emisarios a todas las tribus de los sioux y cheyenes invitándoles a un gran consejo de guerra en el Rosebud Creek en Montana del Sur.

“Nosotros somos una isla india en un mar de blancos", indicó Toro Sentado. "Tenemos que mantenernos unidos, pues solos seríamos arrollados por ellos. Esos soldados quieren luchar, quieren la guerra. Bien, entonces la tendrán”.
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Toro Sentado, 1908. E.S.Curtis

Finalmente, se habían reunido unos quince mil indios, entre ellos aproximadamente de cuatro a cinco mil guerreros. El campamento se extendía tres millas de largo por media de ancho a lo largo del Rosebud Creek. La guerra había comenzado.

Nube Roja, de los sioux oglala, que ocho años antes había ganado su guerra contra el ejército de Estados Unidos, no participó esta vez. Se había decidido por no participar en esa guerra y había pedido a sus seguidores que se quedaran con él en la reserva. Sin embargo, muchos jóvenes, entre ellos uno de sus hijos, no siguieron su consejo. Se unieron a los rebeldes dirigidos por Caballo Loco, que había sido elegido como jefe de guerra de los oglala, en lugar de Nube Roja. Mientras se preparaban para la lucha, los sioux organizaron su sagrada ceremonia de la danza del sol.
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Nube Roja
Sucedía que Toro Sentado no solamente era jefe de guerra sino también jefe espiritual (chamán u hombre medicina) y pidió, según el viejo ritual, la ayuda del Gran Espíritu. Entre tanto, había cumplido cuarenta y cinco años, era un hombre vigoroso de casi un metro ochenta de estatura, con poderosa cabeza y una nariz aguileña, y señales de cicatrices de la viruela. Sus movimientos seguían siendo lentos y pausados y cojeaba de su lisiado pie izquierdo, debido a una herida en su primera incursión guerrera.
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General George Crook

Había pintado sus manos y pies de rojo y su espalda a franjas azules, que debían representar el cielo. Un hermano guerrero se arrodilló a su lado. Con una afilada lezna, levantó cincuenta pequeñas tiras de piel de los brazos de Toro Sentado, desde el hombro hasta la muñeca. Mientras manaba la sangre y las heridas se costrificaban, Toro Sentado comenzó el lento, rítmico baile, según la antigua costumbre; se levantaba y agachaba sobre la punta de los pies, mientras dirigía la cara hacia el sol y rezaba.

Bailó sin interrupción durante todo un día y una noche y siguió hasta bien entrado el día siguiente, sin comer ni beber, hasta que cayó agotado al suelo. Entonces, tuvo una visión del sueño por el que había rogado en la oración. Vio caer soldados del cielo como saltamontes, con las cabezas agachadas, de las que se caían sus sombreros, en medio del campamento de los sioux.

Cuando Toro Sentado recobró el conocimiento, anunció una gran victoria de los sioux. Mientras él bailaba y rezaba, tres columnas del ejército se acercaban desde el sur, el este y el oeste, al campamento de los indios. La primera columna que fue avistada por los centinelas indios el 16 de junio, era la del general George Crook. A la mañana siguiente, los guerreros sioux y cheyenes, bajo el mando de Caballo Loco, llevaron a cabo un ataque sorpresa contra Crook, que estaba acampado con sus soldados a la orilla del Rosebud.

Gerónimo (Apache Chiricahua 1829-1909)

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"No existe otro clima o suelo como el de Arizona. Es mi tierra, mi casa, la tierra de mi padre, a la que ahora no me dejan volver. Quiero terminar allí mis días, y ser enterrado entre aquellas montañas".

