Masajes: ¿Cómo hacerlos? (parte 1)

Masajes: ¿Cómo hacerlos? (parte 1)

El fondo profundo del masaje reside en su forma singular de establecer una comunicación sin palabras. Con este pequeño curso podrás encontrar técnicas de relajación que te ayudaran a aliviar tensiones y dolores musculares.

1. El sentido del masaje

Puede dar masaje a su cónyuge, sus familiares o sus amigos. Sirve para las abuelas, los bebés y los animales regalones; para los que ama, para cualquier persona con la que se siente capaz de compartir un acto físico de solicitud.
El fondo profundo del masaje reside en su forma singular de establecer una comunicación sin palabras. En sí mismo, esto no es del todo extraño; a menudo, tocando o abrazando a los que nos rodean, por ejemplo, les hacemos saber que simpatizamos o que sufrimos con ellos, o que apreciamos y respetamos lo que valen. Sin embargo, el masaje puede trasmitir este mensaje en una frecuencia nueva y diferente. La persona que lo recibe participa de una experiencia física y mental difícil de describir: como si penetrara en un recinto misterioso que hasta el momento se hallaba cerrado y oculto; una región cuya existencia es probablemente conocida sólo por aquellos que practican alguna forma de meditación. Este estado, en sí mismo, es un don. Sin embargo, el que da el masaje no debe necesariamente detenerse ahí, pues mientras mejor pueda sintonizar con la agudizada conciencia de sí del sujeto, mejor podrá trasmitirle algo de su propio ser interior y de su experiencia. El más ligero contacto se convierte en una forma de comunicación: como deslizar una pluma delicada sobre un papel sensible. La confianza, la empatía y el respeto, para no mencionar una sensación de pura y mutua existencia física, pueden ser expresados con una plenitud jamás igualada por las palabras.

El masaje es algo esencialmente simple. Nos hace más plenos, más nosotros mismos. Las manos tienen el poder de transmitir esta posibilidad a otros. Aprenda a confiar en él pronto descubrirá mejor que nadie cuál es el sentido profundo del masaje.

2. Los preparativos y aplicación de aceite

manos

La atmósfera adecuada y una preparación cuidadosa pueden mejorar mucho la aplicación de un masaje. La persona que lo recibe se sentirá mucho más cómoda, y usted también. Cuando busque el lugar apropiado, tome en cuenta la soledad y el silencio. El sujeto penetra en un mundo donde lo único que cuenta es el sentido del tacto. Cualquier ruido o agitación pueden ser extremadamente perturbadores.

El problema siguiente es la temperatura. Nada puede estropear tan fácilmente un buen masaje como el frío. Esto se debe especialmente al uso del aceite, ya que éste hace que la piel se enfríe con facilidad. La habitación debe estar desprovista de corrientes de aire y tener una temperatura de 21° C o poco más. Caliéntela antes de comenzar. Si no está seguro de la temperatura, es preferible que esté demasiado templada antes que demasiado fría.

Todo resulta más fácil si la persona se siente cómoda desde el comienzo, que si es necesario abrigarla después de que se ha enfriado. Por esta misma razón es conveniente tener a mano una sábana extra. Si durante la sesión la persona siente frío, se puede cubrir las partes de su cuerpo que no estén siendo masajeadas en el momento.

Cerciórese con anticipación de que el aceite esté mezclado, aromatizado y convenientemente envasado, que tenga más que suficiente para un masaje y que esté tibio, es decir, a la temperatura de la habitación, o muy cerca. Si está muy frío, caliéntelo un poco cerca del fuego o en un calentador.

Instale la mesa, o lo que vaya a colocar en el suelo, de manera que le permita desplazarse por todo su contorno.

Cuide que la luz no caiga sobre el rostro del sujeto. Aunque tenga los párpados cerrados, le va a obligar a una cierta tensión de los músculos situados alrededor de los ojos. Evite, en particular, la iluminación directa sobre la mesa.

Examine sus manos antes de dar un masaje. Lo más importante es asegurarse de que sus uñas estén suficientemente cortas Lávese las manos cuidadosamente, porque cualquier huella de suciedad o de alguna sustancia pegajosa será inmediatamente advertida.

Frótelas vigorosamente, si están frías, o, si están francamente heladas, acérquelas un momento al fuego o a un calentador.
Si tiene el pelo largo, átelo de manera que no caiga sobre sus ojos.

LA APLICACION DEL ACEITE

Aplicar el aceite sobre la piel es sencillo, pero vale la pena conocer algunos trucos. Primero, nunca vierta el aceite directamente sobre el cuerpo del que recibe el masaje; para muchos esto produce una sensación sumamente desagradable. Póngalo en sus propias manos antes de aplicarlo a la persona.

No utilice mas de una cucharada de aceite cada vez; aplíquelo y luego vierta más cuando lo necesite.

Aplíquelo sólo en las partes en que va a trabajar enseguida. De lo contrario se encontrará con que la piel ha absorbido parte de él antes de que logre usarlo. Extiéndalo con las palmas utilizando ambas manos. Realice cualquier movimiento de frotación sencillo que quiera, pero asegúrese de que sea suave y, al mismo tiempo, definido, continuado y parejo. Esto es especialmente importante al aplicarlo en el comienzo del masaje. La persona podrá relajarse mejor si el contacto produce desde el primer momento una impresión de confianza y seguridad.

Cubra sistemáticamente toda el área que va a masajear sin descuidar ninguna zona.

Evite que la piel quede empapada en aceite. No deberían aparecer acumulaciones visibles sobre ella. Unas dos cucharadas de aceite bastan para una espalda de dimensiones normales.

Si encuentra que ha depositado demasiado aceite, siempre puede quitarlo usando el dorso de la mano o los antebrazos, o también extendiéndolo hacia otras zonas.
El vello excesivo en el pecho, la espalda y las piernas requiere una mayor cantidad; de lo contrario, puede arrancar algunos pelos al deslizar las manos sobre la superficie de la piel.

3. Cómo usar las manos

piernas

Lograr una unificación con las manos, saber ser uno con ellas, constituye el alma del masaje; en el fondo, la verdadera y única técnica.

A medida que aumente su práctica, este conocimiento se le irá revelando y entregando.

Hay un cierto misterio en el manejo de las manos y lleva tiempo llegar a conocerlo.
Es una tarea agradable y sé que nunca terminará.

Aplique cierta presión cuando dé un masaje. Una vez que haya adquirido algunos conocimientos, sabrá que la intensidad de la presión varía, según el toque particular y la parte del cuerpo sobre la que se aplique una cierta presión es siempre indispensable. De acuerdo con mi experiencia- muchas personas que aplican masajes temen, consciente o inconscientemente, causar daño al sujeto, y eso las pone nerviosas haciéndoles aplicar muy poca, o ninguna, presión. No se preocupe. La fragilidad de las personas no llega a ese punto. Por el contrario, la presión produce una sensación agradable, como usted mismo podrá observarlo al recibir un masaje. Aprenda a experimentar con distintos tipos de presión. Siempre que tema estar ejerciéndola con demasiada intensidad, interrogue a la persona que la está experimentando.

Relaje las manos. Manténgalas lo más sueltas y flexibles que pueda, mientras las está moviendo. Esto no es fácil -probablemente menos de lo que parece- por dos razones.
Es mucho más difícil relajar un miembro en el momento en que se lo está usando que cuando está en reposo. Y, segundo, la mayoría de las personas lleva, sin darse cuenta de ello, un alto grado de tensión crónica en las manos. Existen muchas maneras de relajarla. La aplicación de masaje es una de las mejores. Más adelante describiré otras. Todas ellas requieren bastante tiempo; meses, e incluso años. Sin embargo, puede comenzar ahora mismo, mediante el mero hecho de fijarse en ellas y tratar de relajarlas aunque sea sólo en un mínimo grado, cada vez que las sienta rígidas o contraídas.

Amolde sus manos de manera que se adapten al contorno de la zona que están cubriendo. Aunque ciertas técnicas exigen, como podrá comprobarlo, que se utilice sólo una parte específica de la mano, la efectividad de la mayoría de los toques depende de su capacidad para mantener toda la palma y los dedos en contacto continuo con el cuerpo que están masajeando. Cada vez que sea posible, evite, por ejemplo, que el talón de la mano y las puntas de los dedos queden en el aire al desplazarla sobre la piel. Cuando deslice la mano sobre la cadera, cúrvela de manera que se acople exactamente a esa parte. Cuando la mueva desde el pecho hacia el brazo, ahuéquela para que al pasar cubra los hombros en forma pareja y suave. Piense en el agua de un arroyo cuyo volumen se va adaptando a los altibajos que encuentra en su trayecto.

Mantenga una velocidad y una presión uniformes. Trate de eliminar los movimientos bruscos y las interrupciones innecesarias. Haga que los cambios de velocidad o presión se efectúen en forma gradual, evitando las transiciones repentinas. Trate de imprimir la mayor fluidez y continuidad a su movimiento.

Sin embargo, no tema variar la velocidad o la presión. El ritmo es un ingrediente esencial del masaje. Puede usar distintas presiones y velocidades sin por ello sacrificar la continuidad del movimiento. La variedad en el masaje se parece mucho a la de la música: los cambios en el tiempo ayudan a evitar la monotonía del ritmo.

Explore y defina la estructura interna del cuerpo que está masajeando. (Este es un problema de sensibilidad; algo totalmente distinto del estudio sistemático de la anatomía.
(Respecto de esta última, encontrará algunas indicaciones en un capítulo posterior.) Procure que sus manos estén siempre investigando, hágalas "escuchar" los tejidos y los huesos. Trate de comunicarlas con la textura de los estratos profundos de los músculos: ¿Gruesa o delgada? ¿Blanda o firme? ¿Informe o definida? Cuando palpe un hueso, trate de delinear su forma. Imagínese que sus manos le están diciendo a la persona: "Esta es su cadera", "Estos son los huesos pequeños de la muñeca", "Esta es la forma de su rodilla". Mostrar a la persona la articulación de su cuerpo, en esta forma, es uno de los aspectos más importantes del masaje. Mientras mayor sea la precisión con que logre esto, mayor será también la sensación de plenitud que experimente el sujeto. El masaje adquirirá una calidad profunda y casi mágica, consígalo apoyando el peso de la parte superior de su cuerpo sobre las manos más bien que forzando los músculos de sus brazos y muñecas. El esfuerzo muscular daría rigidez a sus manos, reduciría la fluidez de los movimientos y cansaría su espalda.

Una vez que haya establecido contacto con el cuerpo de la persona, procure no interrumpirlo hasta que haya terminado completamente el masaje o el ejercicio que esté efectuando. Para muchas personas, una interrupción del contacto físico resulta psicológicamente desconcertante. Aun cuando deba aplicar aceite, mantenga el antebrazo o el codo tocando alguna parte del cuerpo. Recuerde que el que yace en reposo con los ojos cerrados ha penetrado en un mundo cuya única realidad es la proximidad de su mano.
Al dar un masaje, no sólo utilice las manos sino también el resto del cuerpo. No quiero decir con esto que deba subirse y rodar sobre el sujeto, sino que sus manos poseerán mayor vida, si su movimiento es una extensión de un impulso más amplio proveniente de todo el cuerpo. Esto no tiene por qué ser intenso; en ciertos momentos puede ser tan leve que un observador escasamente lo advierta. Sin embargo, visible o no, usted debe sentirlo presente como una especie de centro profundo donde se originan los movimientos más exactos de sus manos. En cierto modo, el masaje se parece a la danza. Es decir, tal como en esta última mientras más implicada está la totalidad del cuerpo, mayor es la perfección del movimiento.

El doblar la espalda hacia adelante elimina gran parte del posible esfuerzo y fatiga de la zona inferior de la espalda. Trabajar con la columna erguida da más libertad a los brazos y a las manos permitiendo un mayor control y una mejor relajación de los movimientos.
La manera de sentarse o arrodillarse, cuando dé masajes en el suelo, estará en gran parte condicionada por la zona del cuerpo en la que esté trabajando o el toque particular que esté aplicando. Sin embargo, como esta situación exige doblar la espalda con mayor frecuencia, lo que produce mayor cansancio, es importante estar siempre consciente de la posición del cuerpo.

Cuando se siente o se arrodille, trate de mantener la espalda recta, cada vez que sea posible. Procure, como ya he indicado, colocarse sobre algún tipo de acolchonamiento. En otras palabras, instálese lo mejor que pueda. Todo el cuidado que dedique a su propia comodidad, se le trasmitirá al que recibe el masaje bajo la forma de una mayor delicadeza y precisión en el movimiento de las manos.

Nunca olvide que está aplicando masaje a una persona y no a una complicada maquinaria. Estamos formados por huesos y músculos, pero también somos personas, y esto rige para cada centímetro cúbico de nuestro cuerpo. La persona es su propio cuerpo.
Recuérdelo siempre y expréselo a través de sus manos, así esta noción tendrá una influencia decisiva y directa sobre la calidad de su contacto. Se podría decir mucho más sobre todo esto, por cierto, y algo diremos en un capítulo posterior.

Para hacer un poco más prácticas estas indicaciones, he aquí un experimento que puede intentar. Obtenga la colaboración de algún amigo, haga que se tienda de bruces y aplíquele aceite en toda la parte posterior del cuerpo. Luego coloque las palmas de sus manos sobre la piel y deslícelas lentamente. No se preocupe en absoluto de si está o no realizando un toque apropiado; sólo muévalas de uno a otro lado sobre el cuerpo, según su antojo. Explore, tratando de captar una sensación de "estar allí", de presencia de las manos sobre la piel. Por momentos cierre los ojos. De vez en cuando experimente alguna de las indicaciones sugeridas anteriormente. Ensaye diversas presiones y velocidades o cualquier otro cambio que se le ocurra. Sea lo más espontáneo que pueda; deje que sus manos piensen por usted. Al mismo tiempo, manténgase alerta y atento a todo lo que ocurre.

Hágalo durante cinco o diez minutos o todo el tiempo que le plazca, pero sólo mientras le resulte agradable.
Repita este ejercicio con la frecuencia que desee; siempre puede aprender algo. Estos son fundamentos básicos de los que siempre se tiene un "dominio"

Las instrucciones que siguen han sido preparadas para una persona que usa con preferencia la mano derecha. Es decir, se ha preferido la derecha cada vez que se ha presentado la alternativa. Si usted es zurdo, todo lo que tiene que hacer es sustituir la derecha por la izquierda en los casos en que le parezca apropiado.

TOQUES LARGOS

Aplicar una serie de toques largos que recorran todo el cuerpo es la mejor manera de concluir un buen masaje. Además de resultar entretenido para el que los da, dejan a la persona que los recibe con una conciencia más profunda de su cuerpo como un todo integrado.

1 Aplique el "rastrillamiento", descrito anteriormente para la parte posterior de la pierna. Esta vez cubra toda la espalda, luego las nalgas, y continúe por una pierna en toda su extensión. Repítalo desde el comienzo, pero esta vez masajee la otra pierna.

2 El "machacamiento" produce una sensación mucho mejor que lo que parece sugerir su nombre. Fue el que apareció la última vez que vio a alguien recibir un masaje en una película de Hollywood.

Utilizando los bordes externos de las manos, golpee en forma suave y rápida la columna vertebral. Comience en la parte superior y, manteniendo el ritmo, continúe por una pierna hasta el tobillo. Luego, devuélvase haciendo el mismo recorrido. Repítalo de ida y vuelta cubriendo la otra pierna.

3 Deslice ambas manos hacia arriba por una pierna como si fuera a aplicar el toque básico de la parte posterior. Pero esta vez no separe las manos al llegar al extremo superior de la pierna; continúe sin interrupción por sobre la nalga y ascienda por un lado de la espalda.

Separe las manos sólo cuando haya llegado al extremo superior del omóplato del mismo lado del cuerpo. Luego vuelva por la espalda y la pierna hacia el tobillo, conduciendo el movimiento con los talones de las manos. No cubra la columna.

Repítalo dos o más veces. Luego trasládese al otro lado de la mesa y repita el procedimiento en el otro costado del cuerpo.

4 Este se denomina el "paso del oso". Hay personas que sostienen que en algunas aldeas remotas de Europa Oriental se puede lograr que, por unas pocas monedas, un oso amaestrado aplique la versión auténtica de este toque.

Apoye una palma sobre la parte superior de la espalda opuesta al costado en que usted se encuentra, manteniendo el talón de su mano próximo a la columna. Ejerza una fuerte presión apoyando el peso del cuerpo sobre las manos. Luego coloque su otra mano junto a la primera, es decir, inmediatamente más abajo sobre la espalda y en forma paralela. Cruce la primera mano por encima y apóyela junto ala segunda, y así sucesivamente.

Comience a ejercer presión con una mano en el momento preciso en que deje de hacerlo con la otra. Haga caminar al oso por todo el lado de la espalda, de la nalga y la pierna; y luego (habiéndose trasladado al otro lado de la mesa), suba por la otra pierna, nalga y lado de la espalda. Apóyese con tanta fuerza como pueda, con una excepción: disminúyala al pasar sobre la zona posterior de la rodilla.

5 Si extiende el pulgar y el índice de una mano separándolos lo más que pueda, la piel entre estos dedos se pondrá tirante. Lo cual origina un instrumento muy versátil para el masaje. El toque siguiente se aplica utilizando por completo estos pocos centímetros de piel. Colóquese a la izquierda de la persona. Lleve los dedos separados de la mano derecha a todo lo largo de la pierna izquierda, sobre la nalga y luego por un lado de la espalda. Hágalo con fuerza y rapidez usando sólo el pulgar, el índice y la "Y" de piel tensa entre ambos. Pase suavemente sobre la parte posterior de la rodilla.

A medida que se acerque ala parte superior de la espalda, comience a conducir la mano izquierda -con el pulgar y el índice extendidos de idéntica manera- por el mismo recorrido. En seguida, hacia arriba de nuevo con la derecha y hacia abajo con la izquierda; y así sucesivamente.

Si sus pies están separados entre 60 y 90 cms (o si, trabajando en el suelo, separa las rodillas lo más que pueda), puede seguir con todo el cuerpo, en uno y otro sentido, el movimiento de la mano. Este toque ágil y vigoroso resulta especialmente grato de aplicar. Aplíquelo una media docena de veces a cada lado.

6 Intente ahora aplicar el toque básico subiendo por las dos piernas al mismo tiempo. Sitúese en un extremo de la mesa, cerca de los pies de la persona, inclinándose ligeramente hacia adelante. Coloque la mano derecha sobre la parte posterior del tobillo derecho, con los dedos apuntando hacia adentro; y la izquierda sobre el izquierdo, con los dedos apuntando en la misma dirección, Con un movimiento ascendente cubra las piernas, las nalgas y la espalda. Si es necesario, avance un poco a medida que realiza el toque. Retorne apretando ambas manos contra los costados del torso, las costillas y la cara exterior de las piernas. Proceda con forma continua y uniforme y trate, si es posible, de aplicar la misma presión con ambas manos.

Aplíquelo tres veces por lo menos, en ambas direcciones.

Debo agregar que el toque núm. 6 es uno de los que resulta más fácil de aplicar en el suelo. Todo lo que tiene que hacer es arrodillarse entre las piernas de la persona y realizar todo el toque desde allí. Cuando me siento con la habilidad suficiente y no creo poner nerviosa a la persona que estoy masajeando, me subo a la mesa para realizar el toque con el ritmo y la presión adecuados.

* 7 Utilizando ambas manos, haga una serie de tocaciones ligeras como si fueran hechas con una pluma, desde la cabeza y el cuello hasta los pies. Use sólo las puntas de los dedos y con la mayor suavidad que pueda, sin perder el contacto con la piel.

Para cambiar la textura, puede, algunas veces, emplear las uñas. Puede lograrlo curvando los dedos, si las lleva muy cortas. Sin embargo, antes de terminar vuelva al toque con las yemas de los dedos.

Proceda con suavidad, lentitud y delicadeza. En este momento la persona ya estará completamente relajada, y este último contacto le producirá una impresión de intensidad y plenitud.

8 Lo más importante del Ultimo Toque es hacerlo con cuidado.

Siempre deja una impresión persistente. Una posibilidad: dé un toque final muy liviano (como de pluma) a lo largo del cuerpo y retire las manos, al mismo tiempo, cuando llegue a los pies.

Otra: deslice las manos por los brazos y luego estreche ligeramente las manos de la persona, antes de interrumpir el contacto.

Una tercera posibilidad: haga que la persona vuelva a ponerse de espaldas, dele un masaje facial una vez más y luego apoye ligeramente las palmas de las manos sobre su frente. Es una buena manera de terminar, especialmente si lo comenzó de esa manera.

Después de haber interrumpido el contacto, deje que la persona permanezca inmóvil durante algunos minutos. No haga ruido; cúbrala con una sábana si sospecha que pueda sentir frío. (Recuerde que una habitación se siente mucho más fría cuando la piel ha sido aceitada.) Si le agrada quedarse quieto y concentrarse en sí mismo después de un masaje, éste es el momento de hacerlo.

4. Masaje en pies y pierna

cuello

Si hay alguna parte de nuestro cuerpo que merezca una atención especial, ésa es el pie, Psicológicamente es el punto en que experimentamos muestro contacto con el terreno que nos sostiene. Es donde sentimos, si tenemos la suerte de tener esa vivencia, que estamos "arraigados". Además, desde el punto de vista de los músculos y los huesos, es una pieza muy delicada y compleja. Si pudiera quitarse la piel, se encontraría con que la estructura ósea de cada pie está compuesta por 26 huesos distintos. Pero lo más importante para los que practicamos masaje, es el papel que desempeña dentro del sistema nervioso. En la planta del pie se encuentran concentradas, literalmente, miles de terminaciones nerviosas cuyos extremos opuestos están situados en todo el resto del cuerpo.

Así podemos considerar el pie como un "plano" de todo el organismo. Ningún músculo, glándula u órgano (interno o externo) está desprovisto de un haz de nervios cuyos extremos opuestos no se encuentren anclados en el pie. ¿ Y esto qué significa? Sencillamente que al masajear el pie producimos un estímulo que afecta a todo el organismo. La correspondencia entre el pie y el resto del cuerpo es un asunto tan serio que se ha elaborado todo un sistema de diagnosis y curación a través del masaje del pie, llamado "terapia de zonas".

Diremos algo más sobre esto más adelante. Baste por ahora saber que al masajear el pie, se está dando una especie de masaje "a distancia" en todo el cuerpo. Realice, por tanto, un buen trabajo, porque todo lo que haga allí tendrá mayores repercusiones.

Los toques para los pies se parecen mucho a los de las manos. Y, como también en esta última, se requiere poco aceite. Lo que le haya quedado en las manos después de masajear la pierna será más que suficiente.

1 Afirme el pie con la mano izquierda y masajee la planta con los nudillos de la derecha, empuñada. Describa círculos pequeños. Presione con fuerza. Cubra toda la planta incluyendo la zona correspondiente al talón.

* 2 Luego masajee la planta con las yemas de los pulgares. Afirme el pie con los otros dedos y trabaje con los pulgares describiendo pequeños círculos. Nuevamente cubra toda la planta. Hágalo en forma lenta y minuciosa. Recuerde que hay miles de nervios que conectan el pie con el resto del organismo. Si trabaja en el suelo, encontrará que éste es uno de los toques que le presenta mayor dificultad. De todas maneras, el procedimiento siguiente le ayudará: siéntese con las piernas cruzadas, mirando hacia la cabeza, y haga descansar el pie o la parte posterior del tobillo sobre su propia pierna o rodilla. También puede colocar un almohadón o un cojín grueso que permita mantener la pierna levantada.

* 3 En seguida, trabaje la parte superior del pie, usando los pulgares en la misma forma.

Nuevamente proceda con vigor y minuciosidad. No deje ninguna zona sin masajear.

Cuando llegue a la mitad inferior del pie es decir, cuando se acerque al tobillo y talón le resultará más fácil usar las puntas de los dedos. Siga el contorno del hueso del tobillo -la protuberancia ósea que se encuentra a ambos lados- varias veces con los extremos de los dedos, trabajando ambos lados a la vez.

4 Cuando finalmente llegue al extremo inferior del talón, levante suavemente el pie con la mano izquierda y trabaje el borde exterior con las puntas de los dedos y el pulgar de la mano derecha. Presione con fuerza.

5 Luego, tal como lo hizo en la mano, descubra los largos y finos tendones que recorren el pie desde la base del tobillo hasta cada uno de los dedos. Deslice con fuerza el extremo del pulgar por cada una de estas depresiones ubicadas entre los tendones. Comience en la base del tobillo y termine en el borde carnoso entre los dedos. Como para la mano, puede, si. quiere, comprimir ligeramente este borde apretando el índice contra el reverso mientras el pulgar pasa por el anverso. Trabaje cada surco una vez.

6 Apriete el pie tal como lo hizo con la mano. Cójalo con las dos manos, con las palmas sobre la parte superior y los extremos de los dedos ejerciendo presión sobre el centro de la planta. Procure que las palmas se toquen, así como también los dedos.

7 Ahora los dedos mismos. Afirme el pie con la mano derecha. Coja la base del dedo gordo entre el pulgar y el índice. Luego tire suavemente hacia afuera con un movimiento de tirabuzón hasta que sus dedos pierdan el contacto.

Trabaje cada dedo en forma sucesiva.

* 8 Termine con el pie tal como lo hizo con la mano. Es decir, hágalo descansar entre sus manos, teniendo una palma apoyada sobre la planta y la otra sobre la parte superior, y quédese inmóvil durante unos segundos. Concéntrese en sí mismo y tome conciencia de su respiración. Imagínese que su inhalación llega hasta sus manos, transmitiendo la energía que circula por su cuerpo.

PARTE POSTERIOR DE LA PIERNA

masajes

1 Desplazamiento. Cierre las manos en la parte superior.

Al mismo tiempo, pero con mayor lentitud, mueva la mano izquierda hacia la cara interior del muslo. Trate de coordinar los movimientos ( como en el caso anterior, esto requerirá un poco de práctica) de tal manera que la izquierda llegue al punto más bajo que cómodamente pueda alcanzar, justo cuando la derecha, abandonando la cadera, llegue a una posición paralela a ella. Luego lleve ambas manos, por los costados de la pierna, hacia el tobillo. Cuando se esté aproximando, trate de volverlos a la posición inicial sin interrumpir la fluidez del movimiento.

Repítalo dos o tres veces. Aplíquelo tantas veces como quiera entre los toques que siguen,

2 Este toque se denomina "torsión".

Curve ambas manos y colóquelas juntas y con los dedos apuntando hacia el lado opuesto de la mesa, sobre la base de la pantorrilla, de modo que se amolden perfectamente a ella. Trate de tener el mayor contacto posible con la superficie de la pierna.

Describiré el toque primero como si lo viéramos en cámara lenta. Mueva la mano izquierda hacia abajo, en el sentido que apuntan los dedos, manteniendo el contacto con la pierna, hasta que llegue a la mesa.

Al mismo tiempo lleve la derecha hacia usted y hacia abajo, hasta que el talón de la mano toque la superficie de la mesa. Luego deslice ambas manos en direcciones opuestas, y así sucesivamente.

Acelere el movimiento y conseguirá el toque que hemos llamado "torsión". Mantenga ambas manos cruzándose rápidamente en uno y otro sentido, y al mismo tiempo imprímales un movimiento ascendente a lo largo de la pierna. Aunque debe emplear una presión ligera, el movimiento debe ser tan rápido y vigoroso como pueda sin sacrificar la precisión. Mantenga las manos encontrándose en sus recorridos opuestos, con los pulgares siempre en contacto.

Continúe el toque hasta la parte superior de la pierna y luego devuélvase. Basta hacerlo una vez de ida y vuelta.

3 A continuación aplicamos a la pierna el mismo "vaciado" que hicimos en el brazo, Coloque las palmas de las manos sobre los costados de la pierna a la altura del tobillo. Trate de lograr el mayor contacto posible con la pierna con sus dedos tocando la mesa o inclinados hacia ella en un ángulo de 45° más o menos. Coloque ambos pulgares sobre la base de la pantorrilla, juntos pero apuntando en direcciones opuestas.

Deslice lentamente ambas manos hacia arriba sobre la pierna, apretándola suavemente con las palmas y los pulgares. Deténgase justo antes de llegar a la rodilla, y luego, con el mismo ritmo lento, pero sin presión, deslice las manos de vuelta hacia abajo. Los pulgares deben estar en contacto todo el tiempo que dure el movimiento.

Repita tres veces el proceso de ida y vuelta, ejerciendo presión sólo durante el movimiento ascendente. Luego continúe con el muslo y, comenzando junto a la rodilla, aplique el toque tres veces más. Al acercarse a la pelvis, el ancho de los muslos le hará separar los pulgares. Sencillamente júntelos de nuevo al retornar.

* 4 A continuación utilice las yemas de los pulgares para masajear los músculos gruesos de las pantorrillas. Presione firmemente moviendo los pulgares hacia adelante con frotaciones cortas y alternadas. Cubra toda la parte posterior de la pierna.

5 Con los dedos de una mano dé un masaje liviano sobre el área ligeramente hundida de la parte posterior de las rodillas.

Trabaje suavemente en círculos pequeños.

* 6 A continuación aplique la "frotación alternada " sobre el lado interior del muslo, comenzando donde termina la rodilla. Retire las manos hacia arriba con frotaciones verticales lentas y alternadas. Comience cada frotación cuando esté terminada la anterior; inicie cada movimiento con toda la palma de la mano pegada a la piel y los dedos hacia abajo. Proceda con mano liviana, siguiendo un ritmo lento y uniforme.

7 Comience cada frotación un poco más arriba (es decir, más lejos de la rodilla) y deténgase justo antes de llegar a la pelvis. Luego devuélvase lentamente hacia la rodilla de la misma manera.

Si actuara de acuerdo con los deseos del que lo recibe, probablemente pasaría horas repitiendo este toque, pero bastan una o dos veces de ida y vuelta.

En seguida, utilice el "rastrillo". Este es un buen toque casi para cualquier parte del cuerpo. Personalmente prefiero usarlo sobre la parte posterior de las piernas, las nalgas y la espalda.

Separe los dedos de las manos, curvándolos un poco y dándoles cierta rigidez. Ambas manos deben tener un poco el aspecto de una garra. Comience en la parte superior de la pierna, o si quiere en la nalga, aplicando toques cortos y alternados. Continúe a lo largo de la pierna. Mantenga la posición de los dedos y utilice sólo las yemas en el contacto. Trabaje en forma rápida y enérgica dando toques de 15 cm más o menos. Trabaje sistemáticamente toda la pierna, tratando de cubrir todo lo que pueda de los costados de la parte posterior. Diríjalo sólo hacia abajo; por alguna razón, este toque no resulta grato aplicado en dirección contraria.

En cuanto haya llegado al tobillo, comience de nuevo desde la parte superior de la pierna y repítalo una vez más.

8 Termine levantando la pierna y doblándola hacia la nalga. Busque el punto en que ofrece cierta resistencia a la flexión y luego, levemente, empújela entre dos y cuatro centímetros hacia la nalga y relaje la presión. Repita esta última parte varias veces. Si puede hacerlo sin forzar el movimiento, lleve el talón hasta tocar la nalga. Finalmente, vuelva la pierna a su posición inicial.

Fuente

Parte 2:
http://www.taringa.net/posts/info/1122791/Masajes:-¿Como-hacerlos-(parte-2).html

Espero que les haya gustado

10 comentarios - Masajes: ¿Cómo hacerlos? (parte 1)

@YoDiego
Gracias por el aporte
@Juno
Muy bueno. Diez puntos te dejo.
@paloss
uyh te pasaste



si me levanto una minita con esto

vengo y te dejo mas puntos jeje
@Juno
Yo iba a mencionar que te alivia increiblemente, los dolores e incomodidades, pero el para el punto que dice paloss tambien sirve, comprobado.



Pero tengan cuidado en hacer daño, sobre todo en el cuello que es muy delicado.
@VAI782 +2
+10 LO PRACTICARE CON MI CHICA!
@firehurricane
que lindo post ahora a relajarse con pazzzzzzzzz