Gerónimo o Goyathlay nació en 1829 en lo que hoy la parte occidental de Nuevo México, y que entonces todavía era territorio mejicano. Era nieto de un famoso jefe apache (Mahko) y miembro de la banda chiricahua. El nombre de Gerónimo le fue dado por los soldados mejicanos, aunque no se sabe exactamente por qué. Como guerrero obtuvo numerosos éxitos en sus incursiones, los cuales se atribuían muchas veces a la posesión de facultades sobrenaturales, siendo famoso por su invulnerabilidad a la balas.
Jeronimo

Gerónimo fue el líder de la última fuerza india combatiente que capituló frente a los Estados Unidos. Para los pioneros y colonizadores de Arizona era conocido como un asesino sanguinario.
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Gerónimo y su hijo Naiche

Los Chiricahuas eran mayormente nómadas que seguían las temporadas de caza y cultivo. Cuando el alimento era escaso, era la costumbre invadir a las tribus colindantes. Las incursiones y la venganza eran un modo de vida honrado entre las tribus de esta región. Para los apaches Gerónimo personificaba la esencia de los valores apaches, agresividad, valor y coraje en la guerra.

Cuando los colonizadores estadounidenses comenzaron a llegar, los españoles ya estaban atrincherados en el área. Un giro en la vida de Gerónimo se produjo en 1858 cuando volvió a su hogar tras una excursión de comercio en Méjico y se encontró a su madre, esposa y a sus tres hijos asesinados por las tropas españolas. Esto le produjo tanto odio hacia los blancos que juró que mataría a todos los que pudiera.

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Gerónimo y sus guerreros

Desde ese día aprovechó cada oportunidad para aterrorizar a los colonos. Poco después de esto recibió su poder (capacidad de tener visiones por las que se guiaban los indios). Gerónimo nunca llegó a ser jefe de los apaches, pero para ellos era un hombre medicina y un líder espiritual e intelectual, dentro y fuera del campo de batalla. Los jefes apaches le consultaban sus decisiones.

Cuando a los Chiricahua les quitaron forzosamente (1876) la tierra de Arizona para recluirles en la reserva de San Carlos, Gerónimo huyó con una banda de seguidores a México, donde permaneció eludiendo a las tropas. Volvería a la reserva a los pocos meses.
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Prisioneros apache
Tras poco más de un año de vida en la reserva, intentando sobrevivir de la agricultura en una tierra árida, de arrestos de guerreros que, decían, alteraban el orden público y rumores de linchamientos indios; las tensiones estallaron debido al asesinato por parte de los soldados de un hombre medicina apache que predicaba la vuelta a la forma de vida ancestral de su gente. Gerónimo huyó con 35 guerreros y 109 mujeres, niños y jóvenes. La prensa sensacionalista exageró las actividades de Gerónimo durante esta época, creando la imagen del apache más temido y sanguinario.

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Gerónimo prisionero de los Estados Unidos, 1909. W. H. Martín.

Fueron enviados 5000 soldados (un cuarto de todo el ejército), 500 exploradores y aproximadamente 3000 soldados mejicanos para buscarle. El ejército comenzó a tomar represalias contra los apaches de la reserva para que Gerónimo se entregase. Finalmente sería encontrado por los exploradores apaches y se rendiría al general Miles el 4 de septiembre de 1886, acordando su traslado a Florida y la promesa de que a su gente se le permitiría volver a su tierra de Arizona (San Carlos).

En el momento de su rendición, sólo quedaban de la banda de Gerónimo 16 guerreros, 12 mujeres y 6 niños. La rendición final de Gerónimo fue la última acción de las guerrillas Indias de toda Norteamérica.

El gobierno incumplió su acuerdo y transportó a Gerónimo y a aproximadamente 450 hombres, mujeres, y niños a Florida a las prisiones de Fuerte Marion y Fuerte Pickens, incluyendo a los exploradores apaches que habían servido al ejército.

Un año después muchos de ellos se reubicaron en en Alabama, donde aproximadamente una cuarta parte murió de tuberculosis y otras enfermedades. Gerónimo murió sobre 17 de Febrero de 1909, siendo un preso de guerra, y sin que le hubieran permitido volver a su tierra natal.

